Clásico piquetero – La dinámica de la crisis en el capitalismo*

Una idea extendida, incluso en el progresismo y en sectores de izquierda, sostiene que las crisis económicas están determinadas por la presión de los obreros para conseguir mejores salarios, o bien debido a un problema de “distribución”, dada la baja capacidad de consumo de las masas. Estas explicaciones toman elementos aislados del fenómeno general y pierden de vista la dinámica del sistema. Es decir, la ganancia como fin último de la producción. En consecuencia, la evolución de la tasa de ganancia es el elemento que permite medir la “salud” del sistema en su conjunto.
Esta tesis clásica había sido abandonada por los economistas marxistas en general, por lo menos hasta la década de los ’70. Anwar Shaikh, entre otros (Mandel, por ejemplo), formó parte del renacimiento del análisis marxista centrado en ella. A partir de su análisis, puede observarse que la crisis que estalla en los años 70 no es aleatoria, sino el producto perfectamente lógico del desarrollo capitalista, respondiendo a la caída de la tasa de ganancia. Shaikh muestra cómo a partir de estos años, en el corazón de la acumulación mundial, los EEUU, la tasa de ganancia está en descenso. Cuando la crisis estalla, aparenta ser más leve que la del 30. Lo que está detrás de esa apariencia es la acción del Estado, que interviene para evitar un colapso inédito. ¿De qué manera? En primer lugar, mediante un furioso ataque contra las condiciones de vida de los trabajadores para compensar la caída de la tasa de ganancia. En segundo lugar, el Estado norteamericano se da una política para mantener tasas de interés cercanas al 0%. No solo para que las empresas aumenten su “endeudamiento para mantenerse durante los tiempos malos”, sino para expandir el crédito al consumo para cerrar la brecha entre un salario real con una tendencia a la baja y el nivel de consumo necesario para posponer la sobreproducción. Estas medidas no relanzan la acumulación, sino que “patean la pelota hacia adelante”, generando burbujas que explotan para dar paso a nuevas con una magnitud aun más explosiva (piense el lector en la situación actual en China).
El ciclo de la última década en Argentina se sostiene sobre esta crisis. La inserción de China en el mercado mundial por medio de sus bajos costos laborales, y su status de principal acreedor de los EEUU, explican su expansión. El endeudamiento de EEUU respecto del país asiático y el consecuente nivel de emisión empujan los precios de las materias primas, entre ellos la soja, hacia arriba. Argentina se benefició del viento de cola, disimulando la verdadera naturaleza de su economía. A saber, la de ser un capitalismo tardío, chico y agrario. Esa fue la base del bonapartismo kirchnerista. En las actuales condiciones, ese combustible se va agotando, lo que dará paso a una nueva ofensiva del capital.


