Cuando las vaquitas no son ajenas

73318_agropecuarias Sobre los frigoríficos tomados y gestionados por trabajadores
Grupo de investigación de la clase obrera – CEICS

 Con los cierres de empresas llega también la respuesta obrera y la  ocupación de fábricas. Pero la crisis también afectará a las fábricas  ocupadas ya existentes. Por ello, el debate sobre las potencialidades y los  límites de estas experiencias adquiere una urgencia inmediata.

Historias para ser contadas…

El Frigorífico Bragado se encuentra a unos 200 km de Capital Federal. Todo empieza cuando Popovsky, el ex dueño, compra el establecimiento, en la década del ‘90, a la Municipalidad de Bragado y lo designa La Niña S.A. Según el contrato, la empresa debía garantizar 120 puestos de trabajo, de los cuales el 60% debía ser cubierto por mujeres. Popovsky no cumplió con lo establecido, pero la Municipalidad no rescindió el contrato y el inmueble jamás fue escriturado.1
En 2006, luego de que el dueño abandonara el establecimiento, los trabajadores se hicieron cargo de la empresa. A medida que se gestionaba la matrícula de SENASA y ONCCA comenzaron a hacerse públicos los datos sobre su estado financiero y legal. Se adeudaban entre 4 y 5 millones de pesos a la AFIP. Durante 5 años no se habían efectuado los aportes jubilatorios ni se había pagado el impuesto por Ingresos Brutos. Según nos contó uno de los trabajadores entrevistados, también existían otras deudas: “…la luz que eran 120 mil pesos la pagamos en cuotas, el agua eran 45 mil pesos y 10 mil pesos a SENASA”. En un primer momento, las autoridades municipales permitieron que el ex dueño reclamase un alquiler por el inmueble a los trabajadores. Situación muy extendida entre las fábricas ocupadas. Pero las negociaciones se vieron truncadas: por un lado, porque el precio que proponía Popovsky era muy alto y, por el otro, porque los obreros constataron que la propiedad del establecimiento pertenecía a la Municipalidad, razón por la cual Popovsky no tenía derechos (ni siquiera en términos de la legislación burguesa) de recibir un alquiler. Hoy, el frigorífico está en pleno funcionamiento. Sus puertas reabrieron en mayo del 2006, a los 3 meses de haberse conformando en cooperativa.
Otro caso es La Foresta que se localiza en Virrey del Pino, partido de La Matanza. La empresa inició su actividad en 1957 como matadero y frigorífico de carne vacuna y porcina, con producción de ciclo completo. Es decir, no sólo se faenan el animal, sino que también se elaboran chacinados, conservas, etc. La Foresta llegó a faenar hasta mil cabezas diarias y fue adjudicatario de la Cuota Hilton. La empresa se deterioró económicamente hasta llegar a la quiebra, dictada en marzo de 1999. El juez dio en alquiler el establecimiento a empresarios que, cada uno a su tiempo, fracasaron. En enero de 2005, Maypacar, la última firma a cargo, abandonó la planta y a sus 186 trabajadores. La empresa no pagó ningún mes de alquiler, dejando una deuda de más de 270 mil pesos y varias deudas con el personal, el Mercado de Liniers y los servicios públicos en general. En marzo del 2005, los trabajadores se conformaron en Cooperativa de Trabajo. Al mismo tiempo, iniciaron en el Juzgado Comercial nº 1, a cargo del Juez Juan José Dieuzeide, el pedido de alquiler de la planta. Luego de varias trabas durante el 2006, con problemas sobre los fondos necesarios para comenzar a faenar y con una serie de permisos esenciales, obtuvieron la habilitación municipal. Con dicha habilitación, el subsidio que el Gobierno Nacional les otorgó (de 300 mil pesos) y los acuerdos que lograron con las empresas de servicios, los trabajadores pudieron dar el puntapié inicial para insertarse en el mercado.
Por último, el Yaguané es considerado uno de los frigoríficos más grandes de Sudamérica. Era uno de los más importantes hasta los ‘90, cuando empezaron las maniobras de vaciamiento. Fue diseñado con capacidad para faenar 25 mil animales por mes. Está edificado en un terreno que posee un total de 23 mil metros cuadrados y una superficie cubierta de 12 mil. En 1995, el frigorífico permaneció cerrado con un pedido de quiebra y una deuda de 140 millones pesos. Los trabajadores ocuparon la planta durante ocho meses, hasta que los propietarios reconocieron los salarios caídos y los indemnizaron con el 56% de las acciones.2 El ex dueño, Samid, en 1996 intentó despedir a la mitad del plantel, pero lo frenaron con paros. Luego de varias maniobras, y sin previo aviso, los trabajadores se encontraron con que el frigorífico cerraba y las máquinas se iban a subastar. Sin embargo, lograron evitarlo con una nueva manifestación en la puerta. En este contexto nace la cooperativa. En 1997, Samid se fue y un socio minoritario quedó al frente un tiempo más, hasta que la cooperativa ocupó la planta. Sus integrantes esperaban conseguir un nuevo dueño o interesar al gobierno en una estatización. Como nada de eso ocurrió, se pusieron a trabajar por ellos mismos.

