¿Chau Momo? – Por Roberto Muñoz

payaso-tristeSobre la flamante Federación Argentina de Trabajadores Agrarios (FATA)

En octubre se lanzó la Federación Argentina de Trabajadores Agrarios (FATA). Con presencia en diecisiete provincias, sale a disputarle la representación nacional de los obreros rurales a la histórica UATRE. Sin embargo, lejos de implicar una fractura por izquierda, se trata de una construcción impulsada desde el Ministerio de Trabajo.

Por Roberto Muñoz* (TES-CEICS)

En los primeros días de octubre se lanzó la Federación Argentina de Trabajadores Agrarios (FATA). La misma quedó conformada por once sindicatos que, en la mayoría de los casos, ha adquirido su personería gremial en los últimos años: Sindicato Argentino de Trabajadores Horticultores y Agrarios (SATHA, prov. de Bs. As.), Sindicato de Tareferos de Jardín América (Sitaja-Misiones), Sindicato de trabajadores frutihortícolas de Río Negro y Neuquén (SINTAF), Sindicatos de Trabajadores Rurales y Empacadores de San Juan, Tucumán, San Luis, Mendoza, Santa Fe y La Rioja (SUTRE), Asociación Civil Cosecheros “Brazo Fuerte” (Chaco), entre otros. En conjunto, tienen presencia en diecisiete provincias y se lanzan a disputarle la representación nacional de los obreros rurales a la histórica UATRE que conduce el Momo Venegas.[i] Sin embargo, lejos de implicar una fractura por izquierda de una corriente que intenta quebrar el dominio de la burocracia sindical peronista, veremos que se trata de una construcción impulsada desde el Ministerio de Trabajo, cuya condición de posibilidad fueron las consecuencias institucionales que trajo consigo el llamado “conflicto del campo” en el sector agropecuario.

Los sindicatos del ministerio

Luego de la batalla interburguesa de 2008, el gobierno nacional se dio la tarea de ir construyendo todo un entramado institucional que le permitiera ampliar su base de sustentación dentro del mundo agropecuario. Por un lado, la Subsecretaría de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar adquirió el rango de Secretaría y, al mismo tiempo, se constituyó la Subsecretaría de Agricultura Familiar. Además, comenzó a implementarse el Registro Nacional de Agricultura Familiar (ReNAF) y, más recientemente, se sancionó la Ley de Reparación Histórica de la Agricultura Familiar. Con estas herramientas, entre otras, el gobierno logró revertir en parte la oposición en bloque de las fracciones más débiles de la burguesía agraria, a la vez que profundizó la cooptación de las organizaciones campesinistas como el Movimiento Nacional Campesino Indígena y el Frente Nacional Campesino[ii].

Por otra parte, introdujo modificaciones en la legislación que hasta entonces regía las relaciones de trabajo en el campo. Precisamente, en 2011 se sancionó un nuevo Estatuto del trabajador rural. Más allá del carácter superficial de las modificaciones[iii], esa nueva normativa creaba una herramienta que le iba a servir al kirchnerismo para constituir un sindicalismo adicto, contrario a la UATRE. Recordemos que el Momo Venegas fue un aliado K –provenía del riñón del duhaldismo-, pero tras su apoyo a las patronales agrarias en 2008 se convirtió en opositor, se unió con Moyano en la CGT Azopardo y hoy participa de la alianza que postula a Macri.

Específicamente, una de las innovaciones introducidas en el Estatuto consistió en la sustitución del Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores (RENATRE) por el Registro Nacional de Trabajadores y Empleadores Agrarios (RENATEA). Mientras el primero era un ente autárquico de derecho público no estatal, integrado únicamente por representantes de UATRE y de la patronal, la nueva entidad quedó bajo la jurisdicción del Ministerio de Trabajo. Así, sus autoridades son designadas directamente por el Poder Ejecutivo y los representantes de trabajadores y empresarios, por el Ministerio. Con estas características, el nuevo organismo se convirtió en la plataforma desde la cual el kirchnerismo comenzó a horadar la representación sindical que hasta ahora monopolizaba UATRE. Desde entonces, se multiplicó el reconocimiento de la personería gremial a estructuras sindicales lideradas por antiguos dirigentes de aquélla que rompen con Venegas. Como culminación de ese proceso se da el lanzamiento de FATA, y para que no queden dudas de su vínculo con el entramado kirchnerista, su surgimiento se anunció en una conferencia en la sede de la Unión de Trabajadores de la Educación (CTA oficialista), teniendo como principales oradores al ministro de Trabajo, Carlos Tomada, el titular del RENATEA, Guillermo Martini, y el subsecretario de Trabajo de la provincia de Buenos Aires, Carlos Molina. Su primera intervención en sociedad consistió, además, en alinearse detrás de la candidatura de Scioli. Según dejaron asentado en su acta fundacional, dan su apoyo a la fórmula del Frente para la Victoria para garantizar “el cumplimiento de la ley y profundizar el camino de visibilización de los agrarios”[iv].

