“Desde el umbral del hogar” Valores de género en el peronismo clásico – Marina Kabat

PeronEvaMovPeronistaFemenino“Desde el umbral del hogar” Valores de género en el peronismo clásico

Si Perón llamaba al hombre a ir “de la casa al trabajo y del trabajo a casa”, Evita recomendaba a la mujer no salir de ella. Por ello, concibió a las unidades básicas femeninas como una prolongación del espacio doméstico y a la militancia femenina como extensión de las tareas maternales, para las cuales la sumisión y el sacrificio eran valores fundamentales.

 

Marina Kabat

Grupo de Investigación de la Clase Obrera Argentina-CEICS


Los primeros gobiernos peronistas coinciden con un estancamiento y hasta retroceso de la participación femenina en el mercado de trabajo. En ese sentido, la familia peronista, como lo muestran repetidas imágenes de manuales escolares, es una familia tradicional donde el hombre trabaja y la mujer se queda en el hogar al cuidado de los hijos. El peronismo, mediante sus estructuras partidarias tiende a organizar a las mujeres en tanto amas de casa, a través de una ideología que refuerza ese rol. Incluso, el sufragio femenino  es defendido en función de los valores morales femeninos que las mujeres, en tanto madres, aportarían a la vida cívica. Dando continuidad a esa línea de pensamiento en 1973 en un discurso a las mujeres, Perón alude a esos mismos valores espirituales al convocar a las mujeres como responsables de salvar la familia, el ser argentino y colaborar en la “persuasión” de los jóvenes.1

 

El voto

 

La campaña a favor del voto de las mujeres fue uno de los ejes sobre los cuales Eva Perón construyó su liderazgo. La sanción de la ley 13.010 en 1947, de sufragio femenino, le permitió capitalizar toda una historia de luchas infructuosas previas. En realidad, el peronismo tomó este reclamo cuando ya no había una oposición al mismo en medio de un contexto favorable. Eva Perón, en particular, se sumó a la campaña cuando el senado ya había sancionado un proyecto de ley de voto femenino. Para la promulgación presidencial de la ley, se realizó un acto en Plaza de Mayo. En este, Perón le da a su esposa el texto de la ley firmado. De tal modo, este derecho aparece como una concesión de Perón a las mujeres por intermedio de su esposa. El acto tiene el mismo carácter fundacional que el 17 de octubre. Los discursos pronunciados reescriben la historia de la luchas por el sufragio femenino, otorgándole a Eva Perón un rol protagónico en ella.2 El peronismo no solo desconoce las luchas feministas previas, sino que las critica en forma abierta. Por ejemplo, en La razón de mi vida, Eva Perón afirma:

 

“Confieso que el día que me vi ante la posibilidad del camino ‘feminista’ me dio un poco de miedo.

¿Qué podía hacer yo, humilde mujer del pueblo, allí donde otras mujeres, más preparadas que yo, habían fracasado rotundamente?

¿Caer en el ridículo? ¿Integrar el núcleo de mujeres resentidas con la mujer y con el hombre, como ha ocurrido con innumerables líderes feministas?

Ni era soltera entrada en años, ni era tan fea por otra parte como para ocupar un puesto así… que, por lo general, en el mundo, desde las feministas inglesas hasta aquí, pertenece, casi con exclusivo derecho, a las mujeres de ese tipo… mujeres cuya primera vocación debió ser indudablemente la de hombres.

¡Y así orientaron los movimientos que ellas condujeron!

Parecían estar dominadas por el despecho de no haber nacido hombres, más que por el orgullo de ser mujeres.

Creían incluso que era una desgracia ser mujeres…

Resentidas con las mujeres porque no querían dejar de serlo y resentidas con los hombres porque no las dejaban ser como ellos, las “feministas”, la inmensa mayoría de las feministas del mundo en cuanto me es conocido, constituían una rara especie de mujeres… ¡que no me pareció nunca del todo mujer!

