Desobedientes. Los docentes frente al paro general del 20N – Natalia Alvarez Prieto

Desobedientes
Los docentes frente al paro general del 20N
 
¿Qué sucedió el 20N con los trabajadores de la educación? Contra muchas opiniones interesadas, dominó un clima de “desobediencia” hacia las direcciones gremiales oficialistas, dándose un importante acatamiento al paro general. No podía ser de otra forma, en tanto los docentes se encuentran lejos del paraíso laboral anunciado por Cristina.
 
Natalia Alvarez Prieto
Grupo de Investigación de Educación argentina
 
Al igual que sus antecesores, el kirchnerismo intenta regimentar a los docentes a través de dos vías: salarios miserables y represión física de tanto en tanto -con especial énfasis en el caso de sus coterráneos de Santa Cruz-, aún cuando las conciencias progresistas se esfuercen por olvidarlo. Las declaraciones de Cristina a principio de año, afirmando que los maestros trabajan cuatro horas diarias y cuentan con tres meses de vacaciones y, por lo tanto, su “irracionalidad” al hacer paro, sumarían un nuevo jalón a una historia ya nutrida de acciones contrarias a los intereses del conjunto de la docencia. 
Si bien puede reconocérsele a los sindicatos más poderosos una tenaz labor para que los docentes aún no hayan roto sus lazos con el gobierno de Cristina, el 20N logró articular buena parte del malestar existente. A pesar de que un importante sector de la burocracia gremial llamó a no acatar el paro general, desconociendo ese mandato, las aulas se mantuvieron vacías en buena parte de las escuelas del país. Es posible que durante aquella jornada se haya puesto de manifiesto una tendencia hacia la ruptura de los docentes con sus direcciones sindicales tradicionales y con el gobierno nac & pop. Veamos.
 
Gente que no
 
En términos generales, la adhesión de los sindicatos docentes fue a la par de la posición asumida por las centrales que los nuclean. Así, la casi totalidad de gremios enrolados bajo el ala de la CGT oficialista de Caló (SADOP, UDA, SEDEBA, entre los más importantes) y de la CTA-CTERA (AMSAFE-Santa Fe, SUTE-Mendoza, ADP-Salta, AGMER-Entre Ríos, SUTEBA-Buenos Aires, UDPM-Misiones, UTE-Capital Federal, UEPC-Córdoba, UNTER-Río Negro, entre otros) decidieron no parar. ¿Cuáles fueron sus argumentos? En general, tuvieron que reconocer -tibiamente- la validez de “algunos” de los reclamos de los docentes. Sin embargo, en pos de justificar su no adhesión a la medida, no escatimaron argumentos de lo más reaccionarios. Así, la mesa nacional de la CTA de Yasky afirmaba:
 
“no compartimos esta convocatoria ni por su forma ni por su metodología, como tampoco por el momento político en que se la impulsa (…) tampoco estamos de acuerdo con la decisión de apelar al recurso de los bloqueos generalizados para impedir el desplazamiento de los que van a su trabajo.” [1] 
 
Más aún, sostuvieron que los piquetes significaron un intento de disimular el escaso apoyo de los trabajadores a la medida. Otros gremios apelaron a justificaciones algo más coherentes, si no fueran un engaño. Por ejemplo, la Asociación Gremial del Magisterio de Entre Ríos -AGMER- adujo que no contaba con un mandato de congreso para llevar a cabo la medida de fuerza. Claro está, si no se llama a congreso no se puede tener mandato de congreso. También alegaron haber optado por “asegurar el resguardo legal” de sus afiliados en tanto sólo la CTA de Yasky tiene reconocimiento ante el Ministerio de Trabajo de la Nación [2].  
Mientras carnereaban el paro nacional, el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires -SUTEBA-, la Unión Docentes Argentinos -UDA- y el Sindicato Argentino de Docentes Privados -SADOP- decidieron convocar a un paro provincial para los días 22 y 23 de noviembre. Los motivos del reclamo fueron la reapertura de la discusión salarial, el pago de salarios adeudados -en algunos casos desde el mes de abril-, el establecimiento del nuevo esquema en el pago de las asignaciones familiares, la realización de las obras de infraestructura paralizadas y el corte en los servicios de transporte escolar. Se intentó desviar la atención de Cristina hacia Scioli. En otros lugares la situación fue distinta. En el Chaco, gobernado por el “compañero” Capitanich, los docentes se encuentran en conflicto con el gobierno desde hace meses por el reclamo de un incremento salarial así como por la devolución de los descuentos realizados por los días de paro. Por ese motivo, el 20N no fue más que la segunda jornada de huelga dentro de una medida de lucha impulsada por los docentes.
 
¿Por qué sí?
 
