Contra el reformismo. Parlamentarismo

Luego de octubre, se vienen una reforma laboral y otra previsional. Obviamente, ninguna será favorable a nosotros. La pregunta, entonces, surge inmediatamente entre todos los que estamos ubicados en el campo de la clase obrera: ¿dónde la enfrentamos? ¿En el Parlamento o en las calles? Algunos dirán sin sonrojarse que solo “con más diputados de izquierda” podremos vencer el ajuste y la ofensiva. Permítanos dudar.

Otro hecho reciente puso sobre la mesa el lugar del Parlamento en la política argentina: el asunto De Vido copó las agendas televisivas. El PRO argumentó la “inhabilidad moral” de ese personaje nefasto, probado chorro y asesino de obreros, para expulsarlo sumariamente del Congreso, lo que podría haber desatado –contra los intereses de Carrió y compañía– un Lava Jato argentino que se llevara puesto a acusados y acusadores, ambos igual de corruptos. Los que se opusieron (FPV y FIT) hablaron de un supuesto cercenamiento de los “derechos democráticos”, argumentando que la maniobra comprometía la integridad de los fueros parlamentarios, supuestos garantes de la “libertad de opinión política” en el Congreso.

Son dos puntos que marcan una línea: la de aquellos que suponen que el Congreso es un recinto de libre debate político y, por lo tanto, espacio adecuado para mejorar la sociedad en la que vivimos. Algunos lo asumen abiertamente, otros de forma tímida o vergonzante. Pero no importan los motivos ni el grado de adhesión, la línea allí está.

Seamos claros: el Congreso es una institución burguesa. El régimen político argentino actual es democrático (ya lo vimos en ediciones anteriores) y republicano. Esto último significa que en las alturas tiende a “dispersar” un poco el poder, contando con “representantes del pueblo” que “debaten y legislan”. Pero eso no significa que el Congreso sea un espacio donde confluyen “libremente” los intereses de los electores. Como buena institución burguesa, allí se ejerce una censura sobre las posiciones de la izquierda revolucionaria y los intereses reales de la clase obrera. Es un campo donde dominan claramente los partidos capitalistas, que acuerdan leyes contra los trabajadores, incluso al borde de las asociaciones ilícitas. Para peor, cuando los legisladores tienen que pagar algún costo (porque nunca pagan todo lo que tienen que pagar) por alguna tramoya del pasado, allí estarán los “fueros”, verdaderos privilegios de clase para esquivar cualquier complicación.

El asunto es más claro si pensamos en la distancia que hay entre las promesas de campaña de cara a una elección y los espacios donde se toman las decisiones reales (como el Congreso y sus “rosqueos”). Solo así podemos entender que todas las polarizaciones electorales entre candidatos patronales son falsas: todos ellos están del lado de los capitalistas. Consideremos, por ejemplo, los acuerdos parlamentarios entre kirchneristas y macristas: gracias a ellos, se votaron presupuestos y leyes de ajuste, la reforma de la ART del 2013, la entrega de espacios del sur de la Ciudad, leyes represivas…

Es cierto, sin embargo, que en el Congreso –como en toda institución- pueden filtrarse ideas “peligrosas”, ya sea por medio de proyectos de leyes que beneficien a los trabajadores, o por el aprovechamiento de tribunas políticas que permitan proclamar las ideas del Socialismo o llamar a la movilización y denunciar a todos los partidos patronales. Pensemos solamente en cuánta proyección mediática obtuvieron recientemente los diputados de izquierda y todo lo que podría hacerse con ella.

A su vez, desde las bancadas pueden armarse comisiones independientes para investigar los chanchullos del Estado. Tomando la investigación del caso Maldonado en nuestras manos, podríamos revelar toda la trama política que se oculta tras su desaparición. O si investigáramos el caso De Vido podríamos destapar la olla de la corrupción, en la que están metidos todos los partidos burgueses. De este modo, el Congreso permitiría potenciar la lucha principal, la que llevamos en las calles. Allí, donde se encuentra la salida real a nuestros problemas, en el enfrentamiento revolucionario contra el Estado capitalista.

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