Confesión de parte

Fabián Harari

Laboratorio de Análisis Político – CEICS

Entre la picardía y la ignorancia, las compañeras del PTS han decidido utilizar un espacio que duplica el de nuestra reseña para no contestar.1 Hasta llegaron a trocar el sentido del título para no tener que responder a la acusación a la que aludía. Como contrapartida, proponen un debate sobre ejes que no son los que plantea nuestra crítica, pero sobre los que, al parecer, creen sentirse más sólidas. Podemos discutir lo que quieran, pero antes vamos a recordarles aquello que “olvidaron” responder. Si el olvido expresa un acuerdo, entonces que lo escriban y pasamos a otro tema.

Un silencio que ofende

Nuestras críticas pueden agruparse en tres ejes. En primer lugar, el reemplazo de las categorías marxistas (científicas) por aquellas propias del conocimiento burgués. La segunda, metodológica: la escasa pertinencia de la encuesta que constituye el centro de la investigación. La tercera, la ausencia del problema de la intervención política, que deriva en una reivindicación, más o menos solapada, del autonomismo. Esta carencia se acentúa por el silenciamiento de la acción de los partidos políticos de izquierda, a excepción del PTS, lo que constituye una actitud mezquina y, francamente, infantil. De allí, el título “Juntando porotos”. El trabajo del PTS se inicia, como corresponde, con el intento de delimitar y definir aquello que va a analizarse. Escrito por el director del proyecto, Christian Castillo, es el artículo con mayores deficiencias. En un intento de explicar las determinaciones estructurales, reemplaza a Marx por… Ricardo Antúnes. Las categorías marxistas de manufactura, manufactura moderna y gran industria son reemplazadas por “fordismo” y “taylorismo”. Habría obreros “manuales y fabriles” a la vez. Los conceptos de trabajo productivo e improductivo son reemplazados por la “teoría” de los sectores (primario, secundario y, la mayor de las tonterías y base de las ideologías post-industriales, “servicios”). La contradicción principal del capitalismo sería la que enfrenta al “salario” con la “ganancia” (una verdadera atrocidad). La conciencia es reemplazada por “identidades” y “representaciones”. Lógicamente y para rematar, la crisis orgánica abierta en 2001 resultó ser una “crisis de legitimidad”. Si uno quiere investigar la conciencia de una de las fracciones de la clase obrera, debe especificar a qué se refiere con conciencia, a qué con clase obrera y a cómo determina sus fracciones. El problema es la introducción demuestra que no se sabe qué es lo que se va a estudiar.

“¡Que las bases decidan!”

Nuestra segunda crítica se refería a la validez de la encuesta. Para analizar la conciencia es necesario, antes que nada, examinar lo que los trabajadores hacen. Una encuesta que pregunte las cosas más variadas va a dar un resultado necesariamente contradictorio. Las compañeras del PTS han “descubierto” el Mediterráneo: hasta mucho tiempo después de la revolución, los obreros, sobre todo los menos comprometidos en la acción, seguirán teniendo, mayoritariamente, una conciencia atrasada en relación a los hechos. De allí que el grado de conciencia de una clase se mide por la vanguardia que supo construir. El PTS no investiga las acciones, los enfrentamientos, los pronunciamientos o las disputas políticas en el seno de los trabajadores. Por lo tanto, el trabajo carece de relevancia explicativa para lo que se propone. Salvo que sólo importen las “representaciones”, es decir, que haya elegido un marco posmoderno de análisis. Por otra parte, los resultados de la encuesta sólo abarcan el año 2004, por lo que no puede describir un proceso. No sabemos cuál es la tendencia predominante en esa mezcla contradictoria que las compañeras encuentran. Una comparación con los años ’90, cuando la masa de los obreros votaba al menemismo, tal vez mostraría un cuadro menos pesimista que el que deja como resultado el libro criticado. La conciencia no puede estudiarse en abstracción del proceso histórico y un análisis por “encuestas” no sirve para una cosa tal. Hay mejores indicadores, como a quién votan en las elecciones internas de su gremio… Por último, leyeron mal la cita de Marx, al menos la parte que transcriben, en un intento inútil de ampararse en las autoridades. Marx señala allí que ni el Estado burgués ni la burguesía confesarán nunca las atrocidades a las que somete a la clase obrera y llama, a las organizaciones obreras, desde las reformistas a las revolucionarias, a estudiar las condiciones materiales de existencia de la clase obrera, no a un estudio sobre la “conciencia”.

