Claveles y puñales – Ianina Harari

tevezIanina Harari (Editora Responsable)

Para enfrentar grandes batallas, es necesario un buen pertrechamiento. Desde un ejército hasta un equipo de fútbol necesitan de ciertos elementos que exceden la preparación técnica para lograr una victoria. Por caso, la selección argentina cuenta con el mejor jugador del planeta y los principales goleadores de las ligas europeas. Sin embargo, todo ello ha sido insuficiente para alcanzar grandes triunfos. Es que para que un equipo sea ganador, se debe conformar un juego colectivo. Si cada uno persigue un interés individual, no hay forma. Si los delanteros se disputan los goles entre sí, el equipo, en lugar de ganar, pierde. Es decir, debe estar subjetivamente conformado y moralmente armado. Debe estar lo más cohesionado posible en torno a un objetivo común. Este elemento le permitirá estar a la altura de las grandes batallas. La lucha política comparte estas características.

A la derecha

La burguesía argentina sabe muy bien la tarea que tiene por delante. El déficit fiscal se cuadruplicó en el primer cuatrimestre respecto al año pasado, mientras en superávit comercial sigue disminuyendo al calor de la caída de las exportaciones (por la baja en el precio de la soja), y si no bajó más es por la disminución de las importaciones. El ajuste no puede posponerse mucho más. El problema es cómo llevarlo adelante. Ya se ha hecho otras veces. Algunas (Menem) con más éxito que otras (De la Rúa). Grecia está ahí, como ayuda memoria de lo que pasó y lo que puede pasar.
La burguesía sabe que debe elegir correctamente al personal político que lleve adelante el ajuste y que no pueden dispersarse las opciones, porque se correría el riesgo de perder. De allí la insistencia en que la oposición se encolumne detrás de Macri. Ante el fracaso de este intento, por negativa del jefe de Gobierno porteño, quien temía perder su caudal político si se asociaba a ex kirchneristas, la caída de Massa no tardó en llegar. Allí operó en especial el gobierno, que prefería confrontar con quien se ubica más a la derecha que con alguien salido de su propio riñón. Pero el mandamás de Tigre no se bajó, lo cual entorpece la polarización, dado que le quita votos tanto a Macri como al oficialismo, y probablemente impida que la disputa se defina en primera vuelta.
El kirchnerismo también se postula para llevar adelante las tareas pendientes, aunque de forma más edulcorada. Cristina optó por el candidato más a la derecha disponible. Mientras con una mano le daba un clavel a Scioli, con la otra le clavaba un puñal a Randazzo. Su soldado más fiel, el que puso la cara para atacar por menemista al gobernador de Bs. As., fue descartado sin más. Lo cierto es que el actual ministro del Interior y Transporte no levantaba en las encuestas. Las últimas más favorables lo situaban con la mitad de intención de voto que Scioli. A su vez, Macri comenzaba a opacar a este último. Cristina, entonces, se dio cuenta que había que cerrar filas para frenar la debacle y que no podría imponer una lista salida íntegramente de su núcleo. Un solo candidato para polarizar. Y la apuesta le viene saliendo bien: hoy todas las encuestas dan a Daniel por encima de Mauricio. El porteño no tuvo éxito con los candidatos únicamente propios fuera de CABA (Del Sel), aun no tiene una fuerza nacional, mientras el kirchnerismo se ha anotado unos porotos.
El empresariado no ha recibido con buenos ánimos está conjunción de Scioli con el núcleo duro K. Quizás esperaban que ganara por su cuenta y tuviera las manos libres. Es que Cristina, a pesar de no candidatearse ella misma, se aseguró de blindar al candidato con gente de su máxima confianza. No solo en el armado de las listas para los cargos ejecutivos y legislativos, sino que está avanzando en el poder judicial e incluso en las fuerzas armadas (el affaire Milani tendría que ver con el acercamiento del general a Scioli y un enfrentamiento con Zanini). Así las cosas, Cristina habría pactado un plazo de cien días de paz bajo ciertos términos con su elegido. El acuerdo, que implicaría la votación de los proyectos que se envíen al Congreso, incluiría un posible arreglo con los buitres por la vía de la propuesta de los bancos locales que había sido descartada el año pasado.
Si el FPV finalmente se impone en octubre, se avecina una guerra, silenciosa en un principio, por el control del gobierno. O Cristina domestica a Scioli, o este le hace la gran Néstor y se saca de encima a los K (una vieja costumbre del PJ). Cómo evolucione esa pelea dependerá en gran medida de las posibilidades de recuperación económica. Si sube el precio de la soja o se consigue mayor financiamiento, Scioli tendrá el oxigeno necesario para sacar pecho. Si no, los K pueden soltarle la mano, dejarlo caer y salir indemnes para retornar triunfantes.

A la izquierda

Mientras la burguesía y sus partidos comprenden la magnitud de la batalla que se avecina y se preparan para ello, pertrechando a sus candidatos y cerrando filas, ¿qué pasa con los partidos que deben enfrentarlos? El FIT se ha sumido en un espectáculo propio de la calle Corrientes. Desde el principio advertimos que, de no mediar un proceso de unificación, las cosas podían terminar así. Pero llegado este punto, la defensa del FIT pasa hoy por el apoyo a la lista del PO e IS. El PTS ha demostrado que no se encuentra a la altura de los combates que se avecinan y no se puede permitir que rife los éxitos alcanzados en pos de un interés faccional, apelando a lo más retrasado de la conciencia “ciudadana” al canto de “juventud y renovación”. No ha hecho más que clavar puñales a la vanguardia. Ningún revolucionario consecuente puede aceptar estas maniobras. En las próximas PASO, la clase obrera debe entregar sus claveles a quien mejor puede defenderla.

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