El laberinto de la deuda

PorGrupo de Coyuntura Económica -CEICS
Juan Kornblihtt

El pago de la deuda aparece, en boca de los defensores de un “capitalismo nacional”, como el principal obstáculo a resolver para garantizar el desarrollo económico argentino. Con este paradigma, Kirchner negocia con el FMI y los acreedores privados para garantizar un pago que no afecte el crecimiento nacional. Así, entregó 3.100 millones de dólares el último 10 de marzo, pero con la condición de que el 22 se los devolvieran. Por otra parte, propone una reducción del 75% a los acreedores privados. De esta forma, dice la gestión K, la Argentina, a diferencia de la década del ’90, hace un pago responsable que se condice con su capacidad real de crecimiento. Sin embargo, estos supuestos reducen la explicación del desarrollo de la acumulación de capital en la Argentina a las políticas económicas de los diferentes gobiernos. Frente a la “irresponsabilidad” de las administraciones previas, Kirchner estaría en condiciones de revertir la herencia de los ’90 por la vía de un estilo negociador más “duro”. La pregunta que debemos hacernos es, no obstante, la siguiente: ¿la traba fundamental de la acumulación de capital en Argentina es la deuda o, en realidad, la deuda es un síntoma más de una acumulación de capital limitada por factores más generales de cuestionable resolución? Hay datos que obligan a encarar con seriedad este dilema: durante la década del ’90 hasta la crisis del 2001 la Argentina recibió más préstamos de lo que pagó en intereses, lo que equivale a decir que, en definitiva, durante ese período, la deuda no se pagó (ver gráfico 1). Y, sin embargo, no se produjo ningún proceso de crecimiento sostenido de largo plazo ni la expansión económica de los años dorados del menemismo concurrieron a erradicar la desocupación y elevar los salarios. Todo lo contrario. ¿Qué puede ocurrir, entonces, con un pago neto como supone lo propuesto por Kirchner al FMI? Porque esta es la novedad del tratamiento actual de la deuda, que el “nacionalista” Kirchner va a hacer lo que no hizo el “vendepatria” Cavallo: pagar. Queda entonces por resolver dónde están las limitaciones del capitalismo en la Argentina, si no se encuentran en la deuda. Problema que comenzará a abordarse en los sucesivos Informes de Coyuntura Económica de El Aromo. En este artículo, hacemos un primera aproximación a la política de Kirchner hacia la deuda.

Qué es la deuda
Como señalamos, la deuda nacional se incrementó un 123% durante la década del ’90. En septiembre del 2003, la deuda total acumulada sumaba 160 mil millones de dólares, de los cuales el 56% corresponde a acreedores externos y el resto está en manos argentinas, pero en dólares. Los préstamos internacionales llegaban pese a que no se pagaba, porque la Argentina supuestamente crecía al ritmo de los Estados Unidos (“estamos en el primer mundo”, decía Menem) y, por lo tanto, parecía que en algún momento habría recursos suficientes para hacer frente a la deuda acumulada. Sin embargo, la deuda nueva en la Argentina se utilizaba, por un lado, para pagar los vencimientos de la deuda vieja y por otro, para sostener la Convertibilidad. Esa ficción estalló con la crisis del 2001.Una crisis no sólo provocada por causas locales, sino por una contracción del crédito por la crisis mundial. El Fondo dejó de enviar préstamos (el último fue el “Blindaje” de De la Rúa) y, por lo tanto, la Argentina se vio obligada a dejar de pagar. Rodríguez Saá declaró el default en enero de 2002 aplaudido por todo el Congreso Nacional, lo que a algunos trasnochados les hizo creer que se iniciaba un curso “anti-imperialista”. En breve Duhalde acordó con el FMI acotar el no pago sólo a los bonistas privados (que tienen el 51% de la deuda argentina) mientras que a los organismos multilaterales se les pagaría con reservas. Como se observa en el gráfico 2, por primera vez en 10 años, de la Argentina salía más de lo que entraba, hecho que selló la suerte de la Convertibilidad.

