Con la vida, en la vida, por la vida. Prólogo a “Poesía y teatro. Obra completa” (H. Costantini)

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Prólogo a Poesía y teatro. Obra completa, de Humberto Costantini publicado por Ediciones ryr

Rosana López Rodríguez

Luego de la publicación de Cuentos completos 1945-1987, Ediciones ryr acaba de publicar la obra completa de poesía y teatro de uno de los mejores exponentes de la literatura argentina y, al mismo tiempo, uno de los menos reconocidos: Humberto Costantini.

Humberto Costantini, único hijo de una familia proveniente de Italia de origen judío sefaradí, nació el 8 de abril de 1924 en la capital argentina. Pasó su infancia en el barrio porteño de Villa Pueyrredón, pero su profesión, médico veterinario, lo llevaría a radicarse por un tiempo en Lobería, provincia de Buenos Aires. Casado con Nela Nur Fernández, tuvieron dos hijas, Violeta y Ana. En 1953 regresó a Capital donde, dos años después, nacería el último hijo del matrimonio, Daniel. En el duro oficio de mantener una familia, el de “veterinaria” fue sólo uno de los varios que debió desplegar. La literatura sería, por el contrario, una pasión permanente. En 1987 falleció dando una dura batalla contra una enfermedad que le dejaba poco tiempo para lo que más quería: escribir. No por casualidad, su última hora le llegó en eso: solía decir que mientras no terminara la novela en la que estaba entusiasmado, no se iba a morir. Lamentablemente, no fue así y nos dejó inconclusa la historia de una prostituta judía atrapada en las redes de la Zwi Migdal, dos tomos aún inéditos con título La rapsodia de Raquel Liberman. Sin embargo, contra toda tristeza y toda tragedia, en cierto sentido su pronóstico se ha cumplido porque su escritura nos ha dejado un hombre que nunca terminará de morir. Entre 1924 y 1987, su vida y esa obra.

Esa especie de arma llamada poesía

La obra poética de Costantini se fue construyendo con el tiempo en sucesivas reediciones del mismo libro. Puesto que Cuestiones con la vida tuvo varias versiones, es prácticamente imposible datar la escritura de los poemas. Además, su autor muestra una notable continuidad de temas y problemas. Por lo tanto, consideraremos las etapas en que puede dividirse su producción en virtud de la temática dominante: una primera, donde abunda el énfasis en la comunidad, que llega por lo menos hasta 1973; otra donde lo que se prioriza es la apelación política, del ’73 hasta el exilio; la última donde domina la actitud del que “clama en el desierto”, desde el exilio a hasta su muerte.
La primera etapa de su producción poética es el período que podríamos denominar humanista. Esta primera etapa no está exenta, de ninguna manera, de las preocupaciones e intereses que ocuparon siempre el corazón y la cabeza del poeta. Vale decir, ya están presentes los elementos que expresan los intereses de clase y el universalismo. La poesía de Costantini no es porteña ni costumbrista, a despecho de la presencia del habla rioplatense, sino universal y de clase. Sus poemas no hablan de pobres tipos porteños, sino de trabajadores que conscientes de su situación viven (además) en Buenos Aires (atendiendo a la forma de la expresión). Sin ir más lejos, el poema “Ellos” es la manifestación del antagonismo irreconciliable de clase.

