El amigo americano. La estrategia burguesa en los cursos de capacitación docente de Capital – Rosana López Rodriguez

5-preguntas A poco de dar inicio a su carrera docente en el ámbito público de la ciudad  de Buenos Aires, normalmente como suplente o interino, el novel profesor/a  en cuestión experimentará una serie de obstáculos con diverso grado de  complejidad. Los trámites iniciales (examen psico-físico, averiguación de  antecedentes, apertura de cuenta bancaria, planillas de incompatibilidades,  declaraciones juradas, etc.) no son sino el aperitivo de una situación que  empieza a revelarse como más complicada de lo esperado, aunque se haya  conseguido trabajo.
Trabajo que tiene los días contados. Hay que acceder a cargos titulares. El  puntaje docente es la herramienta con la cual se realizan los concursos en los  que se toma posesión de los cargos y horas cátedra. Uno de los ítems que  conforma ese puntaje es el de los cursos de capacitación. Como no queremos  perder nuestro trabajo a la corta o a la larga, allá vamos a la búsqueda de los cursos que brindan sindicatos y otras organizaciones sin fines de lucro. Pero hete aquí que hay cursos de “primera” y cursos de “segunda”: los que dicta el CePA (Centro de Pedagogías de Anticipación) que depende del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, resultan los favorecidos puesto que, además de su gratuidad, dan más puntaje que cualquiera de las otras ofertas. Cuando empezamos con estos cursos, nos damos cuenta de que el problema más serio ya no es el tiempo perdido en el fárrago de trámites, ni siquiera la obligación de “capacitarse” para docentes que ya están lo suficientemente capacitados para sobrevivir en medio de la perversa carnicería de los concursos. El problema más grande se presenta cuando, resignados, nos enfrentamos al contenido estos cursos, verdaderas joyitas de la ideología burguesa pergeñados para mantener la falsa conciencia en los docentes, para que sigan siendo intelectuales orgánicos de la clase dominante.

¿Hablando la gente se entiende?

“Abordaje colaborativo de conflictos, construcción de aulas pacíficas” es una de las ofertas del CePA este cuatrimestre. Haciendo eje en la teoría de la comunicación conocida como PNL (Programación Neurolingüística), aparecen tres niveles de análisis: el territorio (realidad o mundo exterior del cual nada podemos decir); el mapa (construcción de nuestra propia versión de la realidad a partir de nuestras emociones y sentimientos, un recorte de lo real en función de lo que podemos y lo que queremos ver); y por último, el lenguaje (la representación simbólica de la representación emocional que está limitada por la cantidad y la calidad ambigua de los signos lingüísticos). Entre los tres planos se producen hiatos insalvables, filtros que recortan nuestra posibilidad de conocimiento del mundo y por lo tanto, la capacidad de comunicación efectiva con los otros. De esta estructura a la aparición del conflicto hay un solo paso, ya que, finalmente, todo conflicto no es más que una confusión creada por el lenguaje. Ya veremos cómo aquello que fue creado por el lenguaje puede ser resuelto por el lenguaje…
A medida que vamos avanzando nos va quedando claro por qué el filósofo que encabeza toda esta reflexión es Kant: “No percibimos las cosas como son sino como somos nosotros”, leemos en uno de los módulos. Se trata una propuesta idealista que no puede establecer una relación dialéctica entre el sujeto y el objeto de conocimiento, pero lo que es aún peor, redobla la apuesta: si Kant consideraba que existían categorías universales que permitían el conocimiento pues trascendían al sujeto cognoscente (idealismo objetivo), aquí ya encontramos puro idealismo subjetivo. De la realidad sólo puedo ver lo que yo veo y todo ello, transmitido con las deformaciones procedentes del molde del lenguaje, siempre limitado y arbitrario. En conclusión: en la medida en que es imposible la confrontación con la realidad (la verdad es inasequible) toda posición es una interpretación (un mapa simbólico); por eso, cada vez que se presenta un conflicto debemos realizar el esfuerzo de entender el mapa del otro y, en la medida, en que somos seres sociales, cuyos avances se han producido sobre la base de la cooperación, establecer acuerdos que permitan la resolución no violenta del conflicto. Cómo es posible entender el “mapa” del otro si la realidad es finalmente lo que yo percibo, resulta un misterio relativista que la propuesta nunca aclara.

