El amanecer de la revolución

Por Marina Kabat – La situación política de América Latina ostenta tres características distintivas. En primer lugar, la elección de gobiernos que utilizan una retórica de izquierda, cuyo personal político ha sabido protagonizar importantes luchas sociales en otras épocas y que son apoyados por organizaciones que se han ganado cierta autoridad política en procesos de lucha reales. En segundo lugar, una fuerte vocación en el seno de las masas a la acción directa y, en algunos casos, una clara tendencia insurreccional (en los últimos años, los regímenes democráticos de la región sufrieron una serie de levantamientos en su contra, lo que llevó a la caída de varios de ellos). En tercer lugar, el corolario de las variables anteriores: el intento de la burguesía de expropiar esa radicalización, encapsulándola dentro de los canales institucionales. Por lo tanto, debe recoger, aunque parcialmente, las reivindicaciones populares y presentarlas como conquistadas a través del sistema mismo. Los gobiernos, en consecuencia, exhiben la intención de llevar adelante un tímido reformismo, que a esta altura del desarrollo capitalista es inviable. Lo que resulta es una serie de gestos políticos con mucho de simbólico y poco de concreto. Sin embargo, la debilidad de la burguesía y el ascenso de la clase obrera han dado como resultado, en varios países, la conformación de regímenes bonapartistas, es decir, de arbitraje del equilibrio entre clases. Los casos más salientes son los de Argentina, Venezuela y, ahora, Bolivia. Éstos asisten al desarrollo de un proceso revolucionario, con diferencias de profundidad en cada caso. Lo cierto es que estos gobiernos se ven obligados a dos tareas: dar cuenta de ciertos reclamos sociales y, a su vez, asegurar la vigencia de la dominación burguesa, por la vía de continuar la política económica de los años ‘90. En los tres casos, esos esfuerzos se apoyan (o esperan hacerlo) en el control directo o indirecto de algún bien exportable con precios en alza: petróleo (Venezuela); soja (Argentina); gas (Bolivia). Examinaremos a continuación la situación política de un país clave, Bolivia, que protagoniza la crisis política de mayor envergadura de América Latina, cuyo desenlace condicionará fuertemente las perspectivas revolucionarias en la región.

¿La última curva antes de la recta final?

Evo Morales tal vez hubiera deseado no ganar las elecciones. Su tarea probablemente sea la más difícil que le ha tocado a un político burgués en América Latina. Sin una estructura política propia, debe afrontar ataques por derecha y por izquierda. Es el gran Kerensky de la región. Ha recibido el poder de una alianza entre campesinos y obreros, que creen haber llegado a la conquista del Estado a través del voto. Su problema reside, justamente, en que las masas creen que ahora deben gobernar. Sin embargo, Morales no deja de ser un personal político de la burguesía. El día de su asunción se movilizaron miles de obreros y campesinos para recordarle sus promesas mientras que, en el acto protocolar, el Jefe de la Armada le negó el saludo. Evo representa el régimen bonapartista más endeble de América Latina.

En Bolivia asistimos a un proceso de lucha de clases muy avanzado. Una amplia alianza con un componente obrero y campesino ha venido produciendo cuadros insurreccionales que han echado por tierra los últimos dos gobiernos. Las fuerzas imperialistas, por su parte, no pueden ensayar una intervención directa sin provocar una guerra civil. Objetivamente, las masas han puesto un freno al avance del capital sobre sus condiciones y mantienen el poder de veto, sometiendo a la política burguesa a una permanente crisis. Sin embargo, aún no han logrado conformar una fuerza capaz de elaborar una perspectiva positiva propia: es decir, no se han dado una estrategia de poder. A raíz de esto, la burguesía mantiene la iniciativa.