En la segunda etapa podremos observar cómo se despliega más claramente la analogía entre la actividad política y el amor (no entendido en términos restrictivos como “el amor de pareja”). Analogía evidente en poemas como “Manifiesto político en contra de los días en que no te veo”, en “¿Y si sí?” y en la beligerante ternura de “Resultado positivo”. Esa buena “alienación” del amor es la que permite convertirse en otros, ser el otro, en la identificación, absorber todo lo que es el otro y sentir con él, “armar la piel como una gran trampera”: “reconocerse / (…) / atento, entero, al abordaje, al arma / no dejar escapar / un verso, una refriega, una plaza con gente, / una muchacha.” Es en este sentido que el ejercicio poético constituye un arma; para Costantini la belleza poética es una de las formas de la subversión y el hecho de ser poeta y amar junto con todo lo que existe es un peligro para el statu quo. Por eso la poesía y el amor son lo mismo (“Amante”). Por eso también, la vida cotidiana, tranquila y feliz (“Arte poética”) puede poetizarse. Pero esa vida deseada requiere que se ejercite la poesía como un arma para quitarles a “ellos” toda la tranquilidad y la felicidad que solo “nosotros” merecemos. De allí que la decisión de ser poeta sea un tembladeral: “Yo no estaba en el mejor de los mundos / pero en general las cosas eran juiciosamente claras / (…) / pero esta enorme luna estremecida, / (…) / qué trastorno, Señor, / qué cosa bárbara.”
Este segundo momento, que podríamos designar como revolucionario, es la etapa de “Che”, de la participación en el Informe sobre Trelew con “Testimonio de un suboficial que intervino en los sucesos de Trelew” y de la escritura de su Libro de Trelew, publicado en agosto de 1973, al año de la masacre. Son todos ellos textos emparentados con “Háblenme de Funes” o “Amarillo sol, amarillo pétalo, amarillo flamante, amarillo poema”; son prosas poéticas en las cuales el énfasis está puesto en las imágenes y en el ritmo.
En esta etapa la función poética que sirve para recomponer los vínculos entre aquellos que tienen intereses comunes, la que re-liga, reúne, convoca, empieza a mostrar una intención (retomando las metáforas religiosas) más evangelizadora que eucarística. Esta segunda tarea apelativa, la conmoción de las conciencias, será la intención que tomará cuerpo definitivo en la etapa siguiente.
La última etapa es la del balance de la derrota, cuyo primer sentimiento es de estupor: la confianza del niño en la promesa de que el mundo soñado era una posibilidad cierta, está siendo traicionada a cada paso; a esos constructores del futuro no les habían anunciado que la vida no iba a valer ya ni “una puteada”.
Quisiera detenerme en un poema breve, pero que a mi juicio expone de cuerpo entero al poeta y sirve para deslindar intereses y programas. Se trata de “Adversativa”: “El tipo / convidaba Imparciales, / solía escuchar a Troilo con unción, / y cantaba ‘La loca de amor’ / bajo la ducha // No obstante / era un hijo de puta. // Moraleja: / ser porteño cien por cien / no es ninguna garantía; / hay quien cuelga la foto de Gardel / en el Ford Falcon.” En principio, la adversativa del título aparece destacada gráficamente dado que se encuentra sobre el margen derecho del verso. Esa objeción es crucial, pues coloca al nacionalismo y en particular al porteñismo que suele adjudicársele al poeta en un plano perfectamente secundario. De acuerdo, la felicidad habría estado en mi patio, con mis mates y mis tangos, pero fundamentalmente, con mi gente y mi gente son mis compañeros de clase, no mis enemigos. Para Costantini no es una cuestión de patriotismo ni de costumbrismo porteño lo que nos convoca y nunca lo ha sido. Las letras de tango y milonga, los versos a Gardel y a Pichuco, son modos de celebrar y de entrar en comunión con los intereses de la clase obrera. El costumbrismo, lo popular son siempre formas resignificadas en Costantini, esas formas no son conservadoras, no apelan al saber popular, ni al sentido común. En los poemas siempre aparece esa inversión de valores que implica la reivindicación de los valores de clase.
Por lo tanto, frente al populismo demagógico del peronismo (que temía el cronista de Confirmado) y la pose popular de intelectuales y artistas canonizados que anclaban su imaginario en el pasado glorioso de la burguesía argentina, Costantini elige a aquellos que hoy están dispuestos a hacer una revolución. Nada de gauchos ni compadritos, le contesta con verdadero tino a Borges en “Milonga en contestación”: ¿cómo que no hay ya valientes?, ¿cómo que las revoluciones son cosa del pasado? Lo cierto es que hay otras revoluciones, hay otras batallas, distintas a las que supieron ganar los antepasados de Borges, claro. Salvo que esta vez los héroes son de otra clase social. Costantini se apropia de una forma popular cuyos contenidos se han cristalizado en la transmisión ideologías conservadoras, y lo hace para transformarle radicalmente el sentido.
En el último tramo reaparece la soledad como tema impuesto por el exilio, como en “Álgebra”, “Amada señorita” o “Italpark”. Estar exiliado es la amputación de las potencias humanas que se desarrollan y consolidan en la lucha por los intereses colectivos, tal como se lee en “Consultorio”. Se añoran las épocas de las grandes batallas, pues no es suficiente con “estar bien”, para ser digno es necesario pelear, pero ¿qué nos queda después de haber luchado y perdido? Los largos y tristes poemas agrupados con el título “Bajo el sol de otro cielo”, exponen distintos aspectos de esa supervivencia. Muestran también que no se trata de nacionalidad, que es posible reconstruir los vínculos y encarar nuevas luchas en otros ámbitos, aunque sea imposible deshacerse definitivamente de la sensación de no haber podido finalizar una tarea.

Dos fotogramas de la misma película

Costantini escribió sus obras de teatro en dos momentos distanciados entre sí por casi veinte años. Sus Tres monólogos se publicaron por primera vez en 1964, en tanto que ¡Chau, Pericles!, Una pipa larga, larga, con cabeza de jabalí (Premio Nacional de Teatro en México en 1981), La traición de Viborg y un cuarto monólogo, ¿De qué te reís? fueron escritos durante el exilio y se publicaron en nuestro país en 1986. En relación con la producción teatral podemos observar la misma evolución que reseñamos en el acápite anterior, sólo que interrumpida por un largo paréntesis. En el primer fotograma vemos a los individuos aislados, solitarios, abandonados de la vida común, de la comunión imposible. En el segundo, nos encontramos ya en el tercer momento del que hablamos más arriba, el del predominio de la derrota y de la voz moral solitaria.

Los primeros tres monólogos muestran la bronca, las determinaciones secundarias y de alguna manera, la dificultad o imposibilidad para superar la ideología burguesa, para que el individuo particularista pueda trascender hacia la lucha colectiva. A partir de ¿De qué te reís?, la etapa de la batalla ya ha sucedido y, tristemente, ha devenido derrota. Las cuatro obras que siguen constituyen un examen de esa derrota. En los ’80 cuando la obra de un artista como Costantini dice que las luchas del pasado fueron una derrota, pero no un error de juventud, no solamente critica a los que reniegan de su historia militante, sino que alienta a nuevas batallas.

La bandera

Igual que sucede con la producción cuentística, finalmente el hombre es uno solo, la poesía y el teatro de Costantini se resumen en un finteo permanente con la vida concreta, con la vida social, es decir, con el amor y la política. El arte trabaja sobre la conciencia, sobre la subjetividad, es agitación y propaganda. Esto es lo que se lee en las obras de Costantini, aun a pesar suyo. El arte es un arma, nuestra arma, para cambiar el mundo, sí, pero también para rescatarnos cuando hemos perdido, para prepararnos para la batalla, para explicar nuestros males. El arte es un arma contra la soledad, contra la desazón, contra la traición. No siempre se gana, pero un verdadero artista siempre, como le gustaba decir a nuestro autor, siempre planta “bandera de dignidad”.

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