“El autonomismo abandona la tarea indispensable de tomar el poder” Entrevista a Alex Callinicos*

“El autonomismo abandona la tarea indispensable de tomar el poder” Entrevista a Alex Callinicos*

Juan Kornblihtt

Grupo de Investigación sobre Historia Economica Argentina – CEICS

Integrante del Comité Central del Socialist Work Party (SWP) de Inglaterra y profesor del King’s College de la Universidad de Londres, Callinicos es un referente de la izquierda europea. Ha escrito importantes libros, entre los que se destacan Marx, sus ideas revolucionarias (1983), Contra el posmodernismo (1991), Contra la tercera vía (2002) y su más reciente The Resouces of the Critique (2006).

En sus numerosos artículos se destaca su combate defendiendo al marxismo contra las diferentes modas teóricas que pululan por el universo académico (y que alcanzan peligrosa influencia en los nuevos luchadores). En esta entrevista exclusiva, analiza la situación de la economía y la lucha de clases en Europa. Por último, plantea un balance sobre la situación de la producción intelectual en estos días.

Los principales análisis económicos se han centrado alrededor de la crisis en Estados Unidos, pero la situación en Europa parece ser también delicada. ¿Cómo ve usted la situación de la economía europea?

Evidentemente, los grandes bancos de inversión europeos se han visto implicados en la actual crisis crediticia, que ya está provocando una desaceleración en la economía norteamericana. El Banco Central Europeo (BCE) se enfrenta al mismo dilema que la Reserva Federal: los mercados financieros exigen ser rescatados mediante un recorte importante de la tasa de interés. Pero el BCE teme que, de proceder con esta medida, la tasa de inflación, que ya de por sí está en alza, se acelere. Las clases dominantes occidentales están comenzando a enfrentar las consecuencias de haber confiado en el crédito barato para hacer crecer la economía mundial, a pesar de las crisis financieras ocurridas antes y después del año 2000. A pesar de que las predicciones en materia económica son notoriamente difíciles, alguna forma de recesión global se vislumbra como cada vez más probable, quizás limitada a un período de estancamiento en las principales economías, o quizás peor aún.

En este escenario, ¿cuáles cree que son las perspectivas de la clase obrera en Europa y, especialmente, en el Reino Unido?

Antes incluso de atravesar las dificultades económicas actuales, las clases dominantes europeas venían presionando sobre las conquistas alcanzadas por los trabajadores y sobre el estado de bienestar, a través de constantes ataques neoliberales. Esta ofensiva ha comenzado a toparse con obstáculos. Pero, sin duda, la desaceleración económica va a incrementar estos ataques. La decisión de reciclar la rechazada Constitución Europea en la forma de un “Tratado de Reformas”, y de ratificarlo sin un referéndum, indica la determinación de las clases dominantes de avanzar con la reestructuración neoliberal de nuestras sociedades, pero también muestra su falta de confianza. Es probable que el campo de batalla clave sea, como de costumbre, Francia, donde el movimiento social más militante del continente enfrenta la presidencia de Sarkozy. Sarkozy ganó un primer round frente al grupo más combativo de trabajadores, los ferroviarios, pero este es sólo el principio de una lucha mucho más larga. En Gran Bretaña, la falta de confianza que las bases trabajadoras han sufrido desde las grandes derrotas en los años ’80 continúa siendo un gran problema. Un sector clave, los trabajadores del correo, llevaron a cabo una serie de huelgas en contra de ataques patronales, pero, desafortunadamente, fueron traicionados por la burocracia sindical.

¿Cuál es la situación actual y cuáles son las perspectivas para los partidos revolucionarios en Europa?

Europa es grande y sería insensato generalizar. Lo que uno puede decir es que la capitulación de la socialdemocracia a manos del neoliberalismo ha abierto un espacio a la izquierda de los partidos tradicionales. En algunos países, han surgido amplias coaliciones de la izquierda radical que buscan llenar este espacio, no con una base explícitamente revolucionaria, pero sí con una plataforma opositora al neoliberalismo. Entre estas formaciones, se destaca Die Linke en Alemania, que incorpora fuerzas social-demócratas significativas. Los socialistas revolucionarios han -en mi opinión correctamente-, participado en la construcción de DieLinke, así como del Bloque de Izquierda en Portugal, de la Alianza Roja y Verde en Dinamarca y de la coalición Respect en Inglaterra. Pero el proceso es difícil, tal como lo indica la crisis de Respect y el giro a la derecha de Rifondazione Comunista. En Francia, la Liga Comunista Revolucionaria está llevando adelante una estrategia un tanto diferente al crear un nuevo partido anticapitalista. Sin embargo, estas iniciativas representan una oportunidad importante para reconstruir la izquierda europea sobre una base más sólida y programática.

