Dime con quién andas y te diré quién eres…

 

Acerca de la construcción de una identidad campesina en Santiago del Estero.

 

¿Cuáles son los orígenes de la identidad campesina en Santiago del Estero? ¿Surge espontáneamente o, por el contrario, intervienen en su gestación sujetos ajenos al sector? En este artículo le explicamos cuál es el rol de la Iglesia Católica en la gestación de esa identidad.

 

Agustina Desalvo (TES)

 

Una porción de la clase obrera rural de Santiago del Estero, pese a su condición estructural, se organiza en torno a una identidad campesina. Aunque reproduce su vida, fundamentalmente, a partir de “ingresos obreros”[1] confluye en el MOCASE (Movimiento Campesino de Santiago del Estero). En este caso en particular, la contradicción entre “estructura obrera” y “conciencia campesina” se debe, por un lado, a que la clase se organiza en torno a la defensa de un interés secundario: la tierra, donde esa población asienta su vivienda y de la cual obtiene medios de subsistencia que complementan sus ingresos obreros. A su vez, esa conciencia no es un resultado espontáneo que brota solo de la experiencia del sujeto, sino que en su desarrollo intervienen intelectuales ajenos a él, que lo interpelan y contribuyen a organizarlo en torno a este interés secundario, como “campesino”.

Por lo tanto, esa  identidad es producto de la intervención de distintos sectores, principalmente de la Iglesia Católica y de organizaciones sociales vinculadas a ella, que promovieron, al menos desde la década del ’60 del siglo pasado, la conformación de las primeras centrales campesinas antecesoras del MOCASE. Estas organizaciones, si bien llevan adelante una valiosa lucha en torno a un medio de vida concreto -la tierra-nuclean al sector tras un programa “campesino” que no contempla, sin embargo, su condición obrera. En este artículo veremos cómo se gestan las primeras centrales campesinas, que darán luego origen al MOCASE. Veremos que sus orígenes se encuentran estrechamente vinculados a la Iglesia Católica, que ha sido promotora de la identidad campesina en un sector de la clase obrera rural santiagueña. Se trata, entonces, de una conciencia que no es innata, sino creada a partir de la intervención externa.

 

La mano que mece la cuna

 

Hacia1950, intelectuales vinculados a la Iglesia Católica comenzaron a intervenir en las zonas rurales de la región noreste del país, desarrollando una intensa labor de agitación política e incentivando la organización de la población. Esta iniciativa fue resultado de un proceso de crisis que venía atravesando la Iglesia Católica desde comienzos del siglo XX, que se manifestó en la pérdida de fieles y en el surgimiento de tendencias internas que buscaban reformar una doctrina que consideraban desactualizada, para recobrar influencia en las masas. En la búsqueda por amplificar la influencia e inserción de la Iglesia, la Acción Católica Argentina desarrolló desde mediados de los ‘50 una estrategia hacia las áreas rurales del interior del país, a través de su Asociación Juvenil. El método de trabajo consistía en el traslado de jóvenes católicos de parroquias urbanas a las capillas rurales, en donde realizaban una tarea de apoyo a la acción evangélica. En 1958 esa estrategia se sistematizó con la creación del Movimiento Rural de la Acción Católica (MRAC), cuyo objetivo principal fue la formación de cuadros entre los pobladores locales para el desarrollo de una tarea asistencialista. La preparación de “cuadros campesinos” se realizaba por medio del dictado de cursos de capacitación en las colonias y en la Capital Federal. La tarea desarrollada por el MRAC encontró apoyo en otras organizaciones, como el Instituto de Cultura Popular (INCUPO), también de inspiración católica. Esta entidad, cuyo objetivo era alfabetizar y educar a las masas rurales, realizó también una intensa tarea ideológica a través de charlas, reuniones y programas radiales. Dentro del MRAC ganará influencia una corriente interna de la Iglesia, los Sacerdotes para el Tercer Mundo. Estos mismos intelectuales y organizaciones se encuentran también detrás de la organización del MOCASE.

En Santiago del Estero, la crisis de la industria forestal en la década del ‘60 dejó liberadas un conjunto de tierras en las áreas rurales de la provincia que fueron ocupadas por los ex trabajadores de aquella industria. Posteriormente, a raíz de la expansión de la frontera agrícola, fundamentalmente en las décadas de 1980 y 1990, esas tierras comenzaron a ser codiciadas por empresarios vinculados principalmente al cultivo de soja. Esto dio lugar al inicio de conflictos entre los ocupantes y los empresarios. Paulatinamente, y a raíz de la intervención de diversos sectores, específicamente la Iglesia Católica y organizaciones no gubernamentales ligadas a ella, como INCUPO y FUNDAPAZ (Fundación para el Desarrollo en Justicia y Paz), los pobladores comenzaron a organizarse.

