El escape de la casa desolada. Clase obrera y organización en Gran Bretaña hoy

Por Lindsey German* – Los términos Thatcherismo y Blairismo han entrado en el lenguaje político internacional. La política británica de estos últimos 30 años nos ha dejado el constante asalto a la organización de la clase trabajadora, la destrucción de muchos servicios públicos, la desregulación e internacionalización del capital, la difusión de una ideología de preeminencia del individuo sobre la colectividad y la cooperación, un ensanchamiento de una inescrupulosa brecha entre ricos y pobres y un agresivo y desenfrenado imperialismo y militarismo.


*Activista  socialista y feminista, fue militante del
Socialist Worker Party y de Respect

Los términos Thatcherismo y Blairismo han entrado en el lenguaje político internacional. La política británica de estos últimos 30 años nos ha dejado el constante asalto a la organización de la clase trabajadora, la destrucción de muchos servicios públicos, la desregulación e internacionalización del capital, la difusión de una ideología de preeminencia del individuo sobre la colectividad y la cooperación, un ensanchamiento de una inescrupulosa brecha entre ricos y pobres, un agresivo y desenfrenado imperialismo y militarismo. Si Thatcher fue la ideóloga determinada a vengar las derrotas sufridas por su partido y, más ampliamente, por su clase a manos de una clase obrera militante durante los años ’60 y ’70, Blair fue su ambicioso aprendiz, decidido a llevar a uno de los partidos de la clase obrera más grande de Europa hacia el centro, aplicando calculadamente una política que representaba el abandono del antiguo consenso de postguerra en torno a una economía mixta, el pleno empleo y el estado de bienestar. Fundamental para el éxito de estos proyectos fue el debilitamiento sistemático de un movimiento obrero que había surgido de la Segunda Guerra Mundial organizativamente fuerte y que, a finales de los años ’60, estaba demostrando una militancia que no siempre tuvo. En respuesta a la ofensiva patronal, que estaba tratando de mantener los salarios bajos y aumentar la productividad, los trabajadores contraatacaron.

A principio de los setenta, a nivel internacional se hacía referencia a las huelgas como la “Enfermedad Británica”. En Europa solo Italia fue comparable en términos de frecuencia y escala de las acciones de los obreros industriales. En general, estas acciones eran dirigidas por jóvenes trabajadores industriales de sectores como el automotriz, y estaban influenciadas por algunas de las ideas más radicales de los sesenta. Producto de una era de pleno empleo, salarios en alza, un Estado de Bienestar en expansión y un aumento en los niveles de educación, estos trabajadores desarrollaron la confianza para enfrentarse a los empleadores. Pertenecían a una generación que experimentó no solo un alza en sus salarios reales, sino también en el salario social, lo que mejoró ampliamente sus estándares de vida. No estaban dispuestos para ver revertirse esa situación. Grupos como los obreros de las minas de carbón, que no habían tenido movilizaciones industriales nacionales desde los años ’20, demostraron una nueva militancia, al igual que grupos de mujeres obreras, incluyendo a docentes y trabajadoras de la salud, que lucharon contra los bajos sueldos.1

Sería difícil reconocer a esta clase obrera en la Gran Bretaña del siglo XXI. La inequidad ha crecido a niveles record, al mismo tiempo que los ricos se apropian de una mayor porción de la riqueza a expensas de la clase obrera y los pobres. Esto, por supuesto, es un fenómeno internacional en la era del neoliberalismo. Pero, la situación en el Reino Unido en muchos sentidos ha empeorado más que la mayoría en relación a sus tradiciones en cuanto a bienestar, salarios altos y fuerte organización de la clase obrera. Desde el ataque dual del Thatcherismo y el Blairismo, Gran Bretaña quedó asociada con el empeoramiento de las condiciones de vida, una economía donde la manufactura ha sido destruida en forma deliberada en favor de las finanzas, burbujas financieras e inmobiliarias, la privatización y la desregulación, una carrera hacia el fondo en términos salariales y de condiciones laborales, y un descenso de la productividad resultado de los desplomados niveles de inversión. La clase capitalista se ha beneficiado durante más de tres décadas gracias a sucesivos gobiernos que dieron rienda suelta a la implementación de una serie de relaciones laborales que solo aumentaron la tasa de explotación y empeoraron las condiciones de millones de obreros. Hace más de 20 años un académico habló de la “casa desolada” de las relaciones laborales británicas; en la actualidad esa expresión puede aplicarse a la mayoría de las condiciones de los trabajadores británicos.2

Durante un período de más de 30 años los sindicatos tradicionales vieron reducido el número de sus afiliados casi la mitad: de cerca de 14 millones en 1979 a una cifra por debajo de los 7 millones en la actualidad. En aquel momento, estos afiliados representaban aproximadamente a la mitad de la fuerza de trabajo, ahora la proporción de representados es menor a un cuarto, y todavía mucho menor en el caso del sector privado.3 El partido tradicional de los sindicatos, el laborismo, mantuvo cargos durante 13 de esos años, pero fracasó en sus intentos de revertir los ataques a los trabajadores o de revocar leyes que convirtieron  a los sindicatos británicos en los más limitados de Europa. Además, se alienó el apoyo de varios partidarios tradicionales debido a cuestiones que iban desde las privatizaciones hasta la serie de guerras en las que el laborismo decidió unirse con entusiasmo.

La embestida ideológica sobre los obreros que acompañó el ataque sobre sus estándares de vida ha sido considerable. Mientras que en Gran Bretaña no ha ocurrido lo que suele pasar en Estados Unidos, esto es que la clase obrera sea mágicamente transmutada en clase media y clase marginal, se pueden ver elementos de ese proceso en funcionamiento. Sectores de la clase obrera son demonizados: los que necesitan de la asistencia social, han sufrido dos décadas de ataques y denigración que fueron exitosos en dos áreas: forzó el descenso en términos reales de todos los beneficios estatales, menos las jubilaciones. Aun así, los jubilados del Reino Unido se encuentran entre los más pobres del mundo desarrollado. Además, se ha creado hostilidad hacia quienes reciben la asistencia del Estado, alimentada por los medios de comunicación y por los sucesivos gobiernos, que denunciaron a los beneficiarios de estos beneficios como ladrones. Muchos los etiquetaron como nuevos “marginales”, completamente ajenos a la “respetable” clase obrera de antaño. Los programas de televisión que a diario ven millones suelen retratar a estos ‘marginales’ como irresponsables, malintencionados, vagos y buenos para nada. Esta imagen es copiada por los medios gráficos de derecha, con su interminable lista de historias de miedo. Recientemente un programa de radio de la BBC esbozó este cambio de actitud, describiendo una serie de representaciones de la vida de la clase obrera entre los ’50 y los ’60, en la que se  podía ver a los trabajadores como gente seria, dignificada y que se esforzaba por mejorar sus vidas y comparándolas con la forma denigrante en la que ahora es mostrada. Esta embestida, que se repite en todos los medios masivos de comunicación, es apropiada por los políticos de los principales partidos.

En este artículo pretendo sostener que si bien lo anterior presenta una imagen bastante acertada del balance de las fuerzas de clase al momento, y que si bien la conciencia y la organización de la clase obrera ha sufrido varios golpes desde los ’70, esto es solo una parte de la historia, y que hay razones para tener un mayor optimismo acerca del futuro de lo que todo esto sugiere. Las organizaciones clasistas siguen siendo centrales, con cierto grado de fuerza en ciertas áreas. Esto es cierto para los sindicatos, pero para el laborismo también, que retiene la lealtad de millones de electores obreros (9 millones en la última elección) en cualquier contienda con el partido de la clase dominante y la derecha, es decir, los Conservadores. La conciencia de clase es un asunto diferente, pero sin embargo hay señales de un crecimiento de la conciencia militante, a veces en grupos que aún no se identifican como tales. Los cambios en la conciencia, incluso cuando presentan barreras para la organización, no deben ser confundidos bajo ningún concepto con cambios en la composición de clase. La clase obrera ha atravesado un período de profundos cambios y recomposiciones, pero sigue existiendo como clase explotada, vendiendo su fuerza de trabajo a diario para poder conseguir sus medios de subsistencia. De hecho, diría que la clase obrera se ha expandido a más elementos de la sociedad, ha visto a sus familias sobrecargadas por el hecho de que todos sus miembros se ven forzados a trabajar en calidad de asalariados en una escala creciente, y es más grande y diversa y más sujeta a la explotación directa (especialmente en el caso de las mujeres) de lo que nunca estuvo. Tendré en cuenta más abajo la naturaleza de la clase obrera, y si aquello que le es esencial se mantiene a pesar de los cambios fundamentales que se han visto en la historia reciente.

Es importante agregar que han existido considerables saltos en lo que refiere la conciencia de la clase obrera británica. Sería un gran error ignorar el bajo grado de combatividad en el lugar de trabajo de los obreros organizados. Por otro lado, también sería equivocado ignorar otras formas de expresión de la conciencia. Desde principios del siglo XXI se han dado olas de protestas sobre diferentes cuestiones: El NHS (Servicio Nacional de Salud, por sus siglas en ingles), la guerra y Palestina, protestas estudiantiles, de refugiados, por viviendas, contra la austeridad y el rol de los bancos. Ha habido huelgas de médicos residentes, docentes, de personal de limpieza, de trabajadores del transporte y de la construcción, enfermeras, catedráticos y universitarios. Ha habido huelgas, acción directa, protestas masivas, siendo destacable Occupy. Incluso la reivindicación de las familias que perdieron a sus seres queridos en el desastre de Hillsborough se convirtió en una masiva protesta que apuntaba contra la policía, los medios, el establishment y los sucesivos fracasos de los gobiernos. No podemos ver estos fenómenos como al margen de la organización de la clase obrera, sino, al menos, como alguna de las formas en las que se presentan o presentarán las protestas. De ser así ¿qué implicancias tiene esto para el fortalecimiento de la organización y la conciencia de clase y cómo se relaciona con las formas más tradicionales de organización?

