Competencia internacional y endeudamiento externo. Las (des)ventajas absolutas y los límites de la acumulación de capital en la Argentina

f1omeApuntes de crítica a la economía política 

Por Fernando Dachevsky – OME

Con el siguiente artículo inauguramos una nueva sección dentro del suplemento del OME. La sección “Apuntes de crítica a la economía política” estará destinada a tratar los conceptos fundamentales de la economía capitalista con la perspectiva de que sirva al lector como herramienta para analizar las los problemas de la economía argentina y mundial. En este número, comenzamos con un artículo sobre la competencia internacional. Las próximas ediciones estarán dedicadas a explicar otras variables fundamentales como la tasa de ganancia, la renta de la tierra,  el tipo de cambio, la política económica, entre otras.

Competencia internacional y endeudamiento externo. Las (des)ventajas absolutas y los límites de la acumulación de capital en la Argentina 

¿Por qué hay países ricos y países pobres? Una pregunta común cuya respuesta no es obvia. Desde la teoría económica, en sus distintas vertientes, todos los países son presentados como si, en sí mismos, tuvieran la posibilidad de alcanzar los mismos beneficios en la competencia económica internacional. En estas discusiones, es interesante ver como ciertas formas de razonar los problemas de la competencia internacional, en el marco de teorías de profunda tradición antimarxista, son luego apropiados por muchos de los autoproclamados marxistas actuales. Los cuales, desde un discurso izquierdista, terminan reproduciendo fundamentos liberales. La idea de que el problema de la Argentina radica en el “vaciamiento financiero” y “la deuda externa usurera” termina siendo solidaria con el planteo de que el comercio de mercancías ofrece posibilidades igualitarias para todos y, por lo tanto, las diferencias entre países sólo pueden surgir por fuera de éstas o como violaciones extraeconómicas a su normal desarrollo. Las desventajas para competir en el mercado mundial son la clave que nos permite entender los problemas del capitalismo en Argentina, su tendencia a las crisis recurrentes, su endeudamiento y sus no muy alentadoras perspectivas.

Argentina y las desventajas

La Argentina lejos está de ser el país más productivo del mundo. Como hemos venido mostrando en numerosas ediciones anteriores de El Aromo, la generalidad de las actividades industriales no agrarias, salvo contadas excepciones,1 no alcanzan una productividad competitiva a nivel mundial. Las restricciones de una escala pequeña que ofrece el mercado interno argentino, sumado a costos laborales mayores a los países del Este asiático e incluso en algunas ramas a los de Brasil, son elementos que imposibilitaron el desarrollo de capitales competitivos en términos internacionales. A pesar de esta condición, una gran variedad de ramas económicas se desarrollaron en el país. Aquí aparece un elemento específico de la economía Argentina que es la importancia de los ingresos por exportaciones de mercancías agrarias portadoras de renta de la tierra, por su capacidad para financiar otras actividades. La renta de la tierra agraria sirvió históricamente como un elemento compensatorio (mediante diferentes métodos de apropiación) que permitió la supervivencia de capitales locales con productividad inferior a la media mundial. Sin embargo, la expansión de la renta de la tierra tiene un límite y cada vez menor peso en la economía nacional.2
La capacidad de la renta de la tierra de sostener una multiplicidad de actividades que se desarrollan en el país bajo condiciones de competitividad menor a la media mundial se fue contrayendo de manera importante desde la década de 1960. En consecuencia, provocó que, sobre todo desde mediados de la década de 1970, se apelará a otras fuentes de ingresos compensatorios: la caída del salario y el endeudamiento externo.  Si bien, durante las últimas tres décadas hubo continuas reducciones del costo laboral, toda la violencia implementada por la última dictadura militar y los gobiernos posteriores ni siquiera bastaron para acercarse a niveles competitivos con los costos salariales que se manejan en Asia. Lo que hace de la posibilidad de competir mediante costos laborales, una salida no viable para el capital en Argentina. En consecuencia, el endeudamiento externo como fuente de ingresos transitoria fue ganando peso.
Si tomamos como referencia los años previos a la crisis del 2001, en los ’90, dicho endeudamiento, transitoriamente, significó un ingreso neto positivo. La Argentina pedía prestado y a la hora de devolver conseguía refinanciamientos que le permitían cubrir los pagos.  El resultado en la práctica era que le prestaban más de lo que devolvía. Esto, que en un principio permitió  financiar la fiesta del 1 a 1, terminó alimentando una burbuja que no tardó en estallar. Ni bien comenzaron a registrarse contracciones en el crédito internacional, los deudores incobrables como Argentina quedaron en orsai y comenzó una fuga de capitales cada vez más importante. Ante esto, el gobierno de De la Rúa anunció con bombos y platillos el famoso “blindaje”, que venía a ser una especie de chequera en blanco en poder de Argentina que nos iba a permitir salir de la situación. Sin embargo, los préstamos del FMI ni siquiera llegaban a compensar la salida de capital. Ni los ajustes, ni ninguna de las medidas tomadas posteriormente pudieron detener lo inevitable: que el FMI le soltara la mano al gobierno y dejará de realizar desembolsos.
Con la crisis, los mecanismos se invirtieron, dejando de entrar ingresos netos por financiamiento externo y volviéndose necesario incrementar el superávit comercial para poder compensar la salida de capital (ver gráfico 1). Es decir que en los ‘90, con Menem, De la Rúa (y el omnipresente Cavallo) la Argentina recibió plata, mientras que con el dúo Kirchner-Fernández de Kirchner, salió más de lo que se recibió.  

