Cuando Rocca conoció a Braverman. Sobre el debate reciente por el rol empresario en la reforma educativa

Junto a la flexibilidad, la reforma traerá una mayor fragmentación. Es esa fractura la que permite satisfacer los intereses de Paolo Rocca y de todo el mundo Pyme a la vez. Degradación de muchos y calificación de pocos son dos caras de una misma moneda.

 

Por Romina De Luca

GES – CEICS


Un nuevo capítulo sobre la reforma educativa se abrió luego del Coloquio de IDEA, realizado en Mar del Plata durante el mes de octubre. En realidad, desde que se anunció el Plan Maestro se discute sobre el rol de los empresarios en el diseño del sistema educativo. Que, si la reforma busca generar nuevos negocios con plataformas educativas, mobiliario y softwares, darle mano de obra gratuita a los empresarios, flexibilizar el trabajo docente son algunos de los puntos recurrentemente señalados. En oportunidad del Coloquio, los medios se hicieron eco de las declaraciones de los empresarios, en particular de Paolo Rocca, quien reclamó por la reforma laboral y educativa. El dueño de Techint sintetizó “hay droga, hay problemas actitudinales, hay problemas de formación gravísimos” y se quejó por el pobre rendimiento del sistema escolar. Para la izquierda fue la expresión del tinte “antieducativo” de la reforma, que convierte al docente en facilitador en detrimento de un “enfoque totalizador y su reemplazo por un conocimiento aplicado, parcial, en función de las estrechas necesidades de la valorización capitalista” que convierten al estudiante en apéndice de la máquina.1 Otros denunciaron la voluntad del gobierno y de los empresarios de enfrentar a los trabajadores.2 Unos y otros llegan a la misma conclusión: profundizarán la precarización laboral y la privatización educativa. ¿Cómo puede contener la reforma que apunta a profundizar la degradación curricular las preocupaciones de Rocca por la formación de los alumnos? Degradación de muchos y calificación de pocos son dos caras de una misma moneda.

 

La preocupación de Paolo

 

Rocca consideró que había tres temas a encarar en la agenda de largo plazo: la reforma laboral, la reforma educativa y la gobernabilidad en la provincia de Buenos Aires. Reforma laboral y educativa se imbrican, pero es la primera la que le marca el paso a la segunda. En efecto, Rocca relata que “tanto el crecimiento de China, el acceso a la tecnología y la robotización, están transformando (la realidad) a una velocidad muy superior a la de un ajuste gradual de las condiciones laborales”. Siendo necesario recalificar a la mano de obra para operar en un mundo distinto, el uso de nueva tecnología exigiría cambiar las reglas de juego laborales como en Alemania, Francia, Italia y Brasil. En concreto, pide flexibilidad para crecer o reducir la empresa echando o contratando trabajadores, según el caso. Rocca señala la crisis del sistema educativo porque “para incorporar 540 personas en Siderca tuvimos que entrevistar a 3.000”. Agrega, “hay personas que salen de una escuela técnica y fallan en pruebas muy simples: se equivocan cuando les preguntan cuántos milímetros hay en un metro”. La degradación es tal que no les garantiza ni el mínimo. Y se pregunta “¿cómo, en qué actividad trabajarán las 2.500 personas que no pudimos incorporar, cuál es el destino? ¿Cómo creamos esperanza para esta gente?”. A decir del empresario, detrás del fracaso escolar hay un problema de gobernabilidad porque “el 40% de los jóvenes de entre 18 y 25 años no ha completado secundario”. Advierte entonces sobre los peligros de la descomposición y supone que trabajar en educación pensando en empleo aseguraría la movilidad social. Por eso, para Paolo, la reforma educativa es fundamental. Como no puede ser menos, carga las tintas sobre los docentes: “tienen que hacerse responsables y ser evaluados en función de los resultados que logran”.3 En la misma sintonía, el dueño de Mercado Libre, Marcos Galperín, agregó que hay que capacitar a los trabajadores para empleos que aún no existen parafraseando dichos viejos de Esteban Bullrich.

Los argumentos de Rocca no son nuevos. El sector más concentrado de los empresarios ya se había manifestado en el Informe de Demandas Laborales 2020. La falta de competencias técnicas (y de experiencia) era advertida agudamente por las empresas, en particular, las de formación técnica especializadas, con mayor uso de maquinaria y tecnología (las industrias metalúrgica y metalmecánica, electrónica, energía y minería, entre otras). Las empresas de software declararon directamente la escasez crónica de capital humano. En el sector automotor dieron por imposible conseguir trabajadores con conocimientos amplios sobre las características físicas y químicas de los materiales metálicos, manejo de equipos de soldadura láser, técnicos en robótica o en electrónica, entre otros. Para resolverlo reclamaron mayor especialización en la currícula aunque se advertía que ello aplicaba solo para ese privilegiado nicho que demanda fuerza de trabajo calificada.

Claro está, el pequeño nicho de empresas que demandan fuerza de trabajo calificada reclamó para que la reforma educativa resolviera sus problemas y le piden al Estado formación focalizada. Paolo Rocca, con Techint, Siderca, Tenaris y Vaca Muerta bajo el brazo reclaman por ello en post de su “lluvia de inversiones”. Pero junto a ese selecto grupo, otro conjunto de empresarios PYME consideraba que más que mejorar la formación técnica o los problemas de formación de lecto-escritura, en matemáticas o en idiomas extranjeros se debía puntualizar sobre las habilidades blandas: flexibilidad, adaptabilidad, trabajo en equipo. Este aspecto, al igual que el deseo de mayores pasantías y prácticas profesionalizantes, resultaba transversal a unos y otros. Desde la Secretaría de Emprendedores y Pymes bregan por pasantías como posible trabajo no remunerado y diseños “alternativos” que, emprendedurismo mediante, contengan a los futuros desempleados. Entonces, ¿hacia dónde irá la reforma? ¿Mejorará la formación específica o apuntará a lo actitudinal?

