Capitalismo siglo XXI. Sobre las nacionalizaciones petroleras en Venezuela

Por Fernando Dachevsky – El petróleo protagoniza la realidad económica mundial desde hace varios años. En este, la volatilidad de su precio creó un clima de fuerte sensibilidad ante cualquier alteración en el mercado que pueda afectar el desarrollo de la economía mundial. En consecuencia, cualquier novedad proveniente de un país petrolero resuena inmediatamente en todos los medios de comunicación del mundo. Así, por supuesto, lo hizo el anuncio de Chávez de nacionalizar la producción energética venezolana. En particular, la franja del Orinoco. Dicha acción fue presentada por seguidores y opositores como manifestación de un presidente dispuesto a enfrentar al imperialismo, como paso en la construcción del “socialismo del siglo XXI”. Sin embargo, la nacionalización petrolera es menos de lo que se presenta.

Se trata, ante todo, de parte de la dinámica de competencia capitalista. La intervención estatal apunta a concentrar una mayor porción de la renta generada por el aumento del petróleo. Con ésta, el Estado buscará potenciar el desarrollo del capital a escala nacional. Sin embargo, la posibilidad de este desarrollo no surge de las convicciones bolivarianas o de la influencia de Fidel Castro. Se da en un contexto en que el calentamiento de la economía mundial empuja hacia arriba el precio del petróleo. Así, la fuerza que posibilita la nacionalización está lejos de surgir de la construcción de ninguna clase de socialismo. Como veremos, es el comportamiento histórico normal que tienen las burguesías de los países petroleros. El aumento de la renta petrolera les permite durante unos años disputar con las potencias el reparto de la ganancia con la ilusión de construir un capitalismo nacional “independiente”. Pero dicha fuerza está supeditada al devenir del precio del petróleo.

Las crisis y la nacionalización

En momentos de crisis económicas, los precios de los productos primarios como el petróleo (o la soja) tienden a subir. La progresiva disminución de la tasa de ganancia de los capitales los obliga a agudizar la competencia entre ellos para sobrevivir. Esta mayor competencia desemboca en la ampliación de sus escalas de acumulación. Es decir, para bajar costos las empresas tienen que producir en mayores cantidades. Como es de esperar, esto tiene como contracara un aumento en la demanda de materias primas y el consecuente aumento de sus precios. Kirchner gana cierto margen de maniobra utilizando las retenciones a las exportaciones como mecanismo para apropiarse de renta sojera. La nacionalización, para el caso de países que viven de la renta petrolera, aparece como un mecanismo similar, aunque en escala mayor.

Pero así como la apropiación estatal de renta agraria no es nueva en Argentina, tampoco lo es la nacionalización petrolera. En la primera mitad de la década del ‘70, se manifestó un escenario de este tipo en el que la caída de la tasa de ganancia se tradujo en una abrupta suba del petróleo.1 De 1973 a 1974, éste aumentó en un 317%, para luego duplicarse en 1979 al alcanzar los u$s 85 por barril (en valores de hoy).2 Esta coyuntura puso en disponibilidad una masa de riqueza por encima de la ganancia que necesitaba el capital petrolero para reproducirse. Los estados de los principales países exportadores de petróleo salieron a disputarla. Para esto, aumentaron su participación en las actividades petroleras de sus respectivos países. Venezuela lo hizo en 1975 y para ese año ya lo hacían, de diferentes maneras, otros países petroleros. En 1971, el Estado argelino se garantizó el 51% de la propiedad de las empresas petroleras y Libia comenzó sus nacionalizaciones. Al año siguiente, Irak nacionalizó la Irak Petroleum Company. Luego se sumó Irán también se sumó al proceso. En 1975, lo hizo Kuwait y Arabia Saudita, el primer exportador mundial, adquiría el 60% de la propiedad de la Arabian American Oil Company (ARAMCO). Para 1980, el control estatal sobre la ARAMCO sería del 100%. En ningún caso se trató de un paso, siquiera cercano, al socialismo.

La situación económica actual no pareciera diferir en mucho de la de aquellos años. En los debates sobre la crisis que hemos publicado en números anteriores de El Aromo y en los números 15 y 16 de Razón y Revolución se concluye que lejos está el capitalismo volver a sus años de esplendor.3 En este contexto, el precio del petróleo comenzó una nueva escalada ascendente pasando de un precio promedio anual de u$s 20 el barril en 1999 a superar los u$s 60 en 2006. Se estima que en los próximos años el precio se mantendría cercano a los u$s 60. Para el 2007, la Energy Information Administration, órgano oficial estadounidense encargado de proveer estadísticas energéticas, prevé un precio promedio cercano a los u$s 59,49 y de u$s 62,58 para el 2008.4 El escenario similar impulsa a respuestas similares.

¿Qué nacionalización?