Faenando, faenando…

El trabajo dentro de los frigoríficos comienza cuando ingresa el camión jaula a la planta. En primer lugar se lo pesa en la balanza de entrada y, luego, se chequea que toda la documentación de los animales sea correcta. Si todo se encuentra en orden, se procede a descargarlos. Una vez en los corrales, se inicia la tarea de clasificación, por sexo y por número de tropa, tarea efectuada por alrededor de 10 trabajadores. A partir de este momento, se aborda de lleno con la faena. El animal camina, a través de una manga, hasta un sector donde hay lluvias para limpiar el pelaje. Luego, ingresa a una habitación donde se lo noquea con un mazazo. Además de la técnica del mazazo, también se puede matar al animal a partir de una descarga eléctrica que se aplica con un aparato especial, pero no es la forma más utilizada porque oscurece la carne. Luego de noquear al animal, lo enganchan a un riel y queda colgado de una pata con la cabeza para abajo. Este recinto posee una pileta abajo donde, una vez colgado, se realiza el degüelle y el desangrado. Para realizar estas tareas hay dos noqueadores, dos maneadores, un güinchero, dos degolladores y uno que larga la noria. Las herramientas que utilizan son: un martillo, ganchos y cuchillos. Es decir, todas las tareas son manuales. Hay que destacar que, mientras en La Foresta el animal se transporta mecánicamente a través de un sistema de rieles sostenidos del techo, en Bragado, el trasporte es manual.
En el sector siguiente, llamado playa sucia, se cuerea el animal. Se empiezan a cuerear la parte de las manos, las patas, la verija, el cuarto, la cabeza, el pecho, el matambre, la bajada (la parte del lomo del animal) y así se termina de sacar todo el cuero. En La Foresta, hay 50 personas ejecutando estas actividades. Los instrumentos que se emplean, en su mayoría, son cuchillos. Pero, a diferencia del Frigorífico Bragado, existen en La Floresta también cuchillos neumáticos. Otra diferencia es que La Foresta posee una máquina cuereadora, la High Puller, cuya función es estirar el cuero del animal. En el siguiente sector, el cuero es limpiado y le sacan los pichicos y el morro. Lo clasifican también por sexo: vaquillona, liviano, pesado y va a camiones diferentes. Son cuatro las personas que hacen la tarea de clasificación.
Luego, el animal se dirige al sector llamado playa limpia, donde, con una sierra de pecho, lo cortan y le sacan las mollejas. Las viseras caen al piso y son recogidas por otra persona, quien las clasifica y llena los carros, que serán llevados luego al sector donde se realizan las menudencias. Por un lado, se limpia la cabeza y, por el otro, se alistan las pezuñas y las patas. La cabeza se descuelga y el animal queda colgando en un gañote. Otro trabajador corta la cabeza con un gancho, le saca la lengua y eso pasa también a menudencias. Después, se pasa a la despanzada, donde se le sacan todos órganos (tripero, hígado, pulmón y mondongo), para luego ingresar al sector de la sierra eléctrica que divide la res en dos.
Una vez finalizadas estas tareas, la media res es dirigida al sector de veterinaria, donde trabaja la gente de SENASA, quienes inspeccionan si la carne es apta para consumo. Si el examen es positivo, se procede al lavado de las medias reses que se clasifican por sexo y peso. Una vez en las cámaras, los trabajadores clasifican por tropa y por reparto.
Como se puede observar, en el proceso de trabajo predomina un alto grado de división del trabajo y persisten las tareas manuales. En La Foresta, el trasporte de los animales por los distintos puestos de trabajo se encuentra mecanizado, además de contar con algunas máquinas eléctricas para realizar algunas tareas.

