Editorial – Leonardo Grande

Cruzar la raya

Por Leonardo Grande

Editor Responsable

 

El 22 de agosto de 1972, el Estado argentino fusiló a los cuadros de las organizaciones  armadas de forma clandestina, señalando así cuál sería la norma a seguir con cualquier  expresión de las fuerzas revolucionarias de ahí en más. En el mismo mes, Lanusse comenzó el  proceso de retorno a la democracia permitiendo el de Perón. Así, la burguesía argentina “marcó la raya”, anunció cómo serían tratados los luchadores y anticipó el (mal) llamado “terrorismo de Estado” de la Triple A y Videla.

Treinta y dos años después, el pasado jueves 25 de agosto, a las 10 de la mañana, el Ministro del Interior comunicó a la población vía Radio Nacional cuál sería la nueva “raya”: la protesta “correcta” deberá ser canalizada en las urnas -en octubre. Todo lo demás será reprimido. El Ministro, que tiene mucha experiencia apaleando gente, precisaba las órdenes dadas el viernes 19 de agosto por el Presidente. La caracterización, por Kirchner, de la semana nacional piquetera desarrollada por el Bloque Piquetero, la ANT y otras organizaciones, de “provocaciones” de “extremistas de ultraizquierda” como “el Partido Obrero o como se llamen”, demuestra varias cosas. En primer lugar, que Kirchner va a utilizar el “renacimiento” económico y el apoyo “plebiscitario” de octubre para derrotar efinitivamente a los revolucionarios. En segundo lugar, que sus verdaderos enemigos no son los diferentes partidos reformistas o reaccionarios de la burguesía, llámense Macri, Carrió o Ripoll-Cafiero. Los únicos que preocupan a los sostenedores de este régimen social, son los dirigentes de lo más avanzado de la lucha obrera en el país, el movimiento piquetero. Porque sus métodos y su programa no han sido quebrados después de tres años de reflujo. Es por esta razón –la supervivencia, en los hechos, de la ANT- que el gobierno ha reforzado su campaña de terrorismo ideológico y físico sobre la vanguardia revolucionaria. No sólo las radios o canales que responden a Hadad o Telefónica-Repsol han hostigado permanentemente a los compañeros del Garrahan. También locutores “progresistas” como Lalo Mir o Jorge Guinzburg se ensañan cotidianamente con cualquiera que luche. Lo que muestra un hecho significativo: que la campaña terrorista del Pingüino se monta sobre un argumento acuñado y avalado por la centro-izquierda “humanista” y no por los “monstruos” de la derecha. Son ellos los que elaboraron el discurso del respeto a los derechos “del otro” y que huelgas, cortes y piquetes son “funcionales a la derecha”. El papel del gremialismo progresista de la CTA ha sido peor que el de Moyano, ya que la dirección de ATE allana constantemente el territorio para que el Ministro de Salud y el de Trabajo ataquen sin ataduras a la estoica comisión interna del Garrahan. El papel de los luchadores por los derechos humanos también ha sido clave -y lamentable- en este sentido. Quienes, como Hebe o Carlotto, hace años se enfrentaban a la dictadura para defender a sus hijos y nietos, combatientes revolucionarios, hoy reclaman el respeto a las leyes burguesas. Madres había comenzado a despotricar contra los cortes tempranamente, desde el 2003, santificando la alianza entre su gobierno y las organizaciones piqueteras autonomistas y nacional-populares, a quienes siempre apoyó. Carlotto, incluso, trató de delincuentes y amenazó con persecuciones judiciales a los familiares de Cromañón que la escracharon -con justa razón- por apoyar al principal responsable del crimen de sus hijos, Aníbal Ibarra (Clarín digital, 2/8/05).

El mismo jueves 25, luego de las declaraciones de Fernández, la Policía Federal bajo sus órdenes reprimió una modesta manifestación en la Rural. El viernes siguiente impidieron el derecho a protestar de los MTD’s sobre Puente Pueyrredón y Plaza de Mayo. Todos conocimos esos eventos porque la burguesía utilizó todos sus medios para difundir el terror contra los que luchan. Sin embargo, no se difundió de la misma manera la brutal represión de ese mismo jueves en Pico Truncado, Santa Cruz. Casi 30 compañeros y compañeras -infantes, jóvenes, ancianos- fueron apaleados, gaseados y baleados por órdenes de una jueza federal y del gobernador. Las instituciones republicanas funcionaron apañadas por leyes anti-subversivas para proteger los “derechos ciudadanos” de Repsol-YPF. Pero este verdadero modelo de conducta civilizada de la burguesía no fue difundido. En parte, porque los compañeros de Santa Cruz luchan en un ambiente hostil y allí el terrorismo pingüino los aísla de potenciales apoyos del resto del país. Pero, sobre todo, porque se encubre la verdadera cara del progresismo kirchnerista oficial (y del simpatizante): se trata de un programa para la destrucción de las potencialidades revolucionarias de la clase obrera argentina, un programa de defensa a ultranza de los grandes capitales nacionales e internacionales. Porque, digámoslo de una buena vez, todo el discurso contra los cortes y piquetes es funcional a la contrarrevolución, a la represión estatal, al terrorismo de Estado. Se oculta también, una realidad incómoda. Después de la enorme represión en Caleta Olivia del 2004 y de julio de este año (con decenas de compañeras y compañeros heridos y detenidos), los obreros ocupados y desocupados de la provincia del Presidente no se quiebran, no dejan de organizarse para sostener cortes, piquetes y huelgas. En Santa Cruz, como en el Garrahan o en el Acampe, los luchadores también están anticipando lo que la clase obrera revolucionaria va a hacer de aquí en adelante. Le están comunicando a la burguesía cuál es la raya que no debe cruzar.

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