 

Es la degradación, estúpido

 

Al revisar la reforma se encuentran una serie de “incoherencias” muy marcadas. Dicen preocuparse por la calidad y la formación pero en el nuevo documento, el contenido no pareciera importar. La “arealización” no es más que la mera superposición de asignaturas. Cada escuela deberá “arreglárselas” para realizar proyectos de integración de variado tipo intra-áreas e inter-áreas. En teoría, se trataría de un mero problema pedagógico -el cómo enseñar- por eso, en otra parte, el documento afirma: “más que fijar posición en el debate de la enseñanza disciplinar, interdisciplinar, se procura dirigir los esfuerzos hacia la producción de currículos y propuestas formativas flexibles”. Para cada uno lo que pueda y necesite. Se promueve un diálogo “más fluido con los saberes que circulan en la sociedad” (de ahí las plataformas, la gamificación para calificar, los saberes extra-escolares, las pasantías) y también que cada institución realice su propia propuesta de enseñanza. Es claro, junto a la flexibilidad, la reforma traerá una mayor fragmentación.

Precisamente, es esa fractura la que permite satisfacer los intereses de Paolo Rocca y de todo el mundo Pyme a la vez. Detrás de este nuevo capítulo de una reforma que se cuece hace décadas se encuentra la tendencia a la degradación de las calificaciones necesarias de la fuerza de trabajo impuestas por el capitalismo. La fragmentación que opera detrás de la descentralización le permite a cada escuela adaptarse a las necesidades y demandas del capital para la fuerza de trabajo (que contratará o tendrá en reserva). Y, como tendencia, implica un movimiento que opera reduciendo al mínimo las calificaciones necesarias de la fuerza de trabajo a través de la simplificación de tareas, de la parcialización e introducción de la máquina reemplazando trabajo vivo y otrora calificado por trabajo muerto, es decir máquinas. De allí que el contenido importe poco. Pero ese movimiento se impone a través de múltiples mediaciones y tiene sus propias causas contra-restantes. Resultado: la polarización de conocimientos. De un lado, un puñado de trabajadores hiper-calificados (desde los creadores de las máquinas, hasta quienes deberán ser calificados para operarlas) del otro la amplia mayoría de trabajadores descalificados, desespecializados, algunos meros apéndices y otros ya “inservibles” (el amplio ejército de reserva de los desocupados). Harry Braverman, marxista yanqui justamente famoso por su libro Trabajo y capital monopolista, explica allí, mejor que nadie, este problema de la degradación, que muchos partidos que se reclaman marxistas no ven.

Por eso, es muy probable que la preocupación del dueño de Techint sea genuina: demanda fuerza de trabajo calificada para una empresa de punta y pretende que el Estado, como su representante colectivo, le garantice ese nicho. A él le preocupa la descomposición del sistema escolar. Que a la mayoría de los empresarios solo les interesen las “habilidades blandas” y, en el mejor de los casos, hacerse de pasantes, habla del tipo de empleos que suministrarán a otro puñado. El resto, preso de un sistema educativo que los va a seguir expulsando -hoy de cada 10 que arrancan 4 llegan al último año- o peor, serán víctimas de la demagogia educativa que les promete “título secundario” al menor costo posible enmascarado de flexibilidad e individualización. Un sistema que condena a la mayoría de la población a un horizonte embrutecedor y vacío no abre un negocio para nadie, se trata más bien de abaratar esa caja vacía en la que se ha convertido la escuela y reubicarla para también garantizar ese pequeño nicho de trabajadores calificados.

Es probable también que la reforma educativa revise las condiciones de contratación de nosotros, los docentes. ¿Por qué vamos a suponer que si está en marcha la flexibilización laboral la clase obrera docente no va a entrar en el paquete? Desprenderse de trabajadores rápidamente también está en la agenda. He allí que resuena con fuerza la necesidad de reformar el Estatuto para que cada escuela contrate a sus propios docentes.

Cuando la izquierda repite que todo esto busca privatizar la educación, no tiene idea del problema real. Cuando afirma que se busca adecuar la escuela al interés del capital, descubre la pólvora. La pregunta que se abre es ¿qué hacer? Mientras el Estado y la burguesía reconocen la crisis del sistema e intervienen sin poder resolverla, nuestros sindicatos miran a otro lado. Llegó el momento de preguntarnos ¿cómo vamos a recomponer generaciones sumergidas en el analfabetismo funcional? ¿Cómo vamos a superar la fragmentación? ¿Vamos a defender una escuela polivalente o una formación universal? ¿Local o nacional? Empecemos a imaginar ahora una escuela de transición, porque está claro que la actual no da para más. Hasta nuestros enemigos lo advierten.

NOTAS

1“La reforma antieducativa en el coloquio de IDEA”, Prensa Obrera, 14/10/2017. Disponible en: https://goo.gl/F5PXgi

2La Izquierda Diario, 14/10/2014. Disponible en: https://goo.gl/jbQtev

3La Capital de Mar del Plata, 14/10/2017. Disponible en: https://goo.gl/gLne8b

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