Finalmente, sería imposible escribir acerca de clases y organización sin tener en cuenta las varias conmociones hacia dentro del Partido Laborista el año pasado, con la victoria de su miembro  parlamentario más inclinado hacia la izquierda como líder del partido y, por lo tanto, líder de lo que es conocido como la “Oposición de Su Majestad”. Este es un fenómeno que, podemos decir, tomó a toda la izquierda británica por sorpresa. Se encuentra bien documentado que Jeremy Corbyn, un veterano parlamentario de la izquierda Laborista, aliado cercano del ex ministro laborista Tony Benn, y activista de docenas de temas que incluyen una gran cantidad de campañas internacionales y anti imperialistas,  solo se mantuvo como resultado de una discusión entre la pequeña y aislada izquierda del Partido Laborista, donde algunos sostenían que Corbyn era demasiado débil para enfrentarse a cualquier candidato y que, de hacerlo, solo quedaría a la vista su debilidad. Otros, tanto hacia adentro como hacia afuera del laborismo, decían que de no lograr presentarlo como candidato eso daría lugar a una campaña más hacia la derecha que no representaría los sentimientos de los votantes laboristas. Este último argumento prevaleció y Jeremy fue enviado al frente, aunque  él reconocía que quizás no conseguiría suficientes nominaciones para la elección.

Sin embargo, era obvio que la derrota laborista en mayo en manos de los Tories (inesperada por muchos de sus partidarios) había conducido no solo a la desmoralización, sino a una oleada de ira y militancia que había calado especialmente entre los jóvenes que encontraban la idea de cinco años de mayoría Tory aberrante. Se dieron una serie de protestas en varias ciudades antes y después de las elecciones, compuestas por grandes números de jóvenes. Una marcha masiva en contra de la austeridad se dio a fines de junio de 2015 atrajo a alrededor de 250.000 personas y Corbyn fue uno de los oradores clave.4

Fue principalmente la gente joven que lo rodeaba la que trabajó para ganar suficientes nominaciones de parte de otros parlamentarios, para organizarle reuniones y para discutir el escepticismo de socialistas con mayor experiencia que consideraban que él no tenía posibilidad de ganar. Durante el primer debate televisivo con los otros candidatos (un Blairista duro, los otros dos ex ministros durante los gobiernos de Blair y Brown que creían que la campaña iba a ser la tradicional pro negocios, del camino del medio, aceptando privatizaciones, recortes y austeridad además del paquete neoliberal) quedó en claro que Corbyn estaba recibiendo el mayor apoyo y desarrollando una mayor relación con las audiencias de la que se esperaba.

A pesar del esfuerzo denodado de los medios y de las figuras establecidas dentro del laborismo, Corbyn alcanzó la victoria después de un verano de demostraciones masivas, un incremento masivo de las afiliaciones al laborismo. El shock a que esto condujo, cuando Corbyn obtuvo el triple que sus tres rivales juntos y el candidato del Blairismo obtuvo menos del 5%, todavía reverberan en la política británica.

Mientras que este artículo no es el lugar para dedicarse a hacer un largo análisis del Laborismo y de Corbyn, es importante reconocer la importancia del voto, pero también de las profundas contradicciones que este revela hacia adentro del Partido Laborista. El laborismo es el partido que históricamente se encuentra identificado con la clase obrera organizada, a través de su conexión con los sindicatos. Ha conseguido cargos en varias ocasiones durante el siglo veinte y veintiuno, pero ha sufrido un declive a largo plazo de su apoyo, y más recientemente una erosión de su base en la era del neoliberalismo, problema que comparte con los partidos reformistas a nivel internacional. De todas maneras, se mantiene como un partido extremadamente organizado, sus conexiones con los sindicatos no es una de las razones menores de ello.

Tradicionalmente, el laborismo atrajo al partido a los activistas de izquierda, pero sus estructuras centrales no reflejan esto. La derecha del partido ha tendido a dominar el bloque laborista dentro del parlamento y a la burocracia sindical. Incluso hoy en día, la mayoría de los miembros del parlamento no son de la izquierda y muchos menos laboristas de los que lo nominaron, votaron a Corbyn. Se ha tenido que enfrentar a una serie de embestidas carentes de principios de sectores de su bloque, de los medios incluyendo la BBC y de grandes sectores del establishment Británico. Los Blairistas se encuentran aislados dentro del partido, pero mantienen cierta influencia en el aparato y en el parlamento, así como también con los medios afines.

Y, sin embargo, Corbyn ha creado una gran oportunidad para la izquierda, como el más orientado hacia la izquierda de los líderes laboristas en la historia y uno que tiene, ciertamente, oportunidades de llegar a ser Primer Ministro. Pero, la naturaleza del Partido Laborista no ha cambiado radicalmente. Se mantiene como un partido reformista y, por supuesto, imperialista, por lo que su ala derecha abogará siempre por cuestiones como las armas nucleares, el apoyo a las guerras y a Israel. Así que, a pesar del aumento de afiliados en el Partido Laborista y de su apoyo a Corbyn, existe una constante lucha entre la izquierda y la derecha adentro del partido.

Clase: algunos conceptos

Cuando se discuten la clase y la organización en Gran Bretaña en la actualidad, tenemos que desarrollar la comprensión de lo que consideramos clase obrera: ¿Todavía existe? Y, de ser así, ¿dónde podemos encontrarla? Para poder considerar esta pregunta es importante analizar qué es la clase y especialmente cómo ha cambiado su composición.

La existencia de las clases como concepto data del período de la Revolución Industrial, y muchas veces, las concepciones populares de clase tienden a basarse en la imagen de la clase obrera industrial que se desarrolló como resultado de esta revolución y sus consecuencias. En Gran Bretaña existe todavía una gran identificación de la clase con los trabajadores manuales, que trabajan en fábricas, puertos y minas, esta fuerza de trabajo y sus sindicatos dominados por hombres. Ver a la clase obrera exclusivamente de esta manera solo conducirá a concluir que esta se halla en decadencia terminal. Esta es una de las conclusiones que puede sacarse, pero se trata de una visión estática de la clase que no basta para a la clase obrera británica del siglo XXI. Para poder llevar esto a cabo debemos poder desarrollar una teoría que pueda integrar las nuevas formas de organización laboral, la feminización de la fuerza de trabajo, el grado de inseguridad en el trabajo asalariado, y las formas de organización y política a la que esto da lugar, haciendo énfasis en la centralidad de la relación de explotación que es central en el capitalismo. Esto significa también que debemos integrar una teoría de la opresión a la teoría marxista.

Marx definió a las clases como una relación basada en el modo en que las riquezas son producidas, en la sociedad capitalista es el proceso de explotación, que involucra la extracción de plusvalía en la forma de ganancia. La pertenencia a una clase surge a partir de la relación económica, que es objetiva; como dice Marx, solo requiere de la creación de una clase en sí, que existe independientemente de la conciencia que tenga de su propia explotación. En esto él hizo una distinción entre una clase que es objetivamente explotada y una que es completamente consciente de esa explotación, como veremos abajo.5 La sociedad capitalista crea dos clases antagónicas principales, la burguesía y el proletariado, que se encuentran definidos por su relación con los medios de producción. La división crucial aquí está dada a partir de la posesión de los medios de producción (por definición una pequeña minoría pero que en realidad es una clase exepcionalmente fuerte) o de la necesidad de vender su fuerza de trabajo para poder costear su supervivencia. Existe un antagonismo fundamental entre las clases porque los frutos del trabajo de aquellos que venden su fuerza de trabajo les son quitados a través del proceso de explotación.

Este pequeño resumen de la teoría de Marx no debe impedirnos entender que es una teoría que explica mucho más que las relaciones económicas directamente involucradas en la explotación. La teoría de las clases de Marx fue central para su comprensión del análisis de la opresión dentro de la sociedad capitalista, desde que él y Engels vincularon la opresión de las mujeres en particular al ascenso de la sociedad de clases y de la propiedad privada. Ellos creían que la condición para finalizar con la opresión yacía en el derrocamiento de la sociedad de clases. De esta manera, es posible ver su teoría de las clases de una manera no acotada o reduccionista, como en algunos casos suele ser etiquetada, sino como un desarrollo de carácter universal y emancipador, que puede enriquecer a los activistas de muchas causas en la sociedad capitalista del siglo XXI. Esto incluye movimientos específicos acerca de la opresión sexual y racial, que tienen sus raíces en los grandes movimientos de los ’60. Los movimientos en defensa de la vivienda, los opositores a la degradación ambiental, quienes apoyan a los servicios públicos como parques y bibliotecas, todos pueden ser entendidos como integrales al análisis de clases que ubica la relación de explotación y la persecución de la ganancia en el corazón del sistema capitalista. Los obreros no solo se enfrentan a la explotación en el trabajo de capitalistas que poseen los medios de producción; ellos también tienen que ceder parte de sus salarios a los arrendadores, las grandes cadenas de supermercados, las compañías privatizadas que cobran por servicios que alguna vez fueron gratis. Como Marx y Engels dejaron escrito en el Manifiesto Comunista, “Y cuando ya la explotación del obrero por el fabricante ha dado su fruto y aquél recibe el salario, caen sobre él los otros representantes de la burguesía: el casero, el tendero, el prestamista, etc.”6

La reestructuración de la clase obrera británica durante las últimas décadas ha sido un reto para el desarrollo de teorías de clase. Los cambios en el proceso de trabajo afectaron la conciencia y las ideas acerca de las clases, y acerca de qué significa trabajar. El alza de la proporción de mujeres en la fuerza de trabajo coincide con esta reestructuración del capital británico, en particular con el declive de la industria manufacturera, que se aceleró durante los ’70 y ’80 al mismo tiempo en el que las mujeres comenzaban a ser parte de la fuerza de trabajo en grandes números. El empleo femenino fue central para la expansión de ciertos sectores, por ejemplo, en las finanzas y las ventas al por menor en el sector privado (claves en el capitalismo británico), y la educación y la salud en el sector público. Las mujeres fueron motivadas para trabajar a raíz de una serie de factores sociales y económicos: la expansión de la educación, la habilidad de las mujeres de exigir mayores recompensas por su trabajo, los cambios ideológicos y las actitudes de las mujeres mismas, el declive del matrimonio y la maternidad. El ingreso en grandes números de las mujeres casadas al mercado laboral coincidió con la caída del salario masculino, que se volvió inadecuado para mantener alto niveles de consumo.7

De todas maneras, en la medida en que algunos trabajos femeninos se expandieron también tomaron características asociadas con el trabajo manual o el trabajo rutinario administrativo. Los salarios generalmente tendieron a la baja: esto era cierto en los casos en los que las mujeres habían sido tradicionalmente una minoría y se convirtieron en la mayoría de la fuerza de trabajo, por ejemplo, en los bancos y en las industrias gráficas.8 Los empleos de cuello blanco, que en algún momento se asociaban con un status mayor, tendieron a perder esta ventaja cuando se convirtieron en trabajos masivos, más sujetos a las presiones típicas de los trabajos de la clase obrera tradicional. La incorporación de maquinaria al trabajo administrativo y de venta minorista aceleró este proceso.