Ahora bien, ¿cómo hizo la Argentina para incrementar su superávit comercial, financiar la salida de capitales y “honrar sus deudas”? ¿Será que finalmente se liberaron trabas históricas y la industria argentina comenzó a ganar participación en el mercado mundial? La respuesta es no. La forma en que se alcanzó dicho superávit fue, fundamentalmente, mediante una abrupta contracción de las importaciones. Lo cual, para un mercado compuesto en buena parte por productos importados, no es otra cosa que una contracción del mercado interno local. En definitiva, ajustarse el cinturón y comprar menos.
En el 2002, con la devaluación, se abrió una brecha en el saldo comercial de signo positivo. La cual, no se debió al incremento de las exportaciones, que durante ese año sólo llegaron a ser un 0,02% más que en 1998, sino a la gran caída de las importaciones, las cuales se contrajeron en más de un 70% con relación al mismo año. Desde entonces, las exportaciones e importaciones aumentaron en forma proporcional y el saldo comercial se mantuvo relativamente estancado, presentando una leve caída entre 2007 y 2008. Durante el 2009, el saldo comercial volvió a mostrar signos de recuperación. ¿Habrá sido esta vez gracias a la competitividad ganada durante los últimos años? Otra vez, no. Las exportaciones no sólo no crecieron, sino que cayeron en 14.000 millones de dólares. Pero, y aquí está la clave, las importaciones cayeron aun más: 17.000 millones.

¿Por qué la economía argentina debe recurrir a contracciones de su mercado interno para poder salir adelante? Podría suponerse que dichas contracciones son parte de un movimiento continuo, neutro y sin mayores implicancias. La teoría económica abunda en mecanismos de este estilo para justificar la idea de que todo tiende a un equilibrio donde nadie sale perdiendo. Sin embargo, esta posible respuesta no nos explica por qué crisis tras crisis, la Argentina va quedando en una posición cada vez más marginal dentro del mercado mundial. La evolución histórica del comercio internacional nos muestra que en el mercado mundial hay ganadores y perdedores y que la Argentina es claramente perdedora. En 2008, el conjunto de las exportaciones argentinas representaban nada más que el 0,36% del mercado mundial. Es decir, durante los años de industrialismo K, no se ganaron posiciones en el mercado mundial, razón por la cual, las exportaciones argentinas hoy representan valores similares a los de década pasada (que rondaron el 0,4%).

