Cirujas eran los de antes… La degradación de las condiciones laborales en la recolección y venta de materiales – Nicolás Villanova

 La actividad de recaballo-cartonero-tracción-a-sangrecolección y venta de materiales reciclables comenzó a  extenderse a partir de la década de 1990 y, sobre todo, luego de la  devaluación post 2002. Sin embargo, su existencia puede remontarse  hasta mediados del siglo XIX. Los realizadores de esta tarea eran los  llamados “cirujas” y, actualmente, los “cartoneros”. ¿Qué ha cambiado  históricamente? En este artículo analizaremos las transformaciones en la  actividad y la tendencia a la degradación en las condiciones laborales de  esta fracción de la clase obrera.

De villas y basurales…

Los primeros registros del cirujeo vinculan esta actividad al llamado “Pueblo de las Ranas”, cerca del Riachuelo. Allí funcionaba desde 1860 un predio destinado a quemar basura proveniente de la ciudad de Buenos Aires. No sólo se recolectaban materiales para vender, también ropa y alimentos para consumo propio. A su vez, las calles céntricas solían ser recorridas por cirujas. Eran personas generalmente de edades avanzadas. Muchos de ellos inválidos o enfermos que no podían emplearse y otros que se habrían dedicado a esta tarea durante toda la vida.1
Con el correr de los años, el cirujeo sería una tarea realizada fundamentalmente en las villas. En efecto, entre la década del ’40 y comienzos de la del ’50, alrededor de los basurales y de los galpones de acopio se instalaron villas de emergencia, donde las familias utilizaban la recolección y venta para complementar el salario del obrero activo. En este sentido, en 1946 comenzó a poblarse la Villa n° 6, ubicada en el barrio Cildañez. Allí se podían observar depósitos de clasificación que generaron, posteriormente, la instalación de otras casas más precarias, donde residían los cirujas.2 A pocas cuadras, en 1948, se fundó el Barrio Lacarra. Un elevado porcentaje de la población masculina se dedicaba a tareas ligadas a la construcción, talleres mecánicos y eléctricos, operarios en fábricas, peones de taxis o lustradores de botas. De las mujeres, sólo una minoría realizaba tareas como personal de servicio doméstico y operarias en fábricas, mientras que la mayoría no tenía trabajo. Por este motivo, junto a sus hijos, se dedicaban a recolectar en la quema todo tipo de elementos que consideraran vendibles. Esta tarea era la más trabajosa y pesada. Luego, el jefe de hogar ayudaba en su casa a seleccionar y clasificar el material para su posterior venta.3 Hacia 1955, otras villas surgieron en el marco de la actividad de recolección, como la Villa Piolín y el Albergue Warnes.4
Entre 1940 y 1970, el cirujeo en los basurales era una práctica habitual, mientras que la recolección en la vía pública era tarea de los “botelleros”. Estos últimos, a diferencia de los cirujas, se dedicaban a comprar botellas de vidrio a los vecinos para revenderlas, como también, electrodomésticos inservibles para repararlos. Su oficio había sido heredado de sus respectivas familias y contaban con un capital inicial.

… a caballo

Entre las décadas del ’60 y ’70, el cirujeo se mantuvo como una tarea realizada mayoritariamente por las mujeres e hijos, aunque el jefe de hogar comienza a tener una mayor participación. Algunos cartoneros entrevistados en el año 20025 relatan que, durante esta etapa junto a sus madres y abuelas, accedían a la ciudad en busca de comida que les daban los comerciantes, ropa que guardaban los vecinos y diarios que les reservaban los porteros de edificios.
Dos estudios de caso realizados en Quilmes en el año 19896 y en La Plata en 19927 señalan la transición de la recolección en los basurales a las calles. Los cirujas comienzan a recorrer zonas de supermercados y negocios, de los cuales obtenían los productos. Incluso, tenían “clientes”, es decir, comerciantes que les entregaban materiales exclusivamente. En general, se trasladaban en carros tirados por caballos de los cuales, mayoritariamente, eran propietarios. No obstante, los galpones de acopio ofrecían el alquiler de carros y animales, a cambio de que les vendieran a ellos. La jornada laboral diaria en Quilmes era de 7 horas, mientras que, en La Plata variaba: quienes tenían caballo trabajaban 4 horas. En cambio quienes recolectaban a pie tenían una jornada de 8 horas en la que conseguían menos de la mitad de los materiales que aquellos que iban a caballo y trabajaban menos tiempo.
A partir de estos años, toda la unidad familiar aporta su fuerza de trabajo en la actividad. En general, los adultos manejaban los carros y los niños recolectaban. En Quilmes, una encuesta realizada en la Escuela n°10 señala la elevada presencia de trabajo infantil en el rubro: de 338 alumnos, el 21 % cirujeaba.
En general, los trabajos previos de los cirujas habían sido precarios. En Quilmes, un porcentaje de ellos se habría desempeñado en su niñez y adolescencia como recolectores y vendedores de ranas en restaurantes y como botelleros. Otro, en cambio, provenía de labores vinculadas al campo, como por ejemplo, criador de caballos de carrera, boyero y arriero de vacas. También habían trabajado en relación de dependencia en fábricas o en la Municipalidad, ya sea para limpiar plazas o como ordenanza en hospitales públicos. Por su parte, las mujeres habían ejercido como costureras o empleo doméstico. En La Plata provenían del empleo en la construcción, vigilancia, en YPF. Las mujeres venían de actividades de limpieza y servicio doméstico. Por los datos señalados en ambos estudios, el período entre 1985 y 1987 evidencia el momento en que los obreros asalariados quedan desocupados y empiezan a cirujear.
Cabe destacar que durante esta etapa comienza a desaparecer la figura del “botellero” y se incrementa la del recolector de materiales, particularmente de papel y cartón. Al parecer, la causa de su desaparición sería la disminución de la compra debido a que las personas regalaban esos productos, por lo tanto, las zonas de recolección habrían sido acaparadas por los cartoneros. También habría influido la tendencia a la baja del precio de venta de estos materiales. Por su parte, la cada vez mayor especialización de “papeleros” y “cartoneros” tiene un correlato con la incorporación de tecnología para utilizar el material reciclado en la producción de papel. Aunque ya existía de manera aislada en algunas fábricas, entre los años 1991 y 1993, las empresas del sector importaron maquinaria de manera masiva para usar papel y cartón reciclado como suplemento de la pasta de celulosa, con el objetivo de abaratar costos.8
En la medida en que se extiende la actividad, comienzan los intentos por organizarla a partir de la formación de cooperativas que, sin embargo tardan en formalizarse. Algunas de las primeras son la cooperativa Nuevo Rumbo formada en el 2000, pero cuyos primeros intentos se remontan al año 1992, El Orejano, en 1994, y Reciclado Sur, en 1995. Este período marca un momento de transición en la actividad: por un lado, la inserción plena de los jefes de hogar en el cirujeo, debido a su expulsión de los trabajos en relación de dependencia; y, por otro, la extensión de la actividad del basural a las calles céntricas y donde todavía se mantiene el predominio de la utilización del caballo para arrastrar el carro.

