Distrito central. Las disputas al interior del PJ en la Provincia de Buenos Aires – Valeria Sleiman

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Valeria Sleiman*
LAP-CEICS
 
El corazón del capitalismo y de la política en Argentina, el Gran Buenos Aires, ya no es territorio seguro para el kirchnerismo. Los saqueos, Scioli, Massa y las protestas obreras, entre otras variables, amenazan la preponderancia de Cristina en una provincia clave. Vea cómo el oficialismo intenta recuperar terreno y cuáles son los límites a su iniciativa.
 
La provincia de Buenos Aires fue históricamente un espacio vital para la estabilidad del gobierno nacional. Quien domina el aparato de la provincia, se asegura un gran porcentaje de apoyo en las elecciones y, por ende, un respaldo territorial. Desde esa provincia, se pergeñaron las caídas de los dos presidentes argentinos: con Cafiero, la de Alfonsín; con Ruckauf, la de De la Rúa (por no hablar de la guerra entre Menem y Duhalde en los ’90). Los saqueos acaecidos durante el pasado diciembre demostraron que la provincia se ha convertido en una región díscola, más aun con la polémica que se desató respecto de los fondos asignados a los municipios. Un debate que alcanza a los intendentes, pero también a los gobernadores. A partir de la crisis fiscal que atraviesa la provincia de Buenos Aires a fines del 2012, y por la que Scioli solicitó ayuda económica al gobierno nacional, el gobernador planteó otra estrategia para el 2013: rediscutir la coparticipación (provincial) para lograr así contar con más presupuesto. 
 