Y yo no me sentía muy dispuesta a parecerme a ellas.”3

 

De esta manera, el mundo de lo femenino y lo masculino era definido en términos tradicionales. Si el hombre debía ir de la casa al trabajo y del trabajo a casa, la mujer debía participar de la vida cívica “desde el umbral del Hogar, puesto privilegiado de la Mujer dentro de la gran familia nacional.”4

 

El partido Peronista Femenino

 

Si bien la ley de voto femenino se sancionó en 1947, las mujeres recién votaron en las elecciones presidenciales de 1951. En el ínterin, se organizó el Partido Peronista Femenino, como organismo separado de la rama masculina. En 1949, se realizó una reunión partidaria a la que asistieron 4.500 delegados y 1.500 delegadas. Ellos, elegidos por los interventores partidarios. Ellas, por Eva Perón. Tras una apertura conjunta, sesionaron por separado. En la reunión de los hombres, Eva señaló que ni ella ni las mujeres del Partido Peronista Femenino “harían nunca política”, sino que su objetivo era “portar valores espirituales y morales al partido de los hombres”. En la reunión de mujeres, enumeró las virtudes femeninas comparadas con las masculinas, colocando a las mujeres en el rol de reserva moral del hogar, de madres que debían inculcar la doctrina de Perón a los niños. Resaltó que “para la mujer, ser peronista, es ante todo, fidelidad a Perón, subordinación a Perón y confianza ciega en Perón”.5 Si bien la fidelidad y lealtad son valores invocados como propios de todos los peronistas, adquirirán un énfasis aún mayor dentro del movimiento femenino. Por ejemplo, a mediados de 1955, una circular remitida a las unidades Básicas femeninas les recordaba a las afiliadas que, debido a la disciplina de la mujer peronista  debían apoyar, sin ningún tipo de cuestionamiento, la designación de nuevos ministros, del mismo modo se las llamaba a no cuestionar a los funcionarios salientes y a “obedecer  ciegamente a su JEFE, el GENERAL PERON”6.

El Partido Peronista Femenino se desarrolló en base a una táctica territorial. Eva Perón eligió una delegada censista por cada provincia y en ningún caso se las destinó a sus provincias de origen, para evitar que se transformaran en “caudillas”. Por ese mismo motivo, ninguna de las delegadas se postuló para la tarea, tal iniciativa hubiera constituido un motivo para descartar a la candidata en cuestión. Las mujeres peronistas no debían tener iniciativas ni aspiraciones. La sumisión a sus líderes era considerada su mayor virtud. La tarea inicial que se propuso el Partido Peronista Femenino fue averiguar la cantidad de mujeres peronistas que existían, de ahí la idea de realizar el censo. Por eso las delegadas se denominaban “censistas.” En realidad, “censar”, era un eufemismo para “afiliar.” Por el mismo motivo, de cara a las mujeres, se hablaba de “movimiento peronista femenino” en lugar de “partido”.

Las delegadas, a su vez, elaboraron ternas para los puestos de subdelegadas entre las que  Eva Perón elegía. Para localidades menores se nombraba al menos dos subdelegadas, de nuevo, para evitar “caudillas”. Durante la primera campaña electoral, se crearon centros cívicos en apoyo a su candidatura, muchos de ellos ligados al laborismo, que se disolvieron al formarse el partido peronista. También se desarrollaron centros cívicos femeninos, como el impulsado por la dirigente de la carne María Roldan, en La Plata. Estos centros fueron incorporados al Partido Peronista Femenino. Aunque muchos mantuvieron cierta resistencia a disolverse, pronto fueron fagocitados por la estructura general. Eva Perón indicaba que solo a las integrantes de los centros cívicos, pero no sus dirigentes, podían ser elegidas subdelegadas. Bajo el argumento de que las dirigentes habían adquirido “los vicios de la vieja política” de los que el partido peronista femenino debía preservarse, se desplazaba a las activistas de temprana actuación, que pudieran tener alguna pretensión de autonomía. Nadie debía hacer sombra a Eva Perón, ni siquiera su hermana. Esto quedó claro durante la formación del Partido Peronista Femenino. En la reunión partidaria de 1949, a la que ya hemos referido, Elisa Duarte de Arrieta, hermana de Eva, hizo vocear su nombre por un grupo de mujeres de Junín. Fue el fin de su incipiente carrera política.