Con el desarrollo de las capas directivas en la industria, y la posibilidad de una mayor supervisión, los obreros se encontraron atados a un mayor control y menos autonomía en sus empleos. Este proceso, al que a veces se lo refiere como proletarización, ha aumentado las características en común entre los empleos de cuello blanco y azul. Se ha convertido también en una de las características de muchas ocupaciones profesionales como, por ejemplo, la enseñanza, donde el trabajo se encuentra sujeto a un mayor control, monitoreo, supervisión y evaluación.9  Los servicios públicos, que emplean grandes cantidades de mujeres también se vieron afectados por estos aspectos del control. Las mujeres aumentaron su participación en el mercado laboral en el momento en que las condiciones de sus trabajos empeoraban, junto con las de los hombres de la clase obrera, puesto que ha habido una tendencia hacia jornadas laborales más largas, más supervisión, intensificación del trabajo, etc. Una pequeña minoría de mujeres ha podido ser parte de las estructuras directivas, conduciendo a un pequeño aumento en la cantidad de CEOs mujeres y altas ejecutivas, pero también hacia una mayor capa feminizada de dirección media, particularmente notable en educación, salud y otras áreas del sector público.

La clase obrera británica del siglo XXI es tanto de cuello blanco como manual, y mucho más diversa. El cambiante rol de las mujeres en la fuerza de trabajo y su centralidad como trabajadoras de cuello blanco significan que su ubicación de clase debe ser definida. Acercamientos tradicionales acerca de la naturaleza de las clases y la fuerza de trabajo, ya sea desde un punto de vista marxista o weberiano, han encontrado dificultades para analizar el fenómeno de las mujeres trabajadoras por fuera del hogar si es que no tienen en cuenta los cambios descritos arriba, y si mantienen la tradicional concepción de la clase obrera como compuesta mayormente por trabajadores manuales hombres.10

La visión de Marx de clase como relación, que se apoya en la centralidad de la explotación y si el individuo debe vender o no su fuerza de trabajo para poder vivir, permiten que la definición de clase obrera sea extendida a diferentes grupos que dependen del trabajo para su supervivencia. Esto conduce a una visión más amplia e inclusiva de lo que constituye a la clase obrera y ayuda a explicar las clases en el siglo XXI.11 Esto también nos permite poner la explotación de los obreros y la venta de fuerza de trabajo en el centro del análisis de nuevas formas de trabajo, incluyendo el trabajo en la era digital.12 Adoptando una definición de clase más amplia podemos incluir analíticamente a aquellos que serán o fueron miembros de la clase obrera (como, por ejemplo, estudiantes y jubilados), aquellos que trabajarán en distintos sectores de la economía o en distintos tipos de trabajo. De esta forma, se ve a la clase como algo fluido y dinámico en vez de ser un concepto estático. La definición que entiende a tales personas como dependientes de la venta de su fuerza de trabajo para poder subsistir también engloba a grandes sectores de los oprimidos: mujeres, LGBT+, negros y minorías étnicas entran en esa definición, demostrando la conexión estrecha que existe entre la explotación de clase y la opresión.

La más reciente encuesta sobre las clases en Gran Bretaña, que fue realizada en 2013, adopta una visión diferente y más fragmentada. Su acercamiento pretendía reemplazar el método tradicional para definir a las clases sociológicamente con formas más modernas que intentaban tener en cuenta una serie de factores culturales y sociales, incluyendo la auto-definición.13 Desarrollos teóricos similares se han basado en los escritos de Bourdieu que observa diferentes aspectos de clase en relación a las cuestiones culturales en un sentido amplio.14 Sin embargo, sus hallazgos contrastan demasiado con los que surgen a partir de entender la centralidad del trabajo en la definición de clase; son versiones actualizadas de acercamientos sociológicos tradicionales que ponen el énfasis en patrones de consumo o comportamiento. La Gran Encuesta de Clases Británica va más allá: deberían existir serios cuestionamientos hacia un estudio de clases que no tiene en cuenta la ocupación de una persona que es definida como perteneciente a una clase en particular.  En su lugar, la pertenencia de clase de un individuo es definida por los trabajos de aquellas personas con las que se relaciona, y a través de varias manifestaciones sociales y culturales incluyendo el “capital cultural”: la idea de que a pesar de la falta de un capital real, ciertos grupos de gente pueden tener acceso a ciertas ventajas en la sociedad por su educación, su conocimiento, su forma de vestir o su apariencia.15 Si bien hay algunas apreciaciones importantes aquí, se tiende a reducir la clase a una cuestión subjetiva e individual, y en este sentido no difiere de las teorías sociológicas tradiciones basadas en consumos o estilos de vida. Es también una encuesta muy selectiva, que sobre-representa   a los grupos de profesionales y directivos, mientras que sub-representa a negros y minorías étnicas y a aquellos con trabajos manuales tradicionales. Esto por sí mismo puede ser un indicador de la importancia del capital real o cultural, pero refuerza la visión de que aquellos que poseen los medios de producción también controlan los medios de producción intelectuales.

Esta evaluación de la clase también enfatiza la fragmentación horizontal y separa características de lo que se podría entender como las clases bajas: de la clase media baja y la clase obrera. Por lo tanto, determina ubicaciones de clase particulares basándose en la edad y hábitos culturales, que se muestran como una distinción poco adecuada. Los diferentes hábitos culturales o niveles de educación entre gente mayor y menor son una realidad, así como lo son diferentes actitudes, pero estos pueden ser compatibles con personas pertenecientes a la misma clase. La nieta de un trabajador automotriz o de un empleado puede obtener un título universitario, y desarrollar diferentes hábitos a los de su familia, pero si ella encuentra trabajos en una cafetería, en una tienda, o en un call center, entonces, su relación con los medios de producción seguirá siendo similar a la de su familia.

En contraste, las posturas marxistas han resaltado la tendencia a que se homogenicen los intereses de clase y hacia la “proletarización” de un número de ocupaciones que alguna vez fueron profesionales, permitiendo unificar a grupos superficialmente diferentes. La encuesta también, apunta a una mayor polarización entre la “elite” y el “precariado”, lo que da cuenta del reconocimiento de los grandes niveles de desigualdad de la sociedad británica, pero sin comprender que la causa se encuentra en el proceso de explotación intensificado.

La necesidad de vender su fuerza de trabajo para poder costear su reproducción es esencial para la mayoría de las mujeres. Cualquiera sea la extensión del “salario familiar” y la idea del hombre como principal sustento familiar en el pasado, ya no se corresponden con la realidad de la gran mayoría de la clase obrera y, por lo tanto, las mujeres tendrán una relación más directa con los medios de producción independientemente de la posición de sus esposos, si es que están casadas. Las mujeres se enfrentan, muchas veces, con condiciones de trabajo inseguras y difíciles, así como con la continuidad de su responsabilidad en la labor doméstica y la crianza de los hijos, que serán discutidas más abajo. Sin embargo, diferentes condiciones hacia adentro de la clase obrera, han existido siempre y no deben pensarse como representaciones de intereses de clase distintos. Los desempleados o quienes se encuentren comprometidos con el trabajo doméstico a tiempo completo, por  ejemplo, no deben ser vistos como ajenos a la clase obrera, sino como sectores de ella que no se encuentran permanentemente ligados al trabajo asalariado. El “precariado” de Guy Standing no debe entenderse como un grupo diferente al de los trabajadores más estables, sino como un grupo de desposeídos de la clase obrera con los mismos intereses.16 Sus perspectivas acerca de los niveles de incertidumbre e inseguridad entre los trabajadores más jóvenes, mejor educados, pero con la imposibilidad de tener acceso a trabajos permanentes, seguros y de mayor status, o a la clase de seguridad económica y social que acompañan dichos empleos, proveen un enfoque agudo para analizar el cambio de la naturaleza del trabajo británico. De todas maneras, tiende a ignorar el hecho de que esta precariedad en la historia de la clase obrera no es la excepción, sino la regla. Tampoco explica cómo las diferentes experiencias laborales de diferentes generaciones de obreros no niegan la naturaleza de la explotación, pero sugieren la manera en que este sistema se puede adaptar a las diferentes expectativas por parte de los obreros, y la magnitud  en la que la cantidad de plusvalía extraída en este proceso puede cambiar. Además, sugiere que esta es la condición normal de explotación de los jóvenes en el trabajo actualmente, mientras que la imagen es mucho más dispareja.

Reproducción Social

La existencia de grandes cantidades de mujeres en la fuerza de trabajo que también son madres ha creado la necesidad de entender su rol económico en la producción y la reproducción en el capitalismo. Existe una relación entre el trabajo realizado socialmente en un empleo pago y el rol del trabajo no remunerado en la familia (que, en gran parte, es realizado por mujeres). La relación entre el rol de las mujeres en la producción social y la reproducción privatizada bajo el capitalismo ha sido objeto de debate  sobre las posiciones relativas de las mujeres y los hombres dentro de la clase obrera y acerca de si el trabajo no remunerado en el ámbito del hogar (generalmente llevado adelante por mujeres) puede ser visto como socialmente productivo, productor de valor para la clase capitalista. Los debates también consideraron si el trabajo doméstico puede ser considerado una forma de producción que puede ser vista como distinta a la del modo capitalista.

