El Crimen del Hambre – Por Gonzalo Sanz Cerbino

El Crimen del Hambre. Desnutrición y muerte en el Chaco

Gonzalo Sanz Cerbino
Grupo de Investigación de Crímenes Sociales – CEICS

Cada tanto los medios nos sacuden con esas imágenes de niños enfermos y desnutridos, piel y huesos, que lloran de hambre y nos estrujan las tripas. Esuna imagen recurrente, que más pronto que tarde desaparece nuevamente de las pantallas. En las últimas semanas esas imágenes provenían del Chaco, donde en menos de 4 meses murieron 19 personas (niños, adultos y ancianos) a causa de agravados cuadros de desnutrición, sumados a enfermedades propias de la pobreza y perfectamente curables, como la tuberculosis o el chagas.

El problema no es nuevo en la Argentina. Aunque siempre fueron elevados, los índices de indigencia, pobreza, mortalidad infantil y desnutrición explota- ron en 2002, en plena crisis. Hacia fines de ese año, la desnutrición infantil afectaba al 20% de los niños argentinos. El 70% de los menores de 14 años vivía en hogares pobres y el 50% en hogares indigentes (cuyos ingresos no les permiten adquirir una canasta básica alimentaria).La mortalidad infantil trepó al 22 por 1.000, mientras que en las provincias del norte superaba las 30 muertes por cada mil nacimientos, destacándose Chaco y Formosa con 31,4 y 30,7 por mil, respectivamente.2 Esto es cosa del pasado, dirán algunos. La Argentina actual, de la mano de la reactivación K, ha superado estos problemas. Sin embargo, como veremos, algunas regiones parecen no haber salido de la crisis.

¿Qué pasa en Chaco?

En septiembre de 2007, el Indec registraba un 47% de pobreza en el Chaco, y un 23% de indigencia. Números que replican la performance de todas las provincias del norte argentino, que duplican con creces la media nacional. Esto significa que más de 471.442 chaqueños son pobres, y otros 238.823 no llegan siquiera a adquirir los alimentos para cubrir sus necesidades básicas.3 Según el Indec, la desocupación parece ser menor a la media nacional. Sin embargo, los habitantes que viven de planes sociales superan los 400.000, lo que la convierte en la provincia que más subsidios reparte en proporción a sus habitantes4. Como sabemos, los beneficiarios de planes sociales no son considerados desocupados en las estadísticas oficiales.

Quienes salieron a denunciar las muertes señalaron que los hospitales de la región se encontraban colapsados. Las autoridades lo negaron. Pero, veamos la descripción que ofrece un cronista de Página/12, insospechado de opositor:

 

“Entramos -nuevamente por atrás- al Hospital de Castelli, que se supone atiende al 90 o 95 por ciento de los aborígenes de todo el Impenetrable. Lo que veo allí me golpea el pecho, las sienes, los huevos: por lo menos dos docenas de seres en condiciones definitivamente inhumanas. Parecenexpersonas, apenas piel sobrehuesos, cuerposcomolosdeloscamposde concentración nazis. Una mujer de 37 años que pesa menos de 30 kilos parece tener más de 70. No puede alzar los brazos, no entiende lo que se le pregunta. Cinco metros más allá una anciana (o eso parece) es apenas un montoncito de huesos sobre una cama desvencijada. El olor rancio es insoportable, las moscas gordasparecen ser loúnicosaludable, nohaymédicos a la vista e impera un silencio espeso, pesado y acusador como el de los familiares que esperan junto a las camas, o tirados en el piso del pasillo, también aquí, sobre mantas mugrientas, quietos como quien espera a la muerte, esa condenada que encima, aquí, se demora en venir. Siento una furia nueva y creciente, una impotencia absoluta.”5

 

No es extraño entonces que aquí, como si nada hubiera cambiado desde el 2002, el movimiento piquetero goce de una impresionante vitalidad. Un periodista de La Nación señalaba en agosto que “por si faltaran más datos de la realidad, las amenazas de saqueos a los comercios y los cortes en el puente interprovincial General Manuel Belgrano, que une Chaco con Corrientes, todas las semanas se convierten en la punta del iceberg de una situación social explosiva”.6 Ahora bien, la pregunta que se impone es: ¿qué circunstancias hacen de Chaco, y de todo el norte argentino, provincias con una situación social tan explosiva?

¿Por qué Chaco?

