El lado oscuro de la ley. Debate sobre la naturaleza del sistema jurídico en nuestras III Jornadas Internacionales de Investigación y Debate Político.

Ley EstadoEn el marco de las jornadas que organizamos en junio de este año, se desarrolló la mesa Justicia y lucha de clases. Expusieron allí los panelistas Omar Dib (abogado de Roberto Martino y de los trabajadores de la Línea 60), Claudia Ferrero (integrante de APEL y abogada de la causa por el asesinato de Mariano Ferreyra) y Luis Bonomi (integrante del CEPRODH). Se discutió sobre el carácter de la justicia burguesa, la pertinencia del término genocidio para la represión de la dictadura militar y el estado de las diferentes causas. A continuación, un resumen con lo más sustantivo del debate.

Omar Dib:
El campo jurídico político, tiene dos caras. De un lado, la fuerza, el ejercicio de la fuerza bruta. Es más, el monopolio del ejercicio de la fuerza física, y del otro lado este otro aspecto ideológico que es aquel que legitima. Aquel espacio productor de verdades. Y ¿qué es esto de este espacio ideológico? ¿Qué es la ideología? Ideología: falsa conciencia de la realidad, para ponerlo así… Ideología, como una representación imaginaria de las relaciones que nosotros mantenemos respecto de las relaciones reales. Doy dos ejemplos.

El primero es el término “criminalización de la protesta social”. ¿De qué hablamos cuándo decimos eso? En primer lugar estamos hablando de criminalización, de que convertimos en criminal algo que por su propia naturaleza no lo es. Y ¿qué es esto que convertimos en criminal? La protesta social. En definitiva, uno podría decir que se trata de un problema de jueces malos -que hacen una mala interpretación-, de fiscales trasnochados, etc. Cuando decimos “protesta social”, hablamos de protesta, dentro de determinados límites. Bueno, nosotros, según el régimen, tenemos derecho a protestar porque estamos en un sistema democrático. Podemos protestar, porque una de las funciones de este espacio jurídico es marcar los límites de estas luchas de clases. Porque si esta lucha de clases se va de mambo, se termina fagocitando al mismo sistema social que contiene estas luchas. Entonces, esto de la protesta tiene que ver con este marco y no habría que salirse de él. ¿Y si en lugar de “criminalización de la protesta social” hablamos lisa y llanamente de lucha de clases? Estamos hablando de otra cosa. En primer lugar estamos hablando de lucha. Estamos hablando de violencia, de opresión. Y, en todo caso, nos tenemos que preguntar ¿es legítimo usar la violencia desde abajo? Ya estamos cuestionando otra cosa. Ya nos vamos de estos márgenes. Y hablamos de clases. Estamos diciendo: “Acá hay gente que gasta en un almuerzo lo que 100 obreros necesitan para vivir un año”. Estamos en otro lugar. Cuando hablamos de la “criminalización de la protesta” estamos hablando de una construcción ideológica.

Voy al ejemplo 2: “el genocidio”. En el año 1969 se abre una crisis. Por un lado, la clase dominante no puede encontrarle la válvula de escape. Por el otro, hay un ascenso de la lucha de clases, hay una crisis de hegemonía. Y entonces, una fracción de lo social se plantea la toma del poder por medio de la lucha armada revolucionaria… Y se plantea mandar a la mierda este sistema social capitalista e instaurar el socialismo, con distintos programas, etc. Eso fue lucha revolucionaria. Hoy, esa lucha revolucionaria es resinificada, para mandar a los trabajadores a San Cayetano, como genocidio. Hablamos de genocidio. Y no hubo ningún genocidio. Un genocidio se da cuando un ejercicio de violencia brutal, desmesurada, terrorífica, pero frente a gente inerte, a gente desarmada. Un genocidio produce víctimas. Acá no hemos tenido víctimas, acá hemos tenido militantes, hemos tenido revolucionarios, gente que ha llevado a la máxima expresión que hemos podido tener la lucha de clases al punto de que han dado su propia sangre. Más allá de las diferencias que existiesen entre distintas organizaciones y más allá del grado de éxito o fracaso de esta experiencia, que fracasó (y hoy vivimos las consecuencias de ese fracaso). Esa es la historia que está en consonancia con la ideología nacional y popular pero no con las posiciones comunistas. Los comunistas nos planteamos, no cambiar un gobierno, sino mandar a la mierda todo este sistema social desde su raíz, desde su mecanismo, su mundo de relaciones, su ideología, todo el sistema social. Y la única forma es la lucha armada, no hay otra forma de llegar al poder.