Un partido femenino separado del Partido Peronista (masculino) permitió otorgarle al primero reglamentaciones distintas a las que regían para los hombres. Por ejemplo, las unidades básicas femeninas no requerían un mínimo de 50 afiliados y, más importante, sus autoridades no eran elegidas entre las mismas afiliadas. El verticalismo propio del peronismo fue exacerbado en la rama femenina. Las dirigentes tenían un  margen de acción muy acotado: las delegadas censistas tenían prohibida la comunicación entre sí y la violación de esta norma equivalía a la remoción inmediata del cargo (como ocurrió con una delegada de Jujuy). En los actos, solo podían referirse a cuestiones generales, sin pronunciarse sobre cuestiones doctrinarias o coyunturales.7 Además, las delegadas censistas que llegaron a ser elegidas legisladoras estaban atadas de manos por renuncias firmadas de antemano y cartas que Eva Perón les hizo escribir para asegurar su lealtad. Estas cartas simuladas estaban dirigidas a parientes o amistades de las dirigentes, quienes expresaban por escrito que su adhesión al peronismo era fingida, motivada solo en el interés; de tal modo que, al exhibirlas Eva Perón, podía remover del cargo y desacreditar a cualquiera de estas mujeres.8

En las Unidades Básicas femeninas estaba prohibida la presencia de hombres. En la Razón de mi vida, Eva Perón justificó esta segregación en la búsqueda de evitar “que las mujeres no se masculinicen en su afán político”.9 Durante la vida de Eva Perón, la segregación de las mujeres peronistas afectaba también su participación en actos del movimiento. Las mujeres del Partido Peronista Femenino tenían prohibido asistir a los actos preparados por el sector masculino. La única excepción eran los actos organizados por la CGT.10 Este criterio fue flexibilizado tras la muerte de Evita.

Eva Perón alentaba a las delegadas a estar siempre arregladas, bien vestidas y con las uñas pintadas y a cuidar del orden de la Unidad Básica femenina como de su hogar. Esto se  asocia a una idea fuerza del peronismo durante esta época, la idea de que la mujer no debía ser sacada del hogar. Al respecto Eva Perón dice en su libro:

 

“Todos los días millares de mujeres abandonan el campo femenino y empiezan a vivir como hombres.

Trabajan casi como ellos. Prefieren, como ellos, la calle a la casa. No se resignan a ser ni madres, ni esposas.

Sustituyen al hombre en todas partes.

¿Eso es “feminismo? Yo pienso que debe ser más bien masculinización de nuestro sexo.

Y me pregunto si todo este cambio ha solucionado nuestro problema.

Pero no. Todos los males argentinos siguen en pie y aun aparecen otros nuevos. Cada día es mayor el número de mujeres jóvenes convencidas de que el peor negocio para ellas es formar un hogar.

Y sin embargo para eso nacimos.”11

 

La propuesta peronista partía del mismo presupuesto que la que se ofrecía a todos los obreros. Conservar el orden social existente, humanizándolo. Es decir, haciéndolo más tolerable para los oprimidos. La mujer debía mantenerse en el hogar, la tarea política, entonces, era tornar el espacio doméstico menos penoso a la mujer:

 

“Por eso, el primer objetivo de un movimiento femenino que quiera hacer bien a la mujer… que no aspire a cambiarlas en hombres, debe ser el hogar.

Nacimos para constituir hogares. No para la calle. La solución nos la está indicando el sentido común. ¡Tenemos que tener en el hogar lo que salimos a buscar en la calle: nuestra pequeña independencia económica… que nos libere de ser pobres mujeres sin ningún horizonte, sin ningún derecho y sin ninguna esperanza!

Yo, imitándolo siempre, me permito decir que para salvar a la mujer, y por lo tanto al hogar, es necesario también elevar la cultura femenina, dignificar el trabajo y humanizar su economía dándole cierta independencia individual mínima.”12

 

Con estas ideas, no es extraño que uno de los elementos más repartidos por la Fundación Eva Perón hayan sido máquinas de coser. Al igual que la Iglesia, se consideraba que si la mujer debía trabajar, era mejor que lo hiciera en su casa, cosiendo. La mayoría de los autores coincide en que los valores de género propiciados por el peronismo respondían a una imagen conservadora y tradicional que perpetúan a la mujer en el rol “natural” de madre. Carolina Barry, en cambio, sostiene que, más allá de su discurso, Eva Perón cuando llamaba a las mujeres a cumplir una participación activa fuera de sus hogares de alguna manera rompía ese rol tradicional.13