Por el contrario, aquellos gremios que se encuentran bajo el ala de las dos centrales docentes opositoras al gobierno nacional -los Docentes Argentinos Confederados (CTA-Micheli) y la Confederación de Trabajadores de la Educación (CGT-Moyano)-, convocaron a sus afiliados a acatar el paro. Asimismo, diversas seccionales se “rebelaron” y decidieron adherir a pesar de lo dispuesto por sus conducciones. Ese fue el caso de la Asociación de Magisterio de la Provincia de Santa Fe-Rosario, Agmer-Paraná y Concordia, SUTEBA-Quilmes y Bahía Blanca, entre otras.
¿Cuáles fueron los reclamos particulares de los docentes durante la jornada? En términos generales, las demandas centrales fueron: aumento salarial que supere la inflación y cubra la canasta familiar, blanqueo de las sumas en negro, mejoras en las condiciones de trabajo, urgente aumento del presupuesto educativo, eliminación del impuesto a las ganancias sobre el salario y los topes en las asignaciones familiares, contra la precarización laboral, 82% móvil para los jubilados, defensa de la caja previsional y de las obras sociales, devolución de los descuentos por días de paro, inmediato pago de haberes atrasados y eliminación del subsidio a la educación privada.  Se sumaron, también, el rechazo a la ley antiterrorista y la represión estatal y el reclamo por el desprocesamiento de los luchadores populares, sociales y gremiales.
Ahora bien, ¿qué sucedió con el acatamiento de los docentes al paro? Aún cuando los datos varían ampliamente según el cariz político de la fuente, puede afirmarse con certeza que el 20N paralizó buena parte de la actividad escolar. Por su parte, la CTA de Pablo Micheli sostuvo que la adhesión docente rondó el 90%. Por supuesto, desde CTERA negaron rotundamente tales cifras. Sin embargo, un análisis de los diarios locales sugiere que la realidad estuvo más cercana a la primera versión. En Rosario, el paro fue casi total gracias a lo dispuesto por la seccional combativa de la localidad contra el mandato de la conducción provincial [3]. En Capital Federal, hasta Página12 tuvo que reconocer que prácticamente no hubo actividad escolar. Claro que se cuidó de adjudicar la responsabilidad al temor que habrían generado las “amenazas” sindicales [4]. En los distritos más importantes de la provincia de Buenos Aires, tales como La Matanza y La Plata, el paro también fue masivo. En la primera, muchas escuelas no abrieron sus puertas, mientras que en aquellas que no adhirieron el presentismo fue muy bajo [5]. En el caso de la Plata, los diarios locales anunciaron una “actividad casi nula” en las escuelas [6]. Téngase en cuenta que sólo esas tres jurisdicciones reúnen aproximadamente el 10% de la matrícula total del país. Lo mismo sucedió en distintas localidades del Gran Buenos Aires y del interior de la provincia, tales como Quilmes, Escobar, Berisso, Ayacucho, Bahía Blanca, Bragado, Mar del Plata, Pehuajó y Dolores, en las que la adhesión de los docentes fue muy elevada. En algunas de ellas, como Quilmes, Escobar, Mar del Plata y Bahía Blanca, rondó el 90% e, incluso, se sumaron a la medida algunas escuelas privadas [7]. 
En el interior del país ocurrió algo similar. En la provincia de Mendoza, aún cuando los gremios docentes mayoritarios no adhirieron, el acatamiento superó el 60% [8]. En provincias como Neuquén, Santa Cruz y Chaco prácticamente no hubo actividad escolar. En esta última, un maestro de primaria -sin antigüedad- hoy gana alrededor de 3.200 pesos, habiéndose incrementado su salario sólo 1.200 pesos durante los últimos dos años. Si tomamos en consideración la inflación real, evidentemente ello supuso una pérdida sustancial del poder adquisitivo de su salario. En Santa Cruz, los maestros de primaria cobran, en forma inicial, 4.700 pesos, siendo la canasta básica familiar de la provincia una de las más elevadas del país, superando los 12.000 pesos. Lo mismo sucede en Neuquén, donde el salario inicial docente es de 3.900 pesos mientras que la canasta básica se encuentra próxima a los 8.000. Saltan a la vista los motivos del descontento. 
 
Hacia un nuevo rumbo
 
La gran extensión del paro en las escuelas puso de manifiesto el profundo malestar dominante entre los docentes de cara a las políticas educativas del gobierno nacional. Si bien una parte medular de la burocracia sindical no adhirió, el paro se extendió y paralizó la actividad escolar en gran parte del país, mostrando así una tendencia de las bases a no acatar las directivas de las conducciones centrales. En ese escenario, la izquierda tiene una serie de tareas de fundamental importancia: profundizar la ruptura de los docentes con el kirchnerismo y no permitir que los sindicatos burgueses, coyunturalmente enemistados con el gobierno, logren capitalizarla.
 
 
NOTAS:
[1] www.cta.org.ar, 20/11/12.
[2] www.agmer.org.ar, 19/11/12.
[3] La Capital, 21/11/12.
[4] Página12, 21/11/12.
[5] Noticias con Objetividad, 20/11/12.
[6] El Día, 20/11/12, www.diagonales.com, 20/11/12.
[7] El Sol, 20/11/12, www.escobarnews.com, 20/11/12, La Nueva Provincia, 21/11/12. 
[8] Clarín, 20/11/12.

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