Luis Bonomi: Para mí, el Derecho Penal tiene dos funciones. Una es más general, más histórica, de control social sobre las clases dominadas. Otra, más particular, de represión específica y selectiva sobre aquellos sectores que se organizan y que accionan en el terreno de la lucha de clases. Justamente, ahí es donde uno más participa como abogado, apoyando a los compañeros que salen a luchar. La justicia, ser clasista, acciona apoyando los intereses de la clase burguesa en cada uno de los conflictos. Rara vez se ha visto la justicia interviniendo a que ayude a solucionar un conflicto, una toma de fábrica, una huelga. Siempre la justicia llega como la espada de Damocles para tratar de torcer la balanza en esa relación de fuerza entre la burguesía y los trabajadores. Creo que no sólo es la justicia, creo que esta relación entre lo que es la justicia y el resto de los poderes del estado. Por ejemplo en los últimos años hemos visto cómo hay un discurso desde el gobierno de no criminalizar la protesta social, de no represión. Una de las banderas del Gobierno fue “no vamos a reprimir la protesta, el corte de ruta, el corte de calle”. Sin embargo, en este discurso escondía que, por debajo, la justicia actuaba. Si bien no te molían a palos en ese momento, después todos los compañeros eran criminalizados, eran citados a indagatorias y tienen causas penales. Por ejemplo, el caso de Hermosilla, que tiene ocho procesamientos al día de hoy, que puede ir a juicio oral por el corte de la Panamericana. Los compañeros de Pepsico también tienen varios procesamientos cada uno por haber realizado distintas medida. Pero en aquellos lugares donde se avanzó un poco más en el cuestionamiento de la propiedad privada, no sólo se avanzó con la represión judicial, sino también en la represión directa, como fue Kraft.

Con lo que plantea Omar, tengo algunas diferencias con respecto a lo de genocidio. Uno de los debates que había dentro de los derechos humanos es de acusar a los militares por el delito de genocidio. Yo creo y estoy convencido que el golpe contrarevolucionario del 1976 fue un genocidio. Pero no sólo en un sentido jurídico: yo no creo que el genocidio fue porque eran personas civiles, desarmadas, indemnes, porque, para mí, el criterio jurídico contra el ataque a una población desarmada, civil, indefensa, es más el criterio de lesa humanidad. Es decir, un ataque indiscriminado contra una población civil. Esto lo planteaba el alegato del juicio de ESMA, hace dos semanas. Nosotros veíamos que lo que hizo la dictadura no fue un ataque indiscriminado contra cualquiera, sino que fue un ataque selectivo contra todos aquellos sectores que estaban organizados, ya sea en el movimiento obrero, militancia universitaria, etc. Era un ataque para eliminar a todos esos sectores de la sociedad para poder imponer los planes que empezó a imponer la dictadura y después se impusieron en la democracia y que llegan hasta el día de hoy. Si necesitaban hacer un golpe de magnitud genocida, fue por el grado de organización que venía desde el Cordobazo en adelante. Por algo tuvieron que hacer un salto de calidad (no lo pudieron controlar con la represión de la Triple A) que para mí es lo que significó el genocidio: matar una generación de 30 mil personas o más. Yo creo que gran parte de los compañeros desaparecidos en ese momento estaban desarmados. No sólo se dirigió el ataque contra los compañeros que estaban por la lucha armada. Nuestra concepción del genocidio es que se intentó eliminar de esta sociedad a un grupo que eran todos los sectores organizados.

Claudia Ferrero: Ni la sociología ni la filosofía es lo mío. Yo hablo como abogada. Como leía “Justicia y lucha de clases” en realidad, de lo que podemos hablar todos es de la respuesta frente a la lucha de clases del Estado y sus formas represivas. La clase dominante, que puede utilizar las fuerzas represivas del Estado, también combina formas como la tercerización de la represión como lo hemos visto en la última etapa. En varios enfrentamientos de clase, tanto el casino como el Hospital Francés y, más recientemente, en Santa Cruz y en Barracas (en el hecho que terminó con el asesinato de Mariano Ferreyra). Después, otra cosa que pensaba, es que ni la justicia, ni el Estado, están liberados, ni sueltos, ni dejan de tener la influencia continua del poder político. Y esta tan así que a veces la disputa y el haber llegado a tener lugares de representación popular como puede ser la FUBA, termina siendo un centro de persecución, por parte del Estado, a quienes forman esas organizaciones. En particular los dirigentes de la FUBA han sido acusados de secuestro extorsivo por tratar de tener una charla con el Rectorado. En realidad por tratar que las autoridades universitarias funcionaran a puertas abiertas, terminaron con una causa de secuestro extorsivo. Y en lo largo de estos años, han ido acumulando causas de distinto tipo que incluyen una cantidad de contravenciones, no sólo cortes de ruta o de vías hasta ruidos molestos.

