El escrache: una expresión de relaciones de fuerza

Por Sebastián Cominiello

Grupo de Investigación de la Pequeño Burguesía Argentina en el CEICS

 

Una de las formas de las manifestaciones que junto al cacerolazo se ha generalizado en este último tiempo ha sido el escrache. Si bien su origen remite a la denuncia de la presencia en los barrios de los asesinos de la Dictadura, su alcance se ha ampliado, así como sus protagonistas y convocantes. Asambleas barriales,, organizaciones sindicales y partidos políticos convocan a “escraches” frente a domicilios de políticos, funcionarios del FMI o empresas privatizadas. A partir de este desarrollo, han surgido varias interpretaciones sobre su significado. La más conocida es la del Colectivo Situaciones. Proveniente de ámbitos universitarios, el colectivo no cree necesario realizar una investigación formal sobre el fenómeno. Como si para Situaciones esto no fuera más que pérdida de tiempo. Como si todos pudiéramos hablar de todo sin necesidad sin necesidad de exponer mayor prueba que la simple opinión personal. Al menosésa es la imagen que parece surgir de su libro Genocida en el Barrio, donde nos encontramos a cada paso con afirmaciones que carecen completamente de fundamento o al menos no se cree necesario justificar: “…el escrache es una situación porque implementa una práctica alternativa […] donde contiene indicios de una nueva sociedad.”. ¿Por qué una protesta de estas características contiene indicios de una nueva sociedad? ¿Cuáles son estos indicios? ¿Qué nueva sociedad? Así, una simple y normalmente pacífica marcha de protesta es transformada en un equivalente de la Revolución Rusa. Para peor, la incorporación de la gente que lo protagoniza se hace espontáneamente, con lo cual, pareciera que la nueva sociedad, la del espontaneísmo, brotará, lógicamente en forma espontánea. Este tema de la espontaneidad es uno de los predilectos de todos los adversarios de la organización política. ¿No basta con señalar que ninguna acción es espontánea, que toda acción contiene un grado, aunque sea mínimo, de conciencia? Más aún en marchas de este tipo cuya preparación y publicidad rehúyen a la idea de gente que se encuentra “de casualidad” en una esquina cualquiera.

Si uno quiere entender los escraches, es necesario separar los contenidos diferentes que se esconden hoy tras el mismo nombre. Hay que separar los escraches realizados contra miembros de la Dictadura militar, de los posteriores. Concentrémonos en los primeros. ¿Expresión de qqué proceso social son? Formulamos, como hipótesis, que los escraches contra torturadores del Proceso son expresión de una relación de fuerzas pasada y de una actual. Son expresión de una relación de fuerzas pasada: la fuerza social que en los ’70 desafió al capitalismo fue derrotada, a tal punto que sus supervivientes generacionales, sus hijos biológicos, sólo pueden reclamar “justicia” burguesa, en lugar de actuar sobre la fuerza contrarrevolucionaria como otra fuerza que se le opne en términos de clase. Son, al mismo tiempo, expresión de una nueva relación de fuerzas: la que expresa la recomposición del componente moral de las nuevas generaciones que se lanzan al combate, todavía incipiente, contra ese mismo sistema. En esa encrucijada está, nos parece, esta forma de manifestación que señala, al mismo tiempo, el fin de las armas y un nuevo rearme.

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