shaikh2Anwar Shaik

El crecimiento capitalista es un proceso errático y turbulento en el que la demanda y la oferta fluctúan constantemente alrededor de diversas tendencias internas. Es importante separar, por lo tanto, diferentes niveles de operación en este proceso, lo que significa distinguir entre crisis parciales, ciclos de los negocios y crisis generales.
En primer lugar, la anarquía y turbulencia inherentes a la reproducción capitalista, originan toda clase de disturbios y crisis parciales, debido a eventos específicos, tales como la pérdida de cosechas, perturbaciones monetarias, pánico en las bolsas de valores.
Segundo, bajo la superficie de estos disturbios erráticos hay una serie de fluctuaciones más rítmicas, que llamamos “ciclos económicos”. La investigación señala al menos tres modelos diferentes que continúan existiendo hoy en día: un corto ciclo de inventario de bienes de inversión (3-4 años), que es usualmente denominado por estos días ‘el’ ciclo de los negocios; un ciclo mediano del equipo de capital fijo (7-11 años), que es el ‘ciclo de los negocios’ al que se refería en el siglo XIX y comienzos del XX; y un ciclo más largo (15-25 años) de las estructuras de capital fijo.
Finalmente, existe un ritmo largo (45-60 años) que subyace a todas las perturbaciones y ciclos anteriores, en el que la acumulación se acelera primero, luego desacelera y finalmente se estanca.
En esta última fase de estancamiento, el sistema tiende hacia las crisis económicas generales: periodos extensos de estancamiento, estanflación (acumulación estancada con inflación) y/o depresión, todas acompañadas de problemas sociales y políticos. La teoría de la tasa decreciente de ganancia se inscribe en este ritmo de acumulación y sus crisis generales asociadas.
Los ciclos y las contradicciones son perfectamente ‘normales’ en el sistema capitalista […] Cuando el sistema está sano se recupera rápidamente de sus ciclos y contradicciones. Pero conforme su salud se deteriora, su permanencia en el fondo es más larga, sus recuperaciones son más débiles y las probabilidades de entrar en una verdadera crisis son cada vez mayores…
(…) Esto nos lleva a preguntarnos cuándo y cómo surge una crisis. Básicamente, la tasa descendente de ganancia conduce a una crisis por medio de sus efectos en la cantidad total de ganancia […] Aun cuando la economía haya crecido, la suma total de ganancia ha descendido en realidad, debido a que el aumento en el acervo de capital, resultado de la nueva inversión, es incapaz de compensar el descenso de la rentabilidad causado por el descenso de la tasa de ganancia […] Si esta situación persistiera, como sería el caso si fuera resultado de un descenso a largo plazo de la tasa de ganancia, la inversión se recortaría, se generalizaría el exceso de capacidad instalada y los trabajadores serian despedidos a montones. Este es un cuadro más familiar en las épocas recientes.
Este ejemplo fue pensado para ilustrar un aspecto muy general. Conforme la economía crece, dos cosas suceden. Por una parte, el descenso de la tasa de ganancia reduce la suma total de ganancia percibida por un determinado acervo de capital. Por la otra, la nueva inversión se añade al acervo de capital y la ganancia sobre este nuevo capital incrementa la ganancia total. El nivel general de ganancias totales depende, por lo tanto, del peso de cada uno de estos dos efectos. La tasa descendente de ganancia tiende a reducir las ganancias totales, y la inversión a aumentarlas.
El problema es que la propia inversión depende, en lo fundamental, de la tasa de ganancia. Esto quiere decir que conforme la tasa de ganancia desciende, el incentivo a invertir se vuelve progresivamente más débil y la tasa de crecimiento de la inversión se reduce. El efecto positivo de la inversión sobre las ganancias totales es cada vez menor y menos capaz de compensar el efecto negativo de la tasa de ganancia descendente. En un momento dado, el efecto negativo supera al positivo y la suma total de ganancias se estanca o incluso disminuye. Estamos entonces en la situación descrita anteriormente en la cual empieza una fase de crisis.
Una vez que la crisis estalla, la dinámica entera cambia. La inversión se recorta y surge el exceso persistente de la capacidad instalada. Se acumulan inventarios y las ganancias caen, a menudo, bruscamente. Las empresas incrementan su endeudamiento para mantenerse durante los tiempos malos, y esto eleva las tasas de interés lo cual solo complica más la situación de las empresas aunque, desde luego, es una bendición para los bancos. Por otra parte, conforme los negocios comienzan a quebrar, dejan de cubrir sus deudas y esto pone a los bancos en peligro. La ola creciente de quiebras de negocios empieza a provocar quiebras bancarias.
[Sin embargo] así como el sistema tiene tendencias internas a la crisis, así también tiene mecanismos internos de recuperación. Toda la miseria, inquietud y destrucción producidas por una crisis son precisamente la forma como el capitalismo resuelve los problemas generados por sus contradicciones internas – hasta la próxima vez.
[En cuanto al Estado] los limites objetivos de su habilidad para controlar realmente la economía nunca fueron verdaderamente puestos a prueba, debido a que las tendencias básicas de la economía eran sólidas y no se intentaron cambios reales. Desde finales de los sesentas en adelante, conforme aparecía la crisis, conforme el desempleo comenzaba a aumentar con fuerza y mientras los salarios reales y las ganancias comenzaban a disminuir, los limites reales a la intervención económica del Estado se hicieron cada vez más claros, en la práctica, en la evidente incapacidad de los Estados capitalistas de todo el mundo para revertir la situación.
Una vez que hemos formulado la mitología del poder de las políticas keynesianas, podemos ver la historia real de la intervención del Estado bajo una nueva luz. Durante los cincuentas y los sesentas el Estado estimuló el auge, intentando principalmente mantener en curso a la economía. Pero conforme el desempleo y la decreciente rentabilidad se hicieron más severos, el Estado se vio cada vez más forzado a intervenir para levantar la economía a fin de tratar de mantener el nivel de empleo y de apoyar al sistema crediticio […] al apoyar el crédito, al solventar las quiebras y al aumentar los pagos de desempleo y de bienestar social, el Estado ha logrado hasta ahora evitar el colapso de la acumulación. Aun cuando ello no ha eliminado el surgimiento de la crisis, ha conseguido, sin embargo, transformar el modo como se manifiesta. En vez de un desastroso colapso al estilo de los años treinta, hemos tenido (hasta ahora) la lenta muerte de la moderna estanflación.

Notas
*Shaikh, Anwar: Valor, acumulación y crisis, Ediciones ryr, Buenos Aires, pp. 441-463..

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