La disección 
 
En diciembre pasado, Cristina Kirchner pronunció un discurso en el que llamó la atención sobre un entramado no kirchnerista en torno a las figuras de Scioli y Massa. Afirmó que acentuaron sus gestos de autonomía, sin llegar a la ruptura total como fue el caso de De la Sota y Moyano. Con el comienzo de la actividad legislativa del 2013, se aprobó un DNU, que le permite al gobierno nacional asignar partidas presupuestarias directamente a los municipios, sin la intermediación de los gobernadores [1]. De hecho, a través del decreto 2609/12 se modificó la asignación presupuestaria de ese año y se utilizó el mecanismo que contempla el decreto para enviar 6 mil millones de pesos a los municipios. De ese monto, 4.500 millones fueron aportados por el ANSES y 1.479 millones por el BCRA [2]. Los considerandos del decreto apuntan a que la falta de una rápida respuesta a los requerimientos presupuestarios pondría en riesgo a algunas jurisdicciones, que verían parado su funcionamiento. La responsabilidad es puesta en los gobiernos provinciales estarían gastando un 16% más de lo que recaudan, por lo que difícilmente podrían asistir a sus intendencias. El bloque oficialista apoyó el decreto. El radicalismo cuestionó el uso discrecional de fondos que hace el gobierno para cooptar a los intendentes, dudando del proyecto. Argumentan que la iniciativa surgió en momentos en que varios gobernadores reclamaban cambios en la distribución de los fondos de coparticipación federal.
En este marco, Scioli fijó nuevos índices de coparticipación, que provocaron la reacción de algunos intendentes que recibirían menos dinero, en una proporción que oscilaría entre un -0,5 y -7,5%. Por dar algunos ejemplos, es el caso del municipio de General Guido, Arrecifes, General Arenales y Tandil, a quienes por este nuevo esquema les corresponderá un 3,6% [3], 6,4%, 3% y 1,5 millones de pesos menos, respectivamente [4]. Se trata, claro, de municipios del interior de la provincia.
Otra medida para tener un mayor control de las intendencias es el proyecto que preparó un grupo allegado a Mariotto, que quita la posibilidad de ser reelectos indefinidamente. Se permite una sola reelección y sólo podrán ocupar otro período dejando pasar uno de por medio. La idea parece ser controlar las posiciones contrarias a la Rosada y bloquear la capacidad de ciertos dirigentes de crear una estructura propia. El impacto político de la medida es que cerca de 135 intendentes bonaerenses no podrían renovar su cargo en el 2015. Parece ser un intento desesperado del kirchnerismo por ocupar los municipios con representantes de La Cámpora y así tener intervención directa en el aparato de la provincia. Esta será una fuerte batalla al interior del PJ.
Scioli, por su parte, no sólo es acechado por el kirchnerismo. Los intendentes Jorge Macri (Pro-Vicente López), Gustavo Posse (UCR-San Isidro), Sergio Massa (Tigre) y Luis Andreotti (San Fernando) se reunieron y formularon críticas hacia su gestión. Denunciaron que mientras la obra pública provincial estaba paralizada, ARBA subía los impuestos hasta un 300% y la provincia retenía fondos de la coparticipación a los municipios. Es decir, mientras Scioli le pide al gobierno nacional que aumentase la coparticipación, le retaceaba fondos.
Los primeros en responder a las acusaciones fueron los senadores provinciales Baldomero “Cacho” Álvarez y Osvaldo Goicochea, referentes de La Juan Domingo, que apoyan la candidatura presidencial de Scioli para 2015. Las respuestas fueron dirigidas a Macri y a Posse, aunque olvidaron que Massa y Andreotti hicieron los mismos reclamos. Sucede que La Juan Domingo ve en el intendente de Tigre un candidato a vicegobernador.
Intendentes insaciables
En medio de este clima, el kirchnerismo decidió realizar una reunión para contar su propia tropa y mostrar que aún pisa fuerte en el PJ provincial. Para arriar a la tropa, prometió a los intendentes un mayor peso en el armado de las listas electorales (en 2011, Carlos Zannini pobló las listas con jóvenes de La Cámpora sin consultar demasiado). Al encuentro asistieron 63 intendentes. Las invitaciones corrieron por cuenta de Julián Domínguez y Miguel Kunkel. Massa y quienes le responden no fueron invitados. Tampoco el sciolismo puro. Del peronismo kirchnerista, el único intendente que no asistió fue Darío Giustozzi (Almirante Brown), al que –aparentemente- no le perdonan haber expuesto sus ambiciones electorales sin el visto bueno de la Casa Rosada. Concurrieron, entonces, a la reunión: Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Juan Pablo de Jesús (Partido de la Costa), Julio Pereyra (Florencio Varela) y el diputado de la Cámpora, Eduardo De Pedro. También Fernando Espinoza (La Matanza), Descalzo (Ituzaingó), Kunkel y Aníbal Fernández, entre otros. 
