Cómo hicimos el 19 – Roxana Telechea

Cómo hicimos el 19. Lo nuevo y lo viejo del fenómeno llamado “cacerolazos”.

 

Por Roxana Telechea

Grupo de Investigación de la Pequeña Burguesía – CEICS

Constituye un lugar común en la bibliografía que analiza el 19 y 20, caracterizar a los cacerolazos como un instrumento original que hace su aparición por esos meses. Incluso, muchas versiones reducen la insurrección a este elemento y al hablar del Argentinazo se refieren a “El cacerolazo”. Ciertamente, el cacerolazo de la pequeña burguesía no sólo no explica por sí mismo estas jornadas, sino que el mismo instrumento utilizado requiere de cierto examen, a fin de cuestionar algunos lugares comunes. En otras oportunidades hemos discutido en El Aromo esta representación extendida1. Efectivamente, repetimos, los cacerolazos tienen por lo menos veinte años de vigencia en la Argentina, aunque la mayoría de las páginas web creadas al calor del verano de 2002 lo identifiquen como un “fenómeno novedoso de acción ciudadana”2. Por otra parte, existen otros dos lugares comunes en los análisis del cacerolazo del 19 a la noche. El primero insiste en caracterizarlo como espontáneo, subrayando la aparente falta de dirección del mismo y, por la misma vía, reivindicar a las masas que habrían evitado la “manipulación” de los partidos políticos. Pero también lo definieron de esa manera análisis posteriores, los medios de comunicación del gran capital, como Clarín3 y muchos intelectuales. Esto es falso por dos razones, la primera porque el cacerolazo del 19 y 20 estuvo precedido por dos décadas de lucha de la pequeña burguesía contra los ataques del capital (escraches, movilizaciones contra el gatillo fácil, luchas contra los apagones, los aumentos de tarifas telefónicas, las inundaciones, la instalación de puestos de peajes, etc.) que contradicen la idea de que la “bronca de la clase media” haya salido de un repollo esa noche. La segunda razón es que el cacerolazo sí estuvo dirigido, su dirección tuvo carácter moral y la constituyó el movimiento piquetero.

 

Sobre el sujeto de la protesta

 

Como decíamos más arriba, además de la novedad y la espontaneidad, existe un tercer mito. Ciertamente, está difundida la idea de que la acción de golpear ollas es una tarea exclusiva de la “clase media”. Esto parece ser cierto para el 19 de diciembre pero no para el conjunto de los cacerolazos. Existe consenso tanto desde las posturas que reivindican el accionar de esta clase como de posturas que critican al cacerolazo, suponiendo que fueron una consecuencia exclusiva de la imposición del corralito, es decir, fueron utilizados con fines egoístas. Sobre esta tercera ficción, extensible no sólo al diario citado sino a la totalidad de los análisis encontrados, queremos detenernos en esta oportunidad.

