De compañero a partner partner – Por Mariano Schlez

La estrategia del gobierno de Brasil para América Latina

Por Mariano Schlez (Laboratorio de Análisis Político – CEICS)

Apenas llegado al poder, Lula intentó mostrarse como uno de los más fieles exponentes de la “nueva izquierda latinoamericana”. El ciclo de insurrecciones se encontraba en pleno ascenso y los gobernantes se veían obligados a radicalizar su discurso para contener a las masas. El “primer presidente obrero” se sumaba al nuevo mapa político sudamericano.

El caso de Brasil es particular, debido a que allí, a diferencia de sus vecinos, se conformó un partido con una fuerte raigambre obrera, el PT. Durante los años 2003-2004, Lula parecía abanderar un bloque que se llamó a sí mismo “contestatario”, con respecto al consenso de Washington. Sin embargo, el obvio desde hace rato que Brasil no tiene intenciones de mostrarse como líder del bloque bonapartista regional.

Un nuevo bloque

El 23 de mayo de este año, en Brasilia, doce países ratificaron el Acta Constitutiva de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Ellos son Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Ecuador, Guyana, Paraguay, Perú, Surinam, Uruguay y Venezuela. Estos países representan la unión de dos bloques económicos: el Mercosur y la Comunidad Andina. En su acta fundacional Unasur plantea, como principio, el “irrestricto respeto a la soberanía, integridad e inviolabilidad territorial de los Estados; autodeterminación de los pueblos; solidaridad; cooperación; paz”.1 No obstante, Lula reconoció que los principales objetivos eran avanzar en “la integración financiera y energética”, la “creación de cadenas de integración productiva entre nuestras empresas privadas y estatales” y de “compañías en sectores estratégicos, como industria aeronáutica, construcción naval, medicamentos e industria militar”.2 En la misma línea, su ministro de relaciones exteriores planteó que “el enorme crecimiento de las exportaciones brasileñas hacia nuestros vecinos casi se triplicaron entre 2003 y 2006, impulsados en gran parte por productos con alto valor agregado. América del Sur ya es, para Brasil, un mercado mayor que los Estados Unidos”.3 Por lo tanto, el tratado no parece otra cosa que la sanción jurídica de las libertades que tendrían las burguesías más poderosas del subcontinente para entrometerse allí donde sus intereses lo requieran.

Luego del asesinato del Comandante de las FARC, Raúl Reyes, Lula habría llamado a Condoleezza Rice para comunicarle su decisión de impulsar un Consejo de Defensa Sudamericano, del que no participaría Washington. Algunos analistas consideran que la estrategia brasileña se concentraría en la inviolabilidad territorial de las naciones, lo que significaría la derrota de la tesis norteamericana de las “fronteras flexibles”.4 Sin embargo, resulta paradójico que Lula haya sido el principal gestor en la incorporación del gobierno colombiano -el asesino de Reyes y principal representante de los EE.UU. en América Latina- al Consejo “antiimperialista”. Para lograrlo, el brasileño visitó a Uribe y juntos vivaron a Shakira, mientras sacudía sus caderas y responsabilizaba a las FARC de la guerra civil en Colombia.5 Luego participaron en una marcha que reclamaba a la guerrilla la libertad de los “secuestrados”.6 Llegó el tiempo de los anuncios y Lula vaticinó: “Brasil va a financiar integralmente la participación de las empresas brasileñas en la construcción del Ferrocarril del Carare para transportar carbón”. Uribe, por su parte, resaltó los beneficios que este proyecto reportará a los empresarios de Boyacá y Cundinamarca, aumentando la competitividad de las empresas establecidas en Bogotá.

Luego, ambos organizaron el encuentro “Brasil-Colombia: nuevas fronteras de negocios”, al que asistieron más de 380 empresarios. Allí, Lula confirmó que no hay nada “que vaya a impedir que Colombia y Brasil se conviertan en dos grandes compañeros en sus relaciones”.7 Semejantes muestras de amistad disiparon todas las dudas del colombiano, que no sólo ingresó al Consejo de Seguridad de la Unasur, sino que, además, impuso sus condiciones. En primer lugar, un rechazo total y explícito, por parte del bloque, a los “grupos violentos”. En segundo, que las decisiones sean “por consenso”, es decir, que Colombia tenga algún poder de veto contra una mayoría hostil. Por último, que se reconozcan solamente a las fuerzas institucionales consagradas constitucionalmente. Es decir, que se abandone la pretensión venezolana y argentina de declarar a las FARC como “fuerza beligerante”.