Si bien es cierta la existencia de una tensión entre el discurso y la práctica (al menos entre las delegadas y subdelegadas censistas), esta no es diferente de la que puede observarse dentro de la militancia del laicizado católico o de las mujeres burguesas que organizaban la asistencia social, a principio del siglo veinte. En todos estos casos, la militancia pública de estas mujeres contradice su propio discurso respecto de la necesidad de que la mujer se quede en su hogar. Pero no debe perderse de vista que las militantes activas no dejan de ser un puñado minoritario dentro del universo femenino y su prédica está al servicio del mantenimiento del rol subordinado de millones. Atribuirle al primer peronismo valores progresivos referentes a los valores de género en función de este argumento equivaldría a otorgarle un valor feminista a la Acción Católica porque, para realizar sus campañas reaccionarias, impulsa a centenares de mujeres católicas a salir de sus hogares.

 

Renunciamiento

 

El “renunciamiento” a la candidatura a vicepresidencia tuvo fuertes consecuencias en los valores de género reivindicados por el peronismo. La renuncia y el sacrificio pasaron a ser valores asociados por excelencia a lo femenino, que se exigían a toda mujer peronista:

 

“Traemos el corazón lleno de ideales puros y de sentimientos nobles. No luchamos por nosotras ni para ganar un puesto. Estamos acostumbradas al sacrificio que para nosotras, mujeres, es la cosa más natural del mundo […]. Tal vez, por eso, serán muy pocas las mujeres que presentará el Partido Femenino para el 11 de noviembre […] cada mujer peronista debe saber que tiene sobre sí una responsabilidad que solo puede salvar de una sola manera: con su propio sacrificio […]. También para poder hablar así, y hablarle con mi mejor palabra, que es la del ejemplo, yo tomé mi decisión el 31 de agosto. Estos pensamientos estuvieron al tomar mi decisión, y ahora me otorgan el derecho a pedir a cada mujer peronista que comparta también un poco de mi propio sacrificio”14

 

Tras la muerte de Eva Perón, el Partido Peronista Femenino fue dirigido durante 18 meses por su marido, hasta que asumió Delia Parodi, quien había actuado como delegada de la ciudad de Buenos Aires y había alcanzado el cargo de Vicepresidenta primera de la Cámara de diputados. Si bien hubo algunos movimientos positivos propiciados por Parodi (como una flexibilización de la segregación de género o sus planes –no concretados- de democratizar la vida interna del partido), el deceso de Eva Perón trajo algunas consecuencias negativas. Si en vida, su acción política sindical había estado al mismo nivel que su actividad asistencial, tras su muerte, sería recordada –al menos en el discurso oficial- solo por su labor asistencial. Es decir, por su actividad más tradicional en torno al cuidado de los pobres, los ancianos y los niños. Al mismo tiempo, su elevación a una figura cuasi sagrada reforzó el peso del sacrificio en cuanto valor femenino. En 1955, el Partido Peronista Femenino editó Conquista. En su primer número se publicó el “Decálogo de la mujer Argentina” que reza:

 

“1) Serás buena esposa y buena hija; mejor madre y maestra

2) Deberás ayudar a todo ser que pida de ti, ayuda moral, espiritual o material, a la medida de tus fuerzas…

3) Inculcarás en tus hijos las virtudes más sagradas y harás que su patria y el bien de sus hermanos de suelo, sea tu meta diaria

4) No atacarás a nadie, y menos a otra mujer, debiéndote convertirte en su defensora leal y honesta.

5) No derrocharás…

6) Colaborarás o participarás en la enseñanza primaria de quien lo necesite…

7)Te interiorizarás concienzudamente de todos los preceptos y conceptos fundamentales encerrados en la Doctrina Nacional, convirtiéndote así en un agente más de esa profunda y cristiana doctrina…

8) Apoyarás en todo su esplendor el empuje de la obra de gobierno de la Nueva Argentina

9) Denunciarás a quien corresponda, cualquier transgresión a las leyes de la Nación, no haciéndote partícipe, ya por inconsciencia o temor, de falta de respeto público o encarecimiento del diario vivir.

