¿Cómo enfrentamos el ajuste?

Las medidas del gobierno están mostrando las necesidades más urgentes de la burguesía en su carrera por ponerse a tono con las ganancias capitalistas de otros países. Es evidente que Macri necesita su lluvia de “inversiones” y para eso, se propone abaratarnos y bajar la inflación. Además, como la plata no alcanza, necesita reducir el gasto fiscal.

¿Cuál es su plan? Por un lado, renegociar los convenios por sector (como el caso del convenio ferroviario, que fue revisado en las últimas semanas), mientras arregla detalles para tratar la reforma laboral en tramos. Por el otro, una vieja receta cristinista: negociar las paritarias por debajo de la inflación. El objetivo es un 15%, sin cláusula gatillo aunque la que se firmó hasta ahora es trucha porque no dispara automáticamente el aumento, sino que simplemente dice que las partes se pueden sentar a renegociar. Como la inflación estimada ronda el 20%, es obvio que no quiere que haya posibilidad de que los salarios al menos empaten la inflación. Por ahora con Obras Sanitarias logró este objetivo y con la UTA tuvo que aceptar que haya un “acuerdo de revisión” a seis meses, es decir, un compromiso para sentarse a negociar si la inflación supera lo esperado. Pero logró que el aumento termine de cobrarse en 2019, o sea, que se licúe y que este año los choferes no vean siquiera ese 15%. Claro que el acuerdo será testimonial: ya con la cláusula gatillo no hubo reajuste alguno en varios sectores –como estatales- durante el 2017. Otro punto que se anotó fue la paritaria con SUTECBA (municipales de CABA) por el 12%.

Reducir el déficit fiscal ha llevado también al gobierno a ejecutar varios despidos. De paso, limpió algunos activistas del Estado. Es el caso de INTI, Hospital Posadas o varios ministerios (Economía, Energía). Para eso, Macri se valió de la precarización heredada de Cristina: bastó con no renovar los contratos y asunto terminado. No se trata, sin embargo, de un “vaciamiento” generalizado del Estado -como dicen los K-, sino de una mayor precarización. Municipios y provincias aún toman gente con modalidades incluso más precarias, como es el caso de los monotributistas. Claro, Macri sabe que cualquier “vaciamiento” tiene un precio. Así, no puede evitar que el Estado contenga a un buen sector de la clase obrera que los capitalistas dicen “no necesitar”.

A este cuadro, se suman los despidos en el sector privado, expresión fiel de un sector de la burguesía que solo puede competir con subsidios. Claro, cuando la canilla se corta, la crisis la pagamos nosotros. Es el caso metalúrgico (Stockl, Envases del Plata y los mil despidos anunciados por Caló), la industria textil, o las alimenticias.

En definitiva, ¿cómo paramos una avanzada semejante? No se puede esperar mucho de los “gordos” de la CGT: ya acordaron la reforma laboral, el porcentaje en paritarias y, como los K, se encuentran disciplinados por los carpetazos del gobierno. Tampoco del kirchnerismo: el año pasado se limitaron a hacer campaña por Cristina -ideóloga de varias recetas de Macri-, mientras acordaron avances sobre nuestros convenios y condiciones de trabajo. Ni hablemos de la CTA Autónoma y ATE nacional que dejaron pasar sin pena ni gloria el convenio estatal flexibilizador. Finalmente, todos confluyeron con el clan Moyano el 21F, especulando con una alianza sindical de cara al 2019. Sin embargo, a Hugo le preocupa sobremanera su situación judicial y sabe que no puede cerrar la puerta a renegociar con Macri. Oportunismo del bueno.

La izquierda lamentablemente se encuentra dispersa. El 2017 se pasó en campañas electorales, sin instancia alguna de organización. Este año, un encuentro de trabajadores realizado en el Posadas -que podía convocar a miles- parece haberse desinflado rápidamente por el juego de aparatos: despreciado por unos (PO) y aparateado por otros (PTS-MST), sus resoluciones no tuvieron mayor efecto. Además, la izquierda se limita a reclamar el paro general y el plan de lucha a las centrales, sin promover una agenda propia. Un poco porque se considera minoritaria. Otro, porque especula con captar a los obreros luego de que estos hagan “su experiencia” con la burocracia. Como si los despidos, la degradación y la desmoralización no fueran ya suficiente experiencia. Mientras tanto, proclama la unidad con el kirchnerismo, sin notar que se trata de una cáscara vacía.

En definitiva, si bien es cierto que la izquierda no está en condiciones de llamar a un paro general, nada la exime de ser audaz. De hecho, el sindicalismo clasista tiene ganado un lugar muy significativo en el movimiento obrero y debería aprovecharlo. No nos podemos limitar a pedir el paro. Debemos poner en pie una Asamblea de Trabajadores Ocupados y Desocupados para impulsar un verdadero plan de lucha independiente contra la política patronal del gobierno y la oposición. Solo de ese modo podremos marcar un camino para toda la clase obrera que se encuentra a la expectativa de una dirección acorde a sus intereses. El tiempo es hoy.

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