El pacto K-FMI

La crisis de la deuda es una crisis del capital mismo. Como en toda crisis, un conjunto mayor o menor de capitales debe ser sacrificado para que otros sobrevivan. Kirchner se posiciona frente a la deuda como un boxeador dispuesto a noquear al FMI. Pero más allá de sus discursos, viene haciendo todo lo contrario. En realidad, todo el finteo tiene por función negociar a qué capitales se salva y a cuáles no. En definitiva, pueden pelearse en torno a cuántos y cuáles capitales salvar de la bancarrota, pero el asunto no va más allá de eso. Por eso acuerdan. Y el primer paso de su acuerdo es remontar el legado del default y volver a empezar con el mecanismo de los ’90, pero ahora con una economía argentina que redujo su tamaño alrededor de un 40%. La primera iniciativa de Kirchner en este sentido fue profundizar el curso duhaldista, proponiendo volver a pagar a los acreedores privados, pero con una reducción del 75% del valor de sus títulos. Dicho pago aparece como una fuerte defensa de los intereses nacionales, que se refuerza mediáticamente frente a la reacción de los bonistas extranjeros y a los intentos de embargo a bienes del Estado argentino en el exterior. Sin embargo, para las cuentas del
Estado, esto implica una salida de capital neta, ya que desde el Como señalamos, la deuda nacional se incrementó 2001 los únicos nuevos créditos que se reciben son para compensar los pagos al FMI. Es decir, a menos que se renueve el mecanismo de crear nueva deuda para pagar la vieja, o sea, que se vuelva a la “timba financiera” estigmatizada por Kirchner y sus apologistas de izquierda, la Argentina verá salir de sus fronteras miles de millones de dólares que serán restados de la acumulación de capital local. Lo que significa la muerte de montañas de pymes y batallones de nuevos desocupados. Previsiblemente, los beneficiados serán los grandes grupos económicos locales y extranjeros (ya salvados por la pesificación) que podrán presentarse más cómodamente a los circuitos financieros internacionales y, sobre todo, los bancos, que serán finalmente rescatados a costa de los ahorristas y de los que con sus impuestos aporten a las compensaciones que el gobierno se dispone a
entregarles.

 

Tampoco alcanza

El gobierno, para recibir el aval del FMI, acordó
pagarle a los acreedores privados y recrear las condiciones de acumulación de los capitales extranjeros en la Argentina. Esto incluye subir las tarifas, mantener bajos los salarios, reducir el gasto público (los planes sociales y la coparticipación a las provincias) entre otras cosas. Pero pese a todas las concesiones, no alcanza. El gobierno asegura que no va a dedicar más de un 3% del PBI por año a pagar la deuda porque si no se queda sin plata para obras públicas. En realidad, la plata no alcanza ni siquiera para pagar los
intereses de la deuda a los organismos de crédito como el FMI, según lo señalan un estudio del Centro Estudios Bonaerenses y otro de la Fundación Mediterránea, aún con las expectativas de crecimiento elevado del PBI para el 2005. Por eso el FMI le exige al gobierno que destine más ingresos a pagar la deuda, dándole continuidad a una disputa que tuvo su inicio verbal hacia mediados de marzo, pero que estallará en septiembre de 2004 cuando se apruebe el presupuesto 2005. Pero, nuevamente, que el FMI quiera más no significa que Kirchner no esté pagando. A diferencia de los ’90, lo que se discute ahora es cuánto va a salir de la Argentina. Ésta es la clave del problema de la deuda: para poder salvar a algunos capitalistas locales, Kirchner debe contribuir a rescatar a otros capitalistas
extranjeros, aún cuando ello signifique un incremento más en la tasa de explotación del proletariado argentino y un paso más en la expropiación de la pequeña burguesía. Por más que Kirchner pague peleándose, paga. Algo que Cavallo no hacía.

Creció sin parar…

Luego de la 2da. Guerra Mundial, el estado argentino no tenía deudas, sino que incluso era acreedor. A partir de allí éstas crecieron. Primero en forma
lenta: de 1966 hasta 1972 sólo se aumentó un 46% al pasar de 3.276 millones a 4.800 millones de dólares. Se aceleró con los gobiernos de Cámpora y Perón donde aumentó en 3 años un 62%. Y explotó en 1976 al subir un 364% hasta 1983 llegando a 45.100 millones de dólares. Con Alfonsín, creció un 44% más y luego durante el menemismo un 123%. Al final del mandato de De la Rúa la deuda era de 160.000 millones, tres veces más de lo dejado por los militares.
Fuente: elaboración propia en base a diarios y Ministerio de Economía

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… y ahora se empezó a pagar

El gobierno K se muestra en actos públicos y hacia los medios masivos como quien mejor negocia la deuda. Sin embargo, en la página web del Ministerio de Economía se desmiente a sí mismo. Este gráfico es utilizado para mostrarle a los acreedores externos la verdad: antes del 2002 la Argentina no hacía pagos netos (como se observa en el gráfico 1 la deuda crecía) y son ellos quienes empezaron a pagarles. Es decir que en los ‘90, ante cada vencimiento, el Estado recibía más de lo que entraba (en el gráfico aparece como barras negativas). Con el default de Duhalde y Kirchner el Estado en dos años pagó más dólares que en todos los años ‘90.
Fuente: www.mecon.gov.ar

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