Clásico piquetero – De la ignorancia capitalista a la ilustración socialista

De la ignorancia capitalista a la ilustración socialista*

Por George Novack  (1905-1992)

Cualquiera que esté determinado a estudiarlos, puede aprender los elementos de la lógica dialéctica. El conocimiento de cualquier ciencia requiere el empleo de un considerable tiempo de trabajo y de energía mental. Hace tiempo se dijo que no hay ningún camino real para el conocimiento. Los capitalistas obtienen beneficios sin trabajo personal. Pero ¿es necesario decir a los obreros, que logran un conocimiento vivo y se esfuerzan por aprender el funcionamiento de una máquina nueva y complicada, que también tienen que esforzarse para aprender algo nuevo o adquirir el conocimiento de un nuevo instrumento de pensamiento?

Puesto que el pensamiento trata acontecimientos oscuros y procesos complejos estudiados por los científicos naturales y sociales, hay terrenos en los que la lógica exige un conocimiento y entrenamiento especializados. Pero todos nosotros pensamos sobre temas que nos son cercanos y perfectamente familiares a todos. A mayor abundamiento, la dialéctica como una ciencia del pensamiento, como una lógica, también trata de los asuntos más corrientes. […]

Para convertirse en un marxista, cualquier obrero tiene que revolucionar su mentalidad política. Este cambio en su pensamiento no tiene lugar, ni puede tenerlo, de golpe. Llega como punto culminante de un prolongado proceso de desarrollo que incluye múltiples experiencias en la lucha de clases y atraviesa diversas fases de comprensión política. El obrero empieza, por lo general, con una completa ignorancia de la verdadera naturaleza de la sociedad capitalista y de su posición y perspectivas en su interior. Amplía y profundiza gradualmente su visión del sistema capitalista hasta que comprende claramente las causas principales de sus funciones y la necesidad de la lucha proletaria contra él. […]

Todas las contradicciones tardan en afirmarse y revelarse plenamente. Deben atravesar diversas fases antes de que desplieguen todo el contenido de sus determinaciones y se alcance el punto de ruptura entre sus tendencias contradictorias. Los juicios singulares y particulares surgen de las fases iniciales; los juicios generales en la forma reflejan y revelan los estadios intermedios y transitorios subsiguientes en el proceso del desarrollo e intensificación de la unidad de contrarios que constituye el estado original contradictorio del ser. Pero ninguno de ellos son todavía juicios acabados que desvelen el carácter esencial y necesario del fenómeno en cuestión. Son verdades parciales, basadas en una evidencia parcial. No son todavía toda la verdad ni la verdad fundamental. La verdad total, o la realidad profunda de cualquier fenómeno, no puede conocerse hasta que sus contradicciones esenciales se manifiestan por completo, se reconocen en su más amplio alcance y se desarrollan hasta el punto de ruptura. […]

A través de sus luchas, las masas obreras se vuelven progresivamente conscientes, a medida que atraviesan niveles ascendentes de comprensión, de sus relaciones verdaderas con los explotadores capitalistas. En cualquier momento dado de este proceso, partes diferentes de la misma clase están a diferentes niveles de conciencia. Mientras los más atrasados pueden permanecer anclados en la fase de la colaboración de clases, los más avanzados pueden haber adelantado, bajo el aguijón de la necesidad, alcanzando e incluso sobrepasado el punto de un conflicto inevitable. Los obreros rusos en comparación con los americanos en 1922, por ejemplo; el pueblo cubano respecto al americano en 1962.

Cuando un número suficiente de obreros sale del estadio primitivo de sumisión absoluta y empiezan a diferenciarse en la teoría y en la práctica y a oponerse a los capitalistas, un cambio empieza a tener lugar en la conciencia social y política de esa clase. Pero, respecto a la clase en su conjunto, todavía no ha tenido lugar un salto cualitativo en su mentalidad política. Avanza hacia ello, pero no ha cambiado lo bastante como para originar una transformación revolucionaria en su contrario.

Semejante cambio revolucionario en la conciencia de clase sólo tendrá lugar cuando el sector dominante de los obreros, ayudado y dirigido por el Socialist Workers Party, se convenza de la absoluta incompatibilidad de sus intereses vitales con el régimen capitalista y empiece a actuar con esa convicción teórica. En un punto determinado del desarrollo de la lucha de clases y de la educación de clase de los obreros, este punto crítico se alcanza inevitablemente. Entonces tiene lugar un cambio cualitativo en la conciencia de clase de los obreros, un salto revolucionario. De tener una mentalidad más o menos capitalista, los obreros avanzados pasan a tener una mentalidad realmente proletaria; de ser más o menos reaccionarios, se vuelven revolucionarios en su pensamiento y en sus actos. Ésta es la ley necesaria de la lucha de clases que se manifiesta inexorablemente durante la agonía del capitalismo.

En una fase específica, en el curso de este proceso, tiene lugar un retroceso dialéctico. Lo que había sido un efecto de la lucha de clases, el progreso de la conciencia de clase de la vanguardia obrera, expresada en el progreso del partido revolucionario y de su influencia, se vuelve a su vez origen de la aceleración y maduración de la lucha de clases. La lógica objetiva de los acontecimientos se hace explícita e inteligible a través de la comprensión consciente y la intervención política de los obreros con mentalidad socialista. Su captación subjetiva de la lógica de los acontecimientos, producida por sus experiencias en la lucha de clases y por su educación marxista, se convierte en un eslabón efectivo e indispensable de la cadena de causas que conducen a la revolución socialista.

La lucha de clases entre el capital y el trabajo avanza así junto a la comprensión por los obreros de su significado mediante una serie entrelazada de acontecimientos. Iniciándose en los países más avanzados, se extiende por todo el mundo. Empezando en una sola fábrica o industria, abarca toda la vida económica del país. Iniciándose al nivel más bajo de teoría y organización, se eleva a través de estadios sucesivos, de giros y virajes, de arrebatos y retrocesos, al principio episódicamente, siguiendo por generalizaciones limitadas y luego en forma plenamente generalizada, hasta que alcanza el cénit de la revolución. Y, luego, el proceso sigue desarrollándose dialécticamente, pero sobre una base social material nueva y superior.

Eso es lo que se quiere decir con «la lógica de la historia». Esto es un esbozo de la dialéctica de la lucha de clases en nuestra época, que va de una fase a la siguiente hasta que va a parar en el derrocamiento del viejo mundo y la creación de un nuevo sistema social. La dialéctica materialista que hemos estudiado deriva su importancia del papel esencial que juega en este proceso histórico-mundial. La abolición del capitalismo por medio del triunfo del socialismo será la vindicación final de la verdad, la fuerza y la gloria de la dialéctica materialista, la lógica del marxismo. La tarea de los socialistas revolucionarios es llevarla a cabo en vida.

               

Notas

*Tomado de Novack, George: Introducción a la lógica, Editorial Fontamara, Barcelona, 1979.

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