Con el agua al cuello – Rodolfo Leyes

Imagen5-LeyesSalvavidasLa situación de los guardavidas de la costa del río Uruguay

Las condiciones laborales y contractuales de estos trabajadores nos enfrentan a una de las fracciones obreras más precarizadas. La carencia de un sindicato que cumpla su tarea elemental –la defensa de los intereses de los trabajadores-, deja a estos trabajadores sin organización para enfrentar a su patronal y reclamar en conjunto por sus derechos.

Rodolfo Leyes

Taller de Estudios Sociales-CEICS

 


Los guardavidas son parte del paisaje de todas las playas. Un trabajo que se asocia a jóvenes bronceados, a una vida relajada con la mirada descansada sobre los (y las) bañistas, maquilla las condiciones de trabajo de una de las fracciones obreras más precarizadas. Veamos un poco.

Al pie de la torre

Las costas del río Uruguay tienen, posiblemente, las mayores playas de río de la Argentina. Por si fuera poco, ocho parques termales ofrecen y complementan la propuesta para que los visitantes de otras provincias pasen algunos días de sol y playa. Así, la llamada “industria sin chimeneas”, el turismo, se desarrolla como una de las principales fuentes de ingreso de la región oriental de Entre Ríos.1 Detrás de todo esto, se encuentra una de las fracciones obreras menos visibles, a pesar de su presencia obligatoria: la de los trabajadores turísticos. Dentro de este grupo de explotados, los guardavidas, personal esencial para que playas y piscinas funcionen como espacios de esparcimiento seguro, se hallan entre los más precarizados.

En la llamada “Capital del turismo entrerriano”, Colón, con su parque termal y los casi 6 kilómetros de playas, trabajan más de cincuenta guardavidas. Su composición es mayoritariamente masculina, aunque las mujeres son más de un tercio. La edad promedio es entre los 20 a 40 años. La mayoría de estos trabajadores son ocupados por reparticiones estatales. Se trata de trabajadores especializados que en muchos casos se ocupan también como “personal trainer” o profesores de educación física en escuelas y gimnasios. Para ejercer su trabajo, deben contar con un título que acredita su especialidad, expedido por “escuelas de guardavidas”. Las escuelas normalmente son propiedad de los estados municipales –avalados por el sindicato de guardavidas- que allí “preparan” a estos trabajadores en su oficio.2 Sin embargo, los trabajadores denuncian que estas reparticiones normalmente se dedican a despachar títulos sin demasiada preparación, y que el entrenamiento se alcanza luego, en el lugar de trabajo o a través de cursos.

En esta actividad existen dos modalidades contractuales. La primera y más extendida es la de los trabajadores de playas. Durante el verano, estos asalariados municipales son contratados por la temporada, desde los primeros días de diciembre hasta por lo menos Semana Santa, en los últimos días de marzo o los primeros de abril. El otro grupo de guardavidas son empleados en el parque termal. Este grupo, menos numeroso, tiene la posibilidad de trabajar prácticamente todo el año. Sin embargo, su número se retrae fuera de los feriados. Incluso, durante el año hacen tareas que no son específicamente de guardavidas, como el mantenimiento del parque termal, tareas de limpieza, jardinería, etc. En conclusión, estamos frente a un grupo de trabajadores cuya ocupación es primordialmente estacional.

Bajo el sol

La imagen del guardavidas en la playa, bajo la sombrilla, esconde las largas jornadas a la intemperie, los riesgos de la exposición solar y desde luego, la tensión de mantener la mirada puesta en miles de personas que atestan las playas.

Normalmente, la tarea de cada grupo de guardavidas se desarrolla desde una torre de metal de unos dos o tres metros, estrecha, sin paredes ni techo, a la cual le adosan una sombrilla y una silla de plástico para hacer más cómoda la estadía. Desde ese espacio de trabajo, el responsable de la seguridad de los bañistas vigila con un compañero de torre. Las torres se distribuyen cada cien metros aproximadamente, hasta cubrir toda la playa. Todos los implementos con los que estos trabajadores cuentan es el “torpedo” –elemento de flotabilidad, normalmente naranja- y un silbato, que en la mayoría de los casos es propiedad de los guardavidas. La ropa de trabajo se compone de un pantalón de nado, una remera y una campera estilo rompeviento, otorgada por el contratista. El calzado también es propiedad del guardavida. Por otro lado, hay guardias móviles que recorren la playa por turnos y a pares. Solo en casos excepcionales cuentan con una canoa a motor y kayak prestados –sí, prestados- por vecinos y amigos de los guardavidas para realizar un apoyo de vigilancia desde el agua.

Durante las jornadas, los guardavidas no cuentan con viandas ni agua fresca. Por si fuera poco, lo común es que las torres solo cuenten con un botiquín de primeros auxilios. La intervención de estos especialistas se limita al rescate de los ahogados del agua. En caso que sea necesaria la atención médica, deben llamar al servicio de emergencia, que desde luego, se hace con los teléfonos privados de los trabajadores por no contar con radios portátiles (que se supone debieran tener).