El debate sobre el trabajo doméstico, como fue conocido en los ’70, implicaba el reconocimiento del importante trabajo económico realizado en el hogar, y fue un intento de ubicar el trabajo doméstico de las mujeres dentro de la economía capitalista. Algunos ubicaron a la opresión hacia las mujeres en la contradicción entre su rol en el trabajo social y el doméstico, y la necesidad de las mujeres de realizar tareas en ambos ámbitos. Otros consideraron que las amas de casa, a través de su trabajo, creaban cierta forma de valor para el capital y que, por lo tanto, tenían derecho al reconocimiento y a percibir un salario.17 La fuerza del debate estuvo dada por el intento de utilizar categorías y conceptos marxistas de clase, de modo de darle una explicación material a la opresión hacia las mujeres. Sin embargo, se caracterizó por separar analíticamente las esferas domésticas e industriales y sostuvo una visión idealizada de la ama de casa, que se correspondía cada vez menos con la realidad, incluso en los ’70. Además, el peligro de plantear que el trabajo doméstico era trabajo improductivo desestimaba su rol central para el capital y la reproducción de la fuerza de trabajo. Esta fue una noción que los teóricos del “salario para el trabajo doméstico” entendieron, incluso si sus conclusiones políticas fueron ampliamente rechazadas.

Si bien las tareas domésticas y la crianza de los hijos no producen mercancías, producen valores de uso en el hogar; decir esto no da cuenta de la importancia que el trabajo doméstico tiene para el capital, ni reconoce los cambios en las tareas domésticas y el rol de las mujeres provocado por la creciente participación de estas en el mercado laboral. La cantidad necesaria de trabajo en los hogares disminuye la cantidad de trabajo asalariado que pueden realizar los miembros de la familia fuera de casa, así que el impulso de mercantilizar las tareas domésticas para liberar a las mujeres para una mayor participación en el trabajo asalariado ha sido considerable. Marx previó esto: “Los trabajos impuestos por el consumo familiar, tales como coser, remendar, etc., se cumplen forzosamente comprando mercancías confeccionadas. Al disminuir la inversión de trabajo doméstico, aumenta, como es lógico, la inversión de dinero”.18 El trabajo realizado en el hogar es reemplazado por servicios que pueden ser comprados en el mercado o por mercancías que ayudan o substituyen valores de uso que solían producirse en la casa. En las familias de clase media, ha habido un aumento en el empleo de trabajadores que llevan adelante tareas tales como limpiar, cocinar, la jardinería y el cuidado de los niños. En las familias de clase obrera estas tareas siguen siendo realizadas por trabajo no remunerado de los miembros de la familia (con la excepción parcial del cuidado de los niños, que en los casos de mujeres asalariadas suele quedar a cargo  de familiares o amigos por medio de arreglos informales). El énfasis en la familia de hoy se encuentra en su rol como centro de la reproducción de la fuerza de trabajo, especialmente en las renovadas generaciones de fuerza de trabajo, una necesidad esencial para el capital. El trabajo femenino en el hogar, así como produce valores de uso, también contribuye con la reproducción de la fuerza de trabajo y, por lo tanto, indirectamente contribuye a la producción de plusvalía. Si bien no produce directamente plusvalía, es fundamental para la continua producción de la misma.

Este es un acercamiento similar al del feminismo materialista que ha subrayado que cualquier teoría de la opresión debe basarse en las relaciones sociales, tener una visión histórica y considerar a la división sexual del trabajo como central.19 Lise Vogel rechaza los sistemas teóricos duales y enfatiza la centralidad de la reproducción de la fuerza  de trabajo para el capital, y el rol de esta reproducción  como central para la opresión de la mujer. La labor doméstica se encuentra en el corazón de la regeneración de la fuerza de trabajo, lo que es esencial para la producción capitalista.20 Vogel sostiene que las mujeres tienen un papel clave en la reproducción social por su rol específico y único en el parto y la lactancia. Ella considera que  es el proceso de reproducción social en sí mismo, en lugar de su forma familiar, el aspecto más importante y que en este sentido el rol de la mujer en este es lo que conduce a la opresión.21

Mientras que Vogel tiene una postura clara y convincente sobre la centralidad para el capitalismo de la reproducción social, adopta una visión de alguna manera abstracta de cómo la fuerza de trabajo se reproduce. Ella presenta alternativas a la familia, por ejemplo, que la fuerza de trabajo puede ser renovada a través de la inmigración y la esclavitud. Sin embargo, esto sigue involucrando a la reproducción de la fuerza de trabajo en el seno de la familia, pero en una familia que puede adoptar varias formas, geográfica e históricamente. Asimismo, se puede argumentar que instituciones como las prisiones o centros asistenciales, que llevan adelante algunas de las mismas funciones que la familia,  no son rivales de peso para la familia nuclear, que es el lugar de reproducción de la fuerza de trabajo por excelencia. Incluso, considerando la mercantilización de algunas de las funciones familiares, y a las mujeres trabajando fuera de la casa en los últimos treinta años, la familia se ha visto realzada en lugar de disminuida como lugar de reproducción de la fuerza de trabajo. Se puede decir que el capitalismo de alguna manera fortaleció a la familia haciéndola más adaptable a la diversidad como lo muestra el matrimonio homosexual. De todas maneras, la teoría de la reproducción social descrita por Vogel tiene la potencia de ubicar la opresión hacia las mujeres dentro de las necesidades del capital y, por lo tanto, de relacionarla con las teorías de clase.

Toda teoría de clases tiene que poder integrar el rol social de la reproducción a su análisis. De otra manera dejaría de lado el rol central de la mujer para asegurarse de que las próximas generaciones de obreros sean cuidados, socializados, educados y mantenidos sanos para poder estar listos para realizar su función en el capital produciendo plusvalía que genera la acumulación de capital. El hecho de que esta tarea sea realizada dentro y alrededor de la familia a un costo relativamente bajo para la clase capitalista, sumado al rol en el trabajo asalariado que realizan millones de mujeres (cerca de la mitad de la fuerza de trabajo en el Reino Unido se encuentra compuesta por mujeres) refuerza la estrecha relación que podemos discernir entre el empleo femenino en la producción social y la falta de una remuneración por la reproducción social.

Conciencia de clase

Marx y Engels reconocen tanto el desigual desarrollo de la conciencia dentro de la sociedad, por un lado, como el poder transformador del capitalismo, por otro, que opera destruyendo o debilitando viejas divisiones sociales y estructuras. Este sistema opresivo y de explotación, de propiedad privada y acumulación de ganancias significa que la transformación del sistema solo puede ser realizada colectivamente por parte de los que producen la riqueza. En ese proceso la clase explotada puede experimentar una transformación de su conciencia, que la liberará del “cieno en el que se hunde” como Marx lo describe.22 En otras palabras, las mujeres y los hombres podrán, en el proceso de llevar a cabo la revolución, desarrollar una conciencia que supere las divisiones de la clase obrera en lo que a sexismo, racismo y nacionalidades se refiere.

El marxismo es una teoría cuyos aspectos ontológicos se encuentran estrechamente relacionados con su epistemología, o teoría del conocimiento. Las posturas de Marx con respecto a lo que constituye la “naturaleza humana”, la habilidad de trabajar conscientemente, su teoría de la alienación en la que esta capacidad se pierde como resultado del trabajo asalariado bajo el capitalismo, y su teoría sobre cómo los trabajadores son capaces de reconocer y superar esta pérdida son, ellas mismas, una totalidad mediada y estrechamente relacionada. En Marx no hay una relación reduccionista entre ser y conciencia, pero tampoco existe una falsa oposición entre lo que significa ser humano, la pérdida de control sobre esta condición, la apreciación intelectual e ideológica de este hecho y  la lucha para poder superar esta condición. Marx ve las ideas como un desarrollo de la cambiante realidad material y, a veces, alterándose agudamente como resultado de las circunstancias cambiantes: “No es la conciencia la que determina la vida, sino la vida la que determina la conciencia”.23 La teoría marxista se preocupa por la conexión que existe entre los factores objetivos de la sociedad y el rol subjetivo de los actores que pueden alcanzar ciertos resultados, una cuestión que se hace famosa en su comentario: “Los hombres hacen su propia historia, pero no por su propio albedrío; no bajo circunstancias que ellos mismos han elegido sino bajo las que les fueron dadas con las que se enfrentan directamente”.24 El pensamiento de Marx fue influenciado por las ideas científicas y racionales del iluminismo del siglo XVIII, pero él construyó y criticó esas ideas para desarrollar una teoría dialéctica del cambio histórico que se enfocó en las contradicciones de la sociedad. Las mayores críticas al marxismo lo acusan de ser demasiado determinista, sosteniendo la inevitabilidad del cambio y la certeza del progreso hacia el socialismo.25 Estas críticas serían adecuadas para ciertas formas de iluminismo materialista, pero es una  lectura demasiado simplificada de la teoría marxista. Ha habido  grandes debates dentro del marxismo más clásico y más moderno, acerca de la relación entre las circunstancias objetivas y subjetivas, o acerca de la estructura y la agencia; ambas discusiones se preocupan por el rol de los actores individuales en circunstancias particulares.26

Los argumentos centrales se articulan según se considere que el progreso hacia el cambio social es inevitable o si depende las acciones de los hombres y las mujeres; esta noción de un progreso económico teleológico hacia el socialismo dejó su huella en el marxismo y otras teorías sociales.27 Su debilidad fundamental fue el diagnóstico de inevitabilidad que dejó de lado las cuestiones de contingencia y agencia. Esta confianza en el desarrollo de las estructuras económicas otorgando automáticamente progreso social fue desafiado por historiadores marxistas como De Ste. Croix y Thompson, que intentaron desarrollar las ideas de Marx para considerar a las clases como relaciones y a la clase obrera tanto como sujeto y como objeto de la historia. Al hacerlo, consideraron a la clase tanto desde un punto de vista económico como desde la cuestión de la consciencia de clase, en otras palabras, lo que hace que las personas se piensen como pertenecientes a una clase.28 Dicho análisis intentaba ir más allá de las manifestaciones inmediatas de las diferencias de clase y sociales para examinar las relaciones subyacentes a cualquier sociedad de clases. Tal vez no sea por accidente que a fines de los ’60 y principio de los ’70 se haya renovado el interés por los marxistas como el húngaro Georg Lukács y el italiano Antonio Gramsci. Ambos trataron las cuestiones de conciencia y de la posibilidad de la revolución. El extendido interés por estas teorías en la izquierda y en la academia de los ’70 trajo una nueva serie de perspectivas al debate, especialmente a partir del concepto gramsciano de la necesidad de luchar por la hegemonía de las ideas marxistas dentro de la sociedad capitalista.29