América Latina se acerca a África

¿Será el retroceso argentino consecuencia de la supuesta “desindustrialización” provocada por las políticas neoliberales de las últimas décadas? Las cifras nos muestran la tendencia a la pérdida de posiciones en el mercado mundial, lo que es resultado de una tendencia que se extiende, por lo menos, desde el segundo gobierno de Perón (cuando las exportaciones argentinas representaban el 2,8% del total mundial). Atraviesa todo el periodo de la llamada Industrialización por sustitución de importaciones (ISI) en la cual muchos autores sostienen, en forma equivocada, que la trayectoria del país era diferente a la actual. Entonces, ¿por qué la economía argentina tendió a retroceder tanto durante gobiernos “industrialistas” como durante gobiernos “neoliberales”? Lo primero que debemos entender es que los capitalistas argentinos no compiten contra sí mismos. Sea para ganar espacio en el mercado internacional o para sobrevivir en el mercado interno, los capitales locales tienen que entrar en competencia abierta con capitalistas de todos los países. Es decir, las posibilidades de los capitales locales no dependen exclusivamente de lo que ellos hagan, sino de lo que suceda en el conjunto del mercado mundial.
La evolución de conjunto del mercado mundial nos muestra una serie de cuestiones muy importantes. Por un lado, que el rezago que experimentó la Argentina durante las últimas seis décadas es parte de un retroceso más general que afectó a toda América Latina. Hacia 1948, el total de las exportaciones de América del Sur y Central representaban el 12,3% del total mundial. En la actualidad, esa cifra se redujo a sólo 3,5%. Dentro de este proceso, la gran economía del continente, Brasil,  no fue la excepción, pese a la permanente apología de su desempeño que hacen los políticos burgueses argentinos. Durante los últimos 60 años, su participación se redujo casi a la mitad, pasando del 2% al 1,2%. Un dato interesante aquí es la trayectoria similar siguieron las economías africanas cuya participación se redujo de un 7,9%, en 1948, a sólo 2,9%. En conjunto, la brecha que América del sur y Central le llevaba a África se redujo de 4% a sólo 0,6%.
Por otro lado, este retroceso general de los países latinoamericanos no se explica sino porque fueron desplazados por capitalistas de otras regiones. En primera instancia, por la expansión de las exportaciones europeas durante las décadas de 1950 y 1960.  A su vez, desde la década de 1970 se dio un importante incremento en la participación de las exportaciones provenientes de Asia, las cuales, entre 1973 y 2005, pasaron del 15% al 27,4%.
El comercio internacional ha registrado un importante incremento desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Desde entonces, se registra un peso cada vez menor del comercio de los productos de origen primario.  Es decir, si bien el comercio de materias primas creció, lo hizo más lentamente que el comercio de manufacturados. Si tomamos los últimos treinta años como referencia, el comercio mundial de mercancías de origen agrario se cuadriplicó, el comercio de productos energéticos y mineros se sextuplicó, mientras que el comercio de manufacturados se multiplicó casi diez veces.3 El sostenido desarrollo de las fuerzas productivas a nivel mundial ha permitido la simplificación de procesos  productivos, lo cual permitió a los capitales migrar hacia países donde si bien la calificación es menor y los costos de transporte son mayores, los salarios extremadamente bajos ofrecen mejores condiciones para una mayor rentabilidad. Esto permitió el rápido crecimiento de dichos países, en su mayoría ubicados en Asia, a la vez que el relegamiento de los países cuyo comercio exterior se basa fundamentalmente en productos primarios.4 Dentro de este grupo de países, se destaca el retroceso de aquellos especializados en productos agrarios.
En este marco general, el gran perdedor fue Estados Unidos, cuya participación en las exportaciones totales se redujeron de casi el 30% a la mitad, lo que refleja las dificultades de los capitales alojados allí para sostenerse competitivamente. Durante las últimas décadas, muchos de los procesos que antes se realizaban en dicho país migraron a Asia en busca de bajos costos laborales. Este proceso fue de la mano de un creciente déficit comercial de la economía norteamericana y un crecimiento inusitado de su endeudamiento.