Todas las noticias sobre el tema han recalcado que los 19 fallecidos eran descendientes de indígenas. Las autoridades locales se han aprovechado de esta situación para culpar a las propias víctimas por las muertes. Ricardo Mayol, Ministro de Salud de la provincia señaló: “Muchos aborígenes evitan ser atendidos ynoquierenconcurrir a los centros para su sanación. Estas son cuestiones que se deben respetar”.7 Y más adelante agregó: “Además, hay hábitos culturales, estilos. Ellos tienen su manera de comer, su manera de alimentarse, y a veces no aceptan la nuestra”.Es decir, si los indígenas se mueren es por sus propios hábitos culturales. La explicación parece más bien miserable, además de ilógica: de ser cierto, los descendientes de Tobas y Wichis debieron haber desaparecido hace cientos de años.

La categoría “indígena” parece esconder más de lo que muestra. ¿De qué viven estos indígenas? ¿De la caza, la pesca y la recolección, ajenos a todo contacto con la sociedad capitalista? Es muy difícil saberlo, porque los estudios serios sobre el tema escasean. Una pista nos la proporciona un dato biográfico de uno de los fallecidos. Alberto Gómez, “el último cacique Toba”, “trabajó toda su vida”, señalaba su hija. “Primero en el ingenio Las Palmas, después cuando lo echaron, […] trabajó su tierra”.Un análisis de la estructura productiva de la provincia aporta más datos en ese sentido. Desde principios del siglo XX y hasta mediados de la década del ’30 la principal actividad productiva en la provincia fue la explotación del que- bracho para la extracción del tanino. Con la Primera Guerra Mundial comenzó la expansión del cultivo de algodón, que reemplazó al quebracho como principal actividad hacia fines de la década del ’20.10 Históricamente, el grueso de los habitantes chaqueños trabajó en el campo, ya sea como asalariados rurales, como pequeños propietarios, o combinando la agricultura de subsistencia con el empleo como trabajador “golondrina”.11 Sin embargo, en los últimos 30 años se han producido una serie de transformaciones que modificaron la estructura productiva en la región. En primer lugar, un proceso de concentración y centralización de las unidades productivas en el agro, lo que implicó la expulsión de miles de pequeños propietarios. Este proceso comenzó a fines los ’60, con la crisis de la industria algodonera. Paralelamente, se dio un proceso de mecanización en la actividad, especialmente en la cosecha, que redujo significativamente la demanda de mano de obra. El proceso se agravó en los últimos 10 años, con la expansión del cultivo de soja, que demanda mucha menos mano de obra e implicó, a su vez, la expansión de la frontera productiva y el desmonte de miles de hectáreas de bosque en El Impenetrable.12

En un estudio dedicado a la evolución de la estructura productiva del Chaco, María Marta Di Paola señala que hacia 1960 la producción algodonera chaqueña entró en crisis por la caída de los precios y la aparición de las fibras sintéticas que competían contra ella.13 La consecuencia de esta crisis fue un proceso de concentración de tierras en detrimento de los pequeños y medianos productores y caída del empleo de mano de obra en el sector. En la década de 1990, las políticas económicas permitieron la incorporación de maquinarias y la mecanización de la actividad, con lo que el empleo en el sector sufrió un nuevo revés.14 La consecuencia fue, nuevamente, la caída del empleo: “la mano de obra, especialmente en la cosecha del cultivo de algodón, ha pasado en los últimos 10 años de un requerimiento del 80% para la cosecha manual al 20 % de la actualidad, por mecanización”.15 Este fenómeno fue acompañado de un nuevo proceso de concentración y centralización: “Ya en los noventas la producción en pequeñas explotaciones se volvió insuficiente para hacer económicamente rentable la actividad, razón por la cual se hizo necesario contar con superficies más grandes paraproducirenescala, bajar los costos y aumentarla rentabilidad”, señala el artículo citado.16

