El deseo y la verdad. Acerca de Razón y Revolución de Herbert Marcuse – Julieta Paulos Jones

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Grupo de Investigación de Filosofía

El camino de la verdad

El problema de la verdad, ése que asusta tanto a los posmodernos, se nos presenta objetivamente. Unido a él, también se imponen el recorrido que lo precede y el significado concreto que la verdad implica en la práctica. La búsqueda de la verdad debe ser el objetivo primero de la producción científica, que debe apuntar a producir conocimiento nuevo. Esto último implica, en primer lugar, la consideración crítica de la realidad: la verdad es producto de su propia destrucción. ¿De qué manera, si no es negando la realidad tal como es, como algo dado, se puede construir el camino de la revolución? ¿De qué manera, si no es utilizando la razón como instrumento revolucionario desde una posición opuesta al statu quo? En lo que sigue, se tratará la cuestión de la negatividad, como aquella característica de la filosofía hegeliana que la convierte en la tradición ineludible de la dialéctica marxista.

Los principios universales de la razón y la revolución

En el libro Razón y revolución, analizando el sistema hegeliano Marcuse subraya claramente el carácter de “filosofía negativa” que debe atribuírsele a la filosofía hegeliana.

“La filosofía de Hegel es, en verdad, como la denominó la reacción posterior, una filosofía negativa. Está motivada originariamente por la convicción de que los hechos dados que aparecen al sentido común como índice positivo de verdad son en realidad la negación de la verdad, de modo que ésta sólo puede establecerse por medio de su destrucción. La fuerza que impulsa el método dialéctico radica en esta convicción crítica. La dialéctica que encierra está relacionada con la concepción de que todas las formas de ser están penetradas por una negatividad esencial, y que esta negatividad determina su contenido y su movimiento.”1

De esta manera, Marcuse toma de Hegel un aspecto de su ontología y de su dialéctica. Desde tal posición el logro de la verdad es una tarea de negación. La verdad sólo puede encontrarse en la negación, en su propia negación. Pero no puede entenderse esta tesis en un sentido vulgar, esto es, no se trata de que la negación de lo dado proporcione la verdad sino de que la verdad en sí consiste en la negación. La misma razón es, en su esencia, contradicción, oposición, negación; a su vez, lo mismo que se dice de lo racional tiene que afirmarse de lo real, y al revés. Marcuse señala que desde el punto de vista hegeliano esto es así, de tal modo que si la razón tomara otra postura en su consideración y trato de la realidad, la misma realidad desarrollaría su fuerza represiva.
Según Marcuse, Hegel vio en la fuerza de la negatividad un elemento vital del espíritu, y por lo tanto, de la razón. Esta fuerza de la negatividad era, en última instancia, la fuerza de comprender los hechos dados y de cambiar en conformidad con las posibilidades que se despliegan, mientras que lo “positivo”, que había llegado a ser una vez como una limitación del progreso hacia la libertad, fue rechazado.
La razón es, en su más profunda esencia, contradicción, oposición, negación, en tanto que la razón no es aún real. Si la fuerza de contradicción, de oposición, de negación de la razón se reprime, la realidad se mueve según sus propias leyes positivas y desarrolla su fuerza represiva sin estorbo del espíritu.
Marcuse toma este aspecto negativo de la filosofía hegeliana y reconoce también el carácter positivo de la filosofía hegeliana: “El optimismo de Hegel está basado en una concepción destructiva de lo dado.”2 Pero, dice, el optimismo no puede darse en la simple y absoluta destrucción.

Superación de los principios para la revolución

En esta interpretación de Hegel se encuentra integrada la necesaria superación por parte de Marx. Marcuse señala que la herencia histórica de la filosofía de Hegel pasó, no a los “hegelianos” (de izquierda o de derecha), sino a la teoría social marxista, la cual mantuvo vivo el contenido progresivo de esa filosofía mediante la adopción y continuación de las tendencias críticas de la filosofía de Hegel. Marx, a partir de lo tomado de la izquierda hegeliana, adoptó una postura revolucionaria y negadora del contexto social, en el que correspondía al proletariado la tarea de realizar esta negación de lo social existente. A propósito de esta postura de Marx, escribe Marcuse:

“La existencia del proletariado ofrece así un vivo testimonio del hecho de que la verdad no ha sido aún realizada. La historia y la realidad social mismas ‘niegan’ así la filosofía. La crítica de la sociedad no puede ser llevada a cabo por la doctrina filosófica, sino que se convierte en tarea de la práctica socio-histórica.”3

La negación de la filosofía se entiende en la transición de Hegel a Marx, transición a un orden de verdad esencialmente diferente. Marcuse explica, en primer lugar, que todos los conceptos filosóficos de la teoría marxista son categorías sociales y económicas, en tanto que las categorías sociales y económicas de Hegel son conceptos filosóficos. Así, “en el sistema hegeliano todas las categorías culminan en el orden existente, mientras que en Marx se refieren a la negación de este orden.”4 Esto significa, dice Marcuse, que, desde la perspectiva de Hegel, las formas sociales y políticas habían llegado a adecuarse a los principios universales de la razón, posición que Marx consideraba la declaración de principios burgueses más avanzada y comprensiva del tiempo de Hegel.

“La verdad, según Hegel, es un todo que tiene que estar presente en cada uno de los elementos, de modo que si un elemento material o un hecho no pueden ser conectados con el proceso de la razón, la verdad del todo queda destruida. Según Marx, tal elemento existía, era el proletariado. La existencia del proletariado contradice la supuesta realidad de la razón, ya que representa toda una clase que demuestra la negación misma de la razón.”5

Negatividad marxista: método histórico

Tanto para Marx como para Hegel la verdad reside únicamente en el todo, en la totalidad negativa. Ahora bien, la totalidad desde el punto de vista de la dialéctica marxista es radicalmente opuesta a la de la dialéctica hegeliana. Según Hegel, la totalidad consiste en totalidad de la razón: “un sistema ontológico cerrado, idéntico en última instancia al sistema racional de la historia”, de manera que el proceso dialéctico era un proceso ontológico universal, en el que la historia se modelaba según el proceso metafísico del ser. Por el contrario, en Marx la dialéctica se desliga de la base ontológica: “la negatividad de la realidad se convierte en una condición histórica que no puede ser hipostasiada como situación metafísica.” Marx convierte la negatividad en una condición social, asociada una forma particular de sociedad:

“La totalidad a que llega la dialéctica marxista es la totalidad de la sociedad de clases, y la negatividad que subyace en sus contradicciones y configura su contenido mismo es la negatividad de las relaciones de clase. (…)
El carácter histórico de la dialéctica marxista abarca tanto la negatividad imperante como su negación. La situación dada es negativa y sólo la liberación de las posibilidades inmanentes en ella pueden transformarla en positiva. Esto último, la negación de la negación, se efectúa estableciendo un nuevo orden de cosas.”6

La búsqueda de la verdad, como lo dice el método dialéctico marxista, tiene como objetivo crear el nuevo Estado: la verdad del viejo, mediante la liberación, la superación del Estado negativo existente. Dicho de otra manera: el simple rechazo ideal de la realidad existente no construye otra cosa que un deseo, que sólo puede ser verdad realizándose. No alcanza con desear la revolución, hay que hacerla.

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1Marcuse, H.: Razón y revolución, Altaya, 1998, p. 32.
2Ibid, p. 31.
3Ibid, p. 258.
4Ibid, p. 255.
5Ibid, p. 257.
6Ibid, p. 307.

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