Cómo lo político y lo ideológico se relacionan con lo económico

Para la izquierda británica, muchos de cuyos más viejos adherentes se politizaron y desarrollaron a fines de los sesenta en adelante, especialmente durante las grandes batallas industriales de primera mitad de los setenta, la conciencia de la clase obrera y su avance están inextricablemente asociados con formas de medición objetivas como días de trabajo perdidos por huelgas, cantidad de huelgas y nivel de organización de los sindicatos. Existen sobrados motivos para juzgar el nivel de la lucha con estos criterios, ya que miden el alcance en el que los trabajadores se encuentran listos para realizar acciones concretas para alcanzar sus demandas. Se debe agregar que no se puede pretender desafiar el poder capitalista si se busca obtener un cambio permanente sin poner la organización sindical y la generalización de las huelgas en el centro. Rosa Luxemburgo escribía: “Donde se forjan las cadenas del capitalismo, ahí mismo deben ser rotas”.30 Sin embargo, lo contrario no es necesariamente cierto: bajos niveles de huelgas no sugieren automáticamente falta de conciencia política, ni siquiera falta conciencia de clase. Está claro que el movimiento sindical británico entró en un largo ocaso con la mayor de sus derrotas en los ochenta, especialmente en el caso de los mineros y los trabajadores gráficos, un ocaso del que todavía no logra recuperarse. La naturaleza punitiva de las leyes sindicales, que imponen sanciones legales y financieras a cualquier acción solidaria seria, y los efectos de la privatización y la desindustrialización, todos hicieron su parte. La histórica cercanía de los sindicatos a la peculiar forma británica que adopta el reformismo, conocida como laborismo, también ha significado una debilidad, así como su reticencia a embarcarse en formas de acción más militantes que pudieran haberse contrapuesto a esos ataques.

Sin embargo, la debilitación de las organizaciones sindicales y la visibilización de la lucha de clases han hecho resurgir los niveles de conciencia política de muchas maneras: a través del resultado de las elecciones de 1997 en las que se iniciaron 13 años de gobierno laborista y a través de los altos niveles de conciencia en asuntos como la guerra. La protesta de febrero de 2003 en contra de la guerra de Irak sigue siendo la más grande en la historia británica, involucró a la mayoría de los sindicatos, vastos sectores de la comunidad musulmana, grupos de negros y de otras minorías étnicas, gran cantidad de mujeres, y sectores de la clase media. Fue la expresión de un elevado grado de conciencia en relación a ese tema, y al de Palestina, que continúa teniendo su efecto. La conciencia anti-bélica se mantiene alta en Gran Bretaña, un factor importante en un país con hinterland tan amplio y que juega un rol importante en el apoyo a la política exterior de los Estados Unidos.

Mientras que el apoyo político al partido principal de la clase obrera ha declinado desde su apogeo años después de la Segunda Guerra Mundial, se ha visto un aumento en el apoyo a varios movimientos, entre los que se incluyen aquellos que se pronuncian en contra de la austeridad. Grandes cantidades de británicos, incluyendo gente joven, se identifican con la izquierda, incluyendo entre uno y dos millones que se ven como de “extrema izquierda”. Esto ha avanzado desde los ochenta.31 Una considerable minoría de gente, incluyendo muchos obreros, ha tomado parte en alguna forma de actividad política, por ejemplo, marchando, firmando alguna petición, boicoteando o sumándose a alguna otra forma de protesta.32

Es, por lo tanto, errado concluir que hay una falta de interés político a partir de la falta de luchas industriales y económicas. Ni siquiera debe este declive general oscurecer los altos niveles de conciencia política, ni los discutibles, pero considerables niveles de apoyo hacia la acción de los obreros industriales. De hecho, uno de los aspectos de la sociedad británica del siglo XXI es el nivel de conciencia de una considerable minoría, incluyendo a los sindicalistas, acerca de la opresión y su disposición a desafiar el estatus quo. Esta conciencia política es mucho menos probable de ser localizada en los partidos tradicionales (con la parcial excepción de Corbyn). Por otro lado, no se encuentra fogueada por la ideología marxista, aunque puede simpatizar con algunas de sus ideas generales. El involucramiento de esta capa de gente en movimientos más abarcativos le da a los marxistas la posibilidad de relacionarse con ellos y darles respuestas ideológicas a las preguntas que plantean.

La ofensiva de los empleadores y el estado de la organización de la clase obrera en Gran Bretaña hoy

La primera parte de este artículo resalta el declive de la organización sindical bajo el impacto de 35 años de ofensiva perpetrada por los sucesivos gobiernos y empleadores, en conjunto con cambios estructurales que devastaron a los sectores más altamente sindicalizados, mientras que aumentaban los empleos en sectores mucho menos organizados como el de las finanzas, la venta minorista y el catering. El efecto acumulado se ha sentido en término de lo que podría ser descrito, según la teoría marxista, como un aumento en la tasa de explotación. Esto se ha logrado a través de la flexibilización laboral, muchas veces a través de la privatización, del recorte de las horas de descanso y de almuerzo, el aumento en otras formas de flexibilización que conducen a la realización de múltiples tareas, el aumento de las horas laborales y el recorte de las horas extra, el aumento de la supervisión, la vigilancia y los objetivos de rendimiento y una gran disminución de los salarios reales.

Estos elementos se vieron exacerbados por la crisis bancaria y la recesión de 2008. Los salarios cayeron en términos reales, generando una reducción real de los ingresos de la clase obrera y un mayor crecimiento de la desigualdad. Esta pérdida del salario afectó particularmente a los jóvenes, quienes también padecieron elevados niveles de desempleo.33 Los niveles de desigualdad subieron, siendo algunos de los peores en la capital. La tasa de pobreza de Londres se mantuvo al 28% en 2011.34 La autoridad del Gran Londres anunció en 2008 que como regla general, la expectativa de vida se reduce un año por cada parada que uno se aleja de la estación de Westminster en la línea Jubilee del subte, (en otras palabras desde la parte más rica de la ciudad hacia las más pobres al sur y al este).35

La recesión ha empeorado la inequidad con una combinación de medidas. Una encuesta en los lugares de trabajo realizada en 2011 encontró que las empresas británicas respondieron a la recesión de varias maneras, principalmente congelando salarios, medida tomada por el 41% de los lugares encuestados y por un 64% en el sector público: congelando la ocupación de puestos vacantes (28%) y cambiando la organización del trabajo (25%). Nuevamente, la incidencia de esto fue considerablemente superior en el sector público.36 En la misma encuesta, los empleados reportaron que el efecto más común de la recesión era tener más trabajo por menos paga. Más de un tercio de los empleados del sector público reportaron un aumento la carga laboral. Algunos de los sectores más golpeados con el congelamiento salarial fueron la construcción y la administración pública, y con el aumento en la carga de tareas, la administración pública, el transporte, la comunicación y los servicios financieros.37 Los congelamientos salariales y los recortes fueron acompañados por recortes a las vacaciones pagas y reducciones en los aportes jubilatorios de los asalariados. El uso de contratos de cero horas,38 que si bien se aplican a un pequeño número de trabajadores, se han duplicado en estas compañías entre 2004 y 2011 y han aumentado en empresas de mayor tamaño. También hubo un aumento en el trabajo por turnos.39 Mientras que pequeños y poderosos grupos de obreros como los del Metro londinense, mantuvieron e incluso mejoraron sus estándares de vida, otros como los docentes universitarios vieron sus salarios bajar un 14% desde la crisis financiera y vieron un aumento en la explotación a través del recorte de las condiciones, la precarización y los objetivos de resultados.40 Los empleadores se rehúsan a compartir una mayor porción de sus ganancias, rebajando las jubilaciones y encontrando la manera de evadir aumentos de salarios estatutarios. El reciente establecimiento de un salario vital bastante lamentable por parte del gobierno ha sido honrado por los empleadores, en la medida de que lo implementaron, recortando otros aspectos de los sueldos como, por ejemplo, reduciendo los pagos extras por trabajo en los fines de semana, dejando a los obreros en algunas oportunidades en una situación peor que la anterior al aumento del salario. Estas bajas remuneraciones se compensan estimulando niveles de deuda personal altos en términos históricos, acompañada por una burbuja en los precios inmobiliarios que deja como resultado un estado miserable para muchos obreros.

Si Gran Bretaña se está convirtiendo rápidamente en una economía de salarios bajos, también se está convirtiendo en una de baja productividad. Se estima que los trabajadores franceses pueden tomarse el día libre todos los viernes y, aun así, serían tan productivos como los británicos trabajando cinco días a la semana.41 Esta baja productividad es un problema particular para Gran Bretaña; refleja el otro lado de las economías de bajos salarios: que es más barato pagar menos a los empleados que invertir en maquinaria y nueva tecnología.

La casa desolada de las relaciones laborales británicas no muestra señales de que vaya a ser cambiada desde arriba. Mientras que parece haber una creciente preocupación entre los círculos de la clase dominante acerca de las consecuencias de las políticas neoliberales y el gran descontento alrededor de ellas no hay un plan B. En efecto, toda una serie de fuerzas inexorables continúan por su sendero: los decretos y las regulaciones de la Unión Europea, las presiones de la competencia internacional tanto en Europa como en el resto del mundo, el camino planteado por los servicios públicos como el Servicio de Salud Nacional y la educación superior, que se han abierto cada vez más a la competencia o, en otras palabras, se ven forzados a competir interna y externamente con competidores privados. La organización sindical es débil en el sector privado, tan solo 3% de los lugares de trabajo del sector privado tienen a la mayoría de los empleados afiliados.42 Incluso en este sector donde los sindicatos son reconocidos, cerca de la mitad reportó en 2011 que no tuvo discusiones salariales. En gran parte del sector público, las negociaciones salariales se vieron drásticamente debilitadas.43

La clase dominante británica ha tenido éxito en modificar la porción de riqueza que llega a los empleadores en detrimento de los trabajadores, tanto en términos de salarios directos como de “salarios sociales”. Incluso, algunas de las empresas más rentables fuerzan a algunos o a todos sus trabajadores a aceptar contratos de cero horas, y demandan una mayor flexibilidad en relación a dónde y cuándo sus empleados trabajan. En la disminución de salarios y de condiciones laborales, los obreros que alguna vez tuvieron empleos en el sector público bien recompensados encuentran que en el proceso de privatización y de apertura hacia la competencia aumenta la tasa de explotación; en las empresas del sector privado se da el mismo proceso, con las medidas más anti obreras y voraces forzando el ritmo de trabajo. Existen, a veces, escándalos políticos en relación a estas cuestiones, pero hay muy pocas restricciones legales o de otro tipo hacia las empresas afectadas. Sports Direct es uno de los casos más notables, en la que un depósito de ropa deportiva y equipamiento se ha instalado en un pueblo que solía ser minero, empleando mano de obra inmigrante de Europa del este, pagando menos del salario mínimo, deduciendo pagas por “transgresiones”, y creando condiciones de las que surgen reportes de mujeres embarazadas dando a luz en los baños. Estas condiciones tienen reminiscencias de las sufridas por la clase obrera de la Revolución Industrial hace 200 años. Unite the union (uno de los mayores sindicatos británicos) está realizando una campaña de sindicalización que incluye lecciones gratis de inglés para miembros potenciales.44

La amenaza de cierre o el cierre efectivo de algunas compañías establecidas como la Tata Steel o BHS, provocaron oposición, no solo por la gran pérdida de fuentes de trabajo que significaba, sino también por no ser rentables por los grandes fondos jubilatorios que poseían (que al final de cuentas eran solo salarios en diferido).