No conforme, Lula aseguró que quiere asociarse a Colombia en materia de industria militar: “Brasil no desea apenas ser un vendedor de armas de defensa para Colombia. Queremos producir en conjunto […] Brasil desea construir fábricas para producir materiales de defensa en conjunto con los países de América del Sur, y Colombia es un país que tiene deseo y potencial”.8 Lejos de un organismo “antiimperialista”, estamos ante la formación de una alianza política, económica y militar entre la burguesía más poderosa de América Latina y el principal representante de los intereses norteamericanos en la región.9

La “traición” de Doha

En 2001, en Doha, Qatar, los países miembros de la Organización Mundial de Comercio (OMC) firmaron un acuerdo que buscaba “mantener el proceso de reforma y liberalización de las políticas comerciales”, continuando una estrategia que debía “rechazar todo recurso al proteccionismo”.10 Las negociaciones debían finalizar el 1° de enero de 2005. Sin embargo, las conferencias anteriores, al igual que la de julio de este año, fueron un fracaso. El punto que no terminaba de resolverse: mientras un sector busca reducir las subvenciones a la agricultura en los países “desarrollados”, éstos exigen que los países “emergentes” redujeran los derechos de aduana para los productos industriales. La mentada “traición” brasilera tuvo que ver con su aceptación de la propuesta de la OMC, que vinculaba una reducción de subsidios agrícolas con una baja de aranceles industriales, lo que sus antiguos aliados, Argentina, China e India, consideraron inaceptable. Brasil abandonó al G-2011, y se alineó con Europa y EE.UU. El voto brasileño estuvo urgido por la necesidad de privilegiar alianzas que le abrieran mercados, hasta ahora inaccesibles, para su producción agropecuaria, el único sector capaz de revertir la tendencia negativa de la balanza de pagos.

Por ahora, Lula posee el apoyo irrestricto de la burguesía brasileña. El vicepresidente de la Asociación Brasileña de Comercio Exterior, José Augusto de Castro, justificó la estrategia carioca planteando que “Brasil y sus socios del Mercosur tienen intereses diferentes, incluso por las diferencias de tamaño de sus economías”.12 Por su parte, Rabih Nasser, Profesor de la Fundación Getulio Vargas, consideró que “la disputa entre los países del G-20, en relación a la propuesta presentada por el Director General de la OMC en la Ronda de Doha, no deberá afectar a Brasil en el largo plazo […] Todos dependen de Brasil, comenzando por la Argentina”.13 El fracaso de Doha muestra la ridiculez de quienes pretenden fomentar el “complemento” entre los empresarios argentinos y brasileños.

Paz y administración

Para lograr su cruzada, Lula se ha visto obligado a intervenir en la crisis boliviana. Del apoyo sin condiciones a Evo, pasó a una “mediación”, cada vez más cercana a los intereses petroleros de los secesionistas. Marco Aurélio Garcia, asesor de política exterior de Lula, manifestó su deseo de que el referéndum ayudara a “la reconciliación nacional”, y que “el país vecino continúe consolidando su democracia y construyendo oportunidades para bolivianos de todos los orígenes y de todas las regiones”.14 Lula ya había manifestado que “Brasil ha fundado junto con Argentina y Colombia un grupo de países amigos para ayudar a Bolivia. Si el compañero Evo está dispuesto a negociar, haremos de intermediarios”.15

Como en otros conflictos, el líder del PT mueve sus influencias para restaurar el orden en los marcos del sistema: destacando el triunfo opositor en los referéndums autonómicos, le pidió a Evo Morales que profundizara el diálogo, planteando que Bolivia necesita de mucha paz para poder crecer y desarrollarse.16

