Editorial – Un barrilete alza vuelo

barriletomadoPor Sebastián Cominiello

Clarín vs. Kirchner, un combate que no merecería ni el titular de Crónica de no ser porque allí se perfilan las estrategias del gobierno y la oposición de cara al 2011, monopoliza la atención pública. Recordemos que a partir del conflicto del campo, el Gobierno K desarrolló una embestida frontal contra el Grupo Clarín, encubierto como siempre por la política de “derechos humanos”.

Que el asunto es payasesco resulta obvio, a poco de recordar que quienes ahora se llenan la boca con supuestas batallas “antimonopólicas”, antes de 2008 tenían como aliados estratégicos a ese mismo grupo que actuaba como clarín del gobierno. Desde el conflicto del campo, la división en la burguesía se mostró más clara. Llevó a cada sector, a cada fracción, a posicionarse de un lado o de otro: con el campo o contra el campo. Clarín fijo su posición: con el campo. Y el campo ganó la primera batalla de ese enfrentamiento. Pero cuando buscó trasladar esa alianza corporativa al ámbito político, se llevó por delante la estulticia de la oposición política. Con el tiempo, dicha alianza corporativa demostró no ser ni firme ni duradera. Por estos días, hace agua. Entre tanto, impulsado por los ingresos del mismo yuyo que tanta letra hizo correr, el Gobierno intenta avanzar en su cruzada contra Clarín con el conflicto de Papel Prensa y de Fibertel. Queda más que claro, ahora, que quien antes era un aliado, puede hoy ser un enemigo acérrimo. Mañana, empezamos de nuevo.’
Por su parte, la oposición, en su intento de hacer algo para no quedar desarmada, jugó una carta peligrosa: se embarcó en el proyecto del 82% móvil en las jubilaciones. Un proyecto de doble filo. Tan evidente, que ni a centrales sindicales se les ocurrió decir algo a favor de un reclamo histórico por la recomposición de los haberes de jubilados y pensionados. La oposición quiere obligar al gobierno a vetar la iniciativa y, en secreto, está rezando para que lo haga, porque si en el 2011 se hace con el poder, uno de sus primeros actos administrativos será incumplirla si no derogarla. No hay sorpresa en ello: hace varios años que estamos embarcados en un retorno a los ’90, toda la discusión es cuándo se hará evidente para todos, es decir, cuándo el ajuste llegará hasta el fondo. Por ahora, la inflación hace su tarea, el gobierno regala plata y la oposición quiere regalar más todavía. En el horizonte lejano se asoman el endeudamiento externo, la hiperinflación, la megadevaluación y la crisis política generalizada. Desconectados de la realidad, gobierno y oposición juegan un juego que puede resultarles mortal.
Pero la lucha de clases no es un juego de dos. Existe otra fuerza social, la que surgió del cuestionamiento generalizado del 2001, que se niega a desaparecer. Por el contrario, mantiene una magnitud respetable y ha crecido en calidad. Remítase, lector/a, a la entrevista a experimentados dirigentes sindicales que publicamos en el LAP, para comprender este cambio en relación a la década de los ‘90. Precisamente, en estos días, lo que viene a cuestionar el pobre jueguito tonto de la política burguesa es una nueva muestra de que el “piqueterismo” sigue vivo, ahora en la lucha de los estudiantes secundarios y la toma de 23 colegios en la capital del país. Este fenómeno de las tomas vuelve a poner sobre la mesa el debate sobre la legitimidad de la protesta y de la forma que ésta adquiere. Sin embargo, algo que merece destacarse en este caso es que nuevas generaciones, que formarán parte de las nuevas vanguardias, ya se encuentran efectuando una experiencia política mediante el desarrollo de medidas de acción directa. Un paso adelante, en términos políticos, de la juventud condenada a un futuro de población sobrante. Con la madurez propia de los que enfrentan los problemas importantes de la vida, quienes apenas acaban de abandonar pelotas y barriletes, ya comienzan, sin embargo, a desenrollar el hilo de un nuevo vuelo, el de la revolución.

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