Bruma en el horizonte

A simple vista, pareciera ser que estos casos tienen mayores perspectivas de crecimiento y mejores condiciones de trabajo que otras experiencias que estudiamos.3 Los frigoríficos en general no superan las 48 horas de trabajo semanales y el monto del retiro no es de los peores. En La Foresta, esta suma va de 1.240 a 2.500 pesos y, en Bragado, de 1.800 a 2.000 pesos, mientras que en Brukman, por ejemplo, no superan los 1.200 pesos. Por otro lado, también parece haber mayores facilidades para sostener la producción (la cantidad de obreros trabajando y la escala de la producción aumentó, llegando incluso a los niveles anteriores a la quiebra). Apenas formadas las cooperativas, sólo poseían matrícula de servicios, que les impide comprar animales, obligándolos a trabajar a fazón, es decir con los animales comprados por sus clientes. Con el tiempo, estos frigoríficos lograron acceder a la matrícula abastecedora, lo cual mejoró su situación en el mercado.
La actividad de los frigoríficos se asienta sobre uno de los sectores más competitivos del país. A la vez, estos establecimientos son más grandes que muchas de las fábricas ocupadas en otras ramas de la economía. Incluso, como en el caso de Yaguané, se trata de establecimientos representativos del sector. Por todo esto, a los frigoríficos tomados en el contexto de la recuperación relativa post devaluación les ha resultado menos dificultoso salir adelante. Sin embargo, por estas mismas características se trata de firmas más endeudadas. Si ya resultaba oneroso en un período de relativa bonanza, puede volverse un problema serio de profundizarse la crisis. La competencia, por su parte, agudiza esta situación. Por ejemplo, en Virrey del Pino, que es una zona de muchos frigoríficos, nos informaban que hay por lo menos 5 establecimientos en pocos kilómetros y la disputa por los clientes es muy fuerte. Según nos contó uno de los entrevistados del Frigorífico La Foresta: “…hay una mesa donde se sientan todos los empresarios, donde nosotros nunca participamos […] donde están en contra de las empresas recuperadas, no quieren que los trabajadores se hagan cargo de la producción y eso es un enemigo muy grande que estamos teniendo y que tratan de sacarnos continuamente del negocio”.4 El Frigorífico Yaguané también está empezando a sufrir serias dificultades: uno de los trabajadores entrevistados nos contaba que actualmente reciben menos animales de los matarifes: alrededor de 2.500 por semana, cuando hace unos meses recibían 2.500 por día. Al faenar menos animales, sus ingresos se ven sensiblemente reducidos.
Por otra parte, el nivel de mecanización es bajo y esto puede ser un obstáculo a futuro. Además, ninguno de los frigoríficos tomados ha logrado transformarse en un establecimiento de ciclo completo, puesto que sólo se ocupan de la faena. Por último, el endeudamiento y el hecho de que esté pendiente la expropiación definitiva de los establecimientos complican aun más el panorama.
Es esperable nuevos cierres en el sector privado. En efecto, la rama de los frigoríficos comenzó a sentir los coletazos de la crisis y se espera que los problemas se profundicen. Junto con bancos, automotrices y curtiembres, los frigoríficos conforman el sector que ha suspendido más personal en los últimos meses. La crisis también afectará el desempeño de las fábricas ocupadas del sector. Nuevamente, es necesario poner en claro que la ocupación de la planta y el desarrollo de una cooperativa no bastan. Los desafíos por venir sólo podrán enfrentarse si se continua el avance político y se confluye con el conjunto de la clase obrera en una transformación revolucionaria.

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1Entrevista al tesorero del Frigorífico Bragado, Pedro Bendati realizada el 17/11/2008, en poder de la autora.
2Ver www.inaes.gov.ar/es/noticias.asp?id=264.
3Ver “Brukman hoy, la lucha continua…”, en El Aromo, nº 44, 2008.
4Entrevista a Marcelo Yaquet, trabajador del Frigorífico La Foresta, realizada el 16/2/2009, en poder de la autora.

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