Una reivindicación (mezquina) del autonomismo

El PTS nada dice de nuestro argumento central, la ausencia del partido como factor conciente. En ningún lugar de la encuesta se pregunta por los partidos de izquierda. Una forma bastante sencilla, pero muy relevante, hubiera sido examinar la militancia de los compañeros del cuerpo de delegados.2 Como mucho, en el recuento de las luchas no se incluye a otros partidos que no sean el PTS. Ese planteo de Viejo Ucha desemboca en el populismo autonomista más ramplón: en la encuesta se alude a la “autodefinición política” de los trabajadores, como si la ideología burguesa no existiera y como si la “toma de conciencia” fuera un proceso que no requiriera de intervención partidaria. Entonces, los obreros pueden evolucionar solos y no necesitan de los partidos. Según Collado y Varela las transformaciones en la conciencia de los trabajadores de subte surgen “a partir de la combinación del retroceso ocurrido durante la década del ’90 con las nuevas aspiraciones, expectativas y conclusiones sacadas en las experiencias más recientes”.3 Ni una palabra sobre la acción de las organizaciones políticas que tuvieron un papel destacado en esas experiencias. Aquí está la clave del asunto: no se trata de un trabajo científico sino de un texto de mala propaganda. Mala, porque la buena presupone la ciencia. Incluir a los demás partidos hubiera resultado contraproducente para el objetivo del libro: demostrar que en el universo están sólo los trabajadores… y el PTS. Y tener que reconocer que las “nuevas aspiraciones” brotadas de las “experiencias más recientes” tienen su origen en … el PO (o el MST, o el PCR, o en cualquier otro partido de izquierda). Es incluso un insulto a los propios militantes del PTS, a quienes no se les reconoce ningún papel activo en dicha transformación… El PTS dice que “la burocracia representa una fracción de la clase obrera que conforma intereses propios”. En primer lugar, ni Moyano ni los “Gordos” son obreros, en términos materiales. En segundo, si la burocracia es una “fracción” (y no una “capa”) y tiene “intereses propios”, entonces es una clase social. Burocracia, es el nombre de fantasía -una categoría histórica, no científica- con el que se suele aludir al personal político que responde a los intereses de la burguesía en el plano sindical. Su uso, en sí mismo, no tiene nada de malo, siempre que se lo haga en el sentido correcto. El problema con el uso que el PTS le da es que reemplaza la cuestión del método por la del programa y promueve una condena a la profesionalización de los cuadros de la clase obrera. Cualquier delegado debe asumir funciones intelectuales que lo alejan del trabajo diario. En cierto sentido, se vuelve un “burócrata” y es muy saludable que lo sea. Si no, sus representados estarán en inferioridad de condiciones frente a un enemigo que tiene una caterva de abogados, contadores e ingenieros a su servicio. El problema es el programa de ese “burócrata”. Hay que explicarle a los compañeros que Moyano no es un enemigo porque es autoritario o burócrata, sino porque defiende a la burguesía.

