Contra las cuerdas. La ronda de paritarias 2017 y el estilista Macri – Julia Egan

Contra las cuerdas. La ronda de paritarias 2017 y el estilista Macri 

Uno de los objetivos centrales del macrismo es la reducción de los costos laborales como vía de mejorar la competitividad de los capitales ineficientes que producen en la Argentina. Esta ronda de paritarias ha permitido avanzar un casillero más en ese sentido. Es una pena que la izquierda esté más preocupada por las urnas.

Julia Egan

(TES-CEICS)


Todavía solemos escuchar, aunque con menor frecuencia, que Macri y sus aliados “vienen por todo”. Sin poner en cuestión que efectivamente el gobierno desarrollista de Mauricio pretende “normalizar” las cuentas de la economía argentina (en un sentido capitalista, claro), a esta altura resulta obvio que no lo hará a cualquier costo. Al menos hasta que pase octubre. En este sentido, más que un fajador, Macri resulta un estilista: combate a distancia, recorre el ring y lleva el combate hasta encontrar el mejor momento para golpear. En el caso de las paritarias, como en los viejos tiempos de Cristina, el gobierno se planteó poner un techo del 18% de aumento salarial. Si bien la temperatura estival de febrero animó a las conducciones cegetistas a anunciar que “nadie se va a sentar a negociar un 18%”, salvo contadas excepciones, el grueso de los aumentos se fijaron entre un 18% y un 22%. Además, lograron sumarse cláusulas de productividad y presentismo en convenios que habían logrado mantenerlas al margen. Finalmente, Macri logró nuevamente su cometido.

 

Con el tope, al fondo

 

Hasta mediados de junio, se habían firmado 31 acuerdos paritarios anuales, de carácter nacional y provincial, de las ramas más importantes de la economía. Teniendo en cuenta este total, el aumento promedio de los acuerdos salariales es del 23,6%. Pero, si miramos detalladamente, la mitad de ellos comprenden acuerdos que van del 18% al 22%, con un promedio del 20%. Está claro que estos aumentos no llegan a cubrir la inflación acumulada de un año a otro, mucho menos si tenemos en cuenta que para la mayoría de los trabajadores los salarios ya venían retrasados respecto del aumento real de los precios. El único paliativo que pretenden hacer pasar los sindicatos es engordar los salarios con sumas en negro o por única que vez, que están presentes en al menos once acuerdos. Estas sumas no se integran al salario básico y tampoco realizan aportes jubilatorios y a la obra social, pero en muchos casos son publicitadas por la burocracia como parte del porcentaje acordado.

Por lo tanto, si bien los aumentos han superado el famoso 18%, en gran parte se han mantenido en un porcentaje aceptable para el gobierno, alcanzado sin mayor oposición de la burocracia sindical. De hecho, esta no ha tenido empacho en mostrar todo el compromiso posible con los reclamos empresariales. Uno de los máximos exponentes fue Roberto Fernández, de la UTA, quien afirmó que la principal preocupación del gremio son los costos laborales y luego se “pediría” por el salario.[1]

 

“No enfermarás ni parirás…”

 

A la continua caída de los salarios, esta ronda de negociaciones suma una novedad, el intento de renegociación de los convenios colectivos de trabajo. En realidad, el macrismo ya se adentró en la cuestión, a partir del acuerdo con los petroleros de yacimientos no convencionales.[2] Los gremios, las patronales y el gobierno acordaron cláusulas de productividad, polivalencia, reducción salarial y retiros anticipados con el único objetivo de reducir costos de producción.

Desde el inicio, se manifestó la intención de replicar estas condiciones rama por rama. En el caso de marítimos, ya se había anunciado la intención de modificar el convenio cuando aún se cocinaba el acuerdo de Vaca Muerta. Así las cosas, el Centro de Capitanes de Ultramar y Oficiales de la Marina Mercante aprobó, en una asamblea como mínimo “confusa”, la resolución de “Facultar al Presidente del Centro a suscribir, previa aprobación de la reunión de la Comisión Directiva, Convenios Colectivos de Trabajo para embarcar en buques que realicen mayoritariamente navegación internacional”. Es decir, la Comisión Directiva podrá negociar de forma directa, y sin ningún tipo de consulta, a los asociados las condiciones de trabajo con las empresas. La primera promesa de la burocracia marítima es la reducción de los descansos y los francos compensatorios. En la industria automotriz, con las firmas de la UOM y el SMATA, se llegó al compromiso de reducir el ausentismo y “aumentar la competitividad”, para ampliar la producción. En mayo, las modificaciones llegaron a los yacimientos petrolíferos convencionales de Chubut.

Recientemente, ATILRA se comprometió a un recorte en los aportes patronales para toda la rama láctea. Si bien gran parte de ellos iban a la caja negra del gremio, los trabajadores deberían poder decidir sobre su destino, sobre todo en el marco de una gran crisis de la actividad, donde empresas como SanCor mantienen a sus trabajadores sin percibir ingresos durante meses. A su vez, el gremio se comprometió a una rediscusión del convenio, que implicaría la reducción de licencias, la adecuación del pago de horas extras y polivalencia, entre otros puntos.[3]

Uno de los acuerdos más escandalosos fue el de los estatales, acordado por UPCN, que contempló un aumento del 20% en tres cuotas e introdujo cláusulas de productividad y presentismo, con la cual redujo ampliamente el acceso a las licencias ordinarias, como enfermedad y maternidad. Esto es así en la medida en que, si bien estas licencias son consideradas como “justificadas”, con cada ausencia que no se relacione con vacaciones o estudio, se reduce el monto a cobrar por presentismo o bien se pierde directamente el premio.[4] Mientras tanto, ATE brilló, una vez más, por su inoperancia. No se convocó a ninguna medida de lucha contundente a nivel nacional y, en Capital, los kirchneristas (e incluso la izquierda) se dedicaron a realizar plebiscitos. Macri, agradecido.