Por su parte, los líderes de La Cámpora se sumaron en las últimas semanas a las reuniones que organiza el ministro de Planificación Federal, Julio De Vido con los intendentes del conurbano y el interior del país, para empezar a definir la campaña electoral del 2013. La primera incursión la hizo el diputado Andrés “Cuervo” Larroque. También estuvo Eduardo “Wado” De Pedro. Ideadas por De Vido, estas reuniones comenzaron en julio de 2012, con el objetivo de contener a los intendentes directamente, por fuera de la estructura de cada provincia y, por tanto, sin injerencia de los gobernadores [5]. De Vido dejó afuera del plan “Mas Cerca” a los intendentes opositores. Este plan tiene pensado repartir 12 mil millones de pesos en obras, sin pasar por la gobernación. 
Si bien las medidas adoptadas encierran la finalidad de saltear a los gobernadores, pareciera que se dirigen principalmente contra Scioli. Incluso, una de las excusas del gobierno nacional para dejar afuera al gobernador en la asignación de recursos, quedó plasmada en el “llamado de atención” del ministro de Economía respecto del modo en que el gobierno provincial administra los recursos. Lorenzino afirmó que tomar préstamos es un “camino peligroso”. Mientras tanto, el gobierno bonaerense ya reconoció que le faltan más de 10 mil millones de pesos, para aumentar 22% a los docentes y pagar los salarios. Sin embargo, desde Nación no responden. Por su parte, los intendentes bonaerenses esperan que Scioli cumpla su promesa de devolver los 152 millones de pesos, que retuvo de fondos coparticipables durante enero de 2013.
Los municipios necesitan recursos para poder afrontar los mayores gastos salariales y sociales. Por ello, desde fines del 2012, anunciaron que empezarían este año con el cobro de un nuevo impuesto a los combustibles: la tasa vial municipal, que funcionaría en cinco partidos del conurbano (Moreno, San Miguel, General Rodríguez, San Fernando y Vicente López). De acuerdo a esta medida, los consumidores deben pagar 10 centavos más por cada litro de nafta o gasoil y 5 centavos más para cada metro cúbico de GNC. Además, se agregó una cuota extra al impuesto inmobiliario y a las patentes, junto con las nuevas valuaciones fiscales que implicarán aumentos del 60% al 100% en las boletas a pagar en el 2013 [6]. Tigre e Ituzaingó optaron por frenar la medida hasta marzo, a la espera de que Provincia y Nación cumplan con sus compromisos de mayores desembolsos de fondos, lo que refleja la indefinición de Massa, que no rompe con el sciolismo ni con el gobierno nacional. Es decir, entre Scioli, Massa y el resto de los intendentes se pasan unos a otros las tareas del ajuste. 
Existen hipótesis de que el plan original trazado por el gobernador consiste en volver a integrar el FPV en las elecciones del 2013 y reclamar al menos la mitad de los legisladores provinciales. Massa, por su parte, tiene una base de 14 intendentes que analizan encolumnarse con él. Nicolás Russo, ex presidente del club Lanús, sería su carta en ese distrito.
Perspectivas
Evidentemente, el kirchnerismo aun no está acabado. No obstante, debe desactivar una candidatura Scioli-Massa y evitar una transición que implique a alguno de los dos. Scioli, en cambio, apuesta a una relación directa con la banca mundial que le permita evitar el ahogo al que se lo somete. Mientras tanto, exige el aumento de la cuota coparticipable a las provincias, una posición lo coloca en una alianza con De la Sota y el resurgido peronismo federal. Entre tanto, no deja de lanzar provocaciones, sabiendo que por ahora nadie puede cuestionar su derecho a participar en las listas del 2013, ni puede incendiarle la provincia sin enemistar a los intendentes ni poner en riesgo la gobernabilidad a nivel nacional. Por ello, la única forma que encontró de extender su poder a Buenos Aires es vaciar de recursos a los intendentes, una forma de implementar el ajuste sin perder capacidad de maniobra. Por su parte, el kirchnerismo busca extender su influencia a través de personal propio. Lo cierto es que La Cámpora no agrada a nadie, pero es la única garantía de supervivencia K. Este año será crucial para Cristina. Con algo de fondos, si logra llevar adelante el “operativo conurbano”, tendrá una oportunidad de controlar a sus principales contrincantes dentro del PJ. Por lo pronto, podrá tener una injerencia mayor en la diagramación de las listas bonaerenses, claves para definir el personal en los críticos años que se vienen. En caso contrario, tendrá que disputar ese espacio con La Juan Domingo. Lo cierto es que el gobierno se debate entre dos opciones: aceptar compartir el poder dentro del PJ con otras alianzas o lanzarse a las elecciones con tropa propia y jugarse a todo o nada, lo que, de salir mal, pondría en riesgo la finalización del mandato.
 
 
NOTAS
*Con la colaboración de Federico Genera.
1 Véase http://goo.gl/L4SSG y http://goo.gl/t1AP4.
2 Ídem. 
3 Véase La Nación 19/01/2013, http://goo.gl/TeP5K. 
4 Ídem. 
5 Véase La Nación 17/02/2013, http://goo.gl/rRqpR. 
6 Ídem. 

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