El corazón delator – Ana Clara Moltoni

El corazón delator. A propósito del nuevo disco de Mercedes Sosa.

Por Ana Clara Moltoni

Grupo de Investigación de la Música en Argentina- CEICS

Ya salió el nuevo trabajo de Mercedes Sosa, Corazón libre. El disco fue editado por la compañía alemana Deutsche Grammophon y, según sus productores, “hecho desde Europa y para Europa”. Sin embargo, se encuentra profundamente atado a la Argentina y su coyuntura actual. Veamos qué nos propone la controvertida Mercedes, de la mano de su productor y arreglador, “Chango” Farías Gómez (folclorista abiertamente menemista y actual funcionario del gobierno).

 

Las vueltas de la vida

 

La carrera de Mercedes Sosa se inició gracias a su participación en el Movimiento del Nuevo Cancionero, nacido en los ‘60 y dirigido por Armando Tejada Gómez, voz del Partido Comunista. El grupo se proponía la renovación del género, abandonar el folclore de “museo” y abordar en sus canciones al “hombre que sufre”, “el olvidado”. Con una mirada humanista (nac&pop diríamos hoy) y gran vuelo poético, el movimiento respondía programáticamente al PC. De esta manera, Mercedes Sosa se transforma en emblema de la voz “conciente”, de “la canción con fundamento”. Imagen muy bien utilizada comercial y políticamente, forjando una unidad entre procesos históricos, sus distintos gobiernos y la opinión “popular”. Así, la Mercedes que llamaba a la “unidad del pueblo americano” con la voz profunda de la tierra (Canción con todos) y a la reforma agraria (Cuando tenga la tierra) en los ’70, con la llegada de la democracia burguesa y la primavera alfonsinista, pugnará por la “memoria” y la tan preciada “libertad” que todos los argentinos “nos habíamos ganado”.

La carrera de “La Negra”, tuvo altas y bajas, pero desde el exilio, sus discos se volcaron al mercado internacional, incluyendo a artistas reconocidos y saliéndose del folclore más puro. No se privó de pasar por el rock de la mano de Charly García, disco que no le dejó muchos réditos económicos, tal vez por alejarse demasiado de su centro natural en el folclore argentino y latinoamericano. En la era de “La Sole”, amenazada por la competencia, le dio un giro más “popular” a sus discos (Al despertar, 1998).

Tal vez esta desesperación la llevó a declarar en plena campaña política del año siguiente, su apoyo a Macri, supuestamente a cambio de un museo con su nombre que le regalaría el candidato una vez asumido el cargo.

Una trayectoria política que sólo puede caracterizarse como oportunismo, no niega, por supuesto, sus enormes cualidades musicales. Es más, ellas hicieron posible una carrera acomodaticia en la que Mercedes siempre ocupó el lugar de la “patria (popular) profunda”. Una voz que le otorgó un tono místico a su obra, dotes “innatas” que parecen ser un regalo de la tierra que nadie se atrevería a discutir.

 

Corazón Libre

 

El disco, con una sonoridad nunca antes experimentada por Mercedes, aborda temas clásicos del folclore y de algunos compositores nuevos y no tanto. No decidida a abandonar el carácter “político” de un cancionero que la llevó a la fama, Mercedes (hábil para los negocios), mezcla en la balanza temas “sociales”, en donde no se resigna y sigue protestando, y temas clásicos, ya aprobados por el público conocedor del género.

En un principio, el disco iba a ser formato dúo (guitarra y voz). Si bien se agregaron percusión y violín, las guitarras de Jorge Giuliano, Luis Salinas, Chango Farías Gómez, Alberto Rojo, Eduardo Falú y Oscar Puebla, le hacen contrapeso a la cantante, compensando musicalmente lo que la edad ya se llevó y una depresión de la que todavía no ha salido. Así y todo, la voz resulta increíblemente prolija y suelta, dando un producto musical elegante y refinado, que se acopla en estética a las producciones artísticofolclóricas de hoy en día, propias de otros cantantes (Juan Falú, Liliana Herrero, Carlos Aguirre, etc.).