Antipiqueteros

Una última cuestión sobre nuestro “piqueterismo”. En primer lugar, es falso que no hayamos prestado atención a la clase obrera ocupada. Basta repasar nuestros seis años de existencia.4 En segundo lugar, cuando nos referimos al término piquetero hacemos alusión a la fracción más dinámica de la clase obrera argentina, aquella que ha optado por una estrategia revolucionaria. Es lo mismo que cuando se habla de los “bolcheviques”: se hace alusión a una figura de fantasía que se constituyó en el nombre histórico correspondiente a la categoría analítica “obrero revolucionario”. Salvo que el PTS vaya a acusar a Lenin y Trotsky de construir “un nuevo sujeto social”, utilizar un nombre de fantasía no tiene nada de malo, siempre que se entienda correctamente su contenido. Ya lo hemos explicado muchas veces, pero el PTS se caracteriza por su autismo teórico: el movimiento piquetero no puede reducirse a la fracción desocupada. Los docentes, por ejemplo, también son piqueteros. El desarrollo de una acción independiente, y de envergadura, de la clase obrera puede datarse desde fines de los ’90, especialmente en la fracción desocupada. El asunto de fondo es que el PTS no considera obreros a los desocupados. El PTS toma una frase suelta del libro La plaza es nuestra, donde decimos que la masa de obreros de la economía privada sólo se hará presente en la vanguardia por una “licuación de salarios por hiperinflación”. Así, señalan que “Las luchas por salario y condiciones de trabajo llevadas adelante por obreros ocupados (en los servicios privatizados especialmente, pero también en la industria y en los docentes y estatales) se hicieron presentes sin hiperinflación”. Deducen, de ello, nuestra subestimación de la fracción ocupada de la clase obrera. En primer lugar, lo que ha acontecido es que los obreros ocupados han tomado los métodos piqueteros. Las huelgas se complementan con cortes de calle o de rutas. Es decir, asistimos a una “piqueterización” de la clase obrera ocupada. No se trata de la desaparición del movimiento piquetero, sino, por el contrario, de su desarrollo en otras fracciones. Este proceso está detallado en el libro, era cuestión de que las compañeras lo leyeran todo.5 En segundo lugar, la tendencia marca una relación entre la inflación, la licuación del salario y la conflictividad. La inflación galopante constituye uno de los aspectos de una crisis reprimida. Para el PTS, la inflación no existe. ¿Qué determina, entonces, las huelgas? ¿Alguna conciencia de clase inmanente? En tercer lugar, en la frase nos referimos a los obreros de empresas privadas. Efectivamente, las fracciones más dinámicas, por cantidad de conflictos y por profundidad de los mismos, son las del sector público (docentes y estatales), que ya estaban presentes en el Argentinazo y en el movimiento piquetero. En Santa Cruz, por ejemplo, se llevaron puestos dos gobernadores. Los conflictos de los trabajadores de las empresas privadas no han logrado una envergadura política y se hallan por detrás de los estatales. En medio del desarrollo de una inflación galopante, podemos esperar una mayor radicalización. Una hiperinflación los colocaría en la vanguardia de la clase. Esa es la razón por la que el gobierno vive aterrorizado por la inflación. Mientras tanto, las acciones de los obreros ocupados en la economía privada no pasan de la acción sindical, tipo de acción que difícilmente pueda considerarse “de vanguardia”, salvo que el PTS esté dispuesto a reconocerle a Moyano semejante lugar por sus bloqueos a supermercados. El PTS confunde acción sindical con lucha política, al igualar huelgas por reivindicaciones salariales con insurrecciones. Le falta mucho a la clase obrera ocupada en el sector industrial para alcanzar a sus compañeros de los años ’70 y a los desocupados y estatales del Argentinazo. Esta confusión elemental entre formas de acción cualitativamente distintas demuestra por qué el PTS no pudo crecer sustantivamente en un contexto en el que hasta el PC lo hizo. Para peor, allí donde la clase obrera ha dado saltos cualitativos en su conciencia, como en el subte, el PTS no ve más que “contradicciones”. El PTS debería realizar un serio balance de lo actuado en el período que va del 2000 al 2003. En esos años, la clase obrera conformó una organización política a nivel nacional sin parangón en nuestra historia: la Asamblea Nacional de Trabajadores Ocupados y Desocupados. El PTS prohibió a sus trabajadores la asistencia y, por lo tanto, los privó de debatir los temas nacionales. Se situaron a la derecha de toda la izquierda e hicieron causa común con los MTD. A favor de estos, sin embargo, debe decirse que jugaron un papel más activo y, por lo tanto, más digno. El movimiento piquetero (que incluye a los obreros de Zanón y Brukman que, dicho sea de paso, formaban parte del mundo de los desocupados y del movimiento piquetero a pesar del PTS) fue el que provocó la caída de De la Rúa. Ese movimiento agregó dos efemérides a la lucha de la clase obrera en la Argentina, las únicas que aluden a la revolución: el 20 de diciembre y el 26 de junio. Las acciones aislacionistas del PTS son solidarias con su trabajo: expresan a una organización cuya única razón de ser es su propia reproducción, independientemente del devenir de la lucha de clases. Prefirieron mantenerse al margen de un proceso histórico para no acompañar una experiencia comenzada por otra organización. De la misma forma, prefieren reivindicar el autonomismo a examinar la acción de los partidos rivales en el subte, no sea que alguno haya desenvuelto una política correcta. Es el temor a su propia disolución lo que acentúa su comportamiento mezquino.

Notas

1 Nos referimos al artículo firmado por Adriana Collado y Paula Varela: “Entre las legumbres y la revolución. Sobre la crítica de ryr”, en http://www.pts.org.ar/spip. php?article8880.

2 Véase Ponce, Santiago: “La línea R”, en el suplemento Algo Para Leer, El Aromo nº 39, noviembre/diciembre de 2007.

3 Véase Collado y Varela, op. cit.

4 Sólo en El Aromo hemos publicado más de 60 artículos dedicados a la clase obrera ocupada privada. Nuestra editorial ha editado cuatro libros sobre la lucha de la clase obrera, tres sobre los obreros ocupados y los procesos de trabajo, más uno en camino sobre la historia completa de una fracción de la clase obrera ocupada, la rural. La clase obrera ocupada figura hasta en nuestros libros de arte y literatura. Ni qué hablar de la decena de artículos largos sobre el mismo tema publicados en Razón y Revolución. La afirmación del PTS raya el ridículo cuando se recuerda que el mismo libro que critican se dedica al análisis de la lucha de la clase obrera a lo largo de todo el siglo XX.

5 “El renacimiento del ‘piqueterismo’ en el movimiento obrero ocupado ha creado un espacio para el crecimiento de la izquierda en su interior”, Sartelli, Eduardo: La plaza es nuestra, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2006, p. 195.

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