Estas condiciones laborales incumplen la Ley provincial de Guardavidas, que en su artículo 13 establece que:

“Cuando sea necesaria la presencia de tres o más Guardavidas, el empleador deberá, como mínimo, instalar un mangrullo y disponer de un malacate con 300 mts. de soga náutica, un botiquín de primeros auxilios, un prismático, patas de ranas y un equipo de comunicación. Si la playa alcanzara los 2.000 mts. de costa, se deberá disponer también de una lancha con personal diestro en su manejo y con equipo de comunicación. El empleador deberá proveer al Guardavidas de la indumentaria y distintivo. Será obligatorio el uso de: a) Pantalón de baño y remera de color uniforme con la leyenda ‘Guardavidas’ y la identificación del empleador. b) Zapatillas. c) Rosca salvavida / torpedo con banderola. d) Campera rompevientos. e) Sombrillas. f) Sillón / torre.”

A pesar de no contar con las condiciones mínimas necesarias para ejercer su tarea, cuando se produce un accidente, la presión social siempre recae sobre los trabajadores. Para ejemplificar, durante la última temporada, en una playa improvisada por la Municipalidad de Colón,3 un hombre oriundo de Tierra del Fuego desapareció en las aguas del río Uruguay al intentar rescatar a otro bañista.4 Los primeros en ser responsabilizados fueron los guardavidas. Sin embargo, estos trabajadores se habían opuesto a que se habilitaran esas playas de emergencias por los riesgos que entrañaba la corriente.

Los salarios, en promedio, se ubicaron para la última temporada en los 8.500 mil pesos, gracias a un acuerdo por temporada firmado entre gallos y media noche por la burocracia del gremio. Los guardavidas carecen de un convenio colectivo propio y se los encuadra en el último escalafón de las categorías de los trabajadores municipales. Además de estos problemas, reclaman que no se les respeta la antigüedad ni se les entrega copia de los contratos.

Por último, los guardavidas denuncian la falta de aplicación de la Ley provincial Nº 9826/2007 o Ley de los Guardavidas. El artículo primero de esa ley establece la obligación de contar con el servicio de guardavidas en todo espacio dónde existan bañistas, por fuera del ámbito estrictamente privado. Si ello se cumpliera, se garantizaría una mejor cobertura de las playas y el trabajo se multiplicaría. Como nos comentó un guardavida: “En cada charco debería haber uno”.

La misma ley otorga a las autoridades municipales el control, visado y renovación de la libreta necesaria para trabajar, mediante exámenes anuales. Como en la práctica esto no está regulado, en más de un caso se emplea a guardavidas sin libreta, lo cual implica un riesgo para el propio trabajador, que puede llegar al fallecimiento del guardavida no apto físicamente.

Frente a estas condiciones ineficientes, la pregunta que surge es qué hace el sindicato. El Sindicato Único de Guardavidas y Afines de la República Argentina (SUGARA/CGT) contiene a los trabajadores para su representación gremial. Sin embargo, los delegados no surgen de la votación de los compañeros de trabajo –como en cualquier sindicato que se precie de tal- sino que son elegidos por la Comisión Directiva. Esta atribución figura en el estatuto: “Nombrar Delegados y Sub-Delegados zonales y donde lo crea conveniente; dichos Delegados y Sub-Delegados durarán en sus mandatos el término que decida la Comisión Directiva, no pudiendo exceder los dos (2) años”.5

Lógicamente, esta práctica ajena a la democracia sindical más elemental, impide que los trabajadores cuenten con la representación real y da lugar al surgimiento de burócratas que se enquistan en el sindicato, mientras se dedican a sus negocios más que a defender a los trabajadores del gremio.

Playa con bandera roja

Las condiciones laborales y contractuales de estos trabajadores nos enfrentan a una de las fracciones obreras más precarizadas. El responsable de esta situación es el propio Estado municipal, así como el provincial y el nacional que no controlan. Pero de ello se benefician también los empresarios del turismo, que reciben a los turistas que se bañan en estas playas. Se privilegia la lógica de minimizar gastos a costa de la salud de los trabajadores. La existencia de una ley provincial que contempla varios beneficios para los guardavidas y que no se cumple por omisión consciente por parte de la patronal, no deja lugar a dudas de que sus intereses son contrarios a los de los trabajadores.

La carencia de un sindicato que cumpla su tarea elemental deja a estos trabajadores sin organización para enfrentar a su patronal y reclamar en conjunto por sus derechos. La lucha por sus intereses gremiales no puede ser alcanzada a través de una organización que desde su propia carta orgánica niega la participación de las bases. Por eso, es necesario poner en pie una organización propia, independiente de la burocracia y de la patronal.

El próximo verano encontrará a estos trabajadores en las mismas condiciones si ellos mismos no se lanzan a la lucha. La construcción desde la base, convocando una Asamblea abierta de guardavidas, que discuta el destino de sus reivindicaciones será paso ineludible frente a una burocracia sindical amañada y cómplice de las políticas del Estado municipal. “La emancipación de los trabajadores debe ser obra de los trabajadores”, bien podría ser el lema escrito en cada torre que, además de cuidar la vida de los bañistas, cuide de sus intereses como clase.

 

NOTAS

1Se considera al turismo como la tercera actividad de la provincia de Entre Ríos. Ver página 11: http://goo.gl/FmmS9W

2http://goo.gl/FcipT6

3Recordemos que durante diciembre a enero el río Uruguay conoció la creciente más grande los últimos 50 años y la mayoría de las playas se encontraban cubiertas por el agua. Ver nuestra nota en El Aromo, http://goo.gl/TY81no

4http://goo.gl/69f1NW

5Estatuto del SUGARA, Art. 36, inc. B, en: http://www.sugara.org/notas.php?id=470

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