Bolivia es un país con reservas petroleras y gasíferas. Las primeras, más bien, modestas. Las segundas, en cambio, las más importantes de América Latina. El principal problema que deben afrontar es el reclamo popular de nacionalizar las reservas, ya que algunas organizaciones plantean, directamente, la expropiación sin indemnización alguna. Se juegan allí los intereses de los capitales argentinos, brasileños, chilenos, españoles, franceses y norteamericanos. Como están asociados en distintas empresas, lo que los divide no es su nacionalidad, sino su tamaño. Así, Repsol es una firma con capitales españoles, argentinos y norteamericanos. Petrobrás Bolivia, por su parte, reúne capitales bolivianos, brasileños y norteamericanos. Repsol, contando su subsidiaria Andina S.A., controla el 36,3% de las reservas de gas natural y el 38,2% de las reservas petrolíferas. Por su parte, Petrobrás controla el 15,1% de las reservas de gas y el 12,2% de las reservas de petróleo. La norteamericana BG Bolivia, posee el 14,3 y el 16,6 respectivamente. Sin embargo, esta empresa participa en el paquete accionario de Repsol con el 37,5% de las acciones1. A su vez, Andinia S.A. (la subsidiaria de Repsol), posee el 50% de las acciones de Petrobrás Bolivia2. Quien intenta ingresar en el negocio es PDVSA, la empresa venezolana, a través de Hugo Chávez. Sin embargo, hasta ahora Evo ha privilegiado la alianza con Lula y Kirchner (o sea Petrobrás y Repsol). Las empresas petroleras, en su conjunto, emitieron un comunicado contra la nacionalización y la firma de nuevos contratos petroleros. Como consecuencia, Lula y Kirchner operan directamente para estabilizar la situación política. La burguesía brasileña tiene fuertes intereses en juego, porque el gas boliviano constituye el 30% del que necesita San Pablo. A su vez, el 40% de las empresas agropecuarias de Santa Cruz están en manos de los capitales brasileños.

Evo Morales es la cara visible de la fuerza social que protagonizó las insurrecciones de 2000, 2003 y 2005, a la que conduce precariamente. Su triunfo consiguió evitar el inminente desenlace de la crisis. Una victoria del candidato opositor, Quiroga, hubiera puesto a la burguesía a la ofensiva. Sin embargo, Evo debe lidiar con un movimiento que no controla. A su derecha, tiene al senado en contra. A su izquierda, la movilización social. El MAS es un partido votado por una gran cantidad de organizaciones indígenas, vecinales, campesinas y sindicales. Ninguna de ellas tiene ningún vínculo orgánico con él. Cada una de ellas llamó a votar a Evo a cambio de la promesa de dar satisfacción a sus reclamos. A poco de asumir, la central campesina CSUTC -dirigida por Román Loayza-, las organizaciones de desocupados y las cooperativas mineras intentaron imponer sus ministros. A su vez, los gremios que apoyaron a Morales vetaron la elección de los candidatos a la cartera de Salud y Educación. En Cochabamba, los campesinos que responden al MAS no esperaron ninguna designación legal y comenzaron a destituir a los subprefectos (intendentes) mediante la toma de las oficinas estatales y de los edificios de subprefectura. A su vez, el Comité Cívico (el partido de la oligarquía santacruceña) preparó allí un Comité de Vigilancia para combatir los levantamientos campesinos. El Movimiento Sin Tierra sostuvo una prolongada huelga de hambre y el bloqueo de la ruta Oruro-La Paz. A su vez, la ruta Oruro-Potosí, permanece cortada por los campesinos de Tinguipaya, que reclaman la remoción de su alcalde.

Por otra parte, Morales emprendió una serie de gestos populares. Procesó a dos directivos de Repsol-YPF, a los comandantes de las fuerzas armadas, a los ex presidentes Eduardo Rodríguez Veltzé (su antecesor), Hugo Banzer, Sánchez de Losada y, probablemente, a Carlos Mesa. Como respuesta, el Fiscal General, Pedro Gareca, presentó la renuncia indeclinable. La Central Obrera Boliviana ha jugado un papel poco digno para una central obrera. Se negó a apoyar al MAS y a poco de su asunción no fue capaz de presentar un pliego de reivindicaciones. Más bien, se dispuso a la tregua, pero los trabajadores mineros y los maestros han declarado sendas huelgas. Jaime Solares (secretario de la central) se encuentra acorralado por el gobierno y por sus bases. El primero, ensaya la constitución de una central paralela adicta, a través de la COR-El Alto. Las segundas, pretenden una dirección más activa. Solares tuvo que convocar un congreso de la COB para el 1 de mayo. Allí se elegirán nuevas autoridades. En un intento de mantener su liderazgo, el dirigente sindical convocó a un paro por tiempo indefinido para el viernes 21 de abril. La medida estará precedida de un congreso extraordinario de la central, donde podrá medirse la fuerza de la oposición obrera a Morales.

