El filósofo. El papel intelectual de Facundo Manes y Alejandro Rozitchner – Ricardo Maldonado

58d02239363d7_800x550El filósofo. El papel intelectual de Facundo Manes y Alejandro Rozitchner

 Esta dialéctica entre el límite material del discurso y su relativa acción sobre ese límite es la batalla política que Macri se dispone a dar. Mientras se lo subestima, él despliega sin pausa, una construcción ideológica que ya le ha dado resultados: lo llevó a Balcarce 50.

 

Ricardo Maldonado

Grupo de Investigación de Filosofía-CEICS


“Considerando que todas los gobiernos necesitan un discurso, una épica, una justificación ideológica ¿Cómo hará el PRO, un partido post ideológico para construirlo?”, escribe Alejandro Rozitchner en su libro La evolución de la Argentina. Expone de esta manera la tarea que Macri le ha encomendado, entre otros, a él y a Facundo Manes. La ideología es un discurso que oculta mostrando, nunca es totalmente falso porque no tendría utilidad, ni ceñido a la verdad porque develaría lo que tiene, por función, ocultar. La ideología pretende que una clase logre hegemonizar a otra con su programa, pero dadas las contradicciones insalvables que existen entre las ellas, requiere desarrollar un conjunto de ideas afines al programa político que se pretende imponer y a la vez elípticos de los intereses reales que ese programa realiza. Aunque sea un lugar común decir que Macri y su elenco son poco inteligentes (“Marcos Peña […] repite con razón que Macri es la persona más subestimada de la política argentina”, otra vez, según Rozitchner), convendría tomarlos un poco más en serio. Sobre todo porque han logrado llegar al lugar desde el que pueden intentar imponer su proyecto.

Macri llega para desarmar el bonapartismo, aceitar la institucionalidad burguesa, proyectar mediante productividad y salarios bajos a las empresas que puedan insertarse en el cambiante y globalizado entorno mundial y dejar como recuerdo un pasado que valió la pena superar. Muy lejos de ser tonterías, los libros y las presentaciones de los intelectuales macristas cumplen el mismo rol que antes cumplían los kirchneristas: trasmitir el programa de gobierno sin que sean visibles los beneficiarios. Mientras muchos puedan creer que ambos “elaboran” o “construyen” la “filosofía” macrista, pero en realidad es Macri el que escribe los libros que ellos sólo traducen en lenguaje cool o pseudocientífico.

“La sociedad civil, los gobiernos y las organizaciones comprometidas con la vida social pueden beneficiarse con conocimientos científicos sobre la conducta humana”, afirma Manes. La aserción de un partido post ideológico es confirmada por Manes como metacognición: pensar sobre el pensamiento. Como “existen ciertos esquemas que están armados en base a creencias disfuncionales construidas a partir de necesidades emocionales no satisfechas en la infancia”, podemos “pensar como pensamos los argentinos” y encontramos que “diversos estudios señalan que las personas tienden a tomar distancia de los hechos que van en contra de sus creencias […] el denominado “sesgo de confirmación” y pensándonos científicamente como sociedad encontrar el “sesgo argentino”, el que nos ha llevado a errar el camino hasta ahora.

Los 67 estudios mencionados por Manes intentan demostrar una relación más sólida, una relación científica con lo real. Pero esta abundancia (a la que se suman informes y citas a granel): tiene la misma lógica del individualismo liberal: son islas descontextuadas abordando problemas particulares. El único nexo común es que somos un producto evolutivo. De hecho éste es uno de los términos centrales: la evolución permitió al cerebro humano llegar a las maravillas de la civilización y permitirá al país salir del estancamiento, de la repetición proteccionista y cerrada al mundo. La evolución consiste en haber superado la violencia de los 70 y ahora estar superando unos años que “el delito que (los) caracterizó no fue el asesinato sino el robo” (AR 12) Por lo tanto “la Argentina está dando hoy un importante paso evolutivo, continúa la metamorfosis que permite esta inequívoca línea de desarrollo”.

La evolución se evidencia en dejar de repetir una misma oposición que nos divide y opone a los argentinos con los argentinos, para ponernos todos a trabajar para la integración (que significa unirnos entre los compatriotas e integrarnos al mundo). Mientras que en el relato peronista el pasado es un paraíso y siempre se trata de volver a él (“los días felices”), ahora la evolución nos llevará a una sociedad superior, como le sucedió al cerebro. Porque “al menos en los últimos tiempos, no hubo una oferta política que mirara hacia el futuro en vez de hacerlo hacia el pasado”. Mirar al futuro significa dejar de apuntarle culpas a los que producen y apuntarle a los ineficientes, mentirosos y ladrones.

