Eduardo Sartelli: La izquierda puede crecer más si ocupa el lugar que deja Cristina. En Diario Perfil (28/10/17)

El autor evalúa la performance electoral y la posibilidad del crecimiento de los partidos que se reivindican como marxistas o trotskistas. Señala el riesgo de caer en el populismo con el único afán de sumar votos.

Más de un analista poco conocedor del abigarrado campo de la izquierda argentina estaría tentado a titular, aprovechando la efeméride centenaria, algo así como “La revolución renace de sus cenizas, cien años después”. Ni tanto, ni tan poco.

Los resultados de las elecciones del pasado domingo pueden leerse de varios modos interrelacionados. Lo primero que tenemos que decir es que lo que los diarios titulan como “elección histórica”, en realidad no lo es. Hay muchos modos de sumar. Eso provoca que nadie sepa exactamente cuántos votos obtuvo el FIT. Desde un millón doscientos mil, hasta más de millón y medio, se dice aquí o allí. Buena parte de la confusión deviene de que se suman categorías diferentes: si la cuenta se hace sumando a Del Caño en provincia y Bregman en Capital, la suma da mucho más que si se contabiliza a Pitrola por los pagos de Vidal y a Ramal en los de Rodríguez Larreta. Por otro lado, los periodistas suelen perderse en el mar de siglas, adosando votos del IFS (Izquierda al Frente por el Socialismo, es decir, Bodart y Ripoll) al FIT (Del Caño-Bregman-Pitrola). En algunas provincias, los partidos del FIT van solos, lo que hace que los votos del Partido Obrero (PO), Izquierda Socialista (IS) o del Partido de los Trabajadores por el Socialismo (PTS) no se sumen a los del frente que comparten. Para peor, quien sabe poco del asunto suele agregar a la “izquierda” a cualquier cosa más allá de Pino Solanas, como De Gennaro, Itaí Hagman, Carlos Heller, Agustín D’Attellis o Claudio Lozano.

Si se toma la categoría más importante para el FIT, la de diputados nacionales, y se suma sólo los votos recibidos por los componentes del frente, en realidad, su performance del domingo fue más bien magra: 1.143.722 voluntades. Puede parecer una cifra sorprendente, pero en realidad, ya en 2013 el FIT había sumado 1.224.144. Si se recuerda que el padrón nacional creció cerca de un 5% entre una y otra punta, la caída es todavía un poco mayor. Además, hay que tener en cuenta que el número de los componentes del frente ha ido creciendo, incorporándose nuevas agrupaciones como Izquierda Revolucionaria. Si se observa la representación institucional, se confirma la caída de cuatro a tres legisladores nacionales.

Los voceros del frente han aprovechado la confusión aritmética reinante para presentar la elección como un triunfo. Así, se pone el acento en ciertos resultados provinciales: la sorprendente elección jujeña, que alcanza al 18% y entroniza como figura pública nacional a un, hasta ayer, ignoto recolector de residuos, Alejandro Vilca; la provincia de Buenos Aires empujó no sólo uno, sino hasta dos diputados, entre ellos a la “némesis” de Roberto Baradel en el Suteba, Romina del Plá. Sin embargo, se olvidan de recordar la caída de votos en Mendoza, la ex tierra patria de Nicolás del Caño, o en Salta, de donde proviene el diputado del PO, Pablo López. Por otra parte, si se hace memoria, tanto Del Caño como Myriam Bregman fueron vendidos como “aplanadoras” de votos, lo que quedó muy lejos de la verdad.

Cuando se examina de cerca, lo que se ve es que el FIT ganó la interna de la izquierda en las PASO, volcando a su favor los votos de un amplio espectro de rivales. En realidad, el resultado del domingo prácticamente es la suma de sus votos y los del frente alternativo, el de la Izquierda al Frente por el Socialismo (MST y NMAS). Es probable que, a partir de ahora, el frente incorpore nuevos miembros, transformándose con ello en la reunión de prácticamente toda la izquierda. Deberá superar, para ello, su insoportable tendencia al internismo salvaje y la soberbia de sus nuevos dueños (el PTS). El otro resultado que podría considerarse cualitativamente importante, es haber quedado solo como el único reagrupamiento opositor real al macrismo. Esto, sin embargo, depende de la suerte de Cristina. Porque, y éste es el talón de Aquiles del FIT, donde el kirchnerismo se mantiene fuerte, el FIT no logra perforar su techo histórico. Eso explica su suerte donde el kirchnerismo no existe (Mendoza, Salta), gobierna y es repudiado por la población (Santa Cruz), o fue destruido por el macrismo, como en Jujuy. Es el caso de la provincia de Buenos Aires, donde el FIT no pudo “morderle” nada a Cristina, o en Santa Fe, donde incluso un Rossi muy debilitado empujó a la izquierda debajo del 3%. Se habla mucho del efecto “polarización”, pero que el frente haya sacado casi los mismos votos bajo administraciones ideológicamente tan distintas como las de Cristina y Mauricio, habla de cierta inmunidad a la coyuntura, lo que no es bueno, porque muestra el encapsulamiento político en el que se encuentra.

¿Por qué es incapaz el frente de derrotar al kirchnerismo? Es la debilidad histórica de la izquierda argentina frente al peronismo, consecuencias del “Síndrome 17 de octubre”. Desde entonces, cualquier crítica al peronismo es silenciada y reprimida a fin de no “asustar” a los obreros peronistas, quienes parecen, desde el punto de vista de los atacados por ese síndrome histórico, ontológicamente incapacitados para hablar de socialismo. Así se explica el insólito y sorprendente voto en contra de la expulsión de Julio de Vido. Así se explica la no menos sorprendente exclusión absoluta de la palabra “socialismo” de una campaña electoral dirigida por una alianza de tres partidos trotskistas y uno guevarista. El resultado es un discurso, un programa real, que no es muy diferente del kirchnerista. Es razonable, entonces, que quien acepta ese discurso como válido prefiera votar a una Cristina con posibilidades antes que a un frente que apenas supera las PASO. Por eso, la posibilidad de “heredar” a Cristina están supeditadas a la voluntad de Macri de sacarla del medio. Lo que parece difícil, dados los tiempos procesales y las virtudes que la ex presidenta tiene en el diseño político macrista.

Si tal cosa sucediera, no por eso el frente las tiene regaladas. En efecto, se avizora una crisis en el horizonte: el agrupamiento de la izquierda revolucionaria más “dura” ha sufrido un corrimiento centroizquierdista muy notorio, como consecuencia de la estrategia de campaña propuesta por el partido que lo lidera, el PTS, y al que todos los demás se subordinan. Más que como “trotskista”, esta izquierda se plantea ante el electorado como reformista socialdemócrata. Seguramente, si no es la Iglesia Católica la que logra estructurar un frente que reemplace el lugar de Cristina (peligro que nadie en el FIT parece percibir), va a beneficiarlo, pero no por el programa que dice tener, sino por el que expone a la sociedad. La presión hacia un nuevo Syriza o un Podemos vernáculo, debilidad que ya es visible hoy, va a enajenarle las simpatías de una parte no despreciable de aquellos que, como el autor de esta nota, sienten que, justo en estas fechas “centenarias”, el socialismo no fue a las elecciones y, por lo tanto, votó en blanco.

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