Con Sileoni y Bullrich – Por Romina De Luca

 

romina de luca image 79De cómo el PTS defiende la destrucción de la educación de adultos y del Estatuto Docente

¿Qué se esconde detrás de las medias tintas? El PTS realizó en su revista Ideas de Izquierda un balance sobre el estado de situación del sistema educativo. Lea esta nota y verá lo que no se anima a decir.

Por Romina De Luca (GES – CEICS)

En el número 10 de su revista Ideas de Izquierda (IdZ) el Partido de los Trabajadores Socialistas (PTS) dedicó un dossier a presentar un balance sobre la política educativa kirchnerista. A lo largo de las seis páginas destinadas, recorren los principales puntos que explicarían el proceso que los Kirchner no lo­graron alterar: la decadencia de la escuela pública argentina iniciada durante la última dictadura militar. La “descentralización menemista”, su impacto presupuestario y el con­secuente desfinanciamiento del sis­tema aparece como el punto nodal de la explicación. Ello habría provo­cado una disgregación en las luchas de docentes, padres y estudiantes al desunir el sistema nacional. Ella ex­plicaría los déficits en infraestruc­tura, los bajos salarios docentes. Aspectos reforzados por la inter­vención K luego de la sanción de la Ley de Financiamiento Educativo. La injerencia del capital en materia educativa bajo el sistema de pasan­tías, la creciente privatización del sistema, el financiamiento estatal a la educación privada (en particular la confesional), la consolidación de una población Ni-Ni constituyen otros de los puntos analizados en el dossier como manifestaciones de la tendencia decadente acentuada en la etapa actual.

Celebramos la preocupación del dossier. Sin embargo, la generalidad del planteo redunda en una expli­cación superficial. Situación que se agrava por los planteos que el dos­sier prefiere silenciar. Veamos.

La banalización de las ideas

La mayor parte de los argumen­tos son desarrollados con un nivel de generalidad importante a partir del manoteo de datos de segunda mano. Artículos de diarios de tira­da nacional extraídos de Clarín, La Nación o Página 12, algún estudio elaborado por la CIPPEC (Cen­tro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Cre­cimiento), UNICEF o AFIP cons­tituyen el corpus documental sobre el que la nota apoya sus descripcio­nes. La generalidad lleva a afirmar verdades a medias. Es cierto que la descentralización de los años ’90 produjo un desfinanciamiento del sistema. Sin embargo, su impac­to excede el plano administrativo y material. La degradación del siste­ma se expresa también en la regio­nalización del currículum promo­vida por la descentralización, en la nueva estructura que se montó pa­ra el sistema, en los cambios en el régimen disciplinar en las escuelas, en los cambios en la concepción del rol del docente, en la organización del currículum, entre otros. Para comprender esos procesos hay que irse mucho más atrás en el tiem­po y superar el análisis superficial de las manifestaciones. ¿Sabrán los compañeros que Onganía no solo transfirió escuelas sino que enca­minó una reforma del sistema que conforma la prehistoria de la Ley Federal? ¿Sabrá que se encargó de hacer los más diversos diagnósti­cos sobre el sistema educativo exa­minando su rendimiento, el de los docentes y se propusieron toda una serie de reformas integrales del sis­tema educativo?

Algo similar ocurre cuando exa­minan la “privatización” educati­va bajo la era K o el presupuesto. Para comprender esos procesos, es necesario superar el análisis fugaz. Este solo da cuenta del crecimien­to de tal o cual indicador ligado al ciclo económico de corto plazo. Pa­ra establecer si el sistema educativo se privatiza resulta necesario exa­minar las tendencias históricas. Ya lo hemos señalado a propósito de la huelga docente: buena parte del crecimiento de la gestión privada en la era K (que es de 3% en el total del sistema, 5% en primaria, 4,1% en inicial, 6% en universidad y 2% en especial) se realiza hasta el 2008 y luego tiende a estancarse. Esa ex­pansión es esporádica y ya ha ocu­rrido en otros momentos históricos. Se va a desandar cuando se profun­dice la crisis económica. Cuando eso ocurra la crisis de la educa­ción pública se agravará. Además, un análisis serio de ese problema requiere cruzar los datos de ma­trícula con el crecimiento pobla­cional, incorporar la repitencia, ver cómo opera la deserción, un trabajo más complejo que sacar datos ais­lados de los diarios. Más que azu­zar el fantasma de la privatización deberían primero comprender el fenómeno.

La banalización preocupa cuando además se intenta hacer pasar ga­to por liebre. El dossier dedica un pequeño recuadro al Plan Fines. Allí, el PTS presenta como suyo un balance nuestro. Pero, de for­ma oportunista, omiten describir aspectos (también centrales) del plan y sacar las conclusiones lógicas de su (nuestra) propia descripción. Veamos.