El descontento entre los trabajadores británicos por su situación no es difícil de ver: con el apoyo de grandes grupos de obreros que tomaron cartas en el asunto, el rechazo hacia algunas de las peores condiciones conduce a grupos de trabajadores a ponerse en acción (notablemente los médicos en formación), con un creciente descontento por la austeridad, que genera muchas campañas locales y marchas, con un movimiento sobre la problemática habitacional que se encuentra en una aguda crisis. Las diferentes campañas y movimientos, sin embargo, carecen de la coordinación necesaria para alcanzar buenos resultados, que tampoco provee el Congreso Sindical (TUC por sus siglas en inglés), el mayor paraguas para la mayoría de los sindicatos, que no se ha distinguido por su claridad o su confianza a oponerse a los ataques. La respuesta individual de los liderazgos sindicales ha sido mucho más variable, pero ha resultado en muchas menos acciones de huelgas, al margen de que, en algunas oportunidades, se haya visto un alto nivel de activismo político.

Mientras que la combinación de leyes sindicales altamente restrictivas (las huelgas solidarias son ilegales en el Reino Unido), la cercanía de muchos líderes sindicales al aparato Laborista, y la tendencia al quietismo y la pasividad de esos líderes sindicales, condujo al nivel más bajo en números globales de huelgas que duren más de uno o dos días, el descontento político con los gobiernos y el neoliberalismo ha conducido a un grado considerable de realización de campañas políticas iniciadas o apoyadas por sectores de la burocracia sindical. El sindicato de Trabajadores de la Comunicación, compuesto en su mayoría por trabajadores de las telecomunicaciones, se ha visto envuelto en el People’s Assembly, el movimiento radical anti austeridad. Ellos también crearon sus propios eventos masivos llamados People’s Post, haciendo campaña en contra de la privatización de la industria. La dirección pudo conseguir que Jeremy Corbyn, el recientemente elegido líder laborista, oficie de orador en una manifestación masiva en la Catedral de Manchester al momento de que se lleve a cabo la conferencia del partido Tory en octubre. El sindicato también presentó un evento masivo para apoyar a Jeremy Corbyn en su campaña para ser Primer Ministro durante su conferencia anual, a la que asistieron cerca de 3.000 personas. El sindicato de servicios civiles PCS y Unite, afiliado al laborismo, también estuvieron apoyando iniciativas no sindicales como el People’s Assembly, el convoy hacia Calais para asistir a los refugiados y el movimiento anti bélico. Unite y el GMB también establecieron ramificaciones orientadas a miembros de la comunidad que no necesariamente tienen un trabajo remunerado. Estas iniciativas fueron de vital importancia en el desarrollo de una conciencia política y activista más amplia, y en vincular a los sindicatos con las necesidades del movimiento por fuera del lugar de trabajo. Mientras que la consideración de las estadísticas de huelgas y de organización sindical revelarían una debilidad sustancial hacia dentro de la clase obrera británica, no tienen en cuenta la radicalización más amplia, fuerte entre los jóvenes, pero también entre los trabajadores más viejos que están en contra de las guerras y de la austeridad. Se puede decir que muchas de estas iniciativas contuvieron el declive de muchos sindicatos y en muchos casos lo revirtieron. También contribuyeron a la elección de Jeremy Corbyn, a lo que regresaremos más abajo.

Las dos almas del Laborismo

Existen muchas diferencias entre el candidato del Partido Demócrata de Estados Unidos Bernie Sanders y Jeremy Corbyn, tanto en el contexto de sus campañas de elevado perfil, como también en relación a las políticas que proponen. Diría que la postura de Corbyn de oponerse a las decisiones de política exterior y a la expansión imperialista es mucho más fuerte que la de Sanders, pero es indudable que ambos le hablan a aquellos que se radicalizaron tanto como quienes fueron privados de derechos en los últimos años, y que quedaron sin una voz política como resultado del movimiento de los políticos hacia el “extremo centro”.45 Estas voces incluyen a los viejos sindicatos y a la izquierda política, politizados durante el período abierto en 1968, los jóvenes radicalizados por una serie de eventos y temas que iban desde la guerra al cambio climático, las comunidades musulmanas acosadas por el racismo institucional del cual ahora son el principal objetivo, los individuos víctimas de varios aspectos de las políticas neoliberales, incluyendo los contratos de cero horas, la escalada de los alquileres y de los precios de las casas, el costo de la educación,  y el robo de las jubilaciones, ayer prometidas, que ahora tienen que ser pagadas. La escala de la victoria de Corbyn fue una sorpresa para la mayoría, su exitosa candidatura una sorpresa para todos, incluyéndolo a él mismo. Reflejó cualidades personales, incluyendo la tenacidad para las campañas de apoyo, un compromiso para causas poco populares como la de Irlanda o la de Palestina y un genuino interés por la gente y la sociedad que lo rodean. Su edad, al igual que la de Sanders, denota un compromiso a largo plazo con las políticas socialistas. Pero, nada de esto sería suficiente por sí solo. Lo que la victoria de Corbyn representó fue el reflejo de los movimientos masivos de la izquierda que fueron centrales para las políticas británicas durante 15 años. Esto incluye a las manifestaciones organizadas por los sindicatos y las que fueron organizadas por estudiantes, los movimientos de base anti austeridad, Occupy, los movimientos anti bélicos y de apoyo a Palestina y muchos más. Estos movimientos y su importancia son en sí mismos parcialmente el reflejo de un  bajo nivel de lucha de clases, pero también de una creciente politización hacia la izquierda. Han existido intentos de construir nuevos partidos de izquierda a partir de estos movimientos, que buscaban reflejar mejor las aspiraciones de la izquierda que el nuevo laborismo. El más exitoso de estos intentos fue Respect (Respeto), pero por una serie de razones no pudo avanzar.46

Esto condujo a la extraña situación particular en la cual las voces radicales y críticas de los principales partidos burgueses británicos que buscaban una alternativa de izquierda, la encontraran en la campaña de Corbyn. El nivel de apoyo y de entusiasmo galvanizó a la izquierda, pero aterrorizó a varios de los colegas de Corbyn del bloque laborista, que consideran sus políticas como un anatema, lo dejaron expuesto al ataque público y están haciendo todo lo que pueden para asegurarse de que sus profecías, que lo plantean como un candidato no elegible, se cumplan. Los miembros del parlamento expresan varias contradicciones del laborismo: entre su base y los representantes más inclinados hacia la derecha; entre el anti-belicismo y los que están en contra de las políticas de austeridad que sostienen varios miembros y votantes del laborismo y la postura de derecha de muchos de los parlamentarios; entre las demandas del movimiento radical y la triangulación que ha llevado al laborismo hacia la derecha, gracias a Blair y a quienes le siguieron. El laborismo fue creado por los sindicatos como su representante en el parlamento y su estructura refleja esta influencia. Además, el laborismo siempre apoyó al imperio (el gobierno de Attlee después de 1945, tuvo una pobre actuación en su actitud hacia la descolonización y los movimientos de liberación nacional), y en muchos casos, alcanzó consensuó la política exterior de los Tories.47 La victoria de Corbyn causó conmoción en esta área, con divisiones entre él y sus críticos de la derecha con respecto a temas que van desde la guerra en Siria, la renovación del sistema de submarinos nucleares Trident, y la cuestión palestina. Los debates acerca de estos temas han visto a los parlamentarios laboristas ser vitoreados por sus pares Tories en un intento de aislar y derrotar a Corbyn. La política exterior sigue en agenda gracias al reporte Chilcot acerca de la guerra en Irak, que tiene su fecha de entrega en julio y del cual se espera que sea crítico de Tony Blair y sus aliados.  Se espera que las tensiones entre Corbyn y sus colegas en el parlamento crezcan.

El problema que enfrenta Corbyn es la contradicción entre su apoyo masivo de base y la naturaleza del bloque laborista y su aparato. Mientras que tuvo mucho apoyo entre la burocracia sindical (al menos parcialmente por las posturas de muchos de su miembros en relación a él), ellos también tuvieron mucho que ver en reforzar el peso del ala derecha al interior del laborismo. Las reformas para la elección del líder que fueron introducidas por el predecesor de Corbyn, Ed Miliband, debilitaron el poder de voto en las elecciones, tanto como el de los miembros del parlamento, pero ellos todavía ejercen considerable influencia.48

Uno de los motivos por los cuales los ataques contra Corbyn fueron tan virulentos desde la derecha laborista, desde el gobierno Tory y desde la gran mayoría de los medios –al contrario de lo que dicen- es que él realmente se encuentra en una buena posición para encabezar el próximo gobierno. Mientras que esto se encuentra programado para 2020, hay señales de que puede darse antes, especialmente gracias a las incertidumbres del referéndum de la Unión Europea y la guerra civil que se desarrolla dentro del partido gobernante. La impopularidad del gobierno y la fragmentación de las políticas británicas pueden permitir un gobierno laborista o una coalición liderada por el laborismo para llegar al cargo. El temor de que esto suceda explica los constantes ataques, los intentos de culparlo por cada eventualidad política, la aparición en la prensa de sus más recientes oponentes, mientras la derecha hace todo lo posible para truncar las posibilidades de que gane una elección. Existe un largo trecho para alcanzar eso y existen muchas barreras para que alcance el éxito.

