Construyendo la explotación

Por Emiliano Mussi – Desde la devaluación que declaró el entonces gobierno Duhalde en el verano del 2002, es indudable que la economía Argentina pegó un salto importante. En estos años, la actividad de la construcción se convirtió en uno de los pilares fundamentales de esa recuperación.1 Es cierto que el hecho de que la construcción tenga un peso importante en la economía, no es sólo atribuible a los últimos cinco años. En general, la inversión en este sector representó un 50% de la inversión anual total del país. Sin embargo, a partir de la devaluación, su participación tendió a incrementarse en un 26% (aproximadamente), alcanzando el nivel más alto en 26 años.2 Ya a mediados del 2005 llegó al punto más alto de los ´90, y desde entonces continúa superando sus propios récords. Estos niveles sobre los cuales evolucionó la construcción no han de extrañarnos cuando observamos el reclamo de vecinos en pos de una planificación adecuada sobre la construcción de megatorres3, la realización de congresos donde se denuncian los aumentos de los desalojos para continuar con la especulación inmobiliaria o que hasta incluso las Madres de Plaza de Mayo tengan su propia empresa constructora.4 Es necesario, por lo tanto, ver más de cerca las bases sobre las que descansa este boom.

Devaluación y crecimiento

Toda esa masa de dinero que se invierte, se ve reflejada en el crecimiento del ISAC5, índice que muestra la evolución del sector según el comportamiento de la demanda de un conjunto de insumos representativos. Este índice es el método adoptado por las cuentas nacionales para medir el nivel de actividad de la construcción. Muestra también una curva ascendente bastante pronunciada a partir del 2002, siendo a mediados del 2005 cuando recupera los niveles de 1998, el punto más alto de la década de los ´90. A partir de entonces se superó de manera sorprendente, situándose en este momento alrededor de 20 puntos por encima de aquellos valores.6

Debemos mencionar también que este sector es un verdadero trampolín para el surgimiento de nuevos capitales: sólo entre agosto del 2005 y agosto del 2006 la cantidad de empresas en actividad creció un 22,4% hasta llegar a 18.392. Otro dato importante es la cantidad de mano de obra que emplea. En el primer trimestre del 2007 había 387.742 trabajadores en relación de dependencia, siendo un máximo en la serie histórica, con alrededor de 103 mil puestos más que en 1998.7 Esto vuelve a la construcción también uno de los pilares de la generación de empleo en la era K. Hay una brecha muy grande entre la cantidad de trabajadores que emplea este sector y otros, como la industria del call center, que emplea 50.000, que a su vez es más del doble que la industria automotriz.8

Con respecto a las obras, podemos decir que están centralizadas en Buenos Aires, Rosario y Córdoba. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, los lugares más buscados son Belgrano, Palermo, Caballito y Puerto Madero, donde se ubica el 60% de las nuevas obras. El boom se encuentra circunscrito a lugares de mayores ingresos y destinado a un sector de la población que no requeriría de crédito hipotecario como condición necesaria para poder para comprar.9 En enero de 2006, de un total de 1.765 permisos de construcción, un 46% se destinó a viviendas “suntuosas” y otro 10% a “lujosas”, según categorías del gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.10 Este punto es importante de tener en cuenta, dado lo curioso del fenómeno, que desafía a la regla de que la construcción sube cuando hay crédito. Si bien en el resto del mundo se está dando un auge similar, aquí no hay créditos hipotecarios para sostener este crecimiento.11 Entonces ¿sobre que se apoya este despegue de la construcción?

Los perdedores de siempre

Hay diferentes puntos a tener en cuenta para entender qué impulsó este boom. La devaluación fue uno de ellos. A partir de ésta, el techo de costos se multiplicó en pesos súbitamente. En adelante, los insumos le fueron siguiendo el rastro, aumentando de manera gradual. Sin embargo, este reajuste no fue inmediato, sino que continua hasta hoy. En este proceso hay un insumo clave para la actividad que evolucionó de manera particularmente lenta: la mano de obra.

Si tomamos el Índice de Costos a la Construcción (ICC) observamos que si bien el costo de mano de obra vino incrementándose desde la devaluación, éste no sólo no llegó a compensar el 3 a 1, sino que lo hizo por detrás del resto del resto de los costos en materiales. Mientras que desde el 2002 hasta la fecha, el costo de los materiales trepó a un 293%, acortando de manera crítica la brecha generada por la devaluación, la mano de obra lo hizo sólo en un 265%. La menor velocidad con que vino ajustándose el costo salarial es una cuestión de suma importancia, dado que la mano de obra representa casi la mitad de los costos, un 45,6% del total necesario para construir. Sobre este punto es necesario detenernos para hacer una aclaración de suma importancia. Los datos del ICC, que elabora INDEC, sólo toman en consideración a los trabajadores en blanco. Lo cual no constituye una muestra verdaderamente representativa del problema, dado que los trabajadores en negro representan el 66% de la dotación total de la fuerza de trabajo de la construcción. Esto agrava aun más el cuadro de situación. Así, en perfecta consonancia con la mayoría de las industrias que se vieron renacer durante los últimos cinco años, el abaratamiento salarial, junto con la precariedad laboral, constituye uno de los pilares de la construcción K.


Notas

1“PyMEs al día”, Fundación Banco Credicoop, Nº35 02-02-2007.
2La Nación, 16/3/07.
3Véase Villanova, Nicolás “Altos desencantos, grandes derrumbes”, en El Aromo, nº35, mayo/junio de 2007.
4Aranda Gamboa, Horacio, Veintitrés, 16 de agosto de 2007.
5Índice Sintético de la Actividad de la Construcción.
6Indec, julio de 2007.
77/2007 Mecon.
8Robles, Nadia, “Industria Golondrina”, en El Aromo, nº38, septiembre/octubre de 2007.
9Pontoni, Alberto, Coppari, Azul, Reporte del Club Macro, septiembre de 2005.
10Página/12, 29-03-2006.
11Reporte Club Macro.

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