¿Cuántos “desocupados” hay? Un acercamiento a la magnitud real del desempleo a través de la Encuesta Permanente de Hogares – Nicolás Villanova

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Un acercamiento a la magnitud real del desempleo a través de la Encuesta Permanente de Hogares

La cantidad real de la desocupación es subestimada por el INDEC. Aquí esbozamos un registro más realista del desempleo que, durante el año 2014, se aproxima a las 4,6 millones de personas. Todo un síntoma de las tendencias a la descomposición del capitalismo argentino. Por otra parte, con hacer cumplir la jornada de 8 horas, se reduciría el desempleo real a la mitad.

Nicolás Villanova

Oficina de Estadísticas Sociales – CEICS

El INDEC publicó recientemente la tasa de desempleo del primer trimestre de 2015, a la que estimó en un exiguo 7,1% de la población económicamente activa (PEA). Más allá de algunos cuestionamientos sobre la subestimación de estas cifras1, lo cierto es que los criterios con los cuales los organismos de estadísticas oficiales miden la desocupación son engañosos. En este sentido, sería desocupada aquella persona que no trabajó en la semana de realización de la encuesta, pero que buscó empleo en el transcurso de los últimos 30 días. Es decir, la falta de inserción laboral se mide en base al “deseo” de la persona de obtener un trabajo en un período extremadamente escueto. Sin embargo, estar desocupado es mucho más que eso. En este artículo hacemos un ejercicio para aproximarnos a la magnitud real del problema del empleo. Se trata, entonces, de un primer ejercicio.

¿Qué es un desocupado?

La categoría “ocupación” es problemática. En un sentido general, todo el mundo está ocupado en algo. En uno más estricto, se es “ocupado” o “desocupado” en relación al capital, esto es, a las necesidades requeridas por éste para su valorización. Desde esta perspectiva surge la categoría marxista de “población sobrante”. Toda aquella persona cuyo tiempo de trabajo sobra para esas necesidades (es decir, bajo relaciones sociales capitalistas) es, en algún sentido, desocupado para el capital, lo que no quiere decir que no realice una tarea laboral. En este artículo nos concentraremos en medir algo más cercano al uso estadístico corriente del concepto “desocupación”, es decir, sin incorporar a todos los obreros en activo en empresas y ramas de producción por debajo de la productividad media, pero incluyendo mucho más que el “desempleo pleno”.

Desde esta perspectiva, la ecuación de la magnitud del desempleo abierto cambia sustantivamente. ¿Qué es lo que mide el INDEC cuando registra el desempleo pleno? Sencillamente, el organismo intervenido por Moreno estima sólo una parte de la desocupación, en particular aquella que se manifiesta en forma plena. Más específicamente, la EPH registra sólo un porcentaje de esa población que no trabaja, o sea, aquella que demuestra voluntad de buscar empleo. No registra, por ejemplo, los “desahuciados”, es decir, los que creen que ya es inútil buscar trabajo. Como consecuencia, la cantidad real de personas desocupadas es subestimada por el organismo oficial de estadísticas.Tampoco se contabiliza a un conjunto de la población que puede considerarse como desempleada de manera encubierta, como por ejemplo, buena parte del empleo estatal administrativo o los trabajadores que ocuparon aquellas empresas que cerraron sus puertas.

La estimación que elaboramos parte de considerar, por un lado, el desempleo pleno tal cual lo mide el INDEC. Por otro lado, incorporamos a la población ocupada (asalariada o por “cuentapropia”3) que trabaja menos de 12 horas por semana, aceptando que el criterio de las 12 horas es absolutamente arbitrario. Además, contabilizamos a toda la población que no se hallaba buscando empleo y que, al menos en los 30 días previos a la realización de la encuesta, habría dejado de buscarlo ya sea por su escasez o por haberse cansado de insistir sin lograr su objetivo. También sumamos a la población que aparece en las estadísticas como “inactiva” y que, en los 12 meses previos a ser encuestada, habría manifestado haber buscado un empleo. El término de “inactividad” según el INDEC remite a aquella población que no trabaja ni busca empleo, sumada a la población menor de 10 años de edad, jubilada, estudiante, ama de casa y discapacitada. Cabe destacar que, al incorporar un porcentaje de la población registrada por el INDEC como “no” económicamente activa, la población denominada activa (los que se encuentran ocupados o que buscan empleo –PEA-) fue recalculada.

Por último, registramos como desocupados a los jóvenes de 18 a 30 años que no buscan trabajo y que residen en hogares cuyo jefe es un asalariado que percibe un ingreso inferior al promedio del conjunto de los asalariados. Como también a la población que es registrada por las estadísticas oficiales como “ocupada” pero que, si no fuera por un subsidio del Estado, engrosaría las filas del desempleo abierto: los beneficiarios de planes de empleo.

