Clásico piquetero – La ciencia y el científico en la era capitalista

DickLevins-DickLewontin_1973Por Richard Levins y Richard Lewontin

La investigación se convirtió en una inversión empresarial

Entre el 3 y el 7% de los gastos que realizan las corporaciones de las industrias técnicas corresponde a investigación y desarrollo. La inversión en investigación, que es una forma más de in­vertir capital, compite con otras formas, por ejemplo, el incremen­to de la producción de productos existentes, aumento de la publi­cidad, contratación abogados o lobistas, adquisición de negocios en otras ramas, conciliación con los sindicatos, sobornos para los ministros de los posibles países clientes, etc. Todas estas formas son medidas unas con otras utilizando una escala de maximización de la ganancia.

Es un hecho reconocido que los gastos en investigación son los primeros en ser recortados cuando una corporación sufre un revés económico, ya que la innovación técnica no tiene una recompensa inmediata, mientras que aumentar la publicidad, los costos de la mano de obra y materiales se refleja en las ganancias de manera inmediata. Los estudios sobre las decisiones en las corporaciones muestran que el horizonte de decisión típica de los gerentes es de un máximo de 3 a 5 años. Como la investigación no tiene una recompensa dentro de ese periodo, es más prescindible. Al mismo tiempo, los costos de investigaciones de largo plazo son socializa­dos, cambiando el lugar de trabajo de un emprendimiento indi­vidual a las instituciones públicas… De esta manera, utilizan la subvención fiscal, ninguna firma individual necesita arriesgar capital y el costo total se reparte en toda la base imponible. En las últimas etapas del desarrollo, cuando estas investigaciones socializadas se aproximan a la produc­ción de un producto con valor comercial, vuelven a manos privadas a fin de obtener la propiedad exclusiva. (…)

Los descubrimientos científicos se volvieron cuantificables

Una corporación puede estimar cuánto tiempo le puede lle­var en promedio desarrollar una nueva droga o computadora, con cuánto trabajo y a qué costo. Por lo tanto, una compañía de investigación y desarrollo o una división corporativa considera a la actividad científica como un trabajo humano generalizado, antes que una forma particular de resolver problemas. (…)

Por lo tanto, están sujetos a los costos de producción, inter­cambio y supervisión gerencial. La división del trabajo dentro de la ciencia, la creación de especialidades y las jerarquías se vuelven cada vez más racionalizadas. La parte creativa del trabajo científico está cada vez más restringida a pequeñas fracciones, los científicos, mientras que el resto está altamente proletarizado, esto significa que perdió el control no sólo de elegir el problema y el enfoque, sino de las actividades que realiza diariamente, e incluso, cada hora.

La organización científica del trabajo, desarrollada en primer lugar por la industria automotriz en el infame sistema taylorista en Ford, luego se extendió al comercio, al trabajo de oficina y a la investigación científica. El enfoque gerencial ve la fuerza de tra­bajo como un objeto que se utilizará con fines empresariales. La fragmentación de las habilidades y el consecuente aumento de la especialización no deriva de las necesidades intelectuales de un campo sino de la contabilidad de los costos empresariales: es más barato entrenar a un hematólogo o analista de orina de laboratorio que preparar dos médicos técnicos generales. En consecuencia su fuerza de trabajo es más barata, los salarios son más bajos y las partes obsoletas pueden ser despedidas y reemplazadas. Además, la fragmentación y descalificación consolidan el control sobre la fuerza de trabajo dividida.

A su vez, la descalificación en el trabajo científico produce ma­yor alienación, el productor no comprende el proceso total de pro­ducción, no sabe hacia dónde va o cómo, y tiene pocas oportunida­des de ejercitar su inteligencia creativa. Una vez que el trabajo está alienado en este sentido, una vez que la ciencia es sólo un trabajo, es necesario aumentar la supervisión. El agravante de esta supervi­sión es que profundiza la alienación, alienta la corrupción y la indiferencia. Además toma el control de las manos de los científicos y se lo da a los gerentes. Los propios investigadores, e incluso los ad­ministradores de la ciencia, ya no son los principales responsables de sus pares, esta se realiza en niveles más altos de la jerarquía, en los controladores de recursos. Un subproducto de este fenómeno es que las propuestas de investigación presentadas a los organismos correspondientes se hacen más largas, detalladas y cautelosas y son un reflejo menos honesto de las intenciones de la investigación. (…)

Los científicos reaccionan a esta mercantilización de maneras opuestas. Por un lado, lo deploran. Muchos de ellos, reclutados de la clase media, eligen la ciencia pensando escapar del mundo del comercio. Eligieron emplearse en un tipo de trabajo cuyo pro­ducto tenía un valor de uso, que valía la pena por sí mismo y no por su valor de cambio. Lamentan la pérdida del viejo espíritu de corporación y de una dedicación desinteresada por la verdad, que era el mito de la organización de la ciencia anterior a su mercan­tilización. Lamentan la proletarización del trabajo científico y la pérdida de autonomía, y tratan de resistir de manera individual la imposición del control gerencial y la determinación burocrática del valor. Incluso, si están organizados, evitan apelar al sindicato.