La descripción de los 18 cacerolazos ocurridos en Argentina nos permite periodizarlos en tres períodos: el primero se extiende de 1982 a 1984; el segundo abarca el período de 1986 a 1990 y el tercero, va de 1996 hasta fines de noviembre 2001. A los efectos de la explicación de los hechos del 19 y 20 no nos hemos detenido en los hechos posteriores a esta fecha y describiremos brevemente las características de los tres primeros. En el primer período reseñado encontramos “movimientos de mujeres” que protestan en contra del alza del costo de vida producto de la inflación de 1982. Existen varias similitudes en las protestas encontradas: estas mujeres salen a la calle y manifiestan su disconformidad con la política económica del gobierno justificándose en la falta de comida de sus hijos, es decir, por el bienestar de su familia. En este período además de los cacerolazos utilizarán otras estrategias como la huelga de compras. Consideramos que estos años constituyen los antecedentes de los cacerolazos del período siguiente. Lo más interesante de éstos es su composición de clase: son obreros. Los participantes (en su mayoría mujeres) provienen de barrios marginales de la provincia de Mendoza, de barrios del Conurbano bonaerense y de villas de Capital Federal. A pesar de la aparente ausencia de identificaciones políticas de las integrantes, entendible dado el contexto represivo del gobierno militar, las manifestantes culminan sus reclamos entregando petitorios de la Unión de Mujeres Argentinas (en ese entonces todavía era el brazo feminista del PC) con reclamos de subsidios para los productos de la canasta familiar, eliminación del IVA para los alimentos y medicamentos, aumento de sueldos y salarios, eliminación de la indexación de alquileres y pidiendo leyes de abastecimiento. De estos movimientos forma parte también la agrupación Amas de Casa del País, del PCR. Al igual que lo hicieron las Madres de Plaza de Mayo, el hecho de que luchen amparándose en su rol de madres parece ser algo aceptable para un gobierno reaccionario que adoctrinó a la sociedad durante siete años en la “defensa de la familia”. La cacerola, con su analogía hogareña inmediata se constituye en el elemento ideal para hacerlo. En este momento, la dirección está en manos del proletariado. El segundo período, desarrollado casi en totalidad bajo el gobierno de Alfonsín, contiene el 66,7% de los cacerolazos asentados. Es el período de la consolidación de los mismos y están dirigidos en su mayoría por Amas de Casa del País, que como dijimos, tendrá una estrecha relación con el Partido Comunista Revolucionario. El principal cacerolazo de este período lo ubicamos en 1988 en Capital Federal frente al Ministerio de Obras y Servicios Públicos contra Terragno. Fue organizado por agrupaciones de vecinos de barrios de La Matanza. Pero también encontramos otro, en el mismo año, organizado por el Partido Obrero en San Miguel para lograr la aprobación de un proyecto de escrituración de tierras tomadas por los vecinos. Los demás cacerolazos de este período fueron realizados en contra del aumento de las tarifas de servicios públicos. En los cacerolazos realizados entre 1986 y 1990 participan obreros pero también hay pequeños burgueses empobrecidos. En este período, la dirección comienza a ser discutida por elementos pequeño-burgueses.

El tercer período es el único que algunos recuerdan. Las protestas tienen una composición de clase pequeño burguesa. En esta fecha encontramos cacerolazos contra la inseguridad, en demanda de justicia y esclarecimiento del triple crimen de Cipolleti, contra el aumento de las tarifas telefónicas y el organizado por Chacho Álvarez y Terragno contra Menem. La pequeña burguesía se ha dado aquí una dirección burguesa.

 

Palabras finales

 

La novedad la constituye la magnitud del cacerolazo del 19 de diciembre4. Por otra parte, llega a su punto máximo la alianza con la clase obrera que se había vislumbrado en el segundo período. Ni el instrumento utilizado ni la relación con la clase obrera son nuevos. Siempre tuvieron organizadores y direcciones claras. Tenemos, por un lado, barrios pauperizados en los inicios de la década del ‘80 que serán la cuna de los movimientos piqueteros (La Matanza) y son los creadores de los cacerolazos. También, tenemos partidos de izquierda ligados a agrupaciones piqueteras, como el Partido Obrero y el PCR. En diciembre del 2001, los manifestantes agitaron consignas como “Fuera De la Rúa-Cavallo” adoptada oficialmente por la Asamblea Piquetera de junio del 2001. Estamos en condiciones de afirmar el origen obrero y específicamente piquetero de este instrumento. Por eso decimos, también, que no es espontáneo porque los manifestantes actuaron bajo la dirección moral del movimiento piquetero.

 

Notas

1Telechea, Roxana: “Cacerolazos en la década del ‘80”, en El Aromo nº 17, diciembre de 2004 y “¿Cuándo comenzaron los cacerolazos?”, en El Aromo nº 8, diciembre de 2003.

2http://www.cambiocultural.com.ar/actualidad/cacerolazo25.htm

3Clarín, 30/12/01, p. 11.

4El único que se acerca en cantidad de gente es el de Chacho del ‘96, pero ese cacerolazo no fue acompañado de una movilización. En ese momento, los manifestantes se quedaron, en su mayor parte, en sus hogares “caceroleando” por los balcones. No es eso lo que sucedió el 19 cuando miles de personas decidieron marchar al centro del poder político en Plaza de Mayo luego de ser decretado el estado de sitio por De la Rúa.

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