De Córdoba a Buenos Aires – Por Ianina Harari

Ianina Harari (Grupo de Investigación de los Procesos de Trabajo – CEICS)

Escena y teoría

Banderitas norteamericanas sobre un mapa argentino. Tras el Cordobazo, el embajador norteamericano en Buenos Aires discute la situación política. Las banderas representan los capitales yanquis. El embajador señalando el mapa argumenta: si bien los intereses estadounidenses se concentran en Buenos Aires y no en las provincias más conflictivas, existía el peligro de que el clasismo y las insurrecciones se extendieran al centro económico y político, a la capital de la República. Sus interlocutores desestiman tal posibilidad: los obreros de Córdoba serían diferentes a los porteños, más cautelosos y preocupados por el desempleo. Pero el embajador retruca convincentemente: “No creyeron que habría un Cordobazo, no se vieron venir el Rosariazo ni el Viborazo… ¿no ven que los obreros están pasando sobre la cabeza de los dirigentes?”. Esta escena pertenece a Los traidores, película filmada por Raymundo Gleyzer en 1973. El clasismo conquistaba poco a poco las comisiones internas de Buenos Aires, pero aún no había protagonizado allí lo que sería su mayor batalla, las coordinadoras interfabriles de 1975, que enfrentaron el brutal ajuste de Celestino Rodrigo. La pertenencia de Gleyzer al PRT y su conocimiento de la teoría política, seguramente lo ayudaron a anticipar de algún modo en esta escena lo que más tarde ocurriría.1 Los conflictos sociales nunca son un hecho aislado. Se encuentran siempre dentro de un proceso más general que se manifiesta de forma despareja temporal y espacialmente. Recortar un momento y un lugar y tratar de explicarlo sólo por sus particularidades como hacen los colaboradores del embajador en la escena del film, sólo puede inducirnos a error.2 Así, lo normal es que las luchas comiencen a desarrollarse en lugares marginales en términos económicos y políticos. La primera revolución socialista triunfó en Rusia, el país más atrasado de Europa. Pero este desarrollo desigual y combinado, que bien explicara Trotsky, opera también al interior de los espacios nacionales. Los preludios del Argentinazo pueden oírse en el Santiagueñazo y los primeros cortes de ruta en Plaza Huincul, Caleta Olivia, Tartagal y General Mosconi. La cadena se rompe por el eslabón más débil para después extenderse a aquellos aparentemente más sólidos. Las luchas que se desatan en los sitios más alejados, tarde o temprano, llegan al centro del poder.

Historia de dos polos industriales

La industria automotriz se concentra inicialmente en Córdoba y en Buenos Aires. Sobre fines de la década de 1960 comienza a sufrir una crisis producto del estancamiento de la demanda y la imposibilidad de exportar. Los más débiles son los primeros en acusar el golpe. Las fábricas instaladas en el interior, especialmente IKA, se encontraban en desventaja. IKA y Fiat, se habían instalado en Córdoba bajo el auspicio de Perón y la ayuda de IAME. Pero Frondizi les jugó una mala pasada al permitir la instalación de nuevas fábricas. Llegaron a radicarse más de 20 empresas. Casi todas se instalaron en Buenos Aires, aparentemente con equipos más modernos. En un mercado chico como el argentino no había lugar para todas. Inevitablemente, algunas debían ser eliminadas una vez que la demanda decreciera y se estabilizara. La depuración se inició sobre la segunda mitad de la década de 1960. Para inicios de l970 el número de empresas había caído y gran parte de ellas comenzó a sufrir pérdidas. Se impuso la “racionalización”, que no podía significar otra cosa que un aumento de la explotación. El aumento del ritmo de trabajo, la imposición de horas extras y los premios a la productividad estuvieron a la orden del día. Pero este proceso no fue parejo para todos. Aquellos que llegaron al momento de la crisis en peores condiciones se vieron más apremiados. Éste era el caso de las industrias cordobesas alejadas del mercado concentrado en Buenos Aires. IKA, en particular, era la más comprometida. Esta empresa cargaba el lastre de las maquinarias otorgadas por IAME. En un principio le sirvieron para montar gran parte de su planta. Pero al desembarcar más empresas y estallar la crisis, pronto se vieron con equipos demasiado obsoletos para competir y con serias dificultades para renovarlo. Otro problema era su desmedida capacidad instalada. IKA producía la casi totalidad de las piezas. Sus competidores, en cambio, podían importarlas, lo que parecía redituarles más que producirlas aquí3 . La empresa cordobesa se vio abrumada por una inversión que no había llegado a amortizar y con deudas que le eran cada vez más pesadas. En intentos desesperados por diversificar su producción, en búsqueda de una mayor porción de mercado, amplió aún más sus instalaciones mediante un acuerdo con Renault para producir modelos bajo su licencia. La jugada le salió mal y la francesa terminó quedándose con la empresa.