No puedo dejar de hablar del asesinato de Mariano Ferreyra. Pero no por el hecho de que ha sido el crimen de un compañero y porque yo esté en la causa, sino porque es la expresión de un crimen político más claro en lo que es el último período. Me refiero a un crimen político, me refiero al que tiene como objetivo la defensa a ultranza de un interés económico-político. ¿Por qué se produce el asesinato de Mariano Ferreyra? En realidad el asesinato de Mariano Ferreyra se explica por la defensa a ultranza de un negociado que tiene como protagonista tres patas. Una es el mismo Estado a través de la Subsecretaría de Transporte que dan los subsidios a las empresas, no sólo a las empresas de Ferrocarril sino a las empresas de colectivos, también Aerolíneas. Las otras patas son las empresas prestadoras y la otra pata son los sindicatos que han permitido esta operatoria y se han asociado a estas empresas para obtener una ganancia.

Esa mañana desde muy temprano ya sabía de qué iba a ver un intento de corte desde el día anterior. Lo sabían todos, el secretario de transporte, lo sabía el mismo Estado, que había ordenado al lugar a una fuerza de represión formada por la Policía Federal que tenía cuatro divisiones diferentes a la que después se sumó la comisaría. Pero esta fuerza represiva era para garantizar la acción de una patota, que fue convocada en el día anterior.
El crimen de Mariano no sucede cuando hay un intento de corte de vías sino cuando se están retirando. Y justamente lo que se intentaba era aleccionarlos para que ya se acabe ese corte y basta de pase a planta permanente. Porque en ese día en términos de táctica, la misión fracasa. No habían podido cortar las vías, no habíamos podido conseguir nada, habíamos sido repelidos ya por la burocracia y nos retirábamos del lugar. Pero sabían que íbamos a volver. Entonces necesitaban una acción aleccionadora que cortara con esa reivindicación. Por eso decimos que se trata de un crimen político.

Si bien el Gobierno K ha intentado aparecer como un defensor de la justicia como en el caso de Ferreyra, no ha dejado de intentar y esto se ha expresado en la misma causa de atacar a los actores que representaron a Mariano Ferreyra. La causa del corte de vía del 23 de diciembre es una expresión de ello. En esa causa, están los acusadores son los autores del asesinato de Mariano Ferreyra. O sea, en esa causa, el Comisario que hace el acta de procesamiento es uno de los que ha sido indagado y por el cual hemos pedido al fiscal que se considere a la policía partícipe necesario en el crimen de Mariano. La otra acusadora es la empresa de UGOFE, con la participación, como denunciante, de la Secretaría de Transporte.

Pregunta: ¿Qué relación establecen con otros abogados, antes progresistas y hoy en la trinchera del gobierno?

Y bueno, la relación que puede tener hoy Sartelli sentado al lado de Zaffaroni: bueno, está bien, charlamos, conversamos… Pero en algún momento, cuando me dé la relación de fuerzas, te voy a volar la tapa del cerebro, y eso está claro… (risas). No hay líneas rectas. Y en este campo donde intervenimos, ¿cómo nos guiamos? Nos guiamos con el programa político. Es el GPS que nos guía, y no me refiero en términos partidarios, sino en términos de programas de clase. En ese sentido, doy el ejemplo de los camaradas de Razón y Revolución. Yo los conozco desde que El Aromo era una hojita doblada. Y miren lo que es ahora. Es un centro de producción intelectual del carajo al servicio de la lucha de clases y nosotros, las posiciones que expresamos, en muchos casos, nos nutrimos de ahí. Esto que yo hablaba de la contraposición entre lucha revolucionaria y genocidio, salió en el número 10 del Aromo. Miren si será viejo el tema…O, por ejemplo, muchas de las cuestiones que hemos charlado acá: Althuser, Foucault… Son el Estado Mayor, los que generan el saber, la exploración de ese conocimiento. Los que se pueden elevar como un GPS y guiarnos en ese laberinto son ustedes….

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