Lecciones para docentes

Como toda posición filosófica idealista subjetiva, parte de una situación abstracta (todas las relaciones humanas tienen la misma jerarquía y calidad) e intenta conjugarla con la fragmentación de las sensibilidades individuales a los efectos de darle algún viso de posibilidad. Como no es materialista, no cree en la posibilidad de conocimiento de la realidad, con lo cual se anulan las relaciones reales y concretas. Como no es dialéctica, sino subjetiva, fragmenta e iguala los intereses. No existen intereses colectivos (no en el sentido de comunes a los seres humanos, sino de clase) ni antagónicos, pues que siempre sería posible la colaboración. En esta lectura, se homologan todos los conflictos, da lo mismo que se produzca entre el patrón y el obrero, que entre el padre y su hijo, que entre un docente y un alumno dentro de un aula o entre las masas palestinas y las tropas sionistas en las calles de Gaza.
La frutilla del postre es uno de los textos de la bibliografía: una entrevista a William Ury, autor de Alcanzar la paz, diez caminos para resolver los conflictos en la casa, el trabajo y el mundo (Paidós, Barcelona, 2005). Sucede que este antropólogo estadounidense, “cofundador del Programa de Negociación de la Escuela de Harvard y consultor de la Casa Blanca en el manejo de crisis”, nos es presentado como el propulsor de mediaciones no solamente esperables, sino también exitosas. Se le adjudican ciertos “descubrimientos”, producto de su “investigación”. Por ejemplo, que “de los cuatro millones de años de vida humana, sólo en los últimos 10 mil las relaciones se basaron más en la fuerza que en la cooperación”. O que “la violencia que hoy damos por sentada se habría instalado con el arribo de la agricultura”… Es inevitable la sensación contradictoria que experimenta un lector más o menos avispado: ¿está refiriéndose Ury a los orígenes de la sociedad de clases? ¿Habrá investigado tanto que sus estudios lo llevaron a concluir lo mismo que ya está dicho hace un tiempo en el Manifiesto y El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado? Pues no. De marxismo, nada. Ury considera que en el pasado “los recursos que para los cazadores y los recolectores nómades parecían infinitos se convirtieron en una torta fija a repartir. (…) La escasez de espacio se habría combinado con la finitud de los recursos para dar lugar a la raza belicosa que hoy todos conocemos.” Pero gracias a la llegada de la era informática, el mundo se ha expandido infinitamente, “el conocimiento es un bien eternamente renovable.” Aunque el antropólogo reconoce que esa violencia, reciente en términos históricos, es un producto del sistema, de la miseria sistémica, puede resolverse por varias vías: los chicos podrían practicar deportes en las escuelas por la noche, en vez de andar callejeando, o los empresarios podrían comprometerse a crear empleos. Pero el método más eficaz para la resolución de conflictos es el uso de la palabra; de allí que Ury enfoque su perspectiva en la formación de mediadores que pueden intervenir en cualquier situación. Partiendo de la idea de que la colaboración es siempre beneficiosa para ambas partes involucradas en el conflicto, llega a decir que hasta el estado de Israel “se ha dado cuenta de que la única forma de ganar es junto con los palestinos. Y los palestinos están viendo lo mismo.” Evidentemente, en nuestro mundo no se capta ese canal…