Mejor prevenir…

Brasil fue uno de los países que más se benefició con la valorización de los commodities, especialmente soja, café, azúcar y hierro. Su crecimiento, al calor de la demanda de comida y energía, le posibilitó alcanzar el “codiciado” grupo de países emergentes, formado por China, India y Rusia. Al mismo tiempo, el descubrimiento de reservas petroleras millonarias profundizó el interés norteamericano por el gigante del sur. Lula se va erigiendo en el hombre del “Imperio” en la región, desplazando incluso a Uribe: mientras que el Financial Times considera que la administración del Partido de los Trabajadores es el bastión de la estabilidad brasileña17, McCain adelantó su intención de acercarse al gobierno de Lula, auspiciando el ingreso de Brasil al grupo de países más poderoso del mundo, el G818. Por su parte, Obama destacó el rol de Brasil como estabilizador regional, al saludar su mediación en el conflicto entre Ecuador, Colombia y Venezuela.19 Seguro del apoyo norteamericano, Lula se preocupa en convencer al Viejo Mundo, asegurando que “Europa no necesita tener miedo a la izquierda en América Latina”.20

Amparado en el crecimiento de la economía, pero asediado por la profundización de la crisis mundial y la caída del precio de los commodities, Lula busca allanar el futuro de posibles molestias. La más importante de ellas, la permanencia del ciclo de insurrecciones latinoamericano y de los gobiernos bonapartistas que no han logrado clausurarlos. Su estrategia lo lleva a acercarse, cada vez más, a las posiciones de las burguesías más concentradas del mundo, abandonando las alianzas con sus pares latinoamericanos. Auspiciar una salida conservadora de los bonapartismos latinoamericanos y liquidar los movimientos de masas es el camino necesario para fomentar el clima para los buenos negocios y resistir mejor a la crisis que se avecina. Estos movimientos preventivos tienen la función de preparar el marco para posibles intervenciones militares. Incluso para reemplazar gobiernos que él mismo se encargó de elogiar.

Notas

1 Tratado Constitutivo de la Unión de Naciones Suramericanas.

2 Discurso de Luiz Inácio Lula da Silva, Brasilia, 23/5/2008.

3 Jorge d´Escragnolle Taunay Filho: “O sentido da integração sulamericana”, en Valor Económico, 26 Junho 2007.

4 Pignotti, Darío: “La construcción de la soberanía regional”, Le Monde Diplomatique, Junio de 2008.

5 Vale destacar que Uribe trató con Lula discretamente las posibles vinculaciones entre funcionarios brasileños y las FARC, para no deteriorar las relaciones con Brasil. Revista Cambio, Bogotá, 31/7/2008.

6 Razón Pública, Colombia, en www.razonpublica.org.co/?p=132.

7 El Tiempo, Colombia, 20/7/2008.

8 Idem.

9 En Brasilia, los presidentes no aprobaron el borrador brasileño y formaron una comisión que estudie el tema por 90 días y presente un nuevo proyecto. El Consejo, para Brasil, no supondría una alianza militar convencional, como la OTAN, sino un foro regional de ministerios de Defensa. Véase Agencia EFE, Brasilia, 23 de mayo de 2008.

10 Declaración Ministerial, Doha, 14/11/2001, en www.wto.org/spanish/res_s/booksp_s/ddec_s.pdf.

11 Creado en 2003 y formado por Brasil, Argentina, México, Chile, Bolivia, Venezuela, Cuba, India, China, Egipto y Sudáfrica.

12 http//:ecodiario.eleconomista.es, 30/07/2008.

13 Folha Online, 22/8/2008, en www.folha.com.br.

14 Folha Online, 9/8/2008, en www.folha.com.br.

15 La República, 12/5/2008, en www.larepublica.es.

16 Opinión, Bolivia, en www.opinion.com.bo.

17 Financial Times, Especial Report: “Brazil”, 8/7/2008.

18 Folha Online, 26/3/2008, en www.folha.com.br.

19 Folha Online, 19/6/2008, en www.folha.com.br.

20 La República, 12/5/2008, en www.larepublica.es.

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