Se trata también, digamosló, de una obra preparada para lucir a la artista. En ese sentido, el trabajo de Jorge Giuliano en el disco es casi o más importante que el de la propia cantante. El rol de la producción en este tipo de trabajos, en los que se invierten grandes cantidades de dinero, es muy importante. El “Chango” Farías Gómez, que ya había sido productor de Al despertar, junto al hijo de Mercedes, Fabián Matus, logra, convocando a grandes artistas, compensar los achaques del tiempo: las chacareras, muy lentas, las zambas más melancólicas que nunca, con agudos suaves para Mercedes, todo hace parecer que el tiempo no ha pasado, y que “La Negra” esta vigente como siempre.

Lo que no puede compensarse, es la pérdida política, aunque indudablemente se intenta lidiar con el problema. El resultado: un progresismo políticamente soso (pero correcto), muy al estilo K, que vuelve aparentemente a las fuentes. Igual que León Gieco, Mercedes se preocupa por los niños de la calle, se enfurece llevando la voz del olvidado, recurre a la poesía de Castilla al compadecerse de un hachero. En País, de Coqui Sosa (su sobrino), agradece reflexionando sobre la memoria. Con La canción es urgente, de Teresa Parodi, espera “la hora del fuego” para gritar victoria en nombre de los que no se rindieron. En el tema que da título al disco, exclama: “Te han sitiado corazón y esperan tu renuncia…los rendidos son los que no luchan, no te entregues corazón libre… corazón sin fronteras… no te entregues…se equivocan con frágiles cadenas… no los oigas que sus voces no te aturdan, serás cómplice y esclavo si los escuchas”. ¿Un canto a la rebeldía? ¿Un retorno al programa político que la vio nacer? Más bien, una nueva vuelta de tuerca política a una carrera que no se caracteriza por la coherencia. Sus declaraciones en el programa “del 10”, aclaran el camino por el que transita hoy la artista: “Veo una Argentina buena, con un gobierno que está trabajando seriamente, sin frivolidad”. Se entiende, entonces, a qué corazón le habla hoy “La Negra”: al de su público pequeño-burgués de siempre, que no parece muy convencido de apostar de nuevo por otro político burgués.


Circo pop

A propósito del VI congreso de la IASPM-AL.

Por Ana Clara Moltoni

Grupo de Investigación de la Música en Argentina- CEICS

 

Del 23 al 7 de agosto, en la ciudad de Buenos Aires, se realizó el VI Congreso de la Rama Latinoamericana de la Asociación Internacional para el Estudio de la Música Popular (IASPMAL), con el título de Música Popular : inclusión/exclusión social y subjetividades en América Latina. Organizaron, junto con la IASPM, la Dirección Nacional de Artes, el Instituto Nacional de Musicología y la Secretaría de Cultura de la Nación. El congreso se realizó en el Centro Nacional de la Música (ex-Biblioteca Nacional) con el auspicio de la Facultad de Ciencias Sociales, el Departamento de Artes de la Facultad de Filosofía y Letras y la Universidad de Buenos Aires. El análisis de un par de mesas resultan buenos ejemplos para entender el contenido de las jornadas.

Luego de la apertura (en la que participaron José Nun, Secretario de Cultura, y los directores de las entidades convocantes), el especialista en tango Coriúm Ahoranián ofreció una conferencia titulada “Preguntas en torno al tango, la sociedad y el poder”. Ahoranián abordó la transformación estilística del tango desde sus comienzos, enmarcándolo en la instalación del “imperialismo” en Buenos Aires, en donde se grababan todas las producciones para Latinoamérica. Aseguró que el tango siempre intentó escaparse de la estética reinante, de lo que “debía sonar” y que es “la música del despojamiento de los sometidos de los sometidos”. El tango, según Ahoranián, sigue siendo la voz de ese despojamiento. El dos por cuatro, por el sólo hecho de renovarse formalmente, es la fórmula mágica de la rebeldía, una expresión de tinte antiimperialista. No terminamos de entender quiénes eran (y son) esos “sometidos” y quiénes fueron (y son) los opresores: ¿el “norte” contra el “sur”? ¿EE.UU. y Argentina? Ahoranián hace abstracción de la sociedad y el poder reales, desconociendo cualquier categoría de clase y aporta, con su reivindicación del tango como “voz del despojamiento”, al nacionalismo de cartón, que es la base de los gobiernos burgueses actuales de toda Latinoamérica, responsables de las mayores entregas al imperialismo en años. Si la hipótesis “anti-imperialista” tuviera algún asidero real, podría resultar al menos un aporte a la historia de la música.

