Editorial: Contra la normalidad

El nuevo gobierno de Mauricio Macri se vanagloria de haber permitido un inicio del ciclo lectivo “normal”, en la mayor parte del país. Si bien varias provincias se salieron del molde -Tierra del Fuego, Santiago del Estero, Mendoza, Santa Cruz, Neuquén, Córdoba y Santa Fe- el inicio de clases en el bastión educativo más grande del país (Buenos Aires) fue vivido por el gobierno como un éxito rotundo. En casi todas las provincias, la paritaria se limitó a discutir el valor del salario, uno solo de los aspectos que componen la negociación entre el Estado y los docentes. Condiciones de acceso a la docencia, vivienda, condiciones de trabajo, salud laboral, capacitación, entre otras, quedaron  fuera de la discusión y, sin embargo, son tan importantes como el salario mismo.

Claro está, ya parece “normal” que el salario docente, desde Santiago del Estero a Tierra del Fuego cubra menos de lo que necesitamos para sobrevivir. Con suerte, un cargo con diez años de antigüedad cubre, en promedio, el  60-70% de las canastas básicas totales oficiales. Así, gracias a la sumatoria de dos cargos, nos contentamos con comer, dormir y vestirnos. Apenas subsistir. También pareciera “normal” que en algunas provincias más de la mitad del salario se pague en negro. Tan “normal” como el achatamiento de la escala salarial. “Normales” ya son las penosas condiciones de trabajo en las que desarrollamos nuestra actividad, dónde más de la mitad de las escuelas se caen a pedazos, literalmente hablando, y no disponemos ni de tizas ni de borradores, ya ni hablemos de tic’s u otros recursos audiovisuales para complejizar el proceso de enseñanza-aprendizaje. A esta altura debiera ser “normal” para nosotros el contar con cursos de más de 50 alumnos en primaria o el cierre/fusión de otros, sobre todo en las secundarias vespertinas. “Normal” ya es para nosotros la exigencia de aprobar a los alumnos sin que ellos realmente sepan. Se nos repite que estamos en una escuela “inclusiva”, que nuestros pibes forman parte de la población “vulnerable”, que en algún lugar del camino el alumno recuperará lo no aprendido, que debemos valorar los saberes previos o pre-existentes por encima de la currícula oficial que estamos obligados a impartir. Todas esas palabras resuenan en nuestros oídos día a día y forman parte de la degradada naturalización que hacemos del rol docente. El boom mediático que generó la maestra marplatense que aprobó a una alumna obrera solo por sus conocimientos vivenciales, es un claro ejemplo de esto. La docente pensó que la vida de la alumna ya era lo suficientemente dura como para condenarla más. Un reconocimiento de que la escuela hoy tiene poco por ofrecer y que nos resignamos al rol de asistentes sociales. En suma, “normal” nos parece que la escuela se degrade cada vez más.

Pero quienes no nos acostumbramos a esta “normalidad” debemos construir la solución del mañana. Y debemos empezar hoy, ahora. El Correo Docente intentará, mes a mes, tratar de responder a las preguntas más angustiosas para todos los docentes: ¿Contra qué debemos luchar? ¿Combatimos la degradación si nuestro salario inicial cubre la canasta básica? ¿En qué condiciones se desarrolla nuestro trabajo? ¿La escuela debe limitarse a titular? ¿Se debe nacionalizar el sistema educativo? Estas y otras más, que sin dudas, nuestros compañeros nos ayudarán a comprender. Un insumo esencial para todo el que lucha contra la “normalidad”.

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