Conceptos básicos: Explotación

 

martillo-y-clavo“En el trabajo me explotan” es una frase común que escuchamos todo el tiempo. Usualmente es asociada a aquellos trabajadores afectados a largas y cansadoras jornadas, en las que los ritmos de trabajo resultan muy intensos. Ni hablar si ese combo es acompañado por un salario bajo y pagado en malas condiciones, en negro, sin cargas sociales y hasta fuera de término. Sin embargo, todos los trabajadores, aun cuando se encuentran en diferentes situaciones laborales, tienen algo en común. Es decir, los que están en blanco como los que están en negro, los que llegan a fin de mes como los que necesitan de un plan para sobrevivir, los que pueden tener unas pequeñas vacaciones como los que no, los que trabajan 6 hs como los que lo hacen más de 12, los que deben pagar ganancias como los que viven al borde de la pobreza, en resumen, todos los trabajadores tienen un denominador común: todos son explotados. Algunos más que otros, pero explotados al fin. ¿Eso quiere decir que un colectivero, un telemarketer, un obrero de fábrica, una trabajadora textil, un cartonero son todos parte de una misma clase social? Sí. Y eso es lo que vamos a explicar acá.

Para empezar, tenemos que entender una primera cuestión. La sociedad capitalista tiene una base fundamental: la propiedad privada está en manos de unos pocos, que para colmo, son cada vez menos. Así, mientras un pequeño número de gente es propietaria de empresas, fábricas, tierras –también llamados medios de producción y de vida-, la gran mayoría de la población sólo puede tener lo que llamamos fuerza de trabajo. ¿Qué es la fuerza de trabajo? Es la capacidad física y psíquica de trabajar. Esa fuerza de trabajo además tiene un valor: el valor de todo lo que el obrero y su familia necesitan para vivir. Eso paga –o debería pagar- el salario.

Ahora bien, los dueños de esos medios de producción contratan a dichos trabajadores por un tiempo de trabajo (algunos más largos que otros), en el cual los hará producir todo lo posible. Eso que el trabajador produce equivale a un valor mayor que el valor del salario. La diferencia entre un valor y otro es lo que llamamos plusvalía. Todos los trabajadores mencionados tienen entonces este elemento común: producen plusvalía. Es decir, entregan gratis a los patrones todos los días, en cada hora, en cada minuto de trabajo, una parte del trabajo que realizan. Esa plusvalía será propiedad del patrón y de ahí vendrá la ganancia. Cada vez que el capitalista invierte su ganancia, por ejemplo, para hacer crecer su empresa, está invirtiendo el trabajo gratuito que extrajo a cada uno de sus obreros. Es decir, su capital crece mediante esa extracción de trabajo gratuito. Un sistema que funciona de esta manera, el capitalismo, posee dos clases básicas: aquellos que llamamos “patrones”, “empresarios”, “capitalistas” (la burguesía) y los que acostumbramos denominar “empleados”, “trabajadores” u “obreros” (el proletariado).

La consecuencia lógica es clara: unos se enriquecen mientras la mayoría percibe un salario que apenas alcanzará para vivir con lo justo. Así, mientras el trabajador del Subte tiene que alquilar un departamento donde vivir -o como mucho, ahorrar para comprar una casa a pagar en muchos años-, los Roggio, concesionarios de Metrovías, vivirán en un country cercado y apartado de la ciudad. Mientras el obrero de Mercedes Benz tiene que levantarse temprano para llegar puntual a su puesto laboral y no perder el presentismo (así es explotado el mayor tiempo posible), el gerente de la automotriz tendrá una vida cómoda, con uno, dos, incluso tres autos, viajes de negocios y placer. Mientras el joven empleado de Mc Donald’s se desloma con ritmos intensos de trabajo, en los que está obligado a hacer más hamburguesas en menos tiempo, el gerente de la multinacional guardará sus riquezas en un paraíso fiscal. Mientras los obreros de la construcción ponen todos los días su vida en riesgo en lo que es uno de los trabajos con mayores accidentes laborales, los López de este país entierran plata en conventos…

Los defensores de este tipo de sociedad tendrán un montón de argumentos (o mentiras) para poner sobre la mesa. Uno de ellos será que “nadie te obliga a trabajar para tal o cual empresa, así que no te quejes”. Ideas de ese tipo existen desde hace largo tiempo. La sociedad capitalista, desde el siglo XIX, señala que todos somos “iguales” y “libres” ante la ley. Pero lo que la ley no dice es que esa igualdad, en realidad, esconde la desigualdad entre obreros y capitalistas. Y no sólo eso. Tampoco somos plenamente “libres”. Los obreros necesitamos trabajar porque necesitamos sobrevivir. La amenaza real de quedarnos en la calle  y morir de hambre nos impone la obligación de entrar en ese tipo de relaciones, incluso cuando nos sentimos a gusto con un trabajo por considerarlo oportuno o agradable. Eso se llama coacción económica: o trabajás para otro o te morís, así de sencillo. El patrón no te va a pegar con un látigo para que trabajes. El que te va a pegar será tu propio estómago. Y el de tus hijos.