Otra mesa interesante fue la de políticas culturales. Hubo varios ausentes, como el “Plan nacional de música para la convivencia”, programa del gobierno colombiano que, según el abstract, no difiere demasiado del programa “La música de todos”, presentado por Alicia Agüero y Rolando Goldman, en marcha desde hace un año en gran parte del país. Básicamente, consiste en actividades realizadas en las escuelas del interior, en general rurales, ya que, según los presentadores, en éstas los chicos valoran más las actividades. Durante una semana, especialistas en distintas áreas artísticas realizan actividades que abordan la música folclórica de la zona, con acento en la música “étnica”. Con este programa – explica Goldman- se busca que “los sectores más amplios recuperen su voz”, “rescatar la diversidad”, “tender puentes”. Difícil es creer que un niño que tiene que viajar dos horas en burro para ir al colegio, luego de una semana de “intensa” jornada folclórica, se sienta incluido en la sociedad al conocer el cultrum y tocar la tru-truca. Su “propia” cultura se instala en la escuela por una semana y, al lunes siguiente, sólo quedan vagas experiencias musicales a las que el niño deberá recurrir, con recuerdos emotivos, cada vez que se enfrente su realidad de explotado. La presentación se coronó cuando el mismísimo Goldman contó que, por esas cosas que tiene trabajar en este país de hoy, todavía ningún empleado (músicos, bailarines, etc.) que trabajó en “La música de todos”, cobró su sueldo. “Ya lo van a cobrar, lo que pasa es que como son del interior y no se quejan, lamentablemente se les retrasa el pago.” Parece, entonces, que fomentar la creación de identidades étnico-culturales no logra saldar las contradicciones propias del capitalismo. Por el contrario, se filtran, provocando inevitablemente políticas culturales y programas educativos que lindan con lo bizarro, un gran circo que sólo logra entretener una semana a los alumnos y docentes. Eso sí, los niños santacruceños, por dar un ejemplo, bailarán el loncomeo mientras sus padres son reprimidos y encarcelados por defender la “objetividad” de su sueldo…El hecho de abordar “lo popular” no garantiza éxito alguno a la hora de hacer del arte un instrumento de transformación. Al contrario, instituciones y programas como éstos, parecen más bien refugio bien pago para intelectuales que se postulan como nexo entre la burguesía y las clases explotadas (bien que no muy rentable para algunos, como los maestros de “La música para todos”). En una Argentina post-Argentinazo, donde uno esperaba escuchar reflexiones profundas sobre arte y política, sobre la necesidad del arte y su imposibilidad para las grandes masas, sobre las dificultades del artista “popular”, nos encontramos con banalidades como “La asimilación del rock mexicano en Argentina”. No podía ser de otra manera: estos investigadores y funcionarios, al fin y al cabo, trabajan (algunos más concientemente que otros) para el sistema que explota, reprime y mata, desde coyas, sambistas y afrobolivianos bailarines, hasta niños de escuelas rurales, viejos, músicos desocupados, trabajadores y piqueteros. En nombre de la cultura popular, se arma un gran circo pop (de estética K) donde intentan desviar la mirada de los problemas reales.

Razón y Revolución, dos meses antes de la realización del congreso, se había entrevistado con Alejandra Cragnolini (una de las organizadoras y expositora del congreso). La idea, según Alejandra, era incluir una mesa en la que nosotros pudiéramos participar. Debido a que el título de las jornadas era inclusión/exclusión social, le pareció interesante nuestro trabajo cultural ligado al Movimiento Piquetero. Luego de leer La herencia, de Rosana López Rodriguez, discutir y aclarar los puntos de nuestro programa para el arte, Alejandra nos advirtió que, si bien el congreso dependía de un organismo internacional, la Secretaría de Cultura de la Nación, en la voz de Rolando Goldman, daría la última palabra. Entre las “subjetividades de América Latina”, parece que quedamos excluidos del congreso, sin ninguna explicación…

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