Deuda: cómo postergar el estallido

En abril del año pasado, el Senado de la Nación autorizó a pagar 12.500 millones de dólares en concepto de deuda, derogando las leyes Cerrojo y Pago Soberano que impedía el pago a los llamados “fondos buitres”. El kirchnerismo, que en la Cámara votó a favor, hoy critica la política del Gobierno. En la entrevista con Víctor Hugo Morales del día 25 de mayo, Cristina apuntó contra el endeudamiento. Omitió que su gobierno fue el que reabrió negociaciones con el Club de París y empujó de modo exorbitante los niveles de deuda interna con oficinas del Estado (ANSES, Banco Central y Nación). En efecto, desde los ’70 para acá el crecimiento de la deuda es cada vez mayor. En 1973 su monto era de 4.890 millones de dólares. Para 2011, esa cifra asciende a 140.655 millones.

Ante el escenario, peronistas e izquierdistas dicen que la deuda es un mecanismo de dominación sobre Argentina: con ella, los capitales financieros internacionales someten a un país entero y le impiden desarrollar su economía, extrayendo sus riquezas. Pero, pensemos un poco, ¿por qué la burguesía pide prestado si siempre va a perder? El problema de estas visiones radica en su incapacidad para ver el problema de conjunto. Así, caen en un mito nacionalista: los burgueses locales son víctimas, los capitales financieros internacionales son estafadores.

Sin embargo, el problema es más complejo. El capitalismo argentino es un capitalismo chico, de baja competitividad, que necesita de la ayuda del Estado. ¿Y cómo hace el Estado para sostenerlo? Puede hacerlo de varias maneras. Una de ellos es tomar deuda. La deuda no es un mecanismo de extracción de riquezas, sino de compensación. Es un tubo de oxígeno para los burgueses locales y extranjeros radicados en Argentina. Ocupa el mismo lugar que la renta agraria (en otra ocasión lo vamos a explicar) y la baja de costos laborales vía devaluación e inflación. Son formas por las cuales la burguesía argentina le hace “trampa” al mercado. Si en la competencia, la burguesía argentina pierde, con estos mecanismos podrá patear la crisis (su crisis) para más adelante. Sin embargo, ese tubo de oxígeno tiene un límite: cada vez más capitales lo necesitan y de modo acuciante. Y allí el Estado no puede dar tanto abasto. Así, la crisis está cada vez más cerca de estallar, sin que haya deuda que la tape.

Mientras tanto, sí, le puede funcionar. De hecho, al contrario de lo que se cree, la burguesía es un mal pagador. Siempre paga menos de lo que pide. La plata entra y la burguesía tira manteca al techo un tiempo. Llegado un punto, la realidad se impone y se declaran los defaults. Se renegocia y se vuelve a patear la crisis. De este modo, entra más plata de la que sale: entre 1973-2015 el saldo de la deuda pública externa fue de aproximadamente 130.000 millones de dólares. Y en ese número incluimos los pagos del kirchnerismo (en base a soja), que fueron significativos. De hecho, si la deuda crece es porque se acumula y no se paga. De ahí los intereses altos, de ahí los frecuentes “defaults”, que cada tanto escuchamos en la tele o en la radio. La burguesía argentina lejos de ser expoliada, estafa a medio mundo.

En definitiva, Macri pagó porque necesitaba volver a pedir para que entre más plata. Espera dólares, suponiendo que eso va a generar un círculo virtuoso de inversión, producción, trabajo y riqueza. Al mismo tiempo, busca imponer un ajuste sobre los trabajadores para generar “buenas” condiciones para la acumulación capitalista. Pero en los hechos, solo va a poder tapar el sol con la mano. Con esa plata, Macri no va a relanzar al capital en una escala mayor. Tan solo cubre gastos corrientes: o sea, subsidiar a una burguesía chica y atrasada. Se endeuda para sobrevivir, para tapar agujeros. Es que el problema no es la deuda, sino la estructura de la Argentina y el agotamiento de su capitalismo. Bajo estas relaciones, la economía argentina no va a expandirse. Es evidente que es necesario construir otra forma de organización social que permita aprovechar mejor los recursos y el trabajo de los obreros en beneficio de la sociedad y no de estos parásitos.

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