El plagio en las medias tintas

El PTS presenta al plan Fines co­mo un método para inflar la esta­dística mediante la precarización educativa. Sostienen que condensa la política educativa K. ¿Por qué? Porque degrada, precariza y destru­ye la escuela pública. Denuncia su dictado en sedes como lugares no preparados para enseñar y apren­der. También el método clientelar y punteril que ello habilita. Al mis­mo tiempo, detalla que el Estado se desresponsabiliza de construir nue­vas escuelas al habilitar cualquier espacio como sede. Destacan que se construye una estructura paralela a la del Estado que compite con la es­cuela pública existente, en particu­lar con los CENS. Facilita y acelera la obtención de títulos a través de una cursada flexible que promueve una educación de baja calidad. Por ende, solo buscarían mejorar las es­tadísticas. Concluyen que se trata de las paradojas de la década K.

Llama la atención que los com­pañeros presenten como suya una posición nuestra. El que no pue­dan más que repetirla demuestra varias cosas. En primer lugar, lo acertado de nuestra posición acer­ca del Plan Fines II. En segundo lugar, a pesar de los ninguneos, la importancia de la tarea que Razón y Revolución realiza en materia de clarificación político-programática y de propaganda. No pretendemos derechos de copyright pero nos parece un acto de honestidad in­telectual elemental la debida cita. Al respecto recordamos, el balance que el PTS presenta como propio fue presentado por nosotros en: El Aromo nº 70 de enero-febrero de 2013, El Aromo nº 76 de enero-fe­brero de 2014. En El Aromo nº 77 de marzo abril de 2014 volvimos sobre ese punto y en El Aromo nº 78 de mayo-junio de 2014 dedica­mos un dossier completo. Por si los compañeros no leen nuestro perió­dico pero sí la prensa nacional, en el diario Clarín del 7 de abril de 2014 nos hacen una entrevista y una nota de opinión fue publicada en la web del mismo diario el 23/04/2014. Ni que hablar del debate nacional que le siguió, que incluyó respuesta del mismo Ministro Sileoni y réplicas cruzadas en radios y diarios, a par­tir del artículo que publicó Claudia Peiró en Infobae el día 14/4/2014, que incluía una entrevista nues­tra y dio lugar a otra serie de notas posteriores.1

Dejando de lado la discusión sobre el reconocimiento, hay un segundo punto que nos parece importan­te denunciar: el doble discurso. En primer lugar, los compañeros deci­den omitir en el artículo todos los aspectos que refieren a la precariza­ción docente. La devaluación de su rol al remplazarlos por “tutores”, su contratación por fuera del Estatu­to, la falta de estabilidad laboral, el cobro a destiempo, los salarios me­nores para esos trabajadores, entre otros. Lo hemos dicho, el Plan Fi­nes 2 habilita a la degradación de las condiciones de trabajo de todos los docentes a partir de la destruc­ción del Estatuto Docente. El PTS dispone de militantes en las Coor­dinadoras de Trabajadores Docen­tes del Fines y ha denunciado esa precarización. ¿Por qué no hacerlo en una revista dirigida a un público más amplio? Precisamente porque su crítica monta una fachada que lo habilita al oportunismo en el plano sindical. Por ello, el artículo no sa­ca las conclusiones lógicas del caso. Si Fines compone un programa que degrada el sistema de educación pública no hay que ser muy astutos para comprender que la consigna “no al plan Fines” se impone. El ar­tículo, entonces, debería analizar al Fines no como un recuadro ad hoc de la nota sino como un eje verte­brador. En el mismo sentido, debe­ría colocarse a la cabeza de las cam­pañas contra el plan. Una campaña que convoque al conjunto de la po­blación a decir “no al plan fines” “no a la degradación de la educa­ción”. No por casualidad, entonces, el PTS defendió el Plan Fines en la reunión preparatoria al Encuentro en defensa de la Educación de Adultos y contra la degradación de la educa­ción pública, convocado por noso­tros para desplegar la lucha contra el Plan.

Precisamente si el objetivo del go­bierno es hacer política punteril y titularizar, desde la izquierda de­beríamos reclamar que el plan no exista más. Más aún cuando com­prendemos que detrás de ello, in­clusive desde una perspectiva ses­gadamente sindical, se juega la condición el conjunto de los tra­bajadores docentes: para qué hacer actos públicos si puedo contratar a dedo, para qué contratar vía estatu­to si puedo hacerlo por fuera, pa­ra qué construir escuelas si un club barrial puede serlo…

Por el contrario, la nota soslaya esa consigna y resalta otras acciones como la iniciativa parlamentaria del diputado Del Caño que propo­ne que “todo funcionario político gane lo mismo que una maestra”. Dicho sea de paso, ¿no deberíamos proponer lo inverso?

Así las cosas, reconocemos la pre­ocupación de los compañeros del PTS en materia educativa, pero le advertimos que su oportunismo sindicalero los coloca del mismo la­do que Bullrich y Sileoni, en la mis­ma cruzada contra la educación de adultos y el Estatuto docente.

Notas

1El resumen de las apariciones pue­de consultarse en: www.razonyre­volucion.org

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