Garantizar la miseria

Todos los sindicatos que integran la nueva Federación tienen como estandarte el nuevo Estatuto del Peón Rural. En un comunicado señalan que fue “un momento de inflexión que hoy permite constituir una nueva herramienta gremial para intervenir en el escenario político…”[v]. Destacan que esa normativa reguló en favor de los obreros rurales sobre “las particularidades de esa tarea (la agropecuaria), como la jornada e intermediación laboral”[vi]. Con ese horizonte, la Federación devela sus límites. En efecto, la nueva legislación mantiene el pago a destajo y la tercerización, sigue habilitando la extensión de la jornada laboral por parte de la patronal cuando “necesidades objetivas impostergables de la producción o de mantenimiento lo exigieren”, no se eliminan las cooperativas de trabajo que es el mecanismo habitual para evadir el pago de las cargas sociales, etc.[vii] En el caso de los obreros transitorios, fracción mayoritaria del proletariado rural, siguen sin derecho a cobrar las jornadas que se pierden por cuestiones climáticas. Todo esto en una de las ramas con el mayor porcentaje de trabajo en negro e infantil.

Cuando se repasan los convenios que han presentado los nuevos sindicatos, con la asesoría del RENATEA, se observa que avalan estas condiciones. Por ejemplo, el SINTAF confeccionó a mediados de 2014 una propuesta de convenio de solo siete puntos, en donde se exige únicamente un jornal diario de $400 para la actividad de poda, un abono mensual de tres jornales en concepto de uso, desgaste y reparación de herramientas propias y el pago de medio jornal por día de lluvia[viii]. En una nota anterior vimos que el SITAJA levanta reivindicaciones similares[ix].

Otro punto a destacar es que los sindicatos de la Federación, ante el carácter temporario de las tareas agrarias, proponen actividades de subsistencia para afrontar el período en que quedan desocupados sus afiliados. Es decir, se abandona el reclamo histórico de los planes interzafra, para festejar la firma de convenios con el Ministerio de Agricultura y el RENATEA, que les permitan desarrollar programas tales como el ProHuerta.

En ese contexto, son escasas las medidas de fuerza que han llevado adelante los integrantes de FATA. En la mayoría de los casos, se limitan a realizar controles junto a funcionarios estatales sobre condiciones de trabajo y elevar denuncias de campamentos ilegales, donde la explotación llega a niveles infrahumanos. Las denuncias se presentan ante el RENATEA, que las encuadra dentro de la figura legal de “trata de personas”. Según el mismo titular de la entidad, llevan acumuladas alrededor de 900 denuncias de casos de trata. Es decir, no son casos aislados, sino que describen las condiciones de trabajo generales en el agro. Sin embargo, el RENATEA se limita a multar a los empresarios y a ofrecerles un subsidio de $960 durante seis meses a los trabajadores encontrados en esas condiciones, al quedar desocupados.

Dos propuestas patronales

Como vimos, el surgimiento de la nueva Federación fue motorizado por el kirchnerismo con la intención de colocar a los trabajadores rurales detrás de la candidatura de Scioli, disputándole así la representación a la UATRE, alineada con el macrismo. Detrás del discurso que dice impulsar un nuevo modelo sindical, más democrático y participativo, se revela su unidad en los métodos y programas con su supuesto antagonista. Más allá de diferencias superficiales, lo que unifica a FATA con la UATRE, es su pretensión de cooptar a los trabajadores rurales en favor de un proyecto burgués. La organización independiente de esta fracci


*Con la colaboración de Ezequiel Flores.

[i]Para una breve biografía sindical de Venegas, véase Cominiello, Sebastián: “El guardián del campo. Historia sindical de Gerónimo ´Momo´ Venegas”, en El Aromo n°60, mayo-junio 2011.

[ii]Sobre la cooptación de las organizaciones campesinistas véase Muñoz, Roberto: “Utopía Kampesina. El programa de las organizaciones campesinistas y su relación con el gobierno”, en El Aromo nº 74, septiembre-octubre de 2013.

[iii]Al respecto véase Egan, Julia: “Farsa sobre farsa. El nuevo estatuto del trabajador rural y la realidad del discurso kirchnerista”, en El Aromo n°56, sept.-octubre 2010.

[iv]http://goo.gl/iwiY5S

[v]http://goo.gl/YbRX9L

[vi]Ídem.

[vii]Egan, Julia. Op. cit.

[viii]http://goo.gl/7W5TmF

[ix]Véase Cantero, Eduardo: “Garantizar la miseria. Un balance del accionar del Sindicato de Tareferos de Misiones”, en El Aromo n° 81.

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