Estas trasformaciones, sin embargo, no permitieron superar la crisis del sector, por lo que hacia 1998 el cultivo de algodón comenzó a ser reemplazado por el de cereales y oleaginosas, en particular, la soja. La participación relativa del algodón hacia 1996 era de 71,8% de la superficie sembrada, mientras que hacia el 2002 apenas representaba un 9,9%. En cambio la soja pasó de 8,7% a 51% en el mismo período.17 Paralelamente, se produjo una fuerte expansión de la frontera agropecuaria, que avanzó sobre los bosques del Impenetrable: la superficie sembrada pasó de una media de 912.400 hectáreas anuales -durante la década del ’90- a más de un millón de hectáreas a partir del año 2000.18 La “pamperización” de la estructura productiva explica el avance de la concentración y la desaparición de buena parte de los pequeños productores. Es un proceso que adquiere escala nacional, como se refleja en los Censos Nacionales Agropecuarios: entre 1988 y 2002 desaparecieron en Argentina 103.405 explotaciones (el 24,5%) y la superficie promedio de las unidades productivas se elevó de 421 a 538 hectáreas.19 El éxodo rural en Chaco, como consecuencia de la expropiación de los pequeños productores y de la caída del empleo, es un fenómeno silencioso pero constante. No existen registros oficiales sobre el fenómeno, pero los funcionarios del Programa Social Agropecuario señalan que en los últimos dos años emigraron a la ciudad unas 2.000 familias.20

Los “indígenas” que hoy mueren de hambre se en- cuentran dentro de esta franja: son trabajadores desocupados o pequeños agricultores expropiados, es decir, engrosan las capas más pauperizadas de la clase obrera. Su situación es producto de la profundización del desarrollo capitalista en la región. Constituyen, por lo tanto, una expresión más de la población sobrante para el capital. Como integrantes del ejército industrial de reserva, en una región donde el capitalismo tiene poco para ofrecer a sus explotados, sus opciones son las mismas que las de aquella fracción que supo poner contra las cuerdas al régimen: luchar o morir.

 

Conclusiones

 

Las muertes producto de la desnutrición no son un fenómeno exclusivo del Chaco. Hace exactamente un año se denunciaba la muerte de 17 chicos desnutridos en Misiones.21 Una encuesta realizada por el Ministerio de Salud de la Nación, entre octubre de 2004 y enero del 2006, señalaba que 15% de los niños argentinos padecen desnutrición crónica, 5% desnutrición aguda y 2% desnutrición grave.22 Hoy en día, el 20% de habitantes del Gran Buenos Aires menores de 14 años padece algún grado de desnutrición.23

Hacía el 2006, había alrededor de 820 millones personas subnutridas en el mundo. Veinte millones más que en 1996, cuando los dirigentes de 186 países, reunidos en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación, asumieron el compromiso de reducir a la mitad el hambre hacia el 2015. Más allá de lo cínico que resulta el objetivo (¿qué hay que decirle a quién hoy no tiene un mísero plato de comida para darle a sus hijos?, ¿que espere 30 años?), lo únicoquedemuestra el “compromiso” asumido por las naciones capitalistas es su incapacidad para resolver el problema, para garantizar lo más básico, la reproducción de la vida. El capitalismo, que no nació en 1996, sino hace más de 300 años, no puede resolver el problema del hambre porque es él mismo quien lo genera.24 Un sistema que no puede garantizar la mínima existencia del conjunto de sus explotados no amerita otra cosa que su reemplazo.

 

Notas

1Médicos hoy. Revista de la Confederación Médica Argentina, Diciembre  de 2002.

2Idem.

3http://diariochaco.com; http://www.indec.mecon.ar/.

4La Nación, 18/8/07.

5Página 12, 25/9/07.

6La Nación, 18/8/07.

7La Nación, 3/8/07.

8La Nación, 4/8/07.

9http://chaco.com.ar/.

10Dal Pont, Silvina y Ordoqui, María Soledad: “Caracterización económica de la provincia de Chaco”, en Apuntes Agroeconómicos, Año 3, nº 4, Facultad de Agronomía, UBA, marzo de 2005.

11Contexto Básico para el diseño de escenarios futuros de la Región del Nordeste Argentino, Universidad Nacionaldel Nor- deste,     http://www.unne.edu.ar/Web/publicaciones/.

12Di Paola, María Marta: “Expansión de la frontera agropecuaria”, en Apuntes Agroeconómicos, Año 3, nº 4, Facul- tad de Agronomía, UBA, marzo de 2005.

13Idem.

14Idem.

15Ibidem.

16Ibidem.

17Dal Pont, Silvina y Ordoqui, María Soledad: “Caracteri- zación…”, op. cit.

18Idem.

19Di Paola, op. cit.

20La Nación, 3/8/07.

21La Capital, 16/8/06.

22La Nación, 3/8/07.

23www.ieco.clarin.com/notas/2007/10/25/01526639.html.

24Sobre este punto puede consultarse Sartelli, Eduardo: La cajita infeliz. Un viaje marxista a través del capitalismo, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2006, pp. 337-350.

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