10) Harás una recapitulación de tu día; si en él has podido hacer realidad una sola obra de bien en provecho ajeno; si te sientes feliz de tu día laborioso, honesto y efectivo, puedes considerarte una mujer feliz y merecedora de nuestras virtudes tradicionales y conquistas actuales.”15

 

El decálogo muestra el rol prioritario que cumplían las funciones “naturales” de las mujeres en la estructura familiar, así como el tipo de tareas reservadas al conjunto de la mujer peronista: el ahorro y también la denuncia. Este elemento es central, en la medida que una de las tareas asignadas al Partido Peronista Femenino era el de informar sobre las actividades de la oposición. Incluso debían elevar una nómina de las personas que se negaban a afiliarse y su lugar de empleo.

 

Verticalismo y patriarcado

 

El discurso peronista reforzó los valores regresivos de género y los implementó para favorecer una actuación política femenina subordinada. En esta subordinación no se permitía a las militantes o dirigentes ni el mínimo grado de autonomía que tenían sus compañeros de la rama masculina. Por un lado, en el mundo familiar, el lugar de la mujer, estaba en el hogar. Por el otro, en el mundo político, el rol de la mujer estaba asociado a la subordinación, a la disciplina ciega, al renunciamiento y al sacrificio. Las tareas políticas de la mujer se centraban en las tradicionalmente asociadas a lo femenino: cursos de corte y confección, alfabetización y asistencia social y sanitaria. Si Eva Perón trasgredió esta frontera al ocuparse de cuestiones sindicales y aspirar a la vicepresidencia, la herejía fue pronto exorcizada por la prédica del renunciamiento. Tras su muerte, su actividad gremial fue desdibujada en la propaganda oficial, que solo la recordaba como el hada buena que velaba por los niños y ancianos.

Durante los años peronistas el patriarcado se vio fortalecido. Por un lado, la alianza de los hombres burgueses con los obreros (hombres) fue más fuerte que nunca, sobre la base del mantenimiento del pleno empleo masculino, la retracción de la tasa de participación económica femenina y la continuidad de brecha salarial explícita, sancionada legalmente en convenios colectivos. Por el otro, las corrientes que, en mayor o menor medida, habían pretendido cuestionar el patriarcado (feminismo liberal, corrientes feministas anarquistas o socialistas) pasaron a la marginalidad. Mientras tanto, se erigió como hegemónico (obteniendo consenso también entre las mujeres) un discurso y una práctica política que reforzaba valores de género reaccionarios.

Notas

1Perón, Juan D.: “Perón convoca a la mujer”. Discurso ante las delegadas del Movimiento Nacional Justicialista, Teatro Gral. San Martin, 27 de agosto de 1973.

2Navarro, Marisa: Evita, Planeta, 1994, cap. 8.

3Perón, Eva: La razón de mi vida, cap. 48.

4Morgan, Marion: “Sugestiones para una sección femenina en la edición diaria de Democracia”, 17/1/1949, AGN, AI, FNRP, com. 21, caja 25, expte. 103099.

5Barry, Carolina, Evita Capitana. El partido Peronista Femenino 1949-1959,Buenos Aires, Eduntref, 2009, pp. 94, 96 y 97.Salvo cita en contrario, en todo lo referido a la organización del PPF seguimos lo señalado por Barry.

6AGN, AI, FNRP, Com. 48, caja 11, expediente 23763, fs. 74 y 68. Mayúsculas en el original.

7Barry, C.: op. cit., pp. 163, 121 y 195.

8Testimonio de Atilio Renzi, mayordomo de la residencia presidencial, 15/10/55, FNRP. com. 47, caja 3, expte. 22043, fs. 10 y 11. Varias dirigentes confirmaron la existencia de estas cartas ver: Barry, C. op. cit., p. 284.

9Perón, Eva: La razón de mi vida, cap. 53.

10Barry, C.: op. cit., p. 171.

11Perón Eva, La razón…, cap. 50.

12Ibídem

13Barry, C., op. cit, p. 153.

14Eva Perón: “Compañeras”, Mundo peronista, n. 5, año 1, 15/9/51.

15Conquista, FNRP. com 7, caja 5, expte. 105152, fs. 87 y ss. Ejemplar enviado por carta el 3/6/1955.

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