 

La hora del cross

 

Como hemos mencionado en otros artículos, uno de los objetivos centrales del macrismo es la reducción de los costos laborales como vía de mejorar la competitividad de los capitales ineficientes que producen en la Argentina. Las principales estrategias para lograrlo son la baja del salario real y la profundización de la flexibilidad laboral, o sea, un aumento de la explotación. Como hemos visto, esta ronda de paritarias ha permitido avanzar un casillero más en ese sentido. El cierre de acuerdos, que no permiten recuperar el poder adquisitivo del salario real, da un respiro a los empresarios.

Si bien algunos gremios incorporaron la famosa “cláusula gatillo”, este mecanismo requiere, por una parte, que se reconozca la inflación real y, por otra parte, que los gremios impongan un gran poder de movilización que obligue al gobierno a reconocer su aplicación. Pero, como vimos, la burocracia está entregada y  presiona a los trabajadores con la posibilidad (real) del desempleo y los despidos. Lo mismo sucede con las cláusulas de productividad y presentismo. Con ellas, se apunta a exprimir a los trabajadores a más no poder. Con salarios atados a la producción, se busca un aumento en la intensidad del trabajo, lo que en el camino permite eliminar tiempos muertos, producir una mayor autovigilancia y aumentar la competencia entre los trabajadores. En un sentido similar, el premio por presentismo presiona a los trabajadores, afectando sus descansos y salud, para que los empresarios eviten el pago de días no trabajados. Todos juegan con la miseria y la vida de los trabajadores para poder garantizar sus ganancias y sus negocios.

Sin embargo, sería erróneo creer que estos cambios constituyen una novedad. Por el contrario, el avance sobre las condiciones de trabajo, conocido como flexibilidad laboral, es una estrategia histórica de la burguesía para degradar el trabajo del obrero con el fin de extraer más plusvalía absoluta. En este sentido, a lo largo de la historia pueden verse avances más fuertes o más leves de la flexibilidad, de acuerdo a las relaciones de fuerza de la burguesía y la clase obrera, pero se trata de un objetivo de largo plazo. Mientras Cristina avanzó en la descentralización de las negociaciones laborales, firmando cada vez más convenios por empresa, y sentó las bases de la precarización, con aumento del trabajo en las peores ramas de la economía, Macri no hace más que darle otra vuelta de tuerca a este proceso.

En este camino, el gobierno cuenta con el apoyo de la burocracia sindical. La cuestión es que, al menos hasta ahora, nadie se opuso seriamente al acuerdo de hecho entre la burocracia sindical y la burguesía. Una muestra prometedora la constituyó la huelga de los colectiveros cordobeses. Sin embargo, la falta de extensión nacional del conflicto los aisló y los entregó en bandeja al gobierno cordobés que decretó la “esencialidad” del servicio.

Aun así, esta demostración no debería convertirse en un recuerdo. Mientras todos parecen enfocados en octubre, las organizaciones y partidos obreros deberíamos comprometernos en la coordinación de una gran lucha por el salario y contra la ola de despidos, que involucre no solo a los trabajadores registrados sino también a los obreros en negro y desocupados. Un salario igual a dos canastas familiares, que supere la mera subsistencia biológica y eleve verdaderamente la calidad de vida de los trabajadores.

Para que una medida de lucha no pueda desbaratarse con simples artilugios legales, es fundamental despegarse de la lucha institucional y recomponer los lazos de las distintas fracciones de la clase en la acción directa. La convocatoria a una Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados está a la orden del día. Es una pena que la izquierda esté más preocupada por las urnas. El estilista Macri está jugando a desgastar a su gran contrincante y si no damos el golpe de cross a tiempo, quizás después sea muy tarde.

Notas

1ANRED, 8/5/17. Disponible en https://goo.gl/KsNXra.

2Véase “La flexibilización sin fin”, en El Aromo n° 94. Disponible en https://goo.gl/2CYLPt

3IProfesional, 9/5/17. Disponible en https://goo.gl/9KWCMp

4Véase https://goo.gl/G4X52j

1 respuesta

  1. eduardo lovotti dice:

    PERO AUNQUE SE BAJEN LOS SALARIOS NO ES DIRECTO OBTENER COMPETITIVIDAD.EN LA COMPETITIVIDAD HAY QUE TENER EN CUENTA COSTOS FIJOS Y VARIABLES, SEGUN PRODUCCION, Y A PESAR DE ELLO NO ES SEGURO GANAR MERCADOS POR QUE SE NECESITA CAPITAL DE TRABAJO PARA INVERTIR EN MAQUINARIAS ,PUBLICIDAD,COSTO DEL CAPITAL PROPIO Y MAS.ES DECIR COMO VEMOS DESMANTELADO LA CLASE TRABAJADORA, EL SACRIFICIO DE ESTA NO TENDRIA COMPENSACION DE LA CONTRA PARTE EMPRESARIA.LAS MULTINACIONALES SOLO QUIEREN LA TIERRA,LA MINERIA,EL AGUA,EL LITIO ETC, ETC
    NO A NOSOTROS, NI UN TANTITO ASI

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