Hay suficiente evidencia histórica que demuestra que ganar las elecciones es solo el primer paso y que un Primer ministro británico de izquierda se enfrentará con muchos desafíos dentro y fuera del partido. Desde los grandes negocios; hasta el Estado capitalista; y desde las instituciones internacionales como el FMI, la UE o la OTAN que actúan en función de los intereses del capital neoliberal. Cualquier gobierno de izquierda debe tomar medidas para defenderse de estos ataques y así poder desafiar a las instituciones no elegidas y poder realizar reformas para los electores. Dichas medidas no pueden triunfar sin enfrentarse al poder del capital y sin algún movimiento basado en la clase obrera que pueda actuar independientemente del gobierno para asegurar sus demandas. Es imposible decir qué pasará con Jeremy Corbyn en el futuro, puesto que hay demasiados imponderables. Para los socialistas es fundamental la noción de que puede haber un líder de izquierda en el gobierno, pero no en el poder. Sin embargo, la mayoría de la izquierda británica ha recibido con los brazos abiertos la victoria de Corbyn, viéndolo como un apoyo a la clase de políticas por las que estuvimos peleando todos estos años. Al menos, ha creado una audiencia para la discusión acerca de la política de izquierda que solo puede fortalecerse si esta aprovecha las oportunidades que se le presentan.

Perspectivas para los revolucionarios de hoy

De muchas maneras la sociedad británica está pasando por un profundo proceso de cambio. Las certezas de postguerra sobre las que se construyó el Estado de Bienestar están bajo un ataque sistemático, que conlleva una crisis del servicio de salud, de vivienda, de gobernabilidad y de las instituciones.49 La decadencia de los dos principales partidos ha llegado a una etapa aguda: las divisiones de los Tories sobre Europa reflejan la incapacidad del capitalismo británico de mantener su lugar en el mundo, y una incapacidad similar para encontrar uno nuevo. La crisis de la Unión Europea (UE) está destruyendo la política tradicional, y está impactando cada vez más sobre el laborismo, muchos de cuyos votantes aparentan haber rechazado el llamado de la dirección de mantenerse dentro de la UE. Esto ha dado inicio a una gran crisis cuyos resultados no nos es posible predecir. La elección de Corbyn demuestra un deseo de muchos simpatizantes tradicionales del laborismo, y de mucha gente joven, de terminar con los años de Blairismo y de crear un partido basado en ideales anti capitalistas e igualitarios. Incluso, ha revelado los profundos problemas que aquejan al laborismo, con su incapacidad de lidiar con los problemas de varios de sus tradicionales baluartes. Escocia ha abandonado al Partido Laborista, y hay señales de que en viejos pueblos industriales, basados en el acero y la minería, también el laborismo (en particular su ala derecha) ve  debilitarse su base local. El panorama en Londres y otras grandes ciudades es diferente, gracias a que el laborismo se encuentra en mejores condiciones de reunir una coalición de diferentes elementos de la clase obrera y la izquierda, incluyendo comunidades de inmigrantes y de jóvenes. Sin embargo, el consenso político de los dos partidos principales de las décadas recientes, la impopularidad de muchas políticas neoliberales, y el impacto de la crisis financiera de 2008, polarizaron la política británica de izquierda y derecha. El laborismo reconstruyó su base de afiliados  gracias a Corbyn, pero la cantidad de afiliados de los Tories se encuentra en caída. Al mismo tiempo, los nacionalistas de Escocia crecieron basándose en los votos laboristas, optando por políticas claramente socialdemócratas y laboristas de izquierda, aunque no tanto en Gales. Los Verdes consiguieron millones de votos en las elecciones de 2015, mientras que la derecha extrema de UKIP consiguió 3 millones. Esta polarización es un fenómeno que se da en toda Europa y en los Estados Unidos, con el crecimiento de la extrema derecha, pero también a partir de las posturas anti austeridad. El sistema electoral británico, sin embargo, sigue favoreciendo a los partidos principales puesto que está basado en el escrutinio mayoritario uninominal (“first past the post”) que implica una distribución de los votos muy desigual. De alguna manera, esto contribuye a la presente crisis política, puesto que no hay una expresión política para las ideas sostenidas por un número considerable de gente.

Esta polarización tiene que configurarse en contra de la histórica debilidad de la izquierda en Gran Bretaña. Hasta los sesenta y los setenta, las raíces locales del laborismo (y de los Tories) fueron sustanciales, con altos niveles de lealtad y compromiso por parte los miembros del partido y los votantes, con estructuras locales y oficinas y con estrechos lazos con los sindicatos de la clase obrera industrial. Esto no ha desaparecido, pero sí se ha visto debilitado, con niveles mucho más altos de atomización y de desconexión de las comunidades obreras y una habilidad mucho menor para determinar las políticas o los votos que muchos trabajadores mantienen. La caída de esta organización del laborismo también impactó en la izquierda en muchas áreas, que tenían sus raíces tradicionalmente en el Partido Laborista. El Partido Comunista históricamente ha cumplido un rol industrial e intelectual importante influenciando a la izquierda laborista y a los otros movimientos, pero nunca fue un partido de masas y ahora es pequeño. La izquierda antiestalinista, que surgió en 1968 y a principios de los setenta todavía existe pero es débil y se encuentra atascada en el tiempo, lo que hace difícil que se relacione con los nuevos movimientos o la gente. Nunca pudieron construir una alternativa electoral ni un partido de masas a la manera de Lenin.

Parte del problema se debe a la fortaleza electoral del laborismo, a pesar de su declive, fortaleza que es canalizada a través de la relación con los sindicatos. Pero existen mayores problemas acerca de la relevancia de la izquierda para las preocupaciones y las luchas de la clase obrera que se encuentra menos organizada colectivamente y más atomizada. El debilitamiento del capitalismo británico, el paso a la izquierda del laborismo, la creciente radicalización entre mucha gente joven, el espectro del racismo que crece en relación a la crisis y la austeridad, todo hace que sea imperativo que no se permita que esta situación continúe.

¿Cómo superar la brecha que existe entre la extrema izquierda, su análisis y conciencia de la naturaleza del capitalismo y de la necesidad de derrocarlo, y su relativo aislamiento de las masas de la clase obrera?

Difícilmente esto se resuelva a través del crecimiento aritmético de pequeños grupos que se combinen. En su lugar, nuevas organizaciones deben evolucionar orgánicamente desde la lucha real que altera la relación entre diferentes grupos de socialistas. Este proceso debe comenzar con el compromiso de participar activamente en la política (algo obvio, pero que no es universalmente adoptado por la izquierda). La consigna de Rosa Luxemburgo “en el principio se encuentra la acción” demanda que los socialistas se organicen de la manera más efectiva en relación a los temas del día –ya sea racismo, guerra o austeridad.50 La experiencia real de la actividad y de las cuestiones concretas alrededor de las cuales las personas se organizan, son el núcleo de la organización socialista, no puede haber teoría sin práctica. Es en estas luchas donde las demandas y las direcciones teoréticas del movimiento se desarrollan. Dichas actividades no parten de los decretos de los socialistas sino de las necesidades de las luchas.

Los socialistas no deben participar en actividades solos por su cuenta, sino junto a otros. Aquí es importante insistir en la teoría de Trotsky del frente único.51 Lo mejor de la extrema izquierda británica ha experimentado esto al involucrarse, en forma crítica, en trabajos en conjunto y, por lo tanto de discusiones políticas con grupos mucho mayores, vinculados a organizaciones y políticas reformistas. El método ha sido de central importancia en los movimientos anti-bélicos y  anti-austeridad, y mantiene su importancia en relación al Partido Laborista de Corbyn y grupos tales como “Left momentum” (Impulso de Izquierda), que tienen activistas que trabajaron duro durante la campaña para su elección como líder. La unidad es específica de quienes provienen de diferentes partidos comprometidos con terminar con el racismo, el fascismo, la austeridad y la guerra dentro de un frente único que le permita a los socialistas no solo llevar adelante sus ideas y propuestas concretas, sino también pertenecer a un movimiento mucho más amplio y así poder hablarle a los trabajadores que, de otra manera, no se encontrarían atraídos por sus ideas. Durante este proceso pueden contribuir al movimiento y, al mismo tiempo, construir ideas socialistas dentro del mismo.

La última cuestión que deben enfrentar los socialistas británicos es la construcción de una alternativa de izquierda socialista. Cualesquiera sean nuestras esperanzas con Corbyn, muchos de nosotros no vemos al Partido Laborista como vehículo de cambio capaz de llevar adelante la transformación de la sociedad hacia el socialismo. Al mismo tiempo, el modelo del partido Leninista desarrollado en Gran Bretaña luego de 1968 muestra señales de caducidad. No es el menor de ellos, su incapacidad para conectarse con grupos más grandes de trabajadores. Se puede decir, de hecho, que dichas conexiones han conducido a menudo a crisis internas de estos grupos y que hay una cierta predisposición a las crisis cuando se hace aún un limitado contacto de este tipo.

Necesitamos un Leninismo del siglo XXI, uno que no fetichice formas de organización particulares, pero que sostenga los principios del socialismo democrático, de la producción bajo el control de los trabajadores; que base sus ideas en las de los marxistas que desarrollaron la teoría socialista del siglo XIX y de principios del siglo XX; que intente integrar una teoría de la opresión a la crítica del capitalismo y que tenga algo que decir sobre el capitalismo británico e internacional realmente existente en el siglo XXI.

En el centro de este nuevo Leninismo, si es que ha de tener éxito, tiene que haber una apertura hacia nuevas formas de organización y, más importante aún, hacia el principio y el método del frente único. Esto significa profundizar y llevar adelante el compromiso de los movimientos que surgen alrededor del movimiento obrero, y a reconocer la necesidad de estas demandas y prácticas que pueden unificar a sectores de la clase obrera, y que tienen que ir más allá de la afiliación a tal o cual grupo (y, por supuesto, más allá de la afiliación al Partido Laborista, muchos de cuyos miembros de izquierda ven el avance de las actividades obreras como sinónimos de actividad y avance laborista). Al mismo tiempo, los más comprometidos y conscientes núcleos de esos movimientos deben agruparse juntos en una organización política, que conecte el pasado, la historia y la teoría del movimiento, creando medios colectivos de solidaridad y apoyo para sus miembros y que desarrolle la estrategia y las táctica para poder impulsarlo.