Evo no quiere soltar amarras con su clase. Negoció con los partidos tradicionales la convocatoria a una “pre-constituyente” que definiría los límites y los temas a tratar en la Asamblea Nacional Constituyente, llamada para julio. Asimismo, se reunió con el Comité Cívico para acordar la llamada al Referéndum por las Autonomías (la posibilidad de la autonomía para Santa Cruz) en la misma fecha que la Constituyente. Por otra parte, aceptó la continuidad de una fuerza conjunta entre el ejército boliviano y el yanqui.

Esos pactos le valieron de muy poco. Hace algunos días, la burguesía santacruceña comenzó a examinar las condiciones de una sublevación y retuvo, por la fuerza, en Puerto Suárez a los ministros de Desarrollo, Minería y Planificación Económica en demanda de que se deje funcionar libremente a la siderúrgica MMX. Morales, por su parte, inmediatamente decretó la participación de las fuerzas de seguridad en las regalías que dejen los hidrocarburos, de modo de asegurarse su fidelidad. Estamos ante una guerra civil encubierta y ningún diálogo puede cerrar aquello que demanda una solución militar.

Para salir del atolladero por izquierda y por derecha, Evo pretende construir una fuerza política de masas propia: el Estado Mayor del Pueblo. Se trata de un organismo de lucha que data de 2002, por el cual las masas se arrogaban la legitimidad necesaria para derrocar un presidente. Esta vez, el fin es el inverso. Evo intenta utilizar la fraseología insurreccional para sostener a la misma clase social contra la cual combatió ese Estado Mayor. El coordinador de esta nueva fuerza será nada menos que Román Loayza, dirigente de la COR-El Alto y estará integrada por la Federación Vecinal y la organización campesina CUTCB. La formación de ese ejército bonapartista no resultará fácil. Se trata de organizaciones de masas que han protagonizado grandes luchas hace no más de un año. A medida que los reclamos aumenten (el salario sólo ha aumentado el 7% y la tímida nacionalización de los hidrocarburos se ha pospuesto) será cada vez más difícil mantener a esa fuerza cohesionada. Claro, siempre y cuando la izquierda se muestre como un mejor lugar donde recalar.

Un balance provisorio

Las masas bolivianas no enfrentan tan sólo a “su” burguesía sino a capitales brasileños, argentinos, españoles, norteamericanos, europeos y asiáticos. Todos entreverados. A pesar de los anuncios de disputas nacionales en ciernes, lo que se observa en el caso boliviano es en realidad un enfrentamiento de las masas contra una burguesía que se ha concentrado y ha adquirido un status regional. Por lo tanto, la clase obrera boliviana no debiera esperar ninguna alianza de tipo nacional. Mucho menos caer en la ilusión nacionalista que pretende iniciar un conflicto con Chile por la salida al mar. En cuanto a la situación política, la tendencia insurreccional no ha perdido fuerza. Las movilizaciones exceden los intereses sindicales y avanzan sobre la esfera política (designación de autoridades). Por su parte, la burguesía intenta perpetrarse a través de la llamada de los capitalistas a conformar un frente único entre los partidos y las cámaras empresariales. Evo debe mantener un precario equilibrio, si quiere sobrevivir. Las masas, por su parte, deben evitar el espejismo y mantener su independencia organizativa frente al Estado. No para mantenerse horizontales ni disgregados, sino conformar un partido, un estado mayor que organice lo que está desorganizado, que le dé cauce al torrente revolucionario y que concluya la tarea iniciada allá por el 2000: la toma del poder. Y debe hacerlo rápido, porque en estos casos, el tiempo es oro.


Notas

1 Datos extraídos de la Cámara Boliviana de Hidrocarburos, en: http://www.cbh.org.bo/sitio/cuadros.php. Las cifras corresponden al año 2004.

2 Datos oficiales del gobierno boliviano, en: http://www.ypfb.gov.bo/INFORME_MENSUAL/2005_SEPTIEMBRE_ OCTUBRE

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