Del tarifario bonapartista al tarifazo pro-burgués. El tarifazo como expresión del agotamiento de la economía kirchnerista

GAS-AUMENTOC Osvaldo Regina (colaborador)

 Fracasó el programa que muchos quisieron imaginar como desarrollista  surgido en reemplazo de la desprestigiada Convertibilidad. Como  muestra de ello, el tarifazo en los servicios de gas y de electricidad y el  posterior recorte, sólo parcial, de los aumentos previstos revelan la falta  de toda perspectiva económica seria en las maniobras llevadas a cabo por  el kirchnerismo con el fin de garantizar electoralmente su control del  Estado.
Para eso, la hasta hace poco todopoderosa camarilla K trató de hacer creer en una supuesta estabilidad de los precios para disfrazar el rezago de los salarios reales, subsidiando indiscriminadamente a las empresas de servicios públicos, al tiempo que ocultaba los aumentos privados con un falso índice de precios mientras se destruía al INDEC. Pero no da para festejar: desechado ahora el cargo fijo, el resto del tarifazo sigue en marcha y es parte orgánica de un gran ajuste contra el salario que, en el caso de que fallara el actual camino de imposición gradual, con o sin Macri+De Narváez+Reutemann puede terminar en un curso inflacionario salvaje equivalente al operado durante 2002.
El subsidio al capital privado representó entre 2005 y 2008 siete veces lo destinado a planes sociales1 y el freno a los ajustes de tarifas de servicios públicos terminó dando lugar en 2008 al desembolso para las empresas de servicios públicos (principalmente gas, electricidad y transporte, incluyendo Aerolíneas…) de 25 mil millones de pesos del presupuesto nacional. En el caso del gas, los cuantiosos subsidios beneficiaron no a las distribuidoras (Metrogás, Gas Ban, Camuzzi, etc.) sino a las hoy muy rentables petroleras con producción gasífera, que gestionaron exitosamente el reconocimiento vía tarifazo de precios del gas un 25% mayores invocando el alza mundial del petróleo y de la devaluación de 2002.
Es falso, en el caso del gas, que estos subsidios se orientaron a frenar la caída del salario real por la inflación. Al contrario, el creciente subsidio a las petroleras restó capacidad al Estado para contrarrestar el avance de la pobreza y de la indigencia. Por un lado, los principales beneficiarios del subsidio fueron Capital Federal y el Gran Buenos Aires, que disfrutan de los mejores ingresos por habitante. Por otro, el subsidio se aplicó a los usuarios de gas de redes, que pagan esa fuente de energía hogareña mucho más barata que los sufridos usuarios de gas en garrafas, mayoritariamente radicados en las zonas menos favorecidas y del interior.
Es falso también que el tarifazo haya sido desencadenado por temor al déficit presupuestario. Es casi un artículo de fe entre los economistas que en períodos de caída en el nivel de actividad y empleo el Estado debe endeudarse y gastar más para compensar el menor consumo de las familias y la caída en la inversión de las empresas. Por el contrario, tanto el congelamiento previo de tarifas como la pretensión oficial de imponer un aggiornamento salvaje respondieron a las necesidades políticas de la camarilla gubernamental en cada momento. El tarifazo del gas se pudo evitar arrancando el subsuelo de sus actuales concesionarios privados, que aspiran a cobrar acá los precios en dólares del mercado mundial. Pero hacer eso contraría los apoyos políticos y financieros del bonapartismo K. Si las tarifas se frenaron como parte del operativo de ocultamiento del fracaso inflacionario del gobierno, ahora las disparan como exigencia de las petroleras extranjeras y de sus propietarios, principalmente gobiernos amigos, y el beneplácito de los gobernadores provinciales que cobran regalías de esas empresas. No puede ignorarse tampoco que el proceso se da en medio del avance del centro-derecha pro-empresarial y del agotamiento de las improvisadas maniobras económicas del kirchnerismo redistribuyendo ingresos tras la utopía de conformar a casi todos para consolidarse mediante el control de la corrupta maquinaria estatal.
Es falso, finalmente, que el régimen tarifario surgido en 2002 y continuado por la gestión K resulte encuadrable en algún tipo de desarrollismo, como se lo intentó embellecer en boca de una parte de la izquierda local. Un enfoque desarrollista no hubiera intentado manipular el mercado con tarifas muy inferiores al costo de producción gracias a subsidios sin límite y una manipulación estatal permanente sino, por el contrario, promover inversiones privadas o estatales y privadas para consolidar la deteriorada infraestructura de servicios a un costo menor para los usuarios.
Lejos de esto, el modelo K aplicado al mercado del gas contribuyó a que los capitalistas pretendan mayores ganancias para protegerse de giros en la intervención gubernamental sectorial y, por lo mismo, a la caída de la inversión privada en exploración y producción de gas de petróleo. “Bonaparte quisiera aparecer como el bienhechor patriarcal de todas las clases. Pero no puede dar nada a una sin quitárselo a la otra […] Bonaparte lleva al caos a toda la economía burguesa […] despojando al mismo tiempo a toda la máquina del Estado del halo de santidad, profanándola, haciéndola a la par asquerosa y ridícula […] Y en institución del soborno se convierten todas las instituciones del Estado”, Marx dixit.

NOTAS
1Clarín, 16/8/09.

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