Bandera Roja: Construyamos nuestra propia universidad

A fines del año pasado el PRO dio a conocer su proyecto para la creación de una universidad de formación docente, la UniCABA. Esta unifcaría los institutos de formación docente de CABA bajo una misma unidad académica y administrativa. Este proyecto, se supone, viene a jerarquizar el título docente, elevándolo del nivel terciario al universitario. En principio, ese criterio es progresivo ya que revaloriza el título de maestros y profesores. En consecuencia, el problema no está aquí y cualquier oposición frontal que no recoja el guante va a pasar como retrógrada. La formación docente necesita una transformación.

Sin embargo, el gobierno se prepara para una maniobra como las que nos tiene acostumbrados: cambiar algo para que no cambie nada, todo siga igual pero en sus manos. Digitar el proceso desde arriba eligiendo a las autoridades para que le respondan y armando planes de estudio a su gusto. En concreto, esto signifca la continuidad de la degradación: este proyecto se enmarca en el Plan Maestro y la Secundaria del Futuro, que avanzan en la reducción de contenidos que ya venía llevando adelante el kirchnerismo. El problema con el proyecto, entonces, no pasa por el “privatismo”.

Pese a ello, la respuesta de la “comunidad” de los profesorados ha sido un simple rechazo. Sin ofrecer ninguna alternativa, se termina por idealizar la situación actual y se niega la necesidad de su transformación urgente.

Buena parte de la oposición proviene del personal kirchnerista que no quiere ser desplazado. Este personal conforma una camarilla que sostiene un sistema clientelar dentro de los profesorados. Sin embargo, tarde o temprano terminarán arreglando su situación. Por eso, no hay que aceptar la dirección K del proceso de lucha ni su programa: nos van a entregar.

Además, las organizaciones que están dirigiendo el reclamo contra la UniCABA, no están discutiendo ni los planes de estudio ni el régimen docente ni la forma de gobierno. Por ejemplo, el régimen de gobierno de la nueva institución reproducirá, con suerte, el mismo que rige en los profesorados y las universidades públicas del país, esto es, un sistema de gobierno antidemocrático en el cual el voto de una camarilla de profesores vale más que la gran masa de estudiantes. Defender la situación actual, es defender también este tipo de gobierno. 

En relación a los profesores, si bien el proyecto asegura una dudosa continuidad laboral del personal, no dice nada del régimen docente. No se dice, por ejemplo, si estos cobrarán por hora cátedra o por dedicación. 

Los rectores coordinaron una acción conjunta que no responde a una preocupación por la formación de los estudiantes y futuros docentes. Ni siquiera de la defensa del sistema público, porque se han unido al sector privado contra la creación de una universidad pública. Y se han unido con lo peor del sistema educativo nacional, con la Iglesia.

El sistema educativo argentino está en decadencia. Edifcios que se caen a pedazos, alumnos que no comprenden lo que leen o no saben hacer una regla de tres, baja tasa de graduación, planes de estudios pésimos. Por lo tanto, defender sin más a los profesorados así como están es defender esa debacle. Hace falta implementar reformas. Si rechazamos de lleno cualquier cambio, estamos dejando a Rodríguez Larreta la dirección del proceso. Debemos ser nosotros, los estudiantes y los docentes, los que lo dirijamos. Si ponemos nuestros problemas en nuestras manos lo que viene puede ser mejor.

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