En sus libros, usted ha hecho un análisis riguroso del desarrollo de la filosofía crítica. El auge del posmodernismo pareciera estar en descenso, pero otras nuevas “teorías” han aparecido desafiando al marxismo, tales como el autonomismo y la teoría del socialismo del siglo XXI. ¿Qué piensa usted sobre ellas?

Pienso que estamos en una nueva coyuntura intelectual definida por la emergencia de una resistencia masiva al neoliberalismo, por el ocaso del posmodernismo, y por la prominencia de diferentes formas de pensamiento crítico.

Figuras claves como Alain Badiou, Toni Negri y Slavoj Zizek se caracterizan por su simpatía hacia el marxismo, o incluso por definirse a sí mismos como marxistas y por adoptar ontologías hostiles al relativismo liberal. Este es un desarrollo teórico auspicioso, que ayuda a crear un espacio mucho más favorable para la autentica investigación marxista. No obstante, como discuto en mi último libro The Resources of Critique, todas estas teorías requieren ser revisadas y criticadas desde una perspectiva marxista revolucionaria. Políticamente, hay una superposición entre estas corrientes teóricas y el autonomismo representado por la teoría de la multitud de Hardt y Negri y por el slogan de John Holloway de “cambiar el mundo sin tomar el poder”. Entonces, como Daniel Bensaid y yo sostenemos, estas concepciones no alcanzan a comprender la estructura real de clases del capitalismo contemporáneo y abandonan la tarea indispensable de desarrollar una estrategia política capaz de disputar el poder burgués concentrado en el Estado. Porque incluso si decidimos ignorar al Estado, ello no significa que el Estado nos vaya a ignorar a nosotros.

¿Cómo evalúa usted el vigor de la producción marxista a la hora de afrontar este desafío?

Estamos presenciando el renacimiento del pensamiento marxista, como se evidencia en la escala y productividad de los encuentros anuales organizados por la revista Historical Materialism en Londres, así como por los menos frecuentes congresos sobre Marx en París. Un aspecto importante a destacar es la solida investigación en economía política marxista, que es de gran importancia a la hora de entender la dinámica del capitalismo contemporáneo. Pero también ha surgido una discusión muy importante en el mundo de habla inglesa acerca del imperialismo actual, que ha se ha avanzado mucho más allá de la respuesta inicial al libro Imperio, escrito por Hardt y Negri: entre los principales interlocutores, hay que mencionar a David Harvey, Leo Panitch, Ellen Wood, Peter Gowan, Robert Brenner, Chris Harman y yo mismo. Por razones obvias, esta discusión es de una gran trascendencia política.

La mayoría de la izquierda europea ve en América Latina la mayor esperanza para un cambio revolucionario. De todos modos, hay un gran componente de ilusión y confusión en cuanto a movimientos nacionalistas tales como los que encabezan Hugo Chávez y Evo Morales y que se presentan como una alternativa al capitalismo. ¿Cuál es su posición?

El surgimiento de estos movimientos es de gran importancia. En primer lugar, por el desafío que ellos representan para las oligarquías locales y para el imperialismo norteamericano. A su vez, es también muy importante que

Chávez y Morales estén implementando políticas que, a pesar de confusas y limitadas, buscan desarrollar alternativas al neoliberalismo.  Estos movimientos representan una primera ruptura real del consenso thatcherista que sostenía que “No hay ninguna alternativa”. Por estas razones, los socialistas en países imperialistas como Estados Unidos y Gran Bretaña tienen que defender a estos gobiernos y oponerse a cualquier ataque hacia ellos, ya sea interno o externo. Pero dicho respaldo no debe volverse acrítico. En Venezuela y en Bolivia siguen existiendo relaciones capitalistas de producción, la clase dominante aún existe, y el Estado continúa siendo un estado capitalista burocrático. La opción que Chávez y Morales enfrentan es la de si responder a los ataques consolidando su mando sobre el aparato del estado y la sociedad civil o fortaleciendo los movimientos de masas y asistiéndolos en el desarrollo de su capacidad de resistencia de modo tal que les permita reemplazar al Estado. De ello se desprende que tanto la clase obrera como la izquierda revolucionaria necesitan preservar su independencia política y organizativa, a fines de promover el desarrollo de la luchas desde las bases.

Notas

*Traducción: María Zabalegui.

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