Participación en las exportaciones totales del mundo por región (1948-2005)
Región/país 1948 1953 1963 1973 1983 1993 2003 2005
América del Norte 28,3% 24,9% 19,9% 17,3% 16,8% 18,0% 15,8% 14,5%
Estados Unidos 21,7% 18,8% 14,9% 12,3% 11,2% 12,6% 9,8% 8,9%
México 1,0% 0,7% 0,6% 0,4% 1,4% 1,4% 2,2% 2,1%
América del Sur y Central 12,3% 10,5% 7,0% 4,7% 4,4% 3,0% 3,0% 3,5%
Brasil 2,0% 1,8% 0,9% 1,1% 1,2% 1,0% 1,0% 1,2%
Argentina 2,8% 1,3% 0,9% 0,6% 0,4% 0,4% 0,4% 0,4%
Europa 31,5% 34,9% 41,4% 45,4% 43,5% 45,4% 46,0% 43,0%
África 7,3% 6,5% 5,7% 4,8% 4,5% 2,5% 2,4% 2,9%
Medio Oriente 2,0% 2,7% 3,2% 4,1% 6,8% 3,5% 4,1% 5,3%
Asia 13,6% 13,1% 12,4% 14,9% 19,1% 26,1% 26,1% 27,4%
China 0,9% 1,2% 1,3% 1,0% 1,2% 2,5% 5,9% 7,5%
Japón 0,4% 1,5% 3,5% 6,4% 8,0% 9,9% 6,4% 5,9%
Ex URSS 2,2% 3,5% 4,6% 3,7% 5,0%
Fuente: elaboración propia en base a datos de la OMC

Cada vez peor

Las perspectivas que se presentan, para las economías latinoamericanas, y la argentina en particular, no parecen ser muy alentadoras. Esto no se debe ni a distorsiones al libre mercado (como argumentaría la posición liberal), ni al perverso accionar del mundo de las finanzas. Es en la producción y circulación de mercancías de donde surgen las desigualdades existentes entre países. La producción industrial en Argentina fue y sigue siendo menos productiva que la media mundial y no tiene costos laborales suficientemente bajos que la compensen. Lo cual la coloca en clara desventaja para poder competir con los bajos costos de producción de Asia. Esta cuestión no es un problema acotado al ámbito nacional, sino que afecta al conjunto de los países latinoamericanos e incluso a la, todavía, principal economía del mundo: Estados Unidos. En Argentina, los sectores que cuentan con ventajas absolutas están ligados al agro. Las exportaciones agrarias siguen siendo el único sostén de la economía nacional. Sin embargo, la capacidad de la renta agraria de sostener el mercado interno local es limitada, en la medida en que el sector agrario va quedando reducido a una participación cada vez más pequeña.

NOTAS

1 Por ejemplo, Siderca, que contó con condiciones particulares gracias al mercado de insumos petroleros no reproducibles en otras ramas, pudo alcanzar la productividad media en la producción de tubos sin costura. Ver Kornblihtt, Juan: Crítica del marxismo liberal, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2008, capítulo 4.
2 Iñigo Carrera, Juan: La formación económica de la sociedad argentina y sus crisis, vol. 1, Renta agraria, ganancia industrial y deuda externa. 1882-2004, Buenos Aires, Imago Mundi, 2007.
3 En base a datos de la Organización Mundial de Comercio
4 Ver en este mismo número la nota de Bruno Magro sobre la evolución de la producción de indumentaria y la competencia entre los países del Este asiático por ofrecer menores costos laborales.

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