Cada vez más pobres

Como vemos, la recolección y venta de materiales es una actividad que existe desde hace mucho tiempo y que ha cambiado a lo largo de la historia. No era realizada por el núcleo de la clase obrera más productiva, sino por enfermos e inválidos a principios de siglo y mujeres y menores entre las décadas del ’40 y ’70. Sus ingresos complementaban los del jefe de hogar asalariado. A partir de las décadas del ’80 y ’90, aquellos obreros son expulsados de sus trabajos y comienzan a insertarse en el cirujeo. No obstante, recorrían las calles en caballos y por jornadas inferiores a la de los actuales cartoneros.
En la actualidad, a diferencia de los viejos cirujas, los cartoneros no utilizan el caballo para trasladarse, sino que recorren las calles con carros manuales y llegan a caminar hasta 180 cuadras. A su vez, la jornada laboral aumentó respecto de las décadas del ´80 y ´90. Hoy, un cartonero de un asentamiento camina en promedio de 10 a 12 horas diarias, mientras que uno con puesto fijo en Once trabaja hasta 13 horas para que su jornada sea rentable.
Estos cambios evidencian la degradación en las condiciones laborales de los cartoneros. La tendencia a la pauperización de esta fracción de la clase obrera se ve reflejada en el incremento de la jornada laboral, puesto que para reproducir su vida debe dedicar más tiempo de trabajo. A su vez, lo que antes era un complemento del ingreso del obrero activo, ahora constituye el único salario para la reproducción familiar. Además, la masificación del fenómeno da cuenta de una tendencia más general al empeoramiento de las condiciones laborales del conjunto de los trabajadores.

Notas

1 Roccatagliata, Atilio: “Los Chiffonier (los traperos)”, en Trabajos y Manuscritos. Tesis doctoral presentada en la Facultad de Medicina, UBA, 1919.
2 De La Torre, Lidia: “La ciudad residual”, en Romero, José Luis y Romero, Luis Alberto: Buenos Aires: historia de cuatro siglos, Tomo II, Ed. Abril S.A., Bs. As., 1983.
3 Nara, Liliana C.: “Análisis de la problemática de los grupos humanos marginados en la Capital Federal – Villas de emergencia”, tesis presentada en la Facultad de Ciencias Sociales, UBA, 1983.
4 Suárez, Francisco: Que los recojan y arrojen fuera de la Ciudad. Historia de la gestión de los residuos sólidos (las basuras), Documento de trabajo n°8, Universidad Nacional de General Sarmiento, 1998.
5 Entrevistas realizadas a cartoneros del Tren Blanco, en 2002, citados en Paiva, Verónica, ídem.
6 Martino, Mónica L.: “El cirujeo”, tesina presentada en Facultad de Ciencias Sociales, UBA, 1989.
7 Saraví, Gonzalo Andrés: “Detrás de la basura: cirujas”, tesis de licenciatura presentada en la Facultad de Filosofía y Letras, UBA, 1993.
8 Bercovich, Néstor y Martina Chidiack en: “Reestructuración industrial y gestión ambiental en el sector de celulosa y papel en la Argentina”, Bs. As., 1994.

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