Cerca de 5 millones

Teniendo en cuenta estos criterios, aunque se trate de una estimación conservadora de la magnitud real del desempleo, el porcentaje de desocupación durante el año 2014 sería de casi el 25% de la PEA. Esta cifra constituye más del triple de lo que registra el INDEC como desempleados (ver gráfico). Si a ese porcentaje lo proyectamos a la población total urbana, siguiendo los mismos criterios que utiliza el organismo de estadísticas oficiales con los cuales estima, por ejemplo, la cantidad absoluta de asalariados no registrados, la cifra promedio de desempleados habría pasado de 6 a 4,6 millones de personas entre los años 2003 y 2014. Por otra parte, la evolución general del desempleo estimado sigue el ritmo de la medición oficial, aunque muestra una velocidad de descenso más lento en el período 2003-2008, respecto de lo que publica el INDEC, y luego se estanca.

Algunas características de esta población desocupada ponen en evidencia sus condiciones de miseria. Por ejemplo, en el año 2014, el 65% de los desempleados residían en hogares cuyos ingresos totales (laborales y no laborales) se hallaban por debajo del promedio (10.660 pesos). Por otra parte, dos de las capas que representan el mayor porcentaje de desocupados, descontando la tasa de desempleo pleno (oficial), son los jóvenes que no trabajan (un promedio del 6,08% de la PEA en toda la década) y la fuerza de trabajo subutilizada (un 10,4% en los últimos 10 años).

La fracción de los jóvenes de 18 a 30 años tiene serias dificultades de insertarse laboralmente. Su situación se agrava en la medida en que, durante el año 2014, el 38% de esta población vivía en hogares pobres. Por otra parte, sólo la mitad de ellos estudiaba. De los jóvenes restantes, el 41% había abandonado sus estudios sin haberlos finalizado. Es decir que, ni aún con toda la política de subsidios de los planes PROGRESAR y Más y Mejor Trabajo de la que se jacta el gobierno, se ha revertido el problema de la carencia de empleo y la finalización de estudios de toda una generación de obreros.

En consecuencia, estamos en presencia de la consolidación de una capa de la población con serias dificultades para ser absorbida por el mercado de trabajo, o bien, que es subutilizada y que vive de las migajas que ofrece tanto el Estado como el capital. En buena medida, un porcentaje elevado de la población que es registrada como “inactiva” engrosa las filas de la desocupación, aunque los organismos de estadísticas oficiales la hayan “ocultado” históricamente.

El tiempo es tirano

Como mostramos a partir de esta estimación, la magnitud del desempleo es mucho mayor de lo que intentan presentarnos las estadísticas oficiales. Incluso, este ejercicio resulta una medida conservadora, puesto que no incluye en la tasa de desempleo a las amas de casa obreras (fuerza de trabajo potencialmente disponible), jubilados obreros (fuerza de trabajo desocupada por su uso y desgaste). Tampoco se contabilizan aquí otras formas de desempleo encubierto como por ejemplo buena parte del empleo estatal administrativo, los trabajadores de empresas ocupadas, o bien, los beneficiarios de planes RePro, es decir, aquella población cuyos salarios son parcialmente subsidiados por el Estado toda vez que la empresa donde aquella se emplea pone de manifiesto su situación de quiebra.

Por otra parte, mientras que existe una población subutilizada o abiertamente desocupada, el conjunto de los empresarios se las ingenia para usufructuar una fuerza de trabajo al límite del tiempo posible. En este sentido, sólo durante el año 2014, un 8,1% del conjunto de los asalariados y trabajadores por cuenta propia se ocupaba en más de un empleo. A su vez, el 17% de esta población se empleó durante más de 50 horas por semana, sumando el tiempo dedicado en la ocupación principal y otras secundarias.

Esta situación de sobre-empleo de unos y su ausencia plena en otros pone al desnudo una de las tantas contradicciones del régimen capitalista: ¿qué pasaría si se repartieran esas horas de sobrecarga de trabajo? Si promediamos y multiplicamos la cantidad de horas de trabajo por encima de las 45 semanales por la población que efectivamente trabaja más de ese tiempo, el resultado es contundente: se liberaría un tiempo de trabajo para emplear entre 1,3 y 2,2 millones de personas, sea en empleos de 45 horas semanales en el primer caso, o bien de 40 horas por semana, en el segundo. Se trata de cifras que representan entre el 27 y 47% de la cantidad de desocupados estimada, respectivamente. Dicho de otro modo, con hacer cumplir la jornada de 8 horas, se reduciría a la mitad el desempleo total.

Así las cosas, la magnitud del desempleo abierto y la sobrecarga de trabajo evidencia que el capitalismo argentino ha consolidado a una población sobrante, que nada bueno se puede esperar de este proceso y que dicha sobrepoblación sólo podrá revertir su condición de miseria si combate aquello que la origina, el capital mismo.

Notas

1 Algunas consultoras privadas, como por ejemplo FIEL, han cuestionado los registros del INDEC: a la disminución del empleo se sumaría una caída de la tasa de actividad. Por ello, la desocupación medida oficialmente siempre se mantendría constante. Ver Bour, Juan Luis: “La recesión se extiende al mercado laboral”, 2014. Disponible en: http://goo.gl/43iZzc.

2 No se trata de una subestimación propia del INDEC sino de la mayoría de los organismos oficiales de estadísticas a nivel mundial, que miden el desempleo siguiendo las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo.

3 La figura del “cuentapropismo” es cuestionable en la medida en que allí se encubre a una parte de la sociedad que es obrera y explotada, por ejemplo, los cartoneros.

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