La idea del leninismo, que fue revivida a fines de los sesenta con el post-stalinismo y la izquierda trotskista, ha recibido varios golpes en el último cuarto de siglo, de forma más evidente con la caída del Muro de Berlín y sus consecuencias, pero también con el crecimiento de las ideas horizontalistas. Es necesario evaluar en forma constante lo que cambia en el mundo, incluyendo nuevas formas de organización y de desarrollos teóricos. Pero la necesidad de reconstruir la organización socialista no es una opción para la izquierda, es esencial si la clase obrera ha de avanzar.


Notas

1Para contextualizar esto ver: Whitehead, Philip: The Writing on the Wall, Londres, Michael, 1985; Harman, Chris:  The Fire Last Time, Londres, Bookmarks, 1988.

2Sisson, Keith: “In search of HRM”, en British Journal of Industrial Relations, Vol. 31, nº 2, 1993, pp. 201-210.

3Estadísticas sindicales, 2015, disponibles en:  https://goo.gl/zMljld.

4Sobre la campaña ver,  por ejemplo,  Snowdon, Alex: “The end of Blairism: Jeremy Corbyn, the Labour Party and the left”, en Counterfire, 27/8/2015, http://goo.gl/rBmXFe.

5Draper, Hal:  Karl Marx’s Theory of Revolution vol. II: The Politics of Social Classes, 1978 y Marx y Engels: Collected Works 6, 1976, p. 211.

6Marx, Karl y Engels, Federico: Manifiesto del Partido Comunista, cita en castellano tomada de: https://goo.gl/aJyYXV

7Acerca de esto, ver: Beechey, Veronica y Elizabeth Whitelegg (eds.): Women in Britain Today, Open University Press, 1986;  Gregg, Paul y Jonathan Wadsworth: The State of Working Britain, Manchester University Press, 1999; Hewitt, P.: About Time: the revolution in work and family time, Rivers Oram Press, 1993; Rubery, Jill (ed.): Women and Recession, Londres, Routledge, 1988/2010.

8Braverman, Harry: Trabajo y capital monopolista. La degradación del trabajo en el siglo XX, Nuestro tiempo, 1978.

9Randle, Keith y Norman Brady: “Managerialism and Professionalism in the ‘Cinderella service’”, en Journal of Vocational Education and Training, vol.  49, nº 1, 1997, pp. 121-139.

10Todd, Selina: The People: the Rise and Fall of the Working Class 1910-2010, Hachete, Reino Unido, 2014.

11Ver, Braverman, op. cit., Wright, Erik Olin:  The Debate on Classes, Verso, 1989 y Westergaard, John: Who gets What? The hardening of class inequality in the late twentieth century, Polity Press, 1995.

12Crompton, R.: Class and Stratification An Introduction to Contemporary Debates, 1993; Huws, Úrsula: “The underpinnings of class in a digital age: living, labour and value”, en  Socialist Register, 2013; Rubery, op. cit.

13Savage, M. y F. Devine: The Great British Class Survey, 2013; Savage, M.: Social Class in the 21st Century, 2015.

14Devine, M. et al.: Rethinking Class, 2005.

15Bourdieu, Pierre: “The forms of capital”, en J. Richardson: Handbook of theory and research for the sociology of education, Nueva York, Greenwood, 1986, pp. 241–258.

16Palmer, Bryan: “Reconsiderations of class: Precariousness as proletarianization”, en Socialist Register, vol. 50, nº 50, 2013; Standing, Guy: The precariat: The new dangerous class, A&C Black, 2011.

17Para una selección de estos debates ver: Benston, Margaret: “The Political Economy of Women’s Liberation”, en Monthly Review, vol. 41, nº 7, 1989; Harrison, John: “The political economy of housework”, Bulletin of the Conference of Socialist Economists, vol. 3, nº 1, 1973; Dalla Costa, María Rosa y Selma James: The Power of Women and the Subversion of the Community, Briston, Falling Press, 1973; Federici, S.: “Wages against Housework”, en Ellen Malos: The Politics of Housework, Schoken Books, Nueva York, 1980; Gardiner, J. et al.: “Women’s Domestic Labour”, Conference of Socialist Economists, 1976;  Seccombe, Wally: “The housewife and her labour under capitalism”, en New Left Review, nº  83, 1974; Smith, J.: “Women and the Family”, en  International Socialism, nº 100, 1978. Para un análisis contemporáneo ver German, Lindsay: Sex, Class and Socialism, Bokmarks, 1989.

18Marx, Karl: El Capital, vol I, Fondo de Cultura Económica, 1999, pp. 324-325.

19Young, Iris: “Socialist Feminism and the Limits of Dual Systems Theory”, en Socialist Review, vol. 10, nº 2/3, 1980.

20Gimenez, M. y L. Vogel (eds.): Science and Society, Vol. 69, nº 1, edición especial, 2005.

21Vogel, Lise: Marxism and the Oppression of Women, New Brunswick, 1983.

22Marx, Carlos y Federico Engels: La ideología alemana, Nuestra América, Buenos Aires, 2004, cita en castellano tomada de: https://goo.gl/37zMkI.

23Idem, p. 18.

24Fernbach, David (ed): Karl Marx Surveys from Exile: Political Writings, Penguin Books, 1973, p. 146.

25Para una crítica reciente ver Paolucci, Paul: Marx’s Scientific Dialectics: A Methodological Treatise for a New Century, Brill, 2007.

26Para algunos trabajos clásicos sobre estos debates ver Jakubowski, Franz: Ideology and Superstructure in Historical Materialism, St. Martin’s Press, 1976; Lukács, Georg: Historia y conciencia de clases, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2013; Luxemburg, Rosa: Selected Political Writings, 1971. Para un análisis más reciente ver Callinicos, Alex: Making History:  Agency, structure, and change in social theory, Brill, 2004.

27Ver Salvadori, M.: Karl Kautsky and the Socialist Revolution 1880-1988, 1979, pp. 115-180; Rees, John:  The Algebra of Revolution The dialectic and the classical Marxist tradition, Psychology Press, 1998, pp. 126-169.

28De Ste. Croix, Geoffrey:  The class struggle in the ancient Greek world, Londres, 1981; Thompson, Edward: La formación de la clase obrera en Inglaterra, Capitan Swing, 2014.

29Gramsci, Antonio: Cuadernos de la cárcel, ediciones varias.

30Luxemburg, Rosa:  Selected Political Writings, 1971, p. 397.

31Cousins, Adrian:  “The crisis of the British regime”, Counterfire, 27/11/2011, disponible en  http://goo.gl/INS9Mo.

32Ibidem; Pippa Norris muestra patrones de aumento de la actividad política en las protestas de Europa occidental y los Estados Unidos a fines del SXX, junto a una menor probabilidad de voto por parte de los jóvenes. Norris, Pippa: Democratic Phoenix, Cambridge University Press, Cambridge, 2002, pp. 195-198.

33Blanchflower, David y Machin, Stephen: “Falling real wages”, en Centrepiece, diciembre, 2014, disponible en  http://cep.lse.ac.uk/pubs/download/cp422.pdf.

34MacInnes, Tom et al.: London’s Poverty Profile, New Police Institute, 2011, p. 7. Disponible en http://goo.gl/AgIWse.

35Greater London Authority Information, 2008, p. 77.

36Van Waanroy, Brigid et al.: The 2011 Workplace Employment Relations Study First Findings, 2011, p. 7, disponible en http://goo.gl/wKnoUY.

37Idem, p. 8.

38Contratos por los cuales el empleador no garantiza a su empleado ninguna hora (de ahí, su nombre “zero hours contracts”) de trabajo efectivo. Es decir, una forma de contrato laboral extremadamente flexible (N. del E.)

39Idem, p. 10.

40The guardian, 25/5/2016, disponile en http://goo.gl/fTjyRu.

41Finantial times, http://goo.gl/c1mCYC.

42Van Wanrooy et al., op. cit., p. 14.

43Idem, p. 22.

44Unite: “Sports Direct: stop your shamefull work ptractices”, disponible en http://goo.gl/drksur.

45La frase fue acuñada por el activista socialista Tariq Ali para describir “el centro” neoliberal que ha absorbido a tantos representantes de los partidos tradicionales. Ali, Tariq: The Extreme Centre: A Warning, Verso books, 2015.

46Estuve involucrada en el proyecto Respect, y siento que hizo un gran avance en algunos sectores de la clase obrera que buscaban una alternativa al neoliberalismo y a la guerra. El proyecto recibió un fuerte apoyo de algunas comunidades musulmanas, muy importante por sí mismo en un país tan racista, pero también porque se reconocieron los intereses de clase de la gran mayoría de ellos, algo que no suele ser tenido en cuenta por la izquierda. Apeló, no solo a los musulmanes, sino que también a sectores de los sindicatos, ex laboristas y gente joven. Su división y su extinción definitiva luego de 2007 fue un paso hacia atrás para la izquierda que lamento. Un recuento de sus fortalezas y debilidades queda por ser escrito.

47Saville, John: The politics of continuity: British foreign policy and the Labour government, 1945-46, Verso, 1993.

48Ver The Guardian, 1/3/14, http://goo.gl/uKwx0U.

49Para el trasfondo de los cambios en algunas de las mayores instituciones británicas y la falta de confianza en ellas, ver Sampson, Anthony: Who runs this place?: the anatomy of Britain in the 21st century, Londres, John Murray, 2004.

50“Organisational Questions of Russian Social Democracy” en P. Hudis y K. Anderson (eds.): Rosa Luxemburg Reader, 2004, p. 255. Ver edición en castellano, “Problemas de organización de la socialdemocracia rusa”, en Luxemburgo, Rosa: Espontaneidad y acción. Debates sobre la huelga de masas, la revolución y el partido, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2015.

51Trotsky, León: “Las tácticas del Frente Único”, en https://www.marxists.org/espanol/trotsky/1922/03-1922.htm y “Discurso sobre el Frente Único”, en https://www.marxists.org/espanol/trotsky/eis/1922-frente-unico.pdf.

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