Ese pasado se apoya en la idea de que “la realidad está fallada”, Rozitchner dixit, alejada del Ideal y por lo tanto afeada. Por ese “sesgo” populista es que se avanzó en una dirección cuya meta no existía más que en las aspiraciones delirantes de los gobiernos previos. Como contrapartida hay que aceptar la realidad que es la única existente y parir de ella, lo que significa sincerar las variables. Pero por tomar como punto de partida la negación previa de los problemas reales, es que ese sinceramiento no sólo pudo aparecer como necesario sino como relativamente positivo: muchos ciudadanos creían que los subsidios creaban una situación irreal (claro que siempre los subsidios a otros, pero eso es otro problema)

Es necesario es aceptar que “la productividad puede crecer”, siempre según Rozitchner, porque las “dificultades de crecimiento […] pasan más por no lograr esta integración productiva que por su incapacidad de amputar la parte culpable”. El PRO afirma que la evolución es sostenida en la productividad (palabra ausente por completo en el ideario peronista) “Hay una relación entre la capacidad de producir de un país y la capacidad de querer”, sostiene el “filósofo” oficial. Entonces tiene sentido “desafiar el prestigio de la negatividad y del pensamiento crítico (…) porque el hacer de la productividad tiene su base y sus aliados principales en la observación de lo que se puede hacer con lo que hay (no en la angustia de lo que no se puede”. Emprendedorismo y oportunidades para la inserción en el mercado…

Al evolucionar, evitar las divisiones y crecer productivamente, aumenta nuestra capacidad de querer y entonces ya no es necesaria la figura del líder que premia y castiga sino del dirigente que conforma equipos, escucha y organiza las tareas. De esa forma, sostenidos estudios sobre “la empatía, el amor, la amistad y, fundamentalmente, las formas que tenemos de entender y alcanzar la felicidad” (FM 59) y en los tres valores del PRO, “Cercanía, positividad, futuro”, continúa entusiasmado Alejandro, se ideologiza la salida del bonapartismo hacia un régimen de democracia burguesa más institucionalizada, menos concesivo y callejero.

La política como una actividad especializada, técnica, profesional: “En vez de pensar que todo es política, es preferible entender la política como a ese recorte de hechos públicos que suceden en torno al poder, que lo llevan y lo traen, lo arman y desarman”. Rozitchner hace equipo aquí con Manes que “intentaría hacer lo mejor para mi país desde lo específico”, “superando la tendencia –característica involuntaria del progresismo- a creer que en política se trata siempre de fenómenos discursivos y simbólicos (para nosotros hay realidad y esa realidad es la que hay transformar, siendo el discurso un recurso de comprensión pero el centro del sentido”, concluye Rozitchner. Superando la vocación dinástica y trascendentalista de gobiernos anteriores el PRO se pretende acotado a una tarea técnica, dónde el discurso es una herramienta y no el sostén de la política. Un gobierno que puede prescindir de la cadena nacional. Opone así lo poco y obligatorio a lo optativo y apabullante.

Si para el populismo, no hay clases sino pueblo, un colectivo de sectores antagónicos cuya funcionalidad es negar dichos antagonismos de clase bajo disputas menores, para el liberalismo político del desarrollismo económico no hay conjuntos sustantivos de intereses: “Sí, hay intereses económicos siempre en juego, pero lo que no hay es un sujeto activo y coherente que encarne esa instancia como un todo”, confirma Rozitchner. El sujeto activo inexistente son las clases sociales; los intereses son individuales, como los sujetos y los cerebros. De esta forma se reconoce la realidad material pero sólo como agregado de individuos. Así se piensa la sociedad. En ella “el pensamiento político tradicional prefiere poner en el centro de la escena al grupo social (aunque) el país es un conjunto formado por individuos, pero el individuo no queda abolido en la suma de las partes, permanece siendo el tablero de control”, otra vez, Rozitchner dixit.

También desde el individualismo se ataca la política de identidades propia de todo bonapartismo: “la identidad aparece en algunos acasos asociada al atraso, como sucede cuando la pobreza es presentada como cultura popular. Pero son cosas muy distintas, Para esta perspectiva a la que el progreso le resulta incómodo diríamos que la identidad es la resistencia” y cuestionar la trama de subsidios y clientelismo, concluye don Alejandro.

Macri intenta construir una trama ideológica necesaria para su proyecto desarrollista. Les dicta los términos a sus escribas. Esta trama tiene un escollo insalvable como es la lucha de clases. Por ejemplo, en el caso de la apología del capital mental, las variables blandas y el desarrollo de la educación, este discurso se ha topado con las luchas de los investigadores del Conicet, los maestros y otros sectores de la intelectualidad proletarizada. Pero, a la vez, no se puede dejar de observar que esa trama ideológica también es parte de la realidad y afecta a las luchas restándoles apoyo en la medida que se las pueda situar como violentas, desinstitucionalizadas, sectoriales. Es decir, en la medida que el desprecio por la ideología macrista deje que se desarrolle sin tomarla seriamente (porque son “globoludos”) y sin desnudar su sentido profundo. Esta dialéctica entre el límite material del discurso y su relativa acción sobre ese límite es la batalla política que Macri se dispone a dar. Mientras se lo subestima, él despliega sin pausa, una construcción ideológica que ya le ha dado resultados: lo llevó a Balcarce 50. La crisis, la lucha de clases y el acierto en la batalla política desplegada en ella, dirá hasta dónde llega. Ideas no le faltan. De hecho, él es el verdadero filósofo oficial.

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