Negociemos, don Inodoro…

Como vimos, el gurú de la negociación parte de una concepción errónea de las causas de los conflictos, pues considera que dependen, básicamente, de la finitud o infinitud de los recursos. La filosofía idealista que lo sostiene lo lleva a pensar que la globalización informática posibilitaría la transformación del sistema por vías pacíficas, habida cuenta de que los bienes simbólicos, como la educación, no son finitos como las tierras. Alguien debiera recordarle a Ury que antes de ponerse a estudiar (o de tener una computadora) sería deseable tener el estómago lleno. La posesión de bienes simbólicos es una de las formas de la propiedad privada y depende de la propiedad privada de los bienes no simbólicos. Eso por un lado. Por otro, pedirle a los dueños de la propiedad que se presten voluntariamente a la negociación es pura ilusión, en especial, en tiempos en los que el sistema completo se encuentra en franca decadencia y enormes fracciones del capital están empeñadas solamente en no perecer en el intento. La forma de relación social inherente al capitalismo es la competencia y como la época de las vacas gordas ya pasó, la violencia social y, por supuesto, la escolar, no pueden ser mitigadas por algo más concreto. Son síntomas de la descomposición de un sistema que ya no está en condiciones de ofrecer “negociación”.
Según sus propulsores, estas teorías pueden aplicarse a cualquier tipo de relación, haciendo caso omiso de los saltos de calidad (una relación intrafamiliar es lo mismo que una entre estados) y lo que es peor, pasando por alto que hay intereses colectivos que trascienden al individuo y que se oponen de manera irreconciliable con otros. Si considerar que una familia es una democracia es una burrada que diluye toda disciplina al anular las jerarquías, suponer que el conflicto entre Palestina e Israel se encuentra en vías de solución por el diálogo y la cooperación ya es un despropósito ideológico imperialista. ¿En qué ha colaborado últimamente Israel para beneficiar los intereses de Palestina? Es evidente que el asesor de la Casa Blanca anda flojo de memoria: bloqueos, bombardeos, asesinatos y control de las fronteras y del espacio aéreo y naval son moneda corriente en Gaza.
Pero pongamos el foco en los sujetos a quienes el curso macrista va dirigido, la población docente. Los trabajadores de las cuatro escuelas que marcharon esta semana por las calles exigiendo seguridad, deberían “negociar” con quienes los roban y golpean todos los días. Construir “aulas pacíficas” con los mismos que le prenden fuego a la cabeza de sus docentes, entran a clase armados, convierten los cursos en mercados cautivos para el paco, no parece algo alcanzable con la “palabra”. Menos cuando se recuerda que no son más que los perejiles de relaciones sociales más vastas, que se extienden fuera de las aulas y que, en más de una ocasión, “expresan” su conflictividad matando al docente que los denuncia. La ideología del “aula en paz” entra en dos falacias contradictorias entre sí al mismo tiempo: una, que el docente puede resolver “adentro” lo que tiene sus raíces en otro lado; otra, que el mismo docente está metido en relaciones conflictivas que porta cuando entra al aula. Por la primera de las falacias, se renueva el mito de la omnipotencia del docente y del sistema escolar; por la segunda, se afirma que el docente no tiene autoridad verdadera y que debe resignar sus intereses, por ejemplo, no haciendo huelgas.
La lección que se pretende imprimir ante el avance de la descomposición social y las luchas que necesariamente la acompañan es que a toda costa se debe evitar la violencia, porque de ese modo todos lo pasaremos mejor: Señor/a/ita docente, no se enfrente, colabore con su patrón (sea éste el estado o un particular) y practique la demagogia con los alumnos y con sus padres, para pasarla bien y, de paso, favorecer las cifras que brinda el gobierno de días de clase anuales, retención y egreso de alumnos. En suma, tome la actitud de la mascota de Inodoro Pereyra, el Mendieta, quien cada vez que se encontraba frente al malón organizado y patotero, en obvia inferioridad de condiciones, expresaba a su dueño con pragmática sabiduría: “¡Negociemos, don Inodoro!” La lucha no suma, sino que resta, quédese en el molde. Signo de los tiempos (o especie de preaviso), es que la bibliografía obligatoria del curso sean las “investigaciones” del “asesor sobre la paz” de la mayor máquina asesina que ha conocido la historia del mundo…

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