En resumen, el capitalismo se basa en la explotación. A su vez, la explotación da origen a dos clases sociales básicas. Incluso el obrero mejor pago es un explotado: siempre está produciendo un excedente de trabajo que va a parar, gratis, al capitalista. Con el tiempo, éste se hace cada vez más rico y los pobres, más pobres.

3 Responses

  1. carlos dice:

    Muy didáctica y teórica-practica la explicación, para así cualquier persona trabajadora o de familia de trabajador puede comprender y no solo sacar conclusiones, sino comenzar a debatir, argumentar, estudiar, analizar. La realidad no es tan compleja como el sistema capitalista trata de hacer creer, sino sencillo, lo que sucede es que nos embotan tanto la cabeza de mentiras, engaños, explicaciones que nadie entiende -ni siquiera el que lo explica- que no se puede abordar, acercarse o comprender la realidad en que vivimos: una realidad que hace la vida una injusticia de todos los días, llena de explotación, sufrimiento, dolor, angustia, y a la vez todo esto se puede prevenir y curar si comprendemos el mafioso sistema capitalista. Pero hay quienes se ocupan todos los días que la realidad no se sepa, o se sepa a medias y a medias: mentiras, manipulaciones, engaños, embotamientos, y quienes nos producen esto son los dueños de los medios de producción, el “capital” que no deja de mutar para poder poner cada día un cuento nuevo. Lo triste -también- de ésto es que la disciplina o ciencia -si se puede hoy llamar ciencia- de la psicología, está más cerca de tratar de paranoia cuando uno señala a los dueños del poder capitalista y acusarlos, lo justifican diciendo que eso es un invento o que el problema está en el individuo o familia, nunca se interroga desde la psicología el porque de estas cosas. Por estas razones y muchas otras es necesario que la psicología deje de ser una herramienta del poder capitalista, ya sea por acción u omisión, por intención o negación, por justificar o desviar la mirada de la realidad, dado que no se puede comprender la realidad sino se comprende el individuo en sociedad, es decir en que es una totalidad que termina afectando el estado de ánimo de las personas, su salud, el de sus familias, de toda una sociedad, y mientras más nos empecinemos en negarla, encubrirla y justificarla -sobre todo desde la psicología- más alejado estamos de poder generar un cambio en la salud mental de las clases trabajadoras y también de las clases dominantes, dado que no es sano tener muchísimo más de lo que se necesita mientras otros viven vidas totalmente miserables y a la vez se genera muerte entre otros fenómenos sociales que podemos conversar en otro momento.
    Por estas cuestiones es necesario y menester un cambio en la psicología para comprender el individuo en la sociedad capitalista y así generar un cambio en la sociedad, liberando al individuo de las ataduras que el sistema -enfermo- capitalista ha generado en la salud mental de los trabajadores y también en la salud mental de los que mantienen el capital. Es una tarea pendiente de la psicología que es evaluar el grado de enfermedad o diagnosticar la mente del capitalista, su grado de enfermedad que lleva a crear un sistema criminal desde todo punto de vista, ya sea en salud mental, en salud, en el ecosistema, en la contaminación ambiental, en el sistema de salud, en el sistema educativo etc, etc. Justamente, en este último, que es la educacaión: que importante sería –y lo es- explicarle en al estudiante de escuela media como está distribuida la riqueza, los medios de producción en la Argentina y también en el mundo, esto tan sencillo es NEGADO, por todos los sistemas educativos que hemos llegado a conocer en nuestra lamentable, explotadora y triste historia.

    Carlos

  2. Gabriela dice:

    Muy buena explicación. Ahora me pregunto hay gente q está peor q el obrero explotado, el desocupado, el cuentapropista, el mendigo, y cada vez son más. Dónde los ubicamos, cómo los rescatamos, porque están fuera del barco

  3. Ismael dice:

    Muy buena la iniciativa, pero como que falta explicar mejor la teoría del valor trabajo, sus fundamentos filosóficos, lo que la distingue de la teoría de la utilidad marginal, etc.. Las personas tienen muy incorporado que el valor de cambio viene determinado por la utilidad, entonces hay que tomarse un tiempito más a explicarle eso.
    Saludos
    Ismael

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