Cacerolazos en la década del ´80

 

 

Roxana Telechea

 

En diciembre del 2001 pareció inaugurarse un nuevo instrumento de lucha de la pequeña burguesía: el cacerolazo. Dejando de lado, por ahora, qué es en términos científicos un “cacerolazo”, en sucesivas oportunidades hemos demostrado la falsedad de esa afirmación. Hacia las jornadas del 19/20 los cacerolazos tenían por lo menos quince años de vigencia en la lucha política de Argentina. En esta ocasión describimos un cacerolazo que aconteció en setiembre de 1988 y que la prensa denominó en su momento “El cacerolazo mayor de Buenos Aires”.

Estamos a fines del gobierno de Alfonsín, ya en la pendiente descendente de la crisis que tras el fracaso del Plan Austral lo arrastra hacia un final caótico. Hacia mitad de ese año los constantes aumentos de los servicio públicos (de hasta un 300%) provocaron el malestar entre los usuarios y llevaron a “vecinos” a reunirse en sociedades de fomento, en asociaciones barriales, cámaras empresarias, clubes y otras instituciones por el estilo, con el fin de tomar medidas de resistencia. Uno de los partidos más afectados, y el precursor de este cacerolazo, fue La Matanza. Allí, los “vecinos” comenzaron a reunir las boletas que no podían o no querían pagar y a organizarse para resistir los cortes de servicios, pensando formas de intervención que luego desembocaron en el “cacerolazo”. A pesar de que los manifestantes se encargaron de remarcar el carácter apartidista y espontáneo del movimiento, el cacerolazo fue largamente promocionado y cuidadosamente organizado. Entre otros por Crónica y Diario Popular, que se encargaron de dedicarle espacio a la protesta desde un mes antes. La Asociación de defensa de Usuarios de Servicios Públicos (DUSPAC) conducida por Osvaldo Bernardi llamó a no pagar las facturas desde el 1º de agosto de ese año. Desde ese momento se organizaron reuniones y asambleas entre los vecinos afectados. Incluso la noche anterior el Partido Justicialista organizó (y llevó a cabo) apagones de vidrieras en Corrientes y Pasteur y en Juncal y Libertad. De modo que estamos en presencia de una organización amplia y con una dirigencia política cuyas vinculaciones explícitas o implícitas la unen a la oposición política al alfonsinismo.

Las sociedades de fomento con mayor participación fueron las de la Matanza. la Sociedad de Fomento de Villa Colombo, de Ramos Mejía, la Sociedad de Fomento de Villa Madero, La Junta Vecinal de Tablada Oeste y la Sociedad de Fomento de Villa Luzuriaga. Además de usuarios de la Matanza concurrió gente de Boulogne, San Martín, Haedo, Villa Luzuriaga, Merlo y Berazategui acompañados por Amas de Casa del País, una agrupación ligada al PCR. Entre los dirigentes encontramos a Osvaldo Bernardi, Pedro Busseti, Ana María Pizzurno, Omar Frade, Ricardo Malfa y Leonardo Husaín, quienes entrevistaron al ministro Rodolfo Terragno. El 21 de setiembre de 1988 entre 250 y 500 personas se trasladó desde la Matanza en micros hacia el Ministerio de Obras y Servicios Públicos, llevando alrededor de 6000 facturas en carretillas. Según explica en el periódico La Biblia del Usuario, de la asociación DUSPAC, se eligió el Día de la primavera y en lugar de carrozas de flores llevaron facturas. Los manifestantes se concentraron a los gritos de “cacerolazo contra el tarifazo”.

A pesar de que La Biblia del Usuario se encargue de remarcar “lo genuino” del movimiento que se desarrolló “sin cortes de ruta ni de calles”, Diario Popular, en la edición del 22 de setiembre, narra como los manifestantes cortan el tránsito durante dos horas y media en la Av. 9 de Julio entre Belgrano y Alsina. El corte de lucha con cacerolazo mostró su valor como instrumento de lucha: el gobierno aceptó no cortar los servicios a los usuarios que no pagaran.

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