Como resultado de este desarrollo, la división de clases que impregna a nuestra sociedad en su totalidad, también atraviesa el rango de la ciencia. La mayoría del millón aproximado de trabaja­dores científicos en los Estados Unidos forma parte del proletariado científico, venden su fuerza de trabajo y no tienen control sobre el producto o la forma de trabajo. En el extremo opuesto, unos cien­tos forman la burguesía científica, invirtiendo en investigación y determinando la dirección de la investigación y el desarrollo. Entre estos dos extremos está el grupo de la pequeña burguesía profe­sional trabajando por su cuenta o en pequeños grupos en univer­sidades o institutos de investigación. Estos últimos pueden estar motivados por una gran diversidad de asuntos, pero sus actividades dependen cada vez más de obtener financiamiento de las agencias del gobierno, fundaciones privadas o corporaciones. Para ellos la beca de investigación es una necesidad. Y la relación entre beca e investigación se ha ido transformando gradualmente: inicialmente la beca era un medio para la investigación, para los “entrepreneurs” de la ciencia; actualmente la investigación se convirtió en un medio para una beca. (…)

Las condiciones de existencia del estrato científico en la eco­nomía capitalista refuerzan las creencias y las actitudes científicas recibidas como parte de la herencia general liberal-conservadora. A pesar de una amplia gama de variaciones en las creencias científicas, y a pesar de las creencias contradictorias que todos tenemos, existe fehacientemente una ideología implícita que puede ser designada como burguesa. Esta ideología incluye las siguientes características:

Individualismo

La visión burguesa atomista de la sociedad, como se aplica en la ciencia, afirma que el progreso se produce gracias a unos pocos individuos. Los científicos se ven a ellos mismos como agente libres independientes, persiguiendo sus propias inclinaciones (…) En ningún otro sector es mayor la sensación de independen­cia y más lamentable la decepción que entre los intelectuales. (…) Un elemento crucial de la ideología individualista es la negación de esa ideología.

Elitismo

La afirmación de la superioridad de una pequeña minoría de intelectuales lleva a creer que la supervivencia de la humanidad de­pende de la habilidad de esa minoría para engatusar y engañar al resto de las personas para que hagan lo que es bueno para ellos. Este sesgo es especialmente pronunciado en los cuentos de ciencia ficción, donde la resistencia a la opresión política es llevada a cabo por algunos científicos consagrados que conspiran para burlarse de las reglas. Este elitismo es profundamente antidemocrático, alien­ta el culto a la pericia, a la apreciación estética de la manipula­ción y desdeña a aquellos que no están hechos por las reglas de la academia, lo que generalmente refuerza el racismo y el sexismo.

Pragmatismo

En la ideología occidental el “pragmatismo” es un elogio, en contraste con la calificación “ideológico”, que es peyorativa. Para los científicos, el pragmatismo significa aceptar las condiciones lí­mite impuestas por la mercantilización y la especialización. Esto significa progresar en el trabajo sin preguntarse por qué, postura inmortalizada en la canción de Tom Lehrer sobre los expertos con proyectiles: “si los cohetes suben, ¿a quién le importa dónde bajan? Esa no es mi especialidad”, dice Werner von Braun. (…) A los ojos de un pragmático, el sentimiento fuerte de injusticia social es sospechado de ideológico, reflejando una inma­durez contraria a la serenidad del erudito.

Separación de pensamiento y sentimiento

Los científicos lucharon para establecer el principio que dice que todas las afirmaciones del mundo deben ser validadas por la evidencia. No se permite que influyan en las controversias cientí­ficas ni el hecho de apelar a la autoridad ni a los deseos que cada uno tenga. Probablemente fue necesaria alguna separación entre el sentimiento y el pensamiento para establecer la legitimación de la ciencia. Pero una vez que se volvió absoluta, esta separación se convirtió en un obstáculo para la práctica científica autoconsciente. Esto oscurece la fuente de nuestras preferencias en relación a las direcciones a tomar o los métodos a utilizar, también impone la introducción formal en las publicaciones científicas, pretendiendo sacar al científico individual fuera del proceso de trabajo creati­vo a través del lamentable recurso de remover la primera persona del singular, adoptando una forma gramática que Susan Griffin describe como impersonal pasiva. Aún más importante, después de las preguntas sobre el hecho, los científicos están formalmente liberados de las preguntas sobre el valor; estas cosas no se unen fácilmente. Mientras que los filósofos dedican su vida a discutir como relacionar el “ser” con el “deber”, los científicos están libres de construir todo tipo de armas, protegidos por un vocabulario impersonal (donde dominan conceptos como “rentabilidad” o “kill ratio”) y de reconocer los efectos de los productos de su trabajo. (…)

Reduccionismo

La especialización del trabajo científico y las funciones de man­do para la investigación, crearon un modelo de organización cien­tífica que es vista como modelo de organización del mundo. Se percibe a la naturaleza como un reflejo del organigrama de nuestra compañía o universidad, con fenómenos similares unidos bajo un mismo presidente, fenómenos distintos pero relacionados bajo un decano común, y eventos aislados perteneciendo a diferentes escue­las o divisiones. Esta especialización en la práctica está conectada con el individualismo atomista que refuerza el reduccionismo que aún predomina en la filosofía implícita de los científicos.

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