Editorial – Leonardo Grande

Empezar por casa

 

Por Leonardo Grande

Editor Responsable

Mientras el lector recorra estas páginas, un tren estará llevando hacia Mar del Plata a varias figuras de la sociedad argentina, entre ellos nuestra versión criolla de la divinidad. El “Tren del Alba” los transportará para participar de la (contra) Cumbre de los Pueblos, junto con 40.000 miembros de diversas procedencias continentales. El lugar, el Estadio Mundialista, cedido “generosamente” por el gobierno municipal. En esos vagones irán miles de ilusiones de muchos argentinos y latinoamericanos que confían en sus supuestos gobiernos antiimperialistas: Lagos de Chile, Kirchner de Argentina, Tabaré Vázquez de Uruguay, Lula Da Silva de Brasil y, primus inter pares, el venezolano Hugo Chávez. Sobre tales rieles circularán los millones de votos de compañeros explotados y oprimidos por la burguesía de todo el sub-continente que, como en nuestro pasado 23 de octubre, apostaron a la reforma del descompuesto capitalismo latinoamericano. En nuestro caso, frente a la cumbre de la Organización de los Estados Americanos, frente a la llegada del primer dirigente imperialista, George W. Bush, se complotan desde el propio gobierno -organizador de la contracumbre- hasta la “oposición” centroizquierdista del PS, el PH, el ARI, el PC y el MST. ¿Es tan difícil de ver la maniobra pro imperialista de gobiernos como el nuestro en Mar del Plata? ¿Es necesario que recordemos la pertenencia partidaria de los organizadores de la contracumbre, el diputado Bonasso y el secretario de DD. HH., Eduardo Luis Duhalde? ¿Es necesario recordar a qué gobierno viene apoyando una de las principales “contraoradoras” del mundialista, Hebe de Bonafini? ¿Tendremos que repetir que la dirección nacional de la CTA, convocante a paro y movilización (la misma que se “olvidó” de hacerlo el 20 de diciembre de 2001), con De Genaro y D’Elía a la cabeza, es el brazo obrero del kirchnerismo desde el comienzo? ¿Falta agregar que el mismo Moyano y su CGT, que saludan la iniciativa, nunca han dejado de ponerse al cobijo del Primer Pingüino? La contra-cumbre es una farsa. ¿Qué clase de frente amplio anti-imperialista es este? Uno muy viejo y conocido. Tanto que su versión original latinoamericana se sancionó en 1928, durante el Primer Congreso de los Partidos Comunistas de Latinoamérica. La idea del stalinismo soviético era desarrollar al máximo las “potencialidades” progresistas de las democracias burguesas dependientes, semi-feudales y coloniales de nuestro continente. Fue el punto de partida del reformismo policlasista que unió a burgueses de la tierra con sus propios esclavos en gobiernos defensores de la “tercera posición”, cuya función, en los años ‘40 y ‘50, fue estatizar al movimiento obrero e inundar las cárceles de militantes de izquierda. Derrotadas hace treinta años, las fuerzas sociales revolucionarias de casi todo el continente que desafiaron al capital en los ‘70, son reemplazadas hoy por los nuevos insurgentes que se alzan por doquier. Paradójicamente (o no tanto, porque no hay mejor astilla que la del mismo palo), son los cuadros de aquella fuerza derrotada los que hoy actúan como punta de lanza de una nueva apuesta de la burguesía: frenar el proceso revolucionario en germen con promesas de reformas insulsas y cosmética anti-imperialista.

¿Quién puede negar la influencia que en muchos honestos luchadores genera este antiimperialismo farsesco? El Partido de los Trabajadores brasileños, otrora digno exponente de los mejores intereses del proletariado carioca, alimentó sueños de millones, Foro Social Mundial incluido. La enorme oposición del imperialismo yanqui al avance de la experiencia chavista, nutrida de la fabulosa movili- zación caraqueña, hace olvidar el flaco apoyo de Chávez a los revolucionarios bolivianos… ¿Qué decir del “socialismo” chileno y sus acuerdos bilaterales de exclusividad con el mercado estadounidense, o del senado tupa- maro que vota alegremente la colaboración con los marines? Nada se compara, sin embargo, con el presidente que más dinero “devolvió” al FMI en toda la historia argentina, el ex-gobernador santacruceño que entregó petróleo, gas y tierras al por mayor y fue el principal operador de la privatización de YPF e YCF en los “malditos ’90”. El mismo que colabora militarmente con la invasión yanqui en Haití, permitiendo a Bush dedicarse con tranquilidad a la masacre de Irak…. El mismo que ha corona-do su “anti-imperialismo” con la sanción de mociones que habilitarían la intervención de estados extranjeros en aquellos lugares de Latinoamérica cuyas “democracias” estén en peligro. Sin embargo, como esa estación de ferrocarril del conurbano bonaerense que conoció de la furia popular en estos días, las “esperanzas” de esos millones de seres humanos que hoy se encuentran depositadas en estos personajes, pueden arder en cualquier momento. ¿El combustible? La insuficiencia de las promesas reformistas. Lenin decía, hace ya 88 años, que la realidad siempre da la razón a los verdaderos revolucionarios. También hace 100 años la primera revolución rusa había caído presa de la “recomposición” burguesa y la reacción más despiadada. Pero los doce años que la separa-ron de la Revolución de Octubre demostraron una realidad implacable: que ni siquiera el más violento reflujo puede evitar el aprendizaje colectivo de las masas. Tarde o temprano -más temprano mientras mejor trabajemos- estas evidencias serán comprendidas por todos. De los elementos más honestos y predispuestos de nuestras masas depende que la verdadera lucha anti-imperialista triunfe frente a los espejitos de colores de hoy. La verdadera lucha contra el imperialismo es la que enfrenta al capitalismo en nuestro propio suelo, aquí y ahora, no la que se esconde detrás de nacionalistas de cartón pintado. Como se sabe, la revolución bien entendida empieza por casa.

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