En la actualidad, Venezuela es la sexta reserva mundial de petróleo y el octavo país exportador. El alza del precio le da fuerza frente a sus compradores. De sus ventas, el 70% se dirigen a Estados Unidos, lo cual explica -amén de las ideologías- gran parte de los enfrentamientos con entre Chávez y Bush.5 Pero, más allá aumentar la renta apropiada y cobrarle más a EE.UU., la tan anunciada nacionalización no comprende ninguna expropiación sobre el capital petrolero. Ésta se limita a un acuerdo con las petroleras que operan actualmente (British Petroleum, Exxon Mobil, Chevron, Conoco- Phillips y Total), por el cual el Estado se asegura una participación mayoritaria en todas las actividades, lo que no debe asombrarnos. En un principio, esto le permite una tajada mayor de la renta. Pero allí no termina los objetivos de la nacionalización.

La mayor parte de las reservas venezolanas se encuentran en la nacionalizada Franja de Orinoco. Se trata de una zona de difícil extracción y de un petróleo extra pesado que requiere un mayor tratamiento previo al refinamiento. Los cálculos más optimistas estiman una tasa de recuperación del 20%. Aun así, a pesar de su bajo rendimiento, en el Orinoco se encuentra el petróleo extra pesado que más expectativas de recuperación tiene en comparación con el alojado en otras zonas.6 Hace 16 años que no hay un descubrimiento importante de reservas convencionales en el mundo y estas gradualmente se agotan a medida que crece la demanda.7 Si bien las reservas convencionales excluyen zonas con petróleo de este tipo, el agotamiento de las reservas más rentables y la suba del precio llevan a que progresivamente sean consideradas y alcancen el status de reservas comerciales. Es que el petróleo extra pesado constituye la mayor parte de las reservas posibles de agregar en las próximas décadas.8

Con la inclusión de las reservas del Orinoco, Venezuela se ubicaría como la mayor reserva mundial de petróleo superando incluso las de Arabia Saudita. No obstante, como se mencionó anteriormente, la extracción de petróleo en el Orinoco es complicada. Su bajo rendimiento debe ser compensado con un alto precio del barril. Si bien el actual es favorable en ese sentido, no exime de la necesidad de realizar importantes inversiones para su extracción y tratamiento. La petrolera estatal venezolana PDVSA lo reconoce cuando afirma que, de cara al 2012, deberán ser invertidos u$s 59.000 millones.9 Como es de esperar, el grueso lo aportará el Estado. Por lo que una parte de la renta apropiada jugará un rol importante en el impulso de la producción petrolera, realizando inversiones que los capitales privados no están dispuestos a asumir.

Nada nuevo bajo el sol

El crecimiento en el precio del petróleo impulsa a Chávez a la nacionalización energética e incluso le da margen para comprar otras empresas. Según sus apologistas, ésta viene a revertir años de neoliberalismo y desregulación petrolera durante los ‘90. Incluso no dudan en presentarla como un paso decidido en la construcción del socialismo. Pero sus alcances son más limitados. En definitiva, mediante la nacionalización, el Estado concentrará una mayor cantidad de renta. A la vez, garantizará el desarrollo de la propia actividad petrolera en Venezuela para aprovechar una demanda mundial cuya magnitud de crecimiento anual podemos apreciar a partir de las declaraciones del presidente de Exxon Mobil: “…creemos que para 2010 la mitad del volumen diario necesario para cumplir la demanda proyectada no está en producción hoy – y ese es el desafío al que se enfrentan los productores”.10

Ahora bien, quien interprete la participación estatal como un paso en la construcción del socialismo desconoce que constituye una tarea básica del Estado capitalista impulsar la acumulación de capital de su país. Actividades que requieren de grandes inversiones para ser realizadas siempre necesitaron de que el Estado les de un empujón inicial. Tal fue el caso de la industria siderúrgica en Italia, la aeroespacial en Estados Unidos y sin irnos muy lejos, de los ferrocarriles en Argentina. Lo que Chávez intenta es aprovechar la coyuntura de altos precios del petróleo para ampliar el tamaño del capital venezolano. En eso consiste el “socialismo del siglo XXI” y a eso está atado su devenir.


Notas

1Tomamos como referencia la evolución de la tasa de ganancia elaborada por Anwar Shaikh en su trabajo Valor, acumulación y crisis. Ensayos de economía política, Ediciones ryr, Buenos Aires, 2006.
2http://www.bp.com/statisticalreview.
3Véase http://www.razonyrevolucion.org/HTML/dbt/crisis.html
4Véase http://www.eia.doe.gov/emeu/steo/pub/contents.html
5Véase http://www.eia.doe.gov/emeu/cabs/topworldtables1_ 2.html
6Véase Pierre, René: What future for extra heavy oil and bitumen: The Orinoco case, Total, París La Défense, France, 2006.
7Véase http://en.wikipedia.org/wiki/Oil_reserves
8Véase Pierre, René: op. cit.
9Véase www.pdvsa.com
10Véase http://www.crisisenergetica.org/staticpages/ pdf-rtf/Kjell_Aleklett_sobre_Dick_Cheney’_%20speech.pdf

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