Editorial – Postales de la decadencia

Matthias_Haker_7 Por Sebastián Cominiello – Editor responsable

 De vuelta al pago

 Durante estos meses, se pudo ver a los Kirchner intentando retomar la  iniciativa. En el ámbito económico, el gobierno volvió a golpear las  puertas del FMI. Como lo señalamos hace rato, el Estado viene desde  hace años con problemas de déficit fiscal.1 Los ingresos corrientes no alcanzan para cubrir los gastos, incluidos los intereses de la deuda. Con el resultado del conflicto del campo, queda claro que la salida vía retenciones está clausurada. La intención oficial de retrasar pagos de obra pública hasta conseguir financiamiento choca con las demandas de los gobernadores por más fondos. Los gobiernos provinciales se encuentran al filo de emitir cuasimonedas, como en el 2001. Scioli, asustado, ya optó por una política de “austeridad”, o sea ajuste. En la misma disyuntiva están las provincias de Jujuy, Río Negro y Córdoba. A esto le tenemos que sumar la creciente fuga de capitales que, acumulado desde 2007, ronda los 43 mil millones de dólares. Por ello el gobierno volvió al FMI para renegociar deuda y buscar una salida por esa vía. La estrategia desplegada hasta ahora de retenciones y devaluación parece sufrir un giro. Se inicia un nuevo ciclo de endeudamiento al estilo de la década de 1990.

La sonrisa de Obama

En el ámbito internacional, el 28 de agosto concluyó la reunión de 12 mandatarios que asistieron a la Cumbre de Unasur, en San Carlos de Bariloche. El encuentro ratificó el sentido de la existencia de Unasur. Se pudo escuchar a los presidentes sudamericanos “preocupados” por las bases militares de los EE.UU. en Colombia. No obstante, no se quiso ir más allá. El documento manifestó que “la presencia de fuerzas militares extranjeras no pueden amenazar la soberanía de cualquier país sudamericano”, es decir ya que se instalaron no las vamos a echar. Y además vamos a hacer como si creyéramos en los motivos que expresan sus dueños. Lula llegó satisfecho a Brasil porque logró imponer entre sus pares un documento que todos pueden firmar sin menoscabo y que funciona como una especie de fuga hacia adelante sin ninguna alteración. Como analizamos en el artículo de Nicolás Grimaldi en el LAP, la función de Unasur es esa, la de proveer de un conducto a los EE.UU. para imponerse legítimamente en América del Sur. Disfrazado, defendiendo la autonomía sudamericana, actuó como mediador para legitimar las posiciones norteamericanas.

Reparto de micrófonos

Quizá el hecho más relevante a nivel político nacional aconteció el jueves 27 de agosto, al conmemorarse el 89º aniversario de la primera transmisión de radio y día de la radiodifusión argentina: Cristina envió al Congreso de la Nación su proyecto de ley. Así se empezó a debatir en las comisiones la propuesta de proyecto de ley llamada de Servicios de Comunicación Audiovisual. La clave del proyecto es su artículo 25º. Si bien la ley prohíbe que las empresas de servicios públicos sean licenciatarias de servicios audiovisuales, el artículo 25º, inciso 2 -el “artículo de las telefónicas”- establece una excepción para Telefónica y Telecom. Es decir, el apartado habilita a las empresas telefónicas a ingresar al mercado de la televisión por suscripción, el nicho más redituable del mercado de la radiodifusión. Para los Kirchner, la habilitación del Triple Play (TV, internet y telefonía) para esas compañías de servicios públicos es un ítem no negociable. En efecto, ese artículo recoge un compromiso que los Kirchner tienen con Telefónica desde el conflicto del campo, cuando el Grupo Clarín se puso en la vereda de enfrente. Hay que recordar que en febrero de este año, en Madrid, el presidente de Telefónica, César Alierta, junto a Julio De Vido, dio a conocer el plan de inversiones de 1.700 millones de pesos para este año, que incluía el desarrollo de la infraestructura para la implementación del Triple Play, algo que la ley actual no permite. Para ese entonces, De Vido ya le había prometido el cambio de las reglas de juego que les abre un negocio que supera los 6 mil millones de dólares por año. 2

El fin del mito del nacionalismo K

El gobierno que empezó bajo el signo del “progresismo” y la defensa de los “intereses nacionales” termina arrodillado ante aquellos poderes a los que en su momento aconsejó tener “un plan b” e imitar el “modelo” argentino. El gobierno que pretendió representar a un Estado recompuesto termina por entregarlo a las corporaciones, entre ellas, una tan ridícula como la Asociación del Fútbol Argentino. El gobierno que quiso hacernos creer que una nueva historia comenzaba con su gestión, termina volviendo a su punto de partida: el menemismo. Incluso en los detalles más morbosos (los fondos de Santa Cruz que no aparecen, la multiplicación milagrosa del patrimonio presidencial y de altos funcionarios, el financiamiento de las campañas con dinero del narcotráfico). Lo único que sorprende es con qué fuerza todavía algunos que pretenden llamarse intelectuales insisten en defender lo indefendible. Seguir sus discursos (y sus trayectorias políticas) seguramente permitiría ampliar indefinidamente un libro de postales cuyo tema, la decadencia, sólo se supera con la reactivación de otra clase y otra política.

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1Pessagno Georgina: “El superávit barranca abajo”, El Aromo, nº 44, 2008.
2Crítica de la Argentina, 5/9/09.

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