Clasico Piquetero: El papel de los científicos

El papel de los científicos1
Richard Lewontin
Steven Rose
Leon Kamin

Un rasgo importante del determinismo biológico como ideología política es su pretensión de ser científico. A diferencia de la filosofía política de Platón, por ejemplo, cuyas afirmaciones sobre la naturaleza de la sociedad provienen de la aplicación lógica del sentido común de ciertos a priori, el determinismo biológico pretende ser la consecuencia de la investigación científica moderna de la naturaleza material de la especie humana. Está en el espíritu de la Enciclopedia de Diderot y d’Alembert, para quienes la racionalidad científica era la base de todo conocimiento. Su antecedente más próximo dentro de la filosofía política es Hobbes, no sólo a causa de su adopción del modelo competitivo de la naturaleza humana, sino también porque Hobbes era un materialista firmemente mecanicista que derivaba su filosofía política a partir de asertos acerca de la noción atomicista de los individuos en sociedad. Incluso las manifestaciones literarias del determinismo, como las de Zola, se inspiraron en los hallazgos de la ciencia, aunque el de Zola es un caso poco común, por su referencia explícita a la antropología y por su deliberada creación de novelas “experimentales”.
Lo característico de la ciencia, en oposición a la filosofía natural prerrevolucionaria, es que es una actividad de un grupo especial de expertos que se autovalidan: los científicos. La propia palabra “científico”, no entró en el idioma inglés hasta 1840. La invocación de los “científico” como legitimación y de los científicos como las autoridades últimas es quintaesencialmente moderna. La objetivación de las relaciones sociales que comporta la ciencia es convertida en objetividad, desinterés y falta de pasión por parte de los científicos (excepto su “pasión por la verdad”). Desde que la ciencia es la fuente de legitimidad de la ideología, los científicos se han convertido en los generadores de la forma concreta en que ésta penetra en la conciencia pública. Desde que, en el siglo XX, la ciencia de investigación, en oposición a la de desarrollo, se efectúa fundamentalmente en las universidades y sus instituciones aliadas, las universidades se han convertido en las principales instituciones para la creación del determinismo biológico. Pero, por supuesto, las universidades no son sólo centros de investigación. También preparan al personal que enseñará en los colegios politécnicos, en las instituciones de educación superior sin programas de investigación y en los colegios de religiosos. Entrenan directamente a cierta proporción de profesores de las escuelas primaria y secundaria, o bien al personal de los centros de enseñanza de profesorado. Y entrenan directamente a los peldaños superiores de la clase media. Los periódicos, las revistas y la televisión ven en las universidades las fuentes del conocimiento especializado y de la “opinión bien informada”. Así, las universidades funcionan como creadoras, propagadoras y legitimadoras de la ideología del determinismo biológico. Si ésta es un arma en la lucha entre las clases, entonces las universidades son fábricas de armas y sus profesores de enseñanza e investigación son obreros ingenieros, diseñadores y productores. […] Analizaremos el trabajo y citaremos una y otra vez las conclusiones de nuestros científicos y catedráticos más eminentes, exitosos y respetados. Algunas de las cosas que dicen parecerán absurdas y otras sumamente chocantes. Pero es importante comprender que el determinismo biológico, incluso en sus formas más groseras y crueles, no es el producto de una banda de chiflados y de divulgadores comunes, sino el de algunos de los miembros más importantes de la comunidad universitaria y científica. En 1940, durante la campaña de exterminio nazi, Konrald Lorenz, galardonado con el premio Nobel, afirmaba en Alemania, en una revista científica dedicada al comportamiento animal, que:

“La selección de la fuerza, del heroísmo, de la utilidad social […] debe ser llevada a cabo por algunas instituciones sociales humanas si la humanidad, a falta de factores selectivos, no quiere verse arruinada por la degeneración inducida por la domesticación. La idea racial como base del Estado ya ha avanzado mucho a este respecto”2.

Al afirmar esto, sólo estaba aplicando el criterio del fundador de la eugenesia, sir Francis Galton, quien sesenta años antes se sorprendía de que “existe un sentimiento, en gran parte bastante irracional, contra la extinción gradual de una raza inferior”3. Lo que para Galton era un proceso gradual se aceleró mucho en manos de los eficientes amigos de Lorenz. Galton y Lorenz no son ejemplos atípicos […] Los deterministas están comprometidos con la opinión de que los individuos son ontológicamente previos a la sociedad y de que las características de los individuos son consecuencia de su biología. La evidencia de este compromiso prioritario es notoria. El interrogante que se plantea a los deterministas es el grado de determinación de diversos rasgos y cómo podrían ser manipulados estos rasgos  por medio de o a pesar de su biología. Para un elevado número de deterministas biológicos, incluso la cuestión del grado uno ha estado en entredicho y su preocupación parece haber sido simplemente la de generar evidencias para apoyar sus convicciones deterministas. En cualquier caso, la “ciencia suave” o incluso “ciencia falsa” se convierten, en último término, en un medio. Mediante un proceso de “supresión voluntaria de la incredulidad”, se produce entre las partes interesadas un acuerdo tácito sobre el grado apropiado de criticismo y se crea un corpus de conocimiento científico que es validado y legitimado por sus creadores. No es suficiente, pues, criticar el resultado. Primero debemos buscar la fuente de la ideología que reflejan estos resultados, una ideología que se convirtió en un aspecto fundamental de la sociedad burguesa tal como surgió del feudalismo europeo en el siglo XVII y que desde entonces ha predominado.

NOTAS

1 Extracto de Lewontin, Richard, Steven Rose y Leon Kamin: No está en los genes, Drakontos, Barcelona, 2009.
2 Lorenz, Konrad: “Durch Domestikation verursachte Stölunchen arteigenen verhaltens”, Zeit für Angewandte Psycologie und Characterkunde, 59 (1940), pp. 2-81.
3 Galton, Francis: Inquiries into Human Faculty and Its Development, Dutton, Nueva York, 1883.

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