Overoles rojos

Al desarrollo diferencial de la crisis corresponde una evolución equivalente del proceso político. La conformación de una fracción revolucionaria dentro del proletariado opera más rápido donde el desarrollo de la crisis es más veloz. Mientras los obreros cordobeses se vieron urgidos a aumentar su beligerancia en los últimos años de la década de 1960, sus pares bonaerenses lo hicieron ya entrada la de 1970. Los obreros cordobeses de IKA y Fiat fueron los primeros en enfrentarse con las exigencias patronales por el aumento de la productividad. El control de los ritmos de trabajo estuvo en el centro de la escena. Los obreros de Fiat, además, lograron independencia de la burocracia sindical. En parte, gracias a que la propia empresa años atrás había constituido el sindicato por fábrica, creyendo que así conseguiría un mayor control sobre sus trabajadores. En medio de las luchas, dirigentes clasistas con una fuerte influencia de la izquierda socialista conquista la dirección del sindicato. De esta forma, Sitrac-Sitram pasa a la historia del sindicalismo clasista. La corriente clasista llega a conducir la seccional cordobesa del sindicato de mecánicos, el SMATA, cuando la lista encabezada por René Salamanca fue elegida en 1972 y nuevamente en 1974. En Buenos Aires, la burocracia comienza a ser desplazada de las comisiones internas. Agrupaciones integradas sea por Montoneros sea por el PRT o por otras agrupaciones de izquierda, comienzan a ganar elecciones ya entrada la década de 1970, luego de los primeros años del gobierno peronista. Como mencionamos, el ajuste en las fábricas bonaerenses llegó más tarde. En Mercedes Benz, por ejemplo, el conflicto por los tiempos de trabajo se desató en 1973 cuando la empresa pretendió incrementarlos.4 También allí, como en IKA diez años antes, se había logrado imponer la rediscusión trimestral de los salarios en función de la inflación. Cuando el gobierno peronista prohíbe este tipo de aumentos en 1974, los obreros tomaron medidas, como el sabotaje y el trabajo a desgano.5 En ese contexto, una asamblea decide hacer un paro contra el gobierno nacional.6 Es decir, para este momento comienza a resquebrajarse de hecho la confianza en Perón. En esa fábrica se reclamó la reducción de la jornada a 6 horas por trabajo insalubre.7 Para alcanzar estas demandas hubo tomas con rehenes (tal como había ocurrido antes en Fiat). Hugo Crossato, miembro de la comisión interna de Mercedes Benz y militante del PRT relató: “La planta tenía puertas pero no ventanas. No tenía otro tipo de ventilación. Cuando afuera hacía 40 grados, adentro hacía 60. Entonces cuando le hicimos una toma, dejamos a todo el personal jerárquico adentro y le cortamos todo el aire acondicionado. En verano. Para que tengan una idea de lo que sufríamos nosotros”. El clasismo combativo llegó a Buenos Aires más tarde, pero maduró más rápidamente, dado que no tuvo que repetir todo el aprendizaje por experiencia propia. Su desarrollo es una de las expresiones más claras de la ruptura de una fracción de la clase obrera con el reformismo expresado por Perón. Sus luchas entierran el “Pacto social” con el que el General, al igual que hoy Cristina, pretendía congelar los salarios obreros. La radicalización de los sindicatos automotrices en Córdoba, y luego de las conducciones de las fábricas bonaerenses, se debió en gran medida a la intervención de partidos y agrupaciones de izquierda. En relación con estas corrientes, los obreros fueron adquiriendo posiciones más radicalizadas y comenzaron a romper con las conducciones peronistas. Se conformó, de esta manera, una fracción revolucionaria dentro del movimiento obrero que se irá extendiendo geográficamente hacia el centro político del país. Hoy, como entonces, el desarrollo de los conflictos y el crecimiento de las posiciones revolucionarias fue más rápido en el interior. La lucha docente es un ejemplo. Los enfrentamientos más agudos se dieron primero en Neuquén, Salta y Santa Cruz. Pero el 2007 cerró ya con una radicalización de los docentes bonaerenses. Los estatales, junto con otros gremios, representan la vanguardia obrera que en otro momento integraron los obreros automotrices. El conflicto ya avanza en profundidad y en su despliegue geográfico. Quizás, en alguna oficina, alguien despliegue sus banderitas y analice la situación. Ellos hacen su trabajo, nosotros debemos ocuparnos del nuestro.

Notas

1 Paradójicamente, el PRT, al que pertenecía Gleyzer, no sacó las conclusiones lógicas y privilegió las luchas en las zonas marginales, sin preparase del todo para el desplazamiento de los enfrentamientos principales al centro político económico del país. Así, en el momento de las coordinadoras interfabriles de 1975, la dirección del PRT no se encontraba en Buenos Aires y muchas veces los militantes del partido no tenían línea para intervenir en los acontecimientos. Ver, Löbbe, Héctor: La guerrilla fabril, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2006 y De Santis, Daniel: Entre Tupas y Perros, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2006.

2 Este mismo error comete James Brennan. Ver: Brennan, James: El Cordobazo, Sudamericana, Buenos Aires, 1994.

3 Industrias Kaiser Argentina: Memoria y Balance General, ejercicio vencido el 30/6/62, Buenos Aires, 1962

4 Entrevista a Crosatto, Hugo y Alessandro, Julio, 29/3/2007, en poder de la autora.

5 Ídem.

6 IbÍdem.

7 Entrevista a Fachal, Eduardo, 25/10/2005, en poder de la autora.

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