En 1982, el Obispo de la Diócesis de Añatuya y el INCUPO pusieron en marcha el “Proyecto del Salado”[2] y realizaron, durante las décadas del ‘80 y del ’90, un intenso trabajo de promoción social que dio origen a diversos grupos “campesinos” que comenzaron a organizarse en torno a las parroquias zonales y fueron conformando distintas comisiones de base. En 1989 estas comisiones dieron origen a la UPPSAN (Unión de Pequeños Productores del Salado Norte) integrada por 500 familias de Copo y Alberdi. En 1985, de la mano de un sacerdote de la Orden de los Palotinos, oriundo de Buenos Aires, la Iglesia intervino también en el departamento de Taboada, en la localidad de Los Juríes, liderando el proceso de movilización en la zona. El 29 de octubre de 1986 se produjo el “Grito de Los Juríes”, una movilización contra los desalojos que reunió a 1.500 pobladores de la zona y de otros lugares de la provincia. Las peregrinaciones religiosas que se realizaban anualmente a Mailín, protagonizadas por esos sectores, fueron un antecedente de esa movilización[3]. INCUPO intervino también en la zona brindando apoyo técnico y jurídico. La intervención de estos sectores, ligados a la Iglesia Católica, queda clara en el siguiente testimonio:

 

“El Padre empezó con las reuniones. Era para ver cómo podíamos sacarle la tierra a los dueños. Venía con la palabra de la verdad (…) Nos hizo conocer que nosotros teníamos derechos a la tierra. Yo eso no lo había escuchado en mi vida, eso de que el que vive y trabaja en una tierra era el dueño. No conocíamos las leyes (…) Antes no se conocían esas cosas (…) era solo hachar y hachar (…) Aprendimos al juntarnos con gente de afuera.”[4]

 

Ángel Strapazzón, ex cura tercermundista y actual dirigente del MOCASE-VC, también da cuenta de esta intervención:

 

“Yo vine en el año 1976 acá. (…) Yo vine porque era un grupo como ustedes, de estudiantes de filosofía y de antropología, que elegimos hacer la tesis sobre cultura popular a través de encontrar algunos viejos y viejas del monte (…). En la medida en que empezamos a ver que había problemas de tierras, hacíamos trabajos de sensibilización, de concientización con estos abuelos, con estos viejos y la gente empezó a reflexionar un poco, a tratar de organizarse. Esto como 10, 12 años antes. Porque el MOCASE no nace de un repollo, hay un proceso de 10, 12 años antes. Había toda una línea de gente que trabajaba ligada a la parroquia de Teología de la Liberación y otro grupo, alguna ONG, que vieron que había esos problemas, trajeron algunos aportes (…).”[5]

 

A partir de estas intervenciones comenzaron a formarse comisiones vecinales, que realizaban actividades de promoción social y de capacitación de dirigentes. En 1986 se creó la Comisión Central de Campesinos de Los Juríes. Siguiendo este ejemplo se fueron constituyendo otras organizaciones zonales, que el 4 de agosto de 1990 constituirán el MOCASE.

 

¿Nada que disputar?

 

Las organizaciones campesinas de Santiago del Estero no se gestaron espontáneamente; son producto de la intervención de instituciones externas. La identidad campesina, entonces, no es innata, no preexiste, sino que es adquirida a partir de la militancia que la Iglesia, sobre todo, ha llevado adelante en ese sector de la población. Sin embargo, esas organizaciones campesinas están formadas por sujetos que reproducen su vida como obreros,

La política que ha propiciado la iglesia y que continúan las organizaciones campesinistas prohijadas por ella- si bien tiene como elemento progresivo la defensa de la posesión de la tierra- apunta a la fragmentación de la clase obrera (evita que una porción de la misma se reconozca como tal y busca crear una identificación alternativa como campesino), y a la contención social, (como reiteradamente señalan los organismos internacionales es más barato mantener a los pobres en el campo que en las ciudades).

Una crítica que la derecha y la “nueva izquierda” han referido a la izquierda revolucionaria es su supuesto carácter iluminista y el intento de conformar “artificialmente” una conciencia obrera, de intentar crear una unidad donde supuestamente no existiría. Pero esto es – precisamente- lo que ha hecho la iglesia católica con los obreros santiagueños y la conciencia campesina. La izquierda argentina, por su debilidad teórica, en vez de salir a dar batalla se ha postrado ante la cruz. Es hora de revertir esta política, pues la lucha por el socialismo exige la defensa de la conciencia de la clase obrera y su unidad política, frente a los intentos de la burguesía de fracturarla y ocluirla bajo otras identidades.

 

1Nos referimos a la sumatoria de ingresos que provienen de la venta directa de fuerza de trabajo, delas jubilaciones y pensiones, de las remesas y delos beneficios sociales. Ver: Desalvo, Agustina: “¿Campesinos o asalariados rurales? Una caracterización social actual de las familias rurales del Departamento de Atamisqui, Santiago del Estero”, en Mundo Agrario, n° 22 y Desalvo, Agustina: “Campesinos no, obreros rurales. Caracterización social de 157 familias del departamento de Loreto, Santiago del Estero”, en Razón y Revolución, n° 21.

2Consistió en capacitar a casi 3.000 pobladores de la zona con el objeto de lograr un mejor aprovechamiento de la agricultura y la ganadería y promover, de este modo, el desarrollo de pequeños productores.

3Barbetta, P.: “Luchas de sentido en torno a la problemática de la tierra y al código civil argentino”, en III Jornadas de Jóvenes Investigadores, Buenos Aires, 2005.

4Alfaro, M. I. y Guaglianone, A.: “Los Juríes, un caso de conflicto y organización”, en Giarracca, N. (comp.): Acciones colectivas y organización cooperativa, CEAL, Bs. Aires, 1994.

5Entrevista a Ángel Strapazzón, dirigente de MOCASE-VC, Quimilí, 5-10-09.

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