Contra el reformismo. Neoliberalismo

El discurso es conocido. Cristina se vanagloriaba de la “justicia social”, la “expansión del consumo”, el “pleno empleo” y la intervención del Estado, mientras Macri era acusado de “rata liberal” que quería volver a los ’90. Así, Cristina y Perón son los buenos de la película. Macri, Martínez de Hoz, Menem, los malos. El primero es el capitalismo “bueno”. El segundo, el capitalismo feroz, que ajusta, que achica el Estado, que despide, que destruye. Así, el problema no es el capitalismo, sino solamente una de sus “formas”: el neoliberalismo.

Ya puesto de este modo, podríamos discutir muchísimas cuestiones. Pero comencemos por lo más importante: no existen “modelos” buenos y malos. El sistema social -el capitalismo- es siempre el mismo y se basa en la explotación de la clase obrera. Es su propio funcionamiento el que lleva a la crisis y a la degradación de nuestras vidas. En todo caso, liberalismo, keynesianismo, neoliberalismo son expresiones ideológicas y políticas de momentos históricos puntuales del mismo sistema. Y muchas veces caricaturizados.

Pero no nos quedemos en este asunto. En esta ocasión, sería interesante plantear otro problema: ¿puede la Argentina tener un “modelo neoliberal”, si lo entendemos como un “retiro del Estado”? La respuesta es no. Ni siquiera podemos decir que el Plan de Martínez de Hoz lo haya sido.

Expliquemos por qué. La Argentina es un país muy retrasado en la competencia mundial. Por caso, una sola planta automotriz en Japón produce lo mismo que once terminales acá. Es un capitalismo chico, de baja acumulación. En un contexto así, incluso los capitalistas más concentrados necesitan que el Estado les dé plata (subsidios, protección, etc.). Al contrario, cualquier esquema sin intervención estatal, se fundirían todos los burgueses industriales, incluso a los más grandes.

Tenemos ejemplos: los grandes industriales nucleados en el Concejo Empresarios Argentina en los ’70 (que integraban empresas como Acindar o Techint), influyeron fuertemente sobre la dictadura de Videla. ¿Para liberar todas las trabas del Estado? Al contrario: para pedir más subsidios y protección, pero para ellos. ¿Y esa plata de dónde salía? Fundamentalmente de la renta agraria o de la deuda. Así, entonces, cuando avanzó el ajuste, recayó sobre los burgueses más chicos (más ineficientes y explotadores) y la clase obrera. De hecho, los berrinches “antineoliberales” tienen su origen en ese sector pequeño-mediano empresario, tan acostumbrado a perder en la competencia capitalista.

De hecho, el plan de Martínez de Hoz incluía inversiones en obras de infraestructura (rutas, autopistas, estadios) que beneficiaba a las grandes constructoras y a sus proveedores (cemento, acero). A la vez, mantuvo la promoción industrial en sectores “estratégicos” como siderurgia, cemento, petroquímica, papel, alimentos y bebidas. Imaginará ya el lector que hay mucho de mentira en eso de la “desindustrialización”, pero lo explicaremos en otro momento.

En definitiva, el capitalismo argentino impide una verdadera salida “neoliberal”. Si así fuera, se destruirían fracciones enteras de la burguesía, quedando en pie casi únicamente “el campo”. Hoy Macri debe hacer uso del Estado para darle un impulso a este capitalismo. Y él lo sabe. De hecho, eso le ha valido críticas de los sectores más liberales (Espert). En estas condiciones, con un capitalismo chico y poco competitivo, más que nunca las patronales querrán abaratarnos. El resultado ya lo adivinamos, porque es siempre el mismo fracaso: más miseria y explotación